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jueves, 17 de julio de 2025

HABÍAMOS PENSADO


 










Ellos, los engualichados con té con leche

Ellos, los engualichados con té con leche,
También llamados proxenetas de viejas,
Se juntan en los patios de sus casas,
Patios penumbrosos donde las moscas orbitan cactus, 
A, entre risas, intercambiar experiencias 
De inmersión sin ahogo en el pecado general 
Para salvar la cara y tener metas.
No son de esta ciudad, son 
La ciudad: intermediarios, bancarios,
Corredores, dueños de pequeñas pizzerias,
Apóstoles de las fuerzas policiales, abuelos 
Que critican el cerebro de sus nietos:
Amantes de un pasado idealizado que fue horror 
O vergüenza según la historia y que ellos vivieron 
En suelta inconsciencia, bailando Franky Toronja 
Y apretando los duros pechos de noviecitas 
Que les tenían miedo cuando sus porongas 
Amagaban con salir de la bragueta y culminar.
No malos, vulgares; no crueles, hinchas 
De la crueldad de terceros; ni buenos,
Ni piolas, ni felices, elévese desde un circulo profundo 
De sapos y helechos lacios un canto de invitación 
Para los hombres sin espejo ni sospecha que ven 
Vagamente en la curiosidad 
De los demás un indicio de amenaza 
A sus propiedades materiales y espirituales.



La estrella

¿Sabés que fuiste el mejor?
Tus poemas eran muy buenos.
Sabías que eras el mejor.
De pie sobre una plataforma 
de madera oscura, sombras 
y mamarrachos atrás, 
de tu boca de oro brotaban diamantes 
brutos y pulidos, eras un orfebre en el barro 
y nosotros los cerdos que hozaban alrededor. 
Pero qué digo, de tu boca de oro fluían 
torrentes de palabras y era mayúsculo 
nadar, chapotear y ahogarse.
¿Quién mezclaba así
Cinismo y candor, rabia
reseca, senectud, nostalgia,
los parajes idos, la ciudad
de siempre? Siempre en la dosis justa,
siempre nueva, sin cansarte,
toda la noche y todas las noches,
por la alegría, el alcohol,
la noche. ¿Sabés qué?
Vos fuiste el mejor.
Ahora el mejor soy yo.
Salía a la madrugada a comprarte puchos, 
pero ahora soy un chico grande.


Con ella

Entre nubes de pasado infuso 
me acerco lento pero seguro 
a tu barrio en un 109 que 
traquetea por el empedrado molesto 
pero seguro como antes decías que soy yo, 
en el patio, bajo la higuera vieja, 
solos, diez años atrás.


Hablando de poesía con el tachero

Puede ser que no se entienda 
su función, uso, propósito, fin 
o virtud. Puede ser que cuando uno 
anda por la ciudad a todo trapo, 
la gente, los semáforos, las bicis, viendo 
lo que vemos para parar la olla 
sin poderlo creer, alienado o nervioso, 
piense que es cosa de ingenuos o parásitos 
porque te piden que seas veloz y craso 
o te pasan por arriba. Pero mire usted 
su propio caso: toda la noche maneja 
con Horacio Molina a volumen bajo, 
le guste a quien le guste, así que vive 
en la lírica barrial de los 40 
como cualquiera que ame a Garcilaso.
Vive envuelto en música
Encajado en metal, rodando por calles húmedas 
y entiende de qué se trata.
Así que usted vive a su manera 
en el mismo mundo 
en que yo vivo a mi manera.

(Del libro homónimo,
Mansalva, 2025)

Alejandro Rubio (Buenos Aires -1967-Id.,2024)


Pueden LEER biografía y más poemas en entradas anteriores.



martes, 15 de julio de 2025

LA ENFERMEDAD MENTAL


SOBRANTES

Anotado en una servilleta del astral 

Si realmente nos preguntáramos
por el sentido de la vida nadie
estudiaría Derecho ni
trabajaría para el Estado ni leería
novelas ni votaría ni copularía:
saldríamos todos a la calle
con un bidón de nafta a quemar todo.



Elegía

El poeta cesante que,
corto de vista y más o menos premiado,
gasta los últimos cartuchos en imitarse a sí mismo.
Pero antes solía haber adultos de verdad,
con bigote, sombrero y cajita de rapé,
que bailaban toda la noche a troche y moche
en salones llenos de espejos y arañas.
Ahora las vidrieras iluminadas están muertas, 
las medias en los zapatos están muertas; las mascotas 
en las casas de buena familia están vivas, 
apenas. Chau: catorce sonetos de un saque.



Catilinaria

El hijo de puta que imita a Mallarmé, 
que imita a Baudelaire, se baña 
en aceite fragante y sale el sábado 
a pescar hembras en su Honda.
Hace mejores originales que los originales.
Porque la sabiduría
del pasado, el peso
de la tradición, perfuman tanto
como hieden. Yo, en cambio,
me debo a mi tirria:
tiritando en el colchón compongo
los mejores versos de ocasión.


