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sábado, 7 de mayo de 2011

LOS INACABADOS




























Rostro que no dice que no ríe
que no dice ni sí ni no.
Monstruo.
Sombra.
Rostro que tiende,
que va,
que pasa,
que lentamente hacia nosotros brota...
Rostro perdido.




Henri Michaux


(Traducción de Silvio Mattoni)




LES INACHEVÉS

Visage qui ne dit qui ne rit / qui ne dit ni oui ni non. / Monstre. / Ombre. / Visage qui tend, / qui va, / qui passe, / qui lentement vers nous bourgeonne... / Visage perdu






Henry Michaux (Namur, 1899 - París, 1984) Escritor francés de origen belga. Fue una de las personalidades más relevantes de la literatura moderna. En 1922, bajo la influencia de la literatura de Lautréamont, empezó a escribir y a publicar en Bélgica. En 1924 se estableció en París y, en pleno clima surrealista, se sintió más atraído por la pintura (Ernst, Dalí, De Chirico, y luego Klee) que por la literatura; sus obras de este período, sin embargo, todavía discurren paralelamente a las experiencias de Breton; incluso, según algunos, el verdadero surrealista es él. Más tarde, se acercó cada vez más a Rimbaud, Kafka, y a los existencialistas. Descubierto por Paulhan, publicó en 1927 Qui je fus, narraciones, aforismos, poesías, donde ya aparecían algunas constantes de su obra (los temas de la angustia y la fuga) y el lenguaje "inventado" que constituyó su originalidad más visible. Más adelante publicó Ecuador (Ecuador, 1929), diario de viaje y diario íntimo; Un bárbaro en Asia (Un barbare en Asie, 1933), narración de su viaje a la India y a China, quizá su libro más ameno y objetivo; y Mes propiétés (1929), Un certain Plume (1930), La nuit remue (1935), Plume précedé de Lointain intérieur (1938), todas ellas, obras formadas por textos breves y variados, poesías y prosas poéticas. Después inició un ciclo de relatos de sus viajes por países imaginarios: Voyage en Grande Garabagne (1936), Au pays de la magie (1941) y Ici, Poddéma (1946), reunidos más tarde en Ailleurs (1948). Entre 1938 y 1939 dirigió la redacción parisina de la revista Hermès. Mientras, Gide le dedicó el opúsculo Découvrons Henri Michaux (1941), que centró en él la atención del público; pero durante el período de la guerra y de la ocupación, el artista se vio obligado a soportar un largo aislamiento, lleno de actividad: Je vous écris d'un pays lontain (1942), Adversidades, exoscismos (Épreuves, Exorcismes, 1945) y La vie dans les plis (1948). Después de 1950, por el contrario, se dedicó cada vez más a la pintura, con resultados muy notables (en 1955, gran exposición retrospectiva en el Museée National d'Art Moderne). En 1956 empezó a utilizar la mezcalina; en su cuarta experiencia, un error en el cálculo de la dosis le llevó al límite de la locura. Desde entonces, durante cinco años, intensificó sus experiencias con las drogas, no cómo un paraíso artificial, sino como un medio de conocimiento: Misérable miracle (1956); L'infini turbulent (1957); Connaisance par les gouffres (1961). En sus obras posteriores, el escritor persiguió sistemáticamente y con un discurso más orgánico su registro de acontecimientos interiores y exteriores, su crítica de la realidad a través del lenguaje, y la búsqueda continua de una forma de vida posible, contra la soledad y la dificultad de las relaciones, siempre confiada exclusivamente a la literatura y a la palabra (Vents et poussières, 1962; Las grandes pruebas del espíritu, 1966). En 1966 se publicó una hermosa antología de sus obras, L'espace du dedans, y se representó la obra teatral Le drame des constructions. El autor exploró el inconsciente y el sueño en Modos del dormido. Modos del que despierta (Façons d'endormi-façons d'éveillé, 1969), analizó las percepciones más extrañas (Bras cassé, 1973) e investigó la relación del hombre con el sufrimiento (Face à qui se dérobe, 1975) y finalmente, meditó sobre las pinturas de los alienados (Les ravagés, 1976). Su obra se presenta extraordinariamente unitaria y coherente, a pesar de su amplitud y de las dificultades de lectura, y constituye la expresión altamente poética de algunos de los problemas típicos de nuestro tiempo.






domingo, 28 de junio de 2009

PRÓLOGO























Desde ahora todo puede no volver a empezar.
Pero todo poema es un poema perdido,
la oscuridad de una palabra olvidada para siempre.
L.G.

