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lunes, 12 de abril de 2010

Ya ves...

















Ya ves.
Te dije último:
o se cambia o se muere.
Pero cada cosa es lo que es.

El enemigo de la danza.
El monje que prepara muerte.
El pobrecito de los mataderos.
El privilegio de malser.
El zapatero máculo.
La tarde, miniada, decadente.

Ya ves.
Los hechos caminan ligeros,

Y en la absurda pureza de los sacrificios,
en el temor de todo hombre,
el odio estancado deviene piedad.

Ya ves.
La urgencia de amar
nos ha vuelto infectos
de un mal casi humano,
el mal que es bien,
como la rosa de venganza
en los tumultos. Ya ves:

Cada cosa es lo que es,
Y no hay escampo.


(de: Tímida hierba de agosto)

Roberto Raschella


Roberto Raschella. Poeta y narrador argentino. Nació en 1930, en Buenos Aires. Fue maestro de escuela, cineasta y director de la revista literaria "La ballena blanca". Ha traducido del italiano a Della Volpe, Pasolini, D'Annunzio, Verga y Svevo. Es autor de los libros de poemas "Malditos los gallos" (1979), "Poemas del exterminio" (Libros de tierra firme, 1988) y "Tímida hierba de agosto" (Alción, 2001). Publicó también las novelas "Diálogos en los patios rojos" (1994) y "Si hubiéramos vivido aquí"(1998). Recibió el Premio Boris Vian en 1998 y el Segundo Premio Nacional de Novela en el 2004.

MÁS POEMAS de Raschella pueden leerse en el blog de Germán Arens, clic.





DOS LÍRICAS

1

Ah, los frutos: cortezas ya, semillas,
un olor apenas levitado de viejas estaciones.
Había una luz sobre la mesa. La mañana
bajaba sola. Atrás, dejada por tus manos,
las rosas, como el gran pétalo extendido
al universo. Y a las rosas y a mí
les faltó el aire, y fue un silencio sin cuerpo,
la fragancia extrema del sol extremo.
¿Era una ilusión el bello verano?

Ed io mi sentí svegliar dentro a lo core.



3

Y ahora todo ha pasado.
Fue terrible, pero todo ha pasado.
Apenas un fragmento de pasión juvenil
puede retornar —otro grito del instinto—,
apenas algún férreo dibujo —la conciencia—,
sobre cada fenómeno de muerte y de sonido.
Ningún ocaso arrastra las consumidas y
húmedas glicinas, las calles no son ideales,
muchos puentes desaparecieron, no hay
voces de hombres que anuncien el año
en la tierra serena y sin tumulto.
Los generosos adivinos de la suerte,
los tísicos que plateaban los zaguanes,
el adorable niño de manos en los bolsillos
y ojos asombrados por las masacres
en Guernica y en Varsovia
están muertos.
Tanto dolor hubo
tanto dolor habrá
tanto olvido de vida
y olvido de muerte.

Es cierto: todo pasa: créeme.



Roberto Raschella (Argentina, Buenos Aires, 1930)


(Dos, de Cuatro líricas;
Diario de Poesía Nº27,
Invierno 1993)


jueves, 20 de noviembre de 2008

Yo tenía veinte años...

6

Ya tenía veinte años, y el gesto
de hastío de quien se sabe hombre.
Buscaba el amor de dulces hojas,
la mano que pasara a mi cuerpo
y en él se quedara, como pasaba el viejo
cuidando las palabras y los pasos con el bastón.

Aquellos patios rojos, aquella vida primera,
aquel culpable amor de los sufrientes.
Los helechos sin peso, el afror
de las manzanas, el ají que estallaba
en la cocina cerrada, los vasos opacos
y mórbidos, las hormigas formosas, los gatos
muertos al sol, el hule todavía brillante,
los melones partidos y rugosos, el vino
cortado del pan, el odio como una caridad,
la soledad de hermanos.

Llovidos de pasión,
saltaban los caballos
que me seducían.

La vida era una fiebre.

(de: Tímida hierba de agosto,
Alción, 2001)


Roberto Raschella (Argentina, Buenos Aires, 1930)