Egloga

¿Qué dice la luna?
Son las cuatro de la madrugada. 
¿Qué dice el fuego?
El rojo es el color de la sangre. 
¿Qué dice el agua?
La música continúa.
¿Qué dice el viento?
Todo se mezcla.



Confesión

Hay poetas que trabajan horas en largos versos. 
Yo los escribo rápido para olvidarlos.
Llevado por la mala costumbre y la pena 
a ver matices de loro en un colibrí que saltaba 
de petunia en petunia, experiencia por otra parte 
ciega a mi vida ficticia, grabé en una corteza: 
la belleza es lejana y la estación está cerca. 
Partamos, oh compañeros de viaje, 
hacia el barullo de la gran ciudad.



El enamorado

Te ofrezco mi bazo como si fuera un corazón.
Te ofrezco quinientos euros.
Te ofrezco noches en vela en un banco duro 
frente a las puertas selladas de un consultorio externo. 
La emoción perdura mientras se deshace 
la sustancia pétrea de la discordia.
Te ofrezco jeroglíficos sobre el polvo.
Te ofrezco un castellano perfecto.



Una soledad permanente

En verano el gato se escapó 
por los lechos, se paró átenlo 
sobre el parapeto de una terraza 
y percibió los malos tiempos por venir 
pero no volvió a avisarnos.
El amor que sentías por mí 
y el amor que sentía por vos más 
el amor de ambos por nuestros padres 
y hermanos, sin olvidar a los primos, 
sumado al amor que guardamos 
en el banco por si las moscas
debería habernos protegido de este invierno lluvioso 
cuando las goteras percuden los muebles, la ropa 
huele mal y ya no me gusta mirarte en la ducha. 
Fueron unas vacaciones: acabamos de regresar 
de cualquier playa barata y poco a poco 
no se nos ocurre nada que decir. Discusiones 
en torno a una película o al pollo para la cena, 
ojos espejos de agua ayer y hoy duras agujas 
que se clavan en la viscera precisa, tus amigas, 
ausencias inexplicadas, paseos para el corazón: 
la decisión se impone, pero todavía 
admiro tus manos que con tanto arte 
tejieron el pulóver que me saco ante una puta.

(Del libro homónimo,
gog y Magog, 2012,
reed,2023)

Alejandro Rubio


Alejandro Rubio nació en Buenos Aires en 1967 y falleció en la misma ciudad en 2024.Publicó Personajes hablándole a la pared (Seis Sellos, 1994); Música mala (Vox, 1997); Metal pesado (Siesta, 1999); Prosas cortas (Ril y Melusina, 2003); Novela elegiaca en 4 tomos: tomo uno (Vox, 2004); Rosario (Gog y Magog,2005); Foucault (Imprenta Argentina de Poesía 2006) ; Falsos pareados (Imprenta Argentina de Poesía, 2008); Diario (La Calabaza del Diablo, Chile, 2009); Samuel Horribly (Imprenta Argentina de Poesía, 2009); Sobrantes (Gog y Magog, 2010); Wachiturros (Spiral Jetty, 2011); La garchofa esmeralda (Mansalva, 2010);La enfermedad mental. Poesía reunida (Gog y Magog, 2012, 2023); Kohan (Vox, 2015); Hablando de poesía con el tachero (Belleza y Felicidad, 2016); El poema no es el tema (Club Hem, 2017); Not serbian (Ascasubi, 2017);Iron Mountain (Iván Rosado, 2018) y Moral (Ascasubi, 2021).


Pueden LEER más poemas en entradas anteriores.






 

lunes, 5 de junio de 2023

IRON MOUNTAIN


SONATA


No hay regreso, pero se vuelve
a pensar y recordar el pensamiento,
inútil, de esa tarde, estival, lejos
de la ruta, una quinta, ligustros,
un baño, comedor, el bargueño con la colección
de Stekel, se vuelve,
como decíamos, a esa pileta
ya irrecuperable, una quinta
de pensamientos y recuerdos
de pensamientos, la pileta,
el olor de pasto y cuerpos húmedos,
una hilera corta de pinos,
la reposera amarillo patito,
la reposera azul francia,
el banquito de paja, los cigarrillos
negros de alguien, el humo espeso que se va en volutas
desde el quincho hasta acá, se vuelve,
sí, con perdón,
a lo que pudiera liberar un sentimiento de,
cof cof, felicidad,
como quien escribe