Cuando se ausculta el movimiento íntimo de la vida, su comercio minucioso;cuando se intenta imaginar su invención haciendo uso del alfabeto de la materia, de ese silabario que la precede algunos miles de años, cuando se observa el devenir de una célula viva y la formación de conjuntos cada vez más complejos a partir de los mismos elementos básicos, de acuerdo con una combinatoria infatigable -para llegar a un mamífero dotado del potente medio de acción que constituye el “órgano” pensamiento-lenguaje-, sucede entonces que en una encrucijada del camino la mirada de pronto abarca vastos paisajes que se presentan a la vista a modo de una escritura, texto ruidoso de un perpetuo devenir, que va del signo simple hasta la página más elaborada, y vuelve a éste primero. Escritura que es suma de lenguajes que se entretejen y se transforman y cuyo movimiento, cuyo sentido, cuyo devenir se encontrarían en su misma materia. Y ¿qué es esa materia, qué es la materia del mundo? Juego de formas, vaina vacía. Y nosotros, ¿somos nosotros otra cosa que figuras de ese juego extraño y gratuito, palabras de un lenguaje que nadie habla?
Y sin embargo prestamos oído, al acecho de una pura melodía; antecedente de la fuga de las formas. Como si a través del tejido de las figuras corriera oscuro el influjo de su pisada, el sin comienzo de un soplo. Y henos aquí, adosados ya a la ausencia, precipitados en el hueco de la lengua, mudos.
El hombre es un milagro cuya vida en la tierra tal vez no sanará jamás. El lenguaje que secreta está orgánicamente vinculado con el lenguaje de la vida, se inspira en su lógica, en su estrategia. Pronto se hizo aparente que el poder del discurso así desarrollado aumentaba a la par de su distanciamiento respecto al movimiento inmediato de la vida. El lenguaje del hombre se ha convertido en un instrumento al servicio de la supervivencia, instrumento de dominación, de construcción y de destrucción. Fábrica de llaves, de moldes y de trampas, taller de armas y de máquinas inteligentes, matriz de las fórmulas “mágicas” que desacoplan engranes de explotación de todo tipo.
No hay en ello nada nuevo para la vida, a no ser la rapacidad sin medida, y hasta entonces sin ejemplo (como son las actividades complejas de la ciencia y de la imaginación), la transgresión (de burdos modales) de un equilibrio sutil y movedizo, de una dialéctica silenciosa. La aceleración del motor, la proliferación anárquica del discurso que se suscitó ante nuestros ojos no tiene ya memoria de la “boca”, ni de esa conjunción del signo y del silencio en la palabra de aquel que “ni dice, ni esconde, pero indica”.
La ruptura de un agua más impalpable, la caída en lo discontinuo, el desmembramiento, la separación son nuestro destino. La aceleración de la división, de sus bucles y rebucles de verificación, la multiplicación de los espejos, ¿qué elipse nos curará de todo ello? El lenguaje sobre los lenguajes divide el discurso. Establece fragmentos, circuitos, clases, especies, géneros de lenguajes y sus funciones. Los hay privilegiados, oprimidos, marginales.
Todos estos hablares no son tal vez otra cosa que una manera de huir de lo inaceptable que surge de la disección, de la separación de las dos hebras contradictorias que corren, íntimamente entreveradas en el tejido de lo vivo. Pero el prófugo es sostenido por un delgado hilo que lo une al humilde ajetreo corruptible, nutricio.
Existe una lucha sorda (o declarada) entre lenguajes, entre clases de códigos. Mientras que en el ruedo y en el ágora los comerciantes se disputan la preferencia del público, en los santuarios se habla el lenguaje de las ciencias que extiende insensiblemente su dominio por medio de sus derivados: lenguajes de los procedimientos, la tecnología.
Deliberadamente, la ciencia aparta del lenguaje lo que resulta inadecuado para formar el instrumental de su interrogación, de sus formulaciones, de sus propuestas de funcionamiento. Cuando no ignora la existencia de una lengua de poesía, ésta no puede ser para ella más que el producto de una técnica desmontable y explicable, o cuando mucho del azar.
