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miércoles, 27 de mayo de 2026

BINOMIO FANTÁSTICO

 


Todo comienzo es torpe
 
 
En el principio Ella pare a ella y son tres. Él un tiempo trabaja, luego, casi de repente, muere.
Ellayella vuelve a ser una sola y quiere tirarse para abajo. La baranda del balcón espera una mudanza. Los años caen a plomo en la nochecita. De improviso la casa se llena de gente.
Con una de las dos cabezas Ellayella intenta sonreír. La mano contiene en la otra boca un grito.
El borde de ese precipicio sabe a albahaca.
Ellayella cambia de casa.



Declinación magnética

Una tarde de otoño Ella y ella se suben al coche, cruzan la frontera y avanzan por caminos de campo desiertos en la estrechez de un desafío. Bajo las ruedas crujen los puntos cardinales. La aguja de la brújula parece un cuchillo y no tiene boca. El destino calla obstinado mientras la niebla siembra preguntas en el asfalto. En la llanura, el automóvil avanza lento por caminos estupefactos.
Hasta los árboles casi desnudos a lo largo del zanjón parecen preguntarse adónde diablos están yendo.
Vigevano está lejos todavía, dice Ellaaella, mejor volver.



El ovillo de la vida

Era Ella la que sostenía la punta, y cuántas veces pensó en soltar ese hilo y confiárselo a otros y esconderse de ella para siempre. Abandonarla a ella habría sido fácil, estaba desprovista de malicia y su hilo era breve. Podía escaparse lejos, pero Ella sin ella era un cuerpo sin vísceras.
Entonces, encontrando la fuerza, la agarraba de la mano.



Almas llenas de oscuridad

Cada noche en la larga mesa de la cocina Ella y ella frente a una taza de café con leche, pan con queso, una salchicha u otros alimentos solitarios para consumir de a dos. Termina temprano la cena. La intimidad no preserva sino cierra el espacio de las respuestas mientras el dedo recorre interrogativo la franja azul que forma un círculo alrededor del plato.



HABITACIONES


La clave es la luz

Tal vez debido a la montaña
que entra en la habitación
el espacio en la vieja casa
no ofrece refugios.

La doble altura es un calambre
de nostalgia
cuando el otoño
anticipa el oscurecer
y se enciende la lámpara tenue
en el rincón de la escalera.



La habitación de ella está en la torre, la parte más antigua de la casa, el piso es de terracota áspera, todo cuarteado pero liso, de un rojo pastoso. La habitación está llena de vida y la ayudaría si su mente no estuviera envuelta en un abrigo, verano e invierno.



El cuerpo de ella se expande sin reglas
ni medida en ese espacio dilatado de la casa
en donde la comida entra a hurtadillas
mientras
distraídamente las costumbres
se deshacen
entre las charlas
bajo una luz aturdida
que junta en sí
los extremos



EN LAS MEDIDAS PRISIONERA


Un grito, la noche

se estrechan las horas
entorno al anochecer
y el rojo del otoño
de día
hace el resto

En una rara pausa dices
aferrándome la mano
con tus fuertes huesos
mira
¿un pescador?

No, mamá
ese señor con la red y el sombrero
saca las hojas de arce
de la piscina de la clínica

sonríes

y tal vez ya me veas
en la otra orilla

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Anna Ruchat

(Traducción de Pablo Ingberg)


Anna Ruchat (Zúrich, 1959), formada en filosofía y literatura alemana en Zúrich y Pavía, comenzó su trayectoria literaria como traductora del alemán (libros de Friedrich Dürrenmatt, Victor Klemperer, Nelly Sachs, Paul Celan, Thomas Bernhard, etc.), para iniciarse luego en la escritura de narrativa, a partir de los cuentos de In questa vita (En esta vida, 2004, Premio Chiara), y de poesía, a partir de Geografia senza fiume (Geografía sin río, 2006). En 2019 ganó el Premio de Literatura Suiza con los cuentos de Gli anni di Nettuno sulla terra (Los años de Neptuno en la Tierra, traducido parcialmente al inglés). Su última novela es Spettri familiari (Espectros familiares, 2023). Una anterior, Volo in ombra, fue traducida al castellano por Pablo Ingberg (Vuelo a la sombra, Pre-Textos, 2024).                                                                  


domingo, 28 de diciembre de 2025

De: OTROS VERSOS (1972-1980)

 


Hipótesis II

Al parecer
no hay que decir Italia
sino el Desplome.
Es un hecho que se alarga, urge estudiarlo
hasta que estemos vivos, después será imposible.
El tiempo mismo se vería afectado;
si no hay lo desplomable,
¿qué más podría ofrecernos? Es un tema
para ser incluido en la orden del día.
 