F

E

L

I

C

I

D

A

D


en la tierra húmeda y espera
su permanencia, planchado boca arriba
sobre el agua tibia, con todo
el cielo de un atardecer limpio
para uno, un sentimiento,
fuera de joda, impropio
del adulto que un mediodía de invierno
lluvioso se inclina frente a la ventana
con los cordones de los zapatos desatados.
Un ruido, a poniente, se transmite,
un ruido que trae pensamiento y recuerdo
o recuerdo solo, si es que se recuerda
o tal vez se imagina lo que ya denominamos
consabidamente: felicidad,
indiscutible, no como los zapatos que parecen
envueltos en niebla como en niebla está
envuelto el ambiente, no como el/nate
que a cada sorbo va
lavándose, qué porquería, por más
que se tire lentamente el agua
junto a la bombilla y se revuelva,
con la misma bombilla, con un giro
delicado de muñeca, la yerba,
la yerba se lava un domingo lluvioso
con el estómago y la mente vacías salvo de recuerdos
o pensamientos de recuerdos, mover,
mover la calabaza de mano a mano fría,
de mano tibia a mano que se va entibiando,
como el ruido que trae el pensamiento
desde el río del oeste hasta acá
de nuevo, pensar
en una edad, cualquiera,
pongamos ocho o diez,
boca arriba en la pileta en verano,
lejos de la ruta y la ciudad,
y juntar a eso el:
ligustro, pasto, quincho, la:
reposera amarilla, reposera azul,
volutas de humo cuyo perfume hasta acá llega,
fortísimo, se agacha hacia el zapato izquierdo y en tres
movidas, con fastidio, se ata los cordones, se incorpora, se
agacha, tres movidas: un hombre adulto
vadeando el gris. Gris
el hombre, el ambiente, el afuera,
al este del río hediondo, los cordones
ya atados, firmes, de los zapatos que ahora
se saca antes que el buzo, la remera y los jeans
y en la cama entonces apenas se mira acaso
por la otra ventana,
fija, una estrella, extremadamente para pensar
en el recuerdo del pensamiento del
pensamiento del regreso, en la
difícil construcción,
inútil, de una
oda a la inmortalidad.

(Del libro"Iron Mountain", Ed. 
Ivan Rosado, 2018)


Alejandro Rubio



Alejandro Rubio nació en Buenos Aires en 1967. Publica desde 1994. Su obra poética fue reunida reunida bajo el título "La enfermedad mental" (Gog y Magog, 2012, al que se le suma en poesía "Wachiturros (Spiral Jerry, 2011, "Kohan" (Vox, 2015), "Hablando de poesía con el tachero" (Belleza y felicidad, 2016, El poema no es el tema (Club Hem,2017), entre otros títulos.




 

jueves, 12 de marzo de 2009

PERSONAJES HABLÁNDOLE A LA PARED
















La casa abierta, el aire
con olor a repollo hervido. Si me dieran un peso
por cada uno de los días que pasé
esperando en un cuarto de hotel...
No todos fueron así, pero así
se me aparecen: quemaduras en el borde de la mesa, la sombra
de la silla en la pared, mirar tranquilo
las motas de polvo de espaldas
a la ventana: y un día igual, otro año,
te llama el chancho y te dice:
Heredia,
Heredia, usted es gardel.
Gracias por todo. Ahora vivo en una especie
de ático o altillo, tres por tres, casi nada me rodea.
Pocas visitas, cuando vienen
les sirvo mate o en su defecto café, hablan y me distrae
el temblor de la mano entre las piernas, una mancha
en la baldosa; pero lo que de verdad me inquieta
es la decadencia del oficio




Alejandro Rubio



Alejandro Rubio. Poeta argentino, nacido en Buenos Aires, en 1967. Libros publicados: "Personajes hablándole a una pared"(1994), "Música mala" (1997), "Metal pesado" (1999), "Novela elegíaca en 4 tomos" (Vox, 2004). Fue uno de los directores del sitio www.poesia.com.


Veo también rostros embotados...



Qué fue de la bicicleta nueva del niño pobre,

qué de los diques, los embalses,
los flujos dominados, orientados
que dejaban un claro en el centro
donde podíamos prender un fueguito
y contarnos historias de la miseria pretérita.
A veces salgo a caminar por mi suburbio
como si no viviera ahí y veo alucinado
detrás de una valla de chapas un limonero
que cada año da suficientes limones
para alejar la gripe, el resfrío y otros males
de la zona donde la madre cuece su bizcochuelo.
Veo también rostros embotados
con el rastro de un sueño en la comisura
de los párpados, alcohólico tal vez,
pero preñado de una justicia incomprensible,
mágica, como si el premio esperara
por cada uno en la puerta del juzgado o templo,
envuelto en papel de regalo, con moño y leyenda
alusiva a las crueldades padecidas.
Cuando se inclinan a pegar el tacazo
en el pool desangelado donde la cerveza
sale uno cincuenta, el Capital
les mete un dedo, suave
y profundo dedo del Capital,
hasta la garganta y atravesados
por el medio sus instintos
giran en torno a tal eje sin zafar
hacia la tierra prometida del interés propio.
Las tarotistas les muestran porvenires de caramelo
sin lucha ni fragor ni cárcel honorable;
pagan y se van con la nueva
de otro contrato por seis meses, de un posible
brote en el huerto polvoriento donde un malvón
alza solo su cabeza al sol semiescondido.
A veces fantaseo, con los adolescentes
que se insultan entre sí por costumbre,
con una música que acompase cada pie
en la marcha arcaica hacia la capital desdeñosa
y con fuego en Recoleta, con artistas de tevé
empalados que al Señor rueguen
por la continuidad de sus depósitos.




Alejandro Rubio (Buenos Aires, Argentina, 1967)