La lengua de la poesía no se deja encerrar en ninguna categoría, no puede ser resumida por ninguna demostración. Ni instrumento, ni ornamento, escruta una palabra que acarrea en ella las edades y el espacio fugaz, fundadora de piedras y de historia, lugar de acogida de sus cenizas. Se mueve al compás de la energía que hace los imperios y los arruina. Es ese traspatio ruinoso, invadido por la hierba, con las paredes cubiertas de líquenes, en el que por un instante se hace más lenta la luz del atardecer.
No se justifica la poesía y ésta no necesita defensores; intento solamente ver lo que en mí, instruido por la precisión, va de modo tan inalterable hacia el tanteo nocturno, en busca de una precisión otra, más rocallosa. Comprender y no comprender, darse de bruces, quebrarse, perderse. Quiero asumir todas las contradicciones, excederlas. Porque todo en mí sabe que hablo siempre la misma lengua (la que me “dice”, me hace al hablar) en niveles diferentes. Y no se trata de grados de elevación más o menos perfectos, más o menos “evolucionados”; lo que los designa es un procedimiento, un recorrido, una relación con lo humano y con el mundo. Lo abrupto de una evidencia sin nombre y los pacientes trabajos de aproximación de un fragmento.
No veo interrupción entre el lenguaje de la materia, el de la vida, el discurso del hombre y el de la sociedad. Niveles de emergencia,(1) de vitalidad y de desecación, tal vez de enfermedad, de una misma palabra que se manifiesta en signos discontinuos, atrapados en el juego de una formidable combinatoria, un juego del que son al mismo tiempo la materia, las reglas y la energía; el texto, la sintaxis y la escritura.
Avanzando al extremo del cambio, denso de una suma incomparable de impulsos y derrotas, el hombre que habla en el desgaste percibe movimientos dentro de él, oscuridades que por un instante agujeran las huellas de la sangre, el destello de un nervio, una claridad que de pronto palpa la carne ciega. Y el lenguaje en él va sin discontinuidad del discurso monótono del polímero nucleico a aquel que nace sobre la lengua, fluye en forma de escritura. En él todo habla sin frontera.
La poesía es el lenguaje de la vida; inerva todos los lenguajes del hombre, los irriga y los conmociona cuando se instalan en la seguridad de los sistemas y de los dogmas. Lenguaje de intensidad y de crisis, discurso de inseguridad, de duda en la que surge la certeza instantánea, amenazada de lo vivo. Momento de afasia cuando la búsqueda humana se sumerge en los espacios inexplorados, en esas regiones limítrofes o articulares en las que se pasa de un modo de habla a la palabra viva, en las que a veces se encuentra uno en presencia de lo que no tiene nombre, silencio corrosivo, e incluso de ese rechazo a significar, a desentrañar un sentido. Y esa carencia es en efecto nuestra parálisis, nuestra impotencia y nuestra gloria; noche en la que el poeta, sea éste hombre de guerra, de religión o de ciencia, hombre de atención y de azoro, hombre-hogar, reúne lo que escapa a la prisa del día, recoge las líneas de fuerza inexplicadas: habla. Habla en la frescura de su respiración reencontrada, en el ahogo y la rojez de la forja en la que unas manos auscultan las rocas oscuras de la luz.
Esa luz herida y por un momento cicatrizada sin huella. ¿Una música? ¿Una palabra? ¿Un signo deslavado? Y ya todo se pierde y ya es todo noche.
Cuando se está sobre la rueda, atado, lanzado entre uno y otro bordes y sin ver la luz, cuando no se cuenta con una conclusión elegante ni con un camino maestro que mostrar, entonces se deja aparecer la trama desnuda de una calurosa y carnal ignorancia.
Ahí donde se ha elevado la frescura, hay nuevas espesuras que se hacen noche. Y entonces una vez más ese momento que precede al alba. Sobre el brocal en donde vendrá a beber lo que no viene, lo que está ya en el oscuro resplandor de la mañana: profundización de espacio, aspiración de aire que se mantiene inmóvil, con el rostro vacío.
Una vez más y otra vez el desamparo color de tierra, color de arcilla de un hombre colocado sobre la rueda. Y esa mano muy pálida, azulosa, que amputan las tinieblas.
Y eso también por decir y por cambiar.
Y esa ordenación nuclear, ese campamento atrincherado de la rojez. El tranquilo rostro alterable, vaho sobre el cristal de indiferencia, entregada en inquietud a la identidad divina. Y todo ello sentido como un impulso medular, un estrago insoportable.