 
 
Alumna de las musas
 
Llena tu cofre con tus cármenes
sagrados o profanos niña mía
y tíralo
a una corriente que lo lleve lejos
para después dejarlo aprisionado
y medio abierto entre las piedras. Alguien
tal vez rescatará una hoja o dos,
quizá no las mejores, mas ¿qué importa?
El paladar, el gusto de los Dioses
no se parece al nuestro y acaso valga menos.
Lo principal es que del hervidero
asome alguna cosa que nos diga
no me conoces, no te conozco; y sin embargo
nos ha tocado en suerte la divina locura
de estar aquí y no allá,
vivos o dizque tales, niña mía.
Y ahora parte y que no esté excesivamente
cerrado tu equipaje.
 
 
 De: DIARIO PÓSTUMO (1969-1979)
 
 
En el jardín
 
Desciendes por el bulevar
y te domina un cielo azul
y veraniego. Una nube
blanca de linos, a tu llegada,
refresca la canícula.
Nos sentamos en el banco de siempre.
De golpe un soplo de viento
y se arremolina tu sombrero de paja.
Lo atrapas, te sientas.
El ala del gran pino de mar
cual vela desplegada nos empuja.
Quisiéramos bordear
toda la costa partiendo de esta orilla,
llegar en un dúo de nombres, de recuerdos,
hasta Nervi.
Pero el sol ya declina,
difunde su esplendor con rayos débiles,
desaparece, vuelve, y el recuerdo de ocasos
iguales duplica el horizonte,
traduce en otros días
este fugaz instante que se esfuma.
Ahora también el viento calla.
 
 
 
PUESTO que admiras mi tendencia
a tomar con humor las molestias
cotidianas, confieso que de viejos,
cuando se toca el fondo, la ironía
es el único modo
de evitar ser sorprendidos
con el rostro agrisado por el dolor.
In tristitia hilaris, me repito.
A menudo el hombre se engaña a sí mismo,
es la perenne fuga del presente:
único escudo contra los males.
 
 (Del Libro: “Poesía Completa”,
Galaxia Gutenberg, 2006)
 
Eugenio Montale
 (Italia, Génova -1896-Milán-1981)
 
(Traducción: Fabio Morábito)
 
 
De: Altri Versi
 
Ipotesi II
Pare
non debba dirsi Italia ma
lo Sfascio.
È un fatto che si allunga, urge studiarlo
finché si esiste, dopo sarà tardi.
Il tempo stesso ne sarebbe offeso;
mancando lo sfasciabile che cosa
potrebbe offrirci? È un tema che va messo
all’ordine del giorno.
 
 
Alunna delle Muse
 
 
Riempi il tuo bauletto
dei tuoi carmina sacra o profana
bimba mia
e gettalo in una corrente
che lo porti lontano e poi lo lasci
imprigionato e mezzo scoperchiato
tra il pietrisco. Può darsi che taluno
ne tragga in salvo qualche foglio, forse
il peggiore e che importa? Il palato,
il gusto degli Dei sarà diverso
dal nostro e non è detto che sia il migliore.
Quello che importa è che dal bulicame
s’affacci qualche cosa che ci dica
non mi conosci, non ti conosco; eppure
abbiamo avuto in sorte la divina follìa
di essere qui e non là, vivi o sedicenti
tali, bambina mia. E ora parti
e non sia troppo chiuso il tuo bagaglio.
 
