La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra.
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lunes, 8 de diciembre de 2025
jueves, 23 de marzo de 2017
POEMA 28
(...)
Así en la antiguedad
el hígado ocupaba el lugar sentimental
que después le tocó jugar al corazón.
Hacían paté con el hígado de Hamlet
y se lo comían en rodajas tostadas.
Está demás decir
que esa teoría fue amputada
snap
por la mandíbula
de una planta carnívora
que la historia
fija su precio por cabeza,
dicho de otro modo:
toda sangre derramada
viene de antemano negociada.
Martín Gambarotta
Martín Gambarotta nació en 1968 en Buenos Aires, Argentina. Su primer libro publicado fue Punctum, en 1996, y obtuvo el Primer Premio en el I Concurso Hispanoamericano Diario de Poesía. Le siguieron Seudo, en 2000, Repalso+Angola en 2005 y Refrito, en 2007. HA sido incluido en la antología Cuerpo Plural, Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea en 2010.
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martes, 13 de octubre de 2009
2
En el 2do. estante,
un tenedor torcido entre el alcohol puro
y las gillettes usadas.
Sobre la heladera tiembla
una estatuita: es un tenista bañado en oro falso
en el acto de sacar el primer servicio.
Cada minuto un trofeo de plástico.
Y en qué momento un hombre pierde
noción y su mente queda en blanco:
cuando no puede dormir y no aguanta
el hecho de estar despierto.
Cómo se llama eso que cuelga de la pared,
cómo se llama eso que cubre la lámpara.
Rodeado de cosas sin nombre a mí también
me hubiera gustado empezar esto
con: de noche junto al fuego
pero acá
no hay, salvo en potencia, fuego
y eso que se divisa, una oscuridad
baldía sobre nosotros, a duras penas
puede ser llamada noche, nada
hace suponer el final de la transmisión nocturna
que ahora termina y deja
la pantalla nevada
trasladando a la penumbra del pasillo
la oscilación de un aire gris que no provoca
ninguna emoción salvo en las cosas.
Antes del corte de la programación estuvo
el vuelo de una polilla en la pantalla
a contrapunto de la banda de sonido del Gran Chaparral,
una japonesa que se tiraba a la pileta,
los subtítulos en verde decían:
"acaso no eres tú la de los ojos azules",
en otro canal, el documental sobre cáncer de piel
y en otro un delfín saltando aros de fuego
y de nuevo la japonesa secándose la nuca
con la toalla, mirando la cámara
cambia y otro dice "solo se escribe
acerca de la muerte por dinero."
Cadáver, esto ya no es rock,
algunos roban estéreos, otros roban esposas
pero todos robamos.
Discriminando entre el dolor y la apertura siciliana
va hasta la pieza y en una hoja escribe
la jugada de una partida por correspondencia
que va a reproducir un tablero en Concordia
en otra noche. Alguien lee
la nota: Jaque,
torre negra toma peón alfil uno
mate
y sabe que todas sus piezas están perdidas.
No hay color, únicamente
queda la variación en los tonos
de gris que, en el pasillo,
se funden con el destello aguado de un aviso de yogur
que viene de la calle:
PORQUE LO MAS IMPORTANTE dice ES UNO MISMO.
(De Punctum,LEER libro completo, aquí)
Martín Gambarotta (Argentina, Buenos Aires, 1968)
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14
De una que el mundo sensible que aparece delante
de Confuncio, yéndose de la terminal,
se ve a través de una bombita de luz, los objetos
apenas magnificados por el vidrio adquieren movimiento
circular y se superponen unos a otros.
Confuncio saca la vista del cartel
y en ese momento sin explicación posible
ve irse a una parte de su persona, Kwan-fu-tzu,
por una calle
mientras la otra, una fracción
a su vez de sus mil partes hasta ese momento indivisibles,
se queda parada. Kwan-fu-tzu
trasca que cuando lee la letra A se le aparece representada
al revés o acostada
tres líneas que se entrecruzan en un punto definido
pero que no representan nada y pronuncia perro como prero
y si quiere escribir drogo le sale dorgo y si lee una oración
invierte su significado o le agrega otro.
Kwan-fu-tzu no es alguien que se mira
anémico al espejo sino que es
el reflejo en ese espejo
y ve el mundo, invertido, plano, desde ese lugar.
Se aleja de Confuncio con las manos en el gamulán
por una transversal cualquiera
que hace unos años se llamaba Darwin
y ahora le pusieron California.
Se le hace dificultoso acordarse
de algunos sustantivos.
Lo que mira o va a mirar se
disgrega a medida que se pierden en su memoria
las palabras que tiene
para representarse los objetos;
partes del mundo sin nombre
que se desarrolla delante suyo.
Y esto llega a un punto, se podría decir,
crítico cuando Kwan-fu-tzu
para en la verdulería y toma con la mano izquierda,
de uno de los
cajones apilados afuera, una fruta anaranjada,
áspera, que huele
y pesa en la palma de su mano, una fruta a la que ve
perfectamente pero no puede reconocer,
registrar, ni darle nombre aunque igual
la guarde en uno de los bolsillos del gamulán
y sepa que la va a comer
sentado en el umbral de una casa cuatro o cinco
cuadras más adelante y después siga caminando hasta
pararse nuevamente, esta vez en una veterinaria.