 
 
De: Diario Postumo
 
Nel giardino
 
Discendi dal gran viale
e ti sovrasta un cielo
azzurro estivo. Una nuvola
bianca di lini rinfresca
la canicola al tuo arrivo.
Ci sediamo sulla solita panchina.
Poi d’un tratto un soffio di vento
e la tua paglia comincia a turbinare.
L’afferri, ti risiedi.
L’ala del grande pino marino
come vela spiegata ci trascina.
Vorremmo bordeggiare
da questo litorale tutta la costiera,
giungere in un duetto di nomi, di ricordi
fino a Nervi.
Ma il sole già declina,
diffonde il suo lucore in raggi obliqui,
dispare, torna, e la memoria di sere
uguali raddoppia gli orizzonti,
traduce in altri giorni
quel momento fugace che scompare.
Ora anche il vento tace.
 
 
SICCOME ammiri la mia tendenza
a reagire con humour alle noie
quotidiane, confesso che da vecchi,
quando si tocca il fondo,
l’ironia è il solo modo
per non farsi sorprendere
col volto ingrigito dal dolore.
In tristitia hilaris, mi ripeto.
Sovente l’uomo inganna se stesso
è la perenne fuga dal presente:
unico schermo ai mali.
 
 
Pueden LEER la biografía, ensayos, textos y más poemas en entradas anteriores.


viernes, 26 de diciembre de 2025

CUADERNO DE CUATRO AÑOS (1973-1977)




  

La poesía
(En Italia)
Desde los albores del siglo se discute
si la poesía está dentro o fuera.
Primero ganó el dentro, luego contraatacó duramente
el fuera y con los años se llegó a un forfait
que no podrá durar porque el fuera
está armado hasta los dientes.
 
 
 
Desván de trastos
 
No sé dónde oculté tu foto.
De haber aparecido me hubiera visto en líos.
En ese entonces creía que sólo las mujeres tenían un alma,
y sólo si eran bellas, para los hombres el vacío absoluto.
¿Para todos... o hacía una excepción para mí?
Tal vez lo hacía a medias. Yo era un encendedor
al que le falta gas. Una que otra chispa a veces,
que sólo duraba un segundo.
La instantánea no era muy buena:
un rostro en primer plano, el pelo revuelto.
De ti ya no se supo nada y yo me abstuve
de posibles, improbables pesquisas.
Hoy sólo existe el múltiplo, el tumulto.
Si vale el termitero, ¿tiene sentido la termita?
Pero entre tanto quedaba una nube, la de tu pelo
y esos ojos inocentes donde todo cabía
y hasta más, eso que jamás sabremos
nosotros los hombres provistos de briquets,
de luces nunca.
 
(Del Libro: “Poesía Completa”,
Galaxia Gutenberg, 2006)
 
Eugenio Montale (Italia, Génova -1896-Milán-1981)
 
(Traducción: Fabio Morábito)
 
La poesía
(In Italia)
 
Dagli albori del secolo si discute
se la poesia sia dentro o fuori.
Dapprima vinse il dentro, poi contrattaccò duramente
il fuori e dopo anni si addivenne a un forfait
che non potrà durare perché il fuori
è armato fino ai denti.
 
 
 
 
I ripostigli
 
Non so dove io abbia nascosto la tua fotografia.
Fosse saltata fuori sarebbe stato un guaio.
Allora credevo che solo le donne avessero un'anima
e solo se erano belle, per gli uomini un vuoto assoluto.
Per tutti... oppure facevo un'eccezione per me?
Forse era vero a metà, ero un accendino
a corto di benzina. A volte qualche scintilla
ma era questione di un attimo.
L'istantanea non era di grande pregio:
un volto in primo piano, un arruffio di capelli.
Non si è saputo più nulla di te e neppure ho chiesto
possibili improbabili informazioni.
Oggi esiste soltanto il multiplo, il carnaio.
Se vale il termitaio che senso ha la termite.
Ma intanto restava una nube, quella dei tuoi capelli
e quegli occhi innocenti che contenevano tutto
e anche di più, quello che non sapremo mai
noi uomini forniti di briquet,
di lumi no.
 
Pueden LEER la biografía, ensayos y más poemas en entradas anteriores. 


 

sábado, 19 de julio de 2025

LA HIEDRA


La hiedra

Hace muchos años, cuando no éramos
todavía marido y mujer, una tarde
de marzo o abril, por las orillas de un lago,
un poco bromeando, un poco en serio, recogimos
al pie de un abeto un breve ramo de hiedra,
símbolo de la fidelidad de sentimiento,
en recuerdo de aquel paseo tranquilo,
último de una época de nuestra vida.

No puedo mirarla sin turbarme.
La luz ha decolorado poco a poco
las hojas que eran verdes y negras.
Mutaciones imperceptibles, síntesis
muy lentas, alteraciones invisibles,
como si hubieran pasado no veinte años
sino muchos siglos. Ahora aquel ramo parece
muchas cosas que es inútil mencionar aquí.

Sin embargo, palideciendo de este modo, ha vivido.
Si una vez fue digno de sonrisa,
ahora es más parecido a una figura de amor.

[De Una volta per sempre]



Los árboles

Parecen idénticos los árboles
a los que veo desde la ventana.
Pero no es así. Uno, grandísimo,
se quebró, y ahora no recordamos
más la gran pared verde que era.
Otros están enfermos.
La tierra no respira lo suficiente.
Los setos apenas tienen tiempo
a dar algunas hojas nuevas
que ya agosto los ahoga de polvo
y octubre de humo.
La historia del jardín y de la ciudad
no interesa. No tenemos tiempo
para dibujar las hojas y los insectos
o sentarnos en la luz pura
a trabajar largas horas.
Los árboles parecen idénticos,
la especie parece fiel.
Y en cambio están muy lejos.
Ni siquiera un grito,
ni siquiera un silbido les llega.
No es el caso de desesperarse,
hija mía, sino de saberlo,
mientras miramos juntos los árboles
y tú aprendes quién es tu padre.


Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versiones de Jorge Aulicino

Tomados del blog de Jorge Aulicino Otra Iglesia es imposible donde pueden leer más poemas de Fortini.

L'edera

Molti anni fa quando non eravamo
ancora marito e moglie, in un pomeriggio
di marzo o aprile, lungo le rive de un lago,
un poco scherzando, un poco sul serio, colsi
al piede di un abete un breve ramo di edera,
simbolo di fideltà dei sentimenti,
per ricordo de quella passeggiata tranquila
ultima di una età della nostra vita.

Senza turbamento non so guardarla.
La luce ha scolorito a poco a poco
le foglie che erano verdi e nere.
Mutamenti impercettibili, sintesi
molto lente, alterazioni invisibili
come se non vent'anni ma molti secoli
fossero passati. Ora quel ramo somiglia
tante cose che inutile è qui nominare.

Pure, solo così impallidendo, ha vissuto.
Se una volta era degno di sorriso
ora è più somigliante figura d'amore.
---

Gli alberi
Gli alberi sembrano identici
che vedo dalla finestra.
Ma non è vero. Uno grandissimo
si spezzò e ora non ricordiamo
più che grande parete verde era.
Altri hanno un male.
La terra non respira abbastanza.
Le siepi fanno appena in tempo
a metter fuori foglie nuove
che agosto le strozza di polvere
e ottobre di fumo.
La storia del giardino e della città
non interesa. Non abbiamo tempo
per disegnare le foglie e gli insetti
o sedere alla luce candida
lunghe ore a lavorare.
Gli alberi sembrano identici,
la specie pare fedele.
E sono invece portati via
molto lontano. Nemmeno un grido,
nemmeno un sibilo ne arriva.
Non è il caso di disperarsene,
figlia mia, ma di saperlo
mentre insieme guardiamo gli alberi
e tu impari chi è tuo padre.


Pueden LEER la biografía y más poemas en entradas anteriores.



 

viernes, 30 de mayo de 2025

De: Luoghi Comune 2 (Wilcock)



3.

Tal vez el alma es divina, pero no es indispensable,
como el cuerpo, en el que mora y que es su ocasión.
Desde la primera infancia ese cuerpo es la prisión
del alma que fermenta como una masa maleable,
para finalmente endurecerse en las formas más raras,
desde pájaro melodioso hasta las peores iguanas;
pero siempre incomodísima pues no logra escapar
de un cuerpo inadecuado y siempre menos fuerte,
que provoca desordenes difíciles de curar,
las complicadas neurosis que aceleran la muerte.

6.