Kwan-fu-tzu no reconoce lo que es una caja
pero fija la mirada en la tortuga del tamaño de una mano;
un manchón verde que se mueve en el espacio restringido
por cuatro paredes de cartón.
No sabe nada de tortugas, no sabe
ni qué tipo de bicho es pero se mueve y entonces
está viva y puede imaginarla retrayendo
la cabeza para dormir
en su caparazón. Alguien
va a tener que dar explicaciones de cómo Kwan-fu-tzu
después de fingir estar mirando la vidriera unos segundos
para calcular el movimiento de su brazo izquierdo,
que extiende entrando apenas en el negocio,
asomándose casi, manotea la tortuga de la caja
cuando el vendedor no mira y sigue caminando como si nada
por California, a partir de ese punto
con un animal pequeño en un bolsillo de su gamulán.
Oleosa la manana,
una capa de blanco que confrontada con otra
más blanca entonces era, es o va a ser amarilla. En la calle,
cerca de un lote con partes quemadas
de lavarropas, las llamas tatuadas en el esmalte blanco,
heladeras en desuso
dejadas al fondo del baldío, unos hombres
colocando balizas
que van a titilar de noche alrededor de un pozo.
Cadáver, en la petit masacre de tus horas
hablándole al oído a un alfil negro,
este día: parte de la carnaza
común de todos los días.
(De Punctum)
Martín Gambarotta (Argentina, Buenos Aires, 1968)
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25 (Fragmento)
Lo que era no es,
fue, lo que antes era,
no, después, lo que era
después, antes, no
es más, fue, lo que
en un tiempo era,
no es, lo que antes
era hueso de caballo
ahora se muele
para hacer polvo sagrado,
no más hueso, lo que era
una piedra de doce ángulos
se fracciona y es piedra envasada
en el país de los 50.000 abogados,
entonces quemá las radiografías,
pintá los huesos de caballo, entregá el escudo,
avisale, andá, que esto se pone raro
a la viuda de Noble,
lo que era metal es madera,
lo que era, no, o parecía
Kojak destapando la pileta era
Telly Savalas vendiendo un tour
a un geriátrico de Arkansas,
lo que era no es, más,
no, fue, era; lo que era
espacio entre objeto
y pensamiento, no está más,
lo que era decir "la suerte de
los idiotas cambia cuando
se dan por vencidos'' después o antes,
en un tiempo, cambió; era: espacio
entre mente y pensamiento; es: no
espacio entre mente y pensamiento
y la suerte de los idiotas
no cambia aunque corran a dinamitar
todos los muelles de Fray Bentos,
aunque coman fuego, escupan querosén,
se escapen de una cámara de agua en menos de uno,
incendien locales de tatuajes, bajen la bebida de un trago
y salgan a hacer estragos por la ciudad,
saqueando bibliotecas por encargo de un juez,
lo que era relámpago, cambia, es trueno,
seguido por, después o antes,
lo que era trueno, cambia, es relámpago,
o viceversa, hasta no saber, no sé, en realidad,
no se sabe, no puede ser sabido,
si lo que seguía al trueno era relámpago,
o, a decir verdad, viceversa; lo que parecía
ser, lo que sin lugar a duda era, lo que empezó
siendo una mancha de óxido en el cielo
resultó ser, al final, era, en realidad,
una piedra opaca, una piedra casi
con forma de riñón,
que la mente escupió, volvió a tragar, pulió
y finalmente retuvo.
(De Punctum)
Martín Gambarotta (Argentina, Buenos Aires, 1968)
IMAGEN: Castelli (Bicentenario), pintura de Ariel Mlynarzewicz.
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lunes, 29 de diciembre de 2008
Cuando se corta por primera vez...
10.
Cuando se corta por primera vez
un pomelo en un lugar desconocido
con un cuchillo de punta redonda y poco filo
más apto en realidad para untar manteca
el pomelo se vuelve
más extraño que el mundo que lo rodea
de modo que mirarlo detenidamente
por demasiado tiempo antes de partirlo
es una invitación al pánico.
8
Cortó un pomelo transversalmente, partió
la mañana en gajos raros, la carne
rosada expuesta por primera vez
hirió con énfasis su mundo intraducible
generando una pausa acá
en el contexto de la fruta acuchillada.
7
Lo que decía no era lo que pensaba
hasta que cortó un pomelo por la mitad
y expuso el centro de ese mundo a la luz
entonces sí, con la fruta una vez partida
lo que pensaba era lo que decía.
Martín Gambarotta (Argentina, Buenos Aires, 1968)
Estos tres textos integran una serie cuyo motivo es el pomelo y fueron tomados de la Revista interactiva "Voy a salir si me hiere un rayo" (Polvo -9 poetas argentinos).
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