A pesar de los triunfos de las ciencias aplicadas
el mejor instrumento para ver el universo
sigue siendo la lámpara penetrante del verso,
la música, la voz de gargantas privilegiadas,
o en una penumbra con velas de tarde en tarde
el púlpito cosmatesco de diorita incrustada;
cualquier luz que nos muestre una idea que arde,
antorchas muy sencillas o espléndidos candelabros,
monasterios carpáticos en bosques centenarios,
o runas en Islandia de los príncipes bruscos,
falos de ámbar en el bosque, sarcófagos etruscos.
A la luz de esas luces el hombre se mueve más seguro,
ve los atardeceres, ve las orillas del mar,
y pronuncia palabras cuyos sentidos oscuros
finalmente se le comienzan a revelar.

7.

Para el hombre llegado a cierta edad,
el uso de esas luces deviene necesidad.
De jóvenes, nadie nos preparaba para esto,
que, además, no fue predicho por ninguna teoría:
ni un desfile triunfal, ni un banquete modesto,
sino más bien un funeral de cuarta categoría,
con un telón de fondo pintado por diletantes,
entre los fieles tremolantes.
Por tanto, debemos buscar escenografía mejor.
y en la oscuridad del caos quedar iluminados
por el anillo de bronce con su perfil de señor,
o la tumba con escenas de picnic o de amor,
o el auriga con caballos de mar azotados,
entre ancianos que tocan la flauta nostálgicamente;
cualquier cosa alejada de la luz de la mente
del tiempo giratorio, del espacio fluyente.

8.

La idea que nos hacemos del espacio no es distinta
de la idea que se hace la mayor parte de la gente,
pero es mental puramente y se extingue con la mente,
por ejemplo bajo la acción de excitaciones violentas.
El hombre sabe moverse solo, orientarse topográficamente,
y encontrarse con sus semejantes en lugares determinados,
usando la razón y los sentidos combinados;
así traza laberintos sobre la faz de la tierra
y superpone sus pasos a los de sus antepasados
que como él buscaban hembras, alimento y a veces guerra.

10.

Treinta siglos después del viaje de Odiseo,
los turistas recorren las grutas del Circeo,
sin encontrar trazas de la hechicera histérica
ni un resto asignable a la era prehomérica.
Y no sirve explicar que la isla no es tal,
sino un monte del Lacio en la costa occidental,
y que en suma buscar la huella del hada
es un modo como otro de pasar la jornada,
porque el tiempo como un glaciar arrastra sin piedad
los lugares y los transfiere a otra localidad.


Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, 
Viterbo, 1978), 
"Luoghi comuni", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
                                            
Versiones: Jorge Aulicino 

Poemas y fotografía y traducciones 
tomados del blog de Jorge Aulicino:

Imagen: Fotograma de Un'ora con Rodolfo Wilcock, 1973 
Il racconto del Giorno/RAI/YouTube (VER entrevista al autor)


Luoghi comuni

3.
Forse l'anima è divina, ma non è indispensabile / quanto il corpo in cui dimora 
e ch'è la sua cagione. / Dalla prima infanzia in poi questo corpo è la prigione / 
dell'anima che fermenta como una massa malleabile / per finalmente impietrirsi 
nelle forme più strane, / dall'uccello melodico fino alle peggiori iguane; / me 
sempre scomodissima perchè non riesce a uscire / da un corpo inadeguato 
e sempre meno forte, / il che provoca disordini difficili da guarire, / le 
complicate nevrosi che accelerano la morte.

6.
Nonostante i trionfi della scienza applicata / gli strumenti migliori per osservare 
l'universo / sono ancora la penetrante lampada del verso, / la musica, la voce 
di una gola privilegiata, / oppure nella penombra delle candele sparse 
/ il pulpito cosmatesco di dioriti incrostata; / qualsiasi luce indicante dove 
un pensiero arse, / semplici torce o splendidi lampadari, / monasteri carpatici 
tra i boschi secolari, 
/ rune d'Islanda con principi bruschi, / falli d'ambra nella foresta, sarcofaghi 
etruschi./ Alla luce di questi lumi l'uomo si muove più sicuro, / vede i tramonti, 
vede le rive del mare, / e pronuncia parole il cui senso oscuro / gli si comincia 
infine a rivelare.

7.
Per l'uomo arrivato a una certa età / l'uso di questi lumi diventa necessità.
/ da giovani non ci avevano detto di prepararci a questo, / che d'altronde non 
era previsto da nessuna teoria: / non una sfilata trionfale, nemmeno un convito 
modesto, / bensì un funerale di quarta categoria / davanti a qualche fondale 
dipinto da dilettanti / fra i praticabili tremolanti. / Dobbiamo pertanto cercare 
una scenografia migliore / e nel buio del caos lasciarci illuminare / dall'anello 
di bronzo col suo profilo di signore, / dalla tomba con scene di picnic o di 
amore, / o l'auriga che fustiga i cavalli del mare / fra vegliardi che suonano 
il flauto nostalgicamente; / qualunque cosa sottratta dal lume della mente / 
al tempo rotatorio, allo spazio fluente.

8.
L'idea che ci facciamo dello spazio non differisce / dall'idea che se ne fa la 
maggioranza della gente, / ma è puramente mentale e con la mente sparisce 
/ per esempio sotto l'azione delle eccitazioni violente. / L'uomo sa muoversi 
da solo, orientarsi topograficamente, / e trovarsi con i suoi simili in luoghi 
determinati, / adoperando la ragione e i sensi combinati; / così traccia labirinti 
sulla faccia della terra / e sovrapopone i suoi passi a quelli dei suoi antenati / 
che come lui cercavano femmine, cibo y talvolta guerra.

10.
Trenta secoli dopo il viaggio di Odisseo / i turisti percorrono le grotte del Circeo
 / senza trovarvi traccia della fattucchiera isterica / né un relitto assegnabile 
all'età preomerica. / E non serve spiegare che l'isola non è tale / bensì un monte
isolato sulla costa laziale, / e che tutto sommato cercare l'orma della fata / è 
un modo come un altro di passare la giornata, / poiché il tempo come un 
ghiacciaio trascina senza pietà / i luoghi e li trasferisce in altre località.



 

martes, 27 de mayo de 2025

De: POESÍA COMPLETA (Pavese)


Trabajar cansa


Cruzar una calle para escapar de casa 
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que vaga 
todo el día por la calle ya no es más un muchacho 
y no escapa de casa.
                  Hay en verano
siestas en que hasta las plazas quedan vacías, tendidas 
bajo el sol que está por caer, y este hombre, que llega 
por una avenida de inútiles plantas, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo? 
Solamente vagar, las plazas y las calles 
están vacías. Hace falta parar a una mujer 
y hablarle y pedirle vivir juntos.
De otro modo, uno habla solo. Es por esto que a veces 
hay un borracho nocturno que comienza a parlotear 
y cuenta los proyectos de toda la vida.

No es cierto que esperando en la plaza desierta 
se encuentra a alguno, pero el que recorre las calles 
se para cada tanto. Si fueran dos, 
aun andando por la calle, la casa estaría 
donde estuviese esa mujer y valdría la pena.
A la noche, la plaza vuelve a estar desierta
y este hombre que pasa no ve las casas
tras las inútiles luces, no levanta ya los ojos:
siente sólo el empedrado que hicieron otros hombres,
de manos endurecidas como las suyas.
No es justo quedar en la plaza desierta.
Vendrá ciertamente aquella mujer por la calle 
que, si uno le pide, querrá dar una mano en la casa.



La noche

Pero la noche ventosa, la límpida noche 
que el recuerdo rozaba solamente, es remota, 
es un recuerdo. Perdura una calma atónita, 
hecha, también ella, de hojas y de nada. No queda 
de aquel tiempo de más allá del recuerdo más que un vago 
recordar.
        A veces regresa en el día, 
en la inmóvil luz del día de verano, 
aquel remoto estupor.

          Por la vacía ventana 
el chico miraba la noche sobre las colinas 
frescas y negras, y se admiraba de encontrarlas muertas: 
vaga y límpida inmovilidad. Entre las hojas 
que retrocedían en la oscuridad, aparecían las colinas 
donde todas las cosas del día, los declives 
y las plantas y las viñas, eran nítidas y muertas, 
y la vida era otra, de viento, de cielo, 
y de hojas y de nada.
           A veces regresa
en la inmóvil calma del día el recuerdo 
de aquel vivir absorto, en la luz atónita.



Gente fuera de lugar

      Demasiado mar. Ya hemos visto suficiente mar.
Al atardecer, cuando el agua se extiende pálida
y esfumada en la nada, el amigo la mira
y yo miro al amigo y no habla ninguno.
A la noche terminamos recluidos en el fondo de una taberna,
aislados en el humo, y bebemos. El amigo tiene sus sueños
(son un poco monótonos los sueños junto al rumor del mar),
donde el agua es no más que el espejo, entre una isla y otra,
de colinas, jaspeadas de flores salvajes y cascadas.
Su vino es así. Se contempla, mirando el vaso,
alzando colinas de verde sobre el mar plano.
Las colinas me van; y lo dejo hablar del mar
porque es un agua tan clara que muestra hasta las piedras.

Veo solo colinas y me colman el cielo y la tierra
con las líneas firmes de los flancos, lejanas o cercanas.
Sólo que las mías son ásperas y estriadas de viñas
fatigosas en el suelo quemado. El amigo las acepta
y las quiere vestir de flores y de frutos salvajes
para descubrirles riendo muchachas más desnudas que los frutos.
No es preciso: en mis sueños más ásperos no falta una sonrisa.
Si mañana temprano nos ponemos en camino
hacia aquellas colinas, podremos encontrar por las viñas
alguna oscura muchacha, quemada por el sol,
y, dándole charla, comerle un poco de uva.



Tienes rostro de piedra esculpida,

sangre de tierra dura,
has venido del mar.
Todo recibes y escrutas
y rechazas de ti
como el mar. En el corazón
tienes silencio, palabras
engullidas. Eres oscura.
Para ti el alba es silencio.

Y eres como las voces
de la tierra —el golpe
del balde en el pozo,
la canción del fuego,
el ruido sordo de una manzana;
las palabras resignadas
y oscuras en los umbrales,
el grito del nene —las cosas
que no suceden nunca.
Tú no cambias. Eres oscura.

Eres la bodega cerrada,
con piso de tierra
donde entró una vez
descalzo el chico
y que recuerda siempre.
Eres la habitación oscura
que se recuerda siempre,
como el patio antiguo
en que se abría el alba.



  Luces mudas alhajan de noche
los collares, en las avenidas, de las farolas.

      La larga, macerante soledad
del día vil entre las altísimas casas
se reaviva con toda mi sangre
y se pega a mis ojos hasta el cielo.
Luces blancas, en las avenidas de vértigo,
se extienden lejos, sin un sonido,
sin un ser vivo.
      Estoy solo en medio del universo
de todas estas luces.
Por todos lados sube en las avenidas 
el polvo azulino.
Los recuerdos más viles
callan por un momento.
Y el cielo deslumbrado, desaparece.

      Mañana, bajo el suicidio del sol,
retomará la vida solitaria.

(Del libro "Poesía completa",
Barnacle, 2025,
Gentileza de Alberto Cisnero)

Cesare Pavese (Italia, San Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950)


(Traducción: Jorge Aulicino)
LAVORARE STANCA


Traversare una strada per scappare di casa 
lo fa solo un ragazzo, ma quest'uomo che gira 
tutto il giorno le strade, non è più un ragazzo 
e non scappa di casa.
                    Ci sono d'estate
pomeriggi chefino le piazze son vuote, distese 
sotto il sole che sta per calare, e quest'uomo, che giunge 
per un viale d'inutili piante, siferma.
Val la pena esser solo, per essere sempre più solo? 
Solamente girarle, le piazze e le strade 
sono vuote. Bisogna fermare una donna 
e parlarle e deciderla a vivere insieme.
Altrimenti, uno parla da solo. è questo che a volte 
c'è lo sbronzo notturno che attacca discorsi 
e racconta iprogetti di tutta la vita.

Non è certo attendendo nella piazza deserta 
che s'incontra qualcuno, ma chi gira le strade 
si sofferma ogni tanto. Se fossero in due, 
anche andando per strada, la casa sarebbe 
dove c’è quella donna e varrebbe la pena.
Nella notte la piazza ritorna deserta 
e quest'uomo, che passa, non vede le case 
tra le inutili luci, non leva più gli occhi: 
sente solo il selciato, che han fatto altri uomini 
dalle mani indurite, come sono le sue.
Non è giusto restare sulla piazza deserta.
Ci sarà certamente quella donna per strada 
che, pregata, vorrebbe dar mano alla casa.



LA NOTTE

Ma la notte ventosa, la limpida notte 
che il ricordo sfiorava soltanto, è remota
è un ricordo. Perdura una calma stupita 
fatta anchessa di foglie e di nulla. Non resta 
di quel tempo di là dai ricordi, che un vago
ricordare.
       Talvolta ritorna nel giorno 
nell immobile luce del giorno d'estate 
quel remoto stupore.

              Por la vuota finestra
il bambino guardava la notte sui colli 
freschi e neri, e stupiva di trovarli ammassati:
vaga e limpida immobilità. Fra le foglie 
che stormivano al buio, apparivano i colli 
dove tutte le cose del giorno, le coste 
e le piante e le vigne, eran nitide e morte 
e la vita era unàltra, di vento, di cielo, 
e di foglie e di nulla.

              Talvolta ritorna
nell immobile calma del giorno il ricordo 
di quel vivere assorto, nella luce stupita.



GENTE SPAESATA

     Troppo mare. Ne abbiamo veduto abbastanza di mare.
Alla sera, che l’acqua si stende slavata
e sfumata nel nulla, l’amico la fissa
e io fisso l’amico e non parla nessuno.
Nottetempo finiamo a rinchiuderci in fondo a una tampa,
isolati nel fumo, e beviamo. L’amico ha i suoi sogni
( sono un poco monotoni i sogni allo scroscio del mare )
dove l’acqua non è che lo specchio, tra un’isola e l’altra,
di colline, screziate di fiori selvaggi e cascate.
Il suo vino è cosí. Si contempla, guardando il bicchiere,
a innalzare colline di verde sul piano del mare.
Le colline mi vanno; e lo lascio parlare del mare
perché è un’acqua ben chiara, che mostra persino le pietre.

Vedo solo colline e mi riempiono il cielo e la terra
con le linee sicure dei fianchi, lontane o vicine.
Solamente, le mie sono scabre, e striate di vigne
faticose sul suolo bruciato. L’amico le accetta
e le vuole vestire di fiori e di frutti selvaggi
per scoprirvi ridendo ragazze piú nude dei frutti.
Non occorre: ai miei sogni piú scabri non manca un sorriso.
Se domani sul presto saremo in cammino
verso quelle colline, potremo incontrar per le vigne
qualche scura ragazza, annerita di sole,
e, attaccando discorso, mangiarle un po’ d’uva.



Hai viso di pietra scolpita,
sangue di terra dura,
sei venuta dal mare.
Tutto accogli e scruti
e respingi da te
come il mare. Nel cuore
hai silenzio, hai parole
inghiottite. Sei buia.
Per te l’alba è silenzio.

E sei come le voci
della terra l’urto
della secchia nel pozzo,
la canzone del fuoco,
il tonfo di una mela;
le parole rassegnate
e cupe sulle soglie,
il grido del bimbo —le cose
che non passano mai.
Tu non muti. Sei buia.

Sei la cantina chiusa,
dal battuto di terra,
dov’è entrato una volta
ch’era scalzo il bambino,
e ci ripensa sempre.
Sei la camera buia
cui si ripensa sempre,
come al cortile antico
dove s’apriva l’alba.



  Luci mute ingioiellano la notte
le collane, nei viali, dei lampioni.

     La lunga macerante solitudine
del giorno vile tra le case altissime
si riaccende di tutto il mio sangue
e mi s’aderge agli occhi fino al cielo.
Luci bianche, nei viali di vertigine,
si snodano lontano e senza un suono,
senza un essere vivo.
     Io sono solo in mezzo all’universo
di tutte queste luci.
Da ogni parte mi s’aprono nei viali 
le polveri azzurrine.
I ricordi vilissimi
tacciono per un attimo.
Ed il cielo è abbagliato, scomparso.

     Domani, sotto il suicidio del sole,
riprenderà la vita solitaria.



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