¿Dónde está lo real? ¿Dónde está la roca donde se pueda construir?
Alrededor nuestro: arena. Y en esa arena se desliza a veces el relámpago de un crótalo, locura de percibir más, de percibir otra cosa, una exactitud más escarpada que la de nuestras medidas.
“Lo real -decía Matisse- empieza cuando no se entiende ya nada de lo que se hace, de lo que se sabe”. Esa avanzada invencible, esa insumisión en las fronteras de lo conveniente y lo concebible, de lo mensurable y de lo explicable, esa movilidad tan imperiosa en algunos pintores y poetas, ¿quién puede hablar de ella? Momentos en los que todo parece iluminarse con una modesta luz de respiración, o con alguna otra, devastadora, irremediable. Claridad que es el pigmento propio de las cosas, de su transitar. ¿Se trata de sobrepasar tal o cual maestría tecnológica, tal o cual conocimiento? El sobrepasar es un concepto predilecto de nuestro Occidente prendado de ese progreso exterior que funda la competencia. Los pintores, calígrafos y poetas de la China de los Song se conforman con estar ahí, con ser a la medida de lo que está ahí, con gesto despojado de sus pretensiones, olvidado todo proyecto que contrae, atentos a una felicidad enigmática en el echar a volar (disolución, tal vez) del movimiento.
Chang Yen-Yuan pide que se agite el pincel sin tener conciencia de estar pintando: “Cuando la mano no se entiesa y el espíritu no se paraliza, la pintura se vuelve lo que se vuelve, sin que se sepa cómo se hizo de tal forma”. Mi Fu nos dice por qué nos resulta imposible, al examinar las pinturas de Li Cheng, esclarecer su secreto: “…sus pinturas estaban hechas en el olvido de todas las cosas”.
Olvidar el “sujeto”, olvidar el instrumento, el lenguaje, para dar cabida a algo del movimiento al fondo del movimiento: esa desnudez que aparece ora como una gracia, ora como una pobreza, como una libre e irresistible energía modeladora, retocadora, como un acuerdo que se disuelve sin rastro. Usar esa libertad sin interrumpirla. Prestarle el instante falible de un rostro.
Cuando por elección ingenua, y sin poder estar nunca a la medida del llamado, uno se ve día a día confrontando al desamparo extremo y a la muerte, hay momentos en que toda palabra se muestra insoportable y vana.
Sólo siguen siendo practicables entonces los gestos de un hacer que atrae, a veces, un alivio provisional.
Y entonces un día, sin que lo intolerable se disipe, de pronto, en los nervios de esa ascesis, se revelan otra esperanza y otra lucidez más exigentes aún. Como una savia, un sabor de los gestos que saben y que tiemblan -esa palabra que es rostro o melodía de nuestro incurable peso-.
Por un lado ese maestro duro de árido saber; por el otro, el espesor incalculable de nuestra oscuridad, el dominio prohibido. Y sin embargo vamos hacia ello, hacia lo que sabemos impenetrable, con una determinación lúcida, una desobediencia impregnada de gravedad. Pues nos es preciso interminablemente volver a la pesantez.
Hay cosas muy antiguas y muy ordinarias que se repiten: se nace, se ama, se sufre y se muere. El grito salvaje renace, y renace la tentación de alejarse.
Complejidad del discurso moderno. El sentimiento de que ante la complejidad formidable del orden viviente, al que subyace una complejidad ya entonces no desdeñable de la materia y de los movimientos del universo accesible, lo más inesperado, lo más revelador y lo más vivificante que puede la palabra no es una complejidad más grande, sino una desnudez. Los dedos tocan los pigmentos de luz que hace brotar una tierra erosionada.
El mismo poïeïn se encuentra operando en los códigos y construcciones no lingüísticos de todo movimiento, de toda materia y de su reflujo a un signo negativo. La misma respiración en la trama de toda acción en los instantes sucesivos de la “invención” de la trayectoria. Forma y sentido que proyectan una luz joven e hiriente sobre las cosas alrededor. En toda interrogación, aun en el hueco enérgico de ese movimiento que lleva y acarrea, precipita el decir en la desgarradura, el silencio.
No se puede confinar la poesía a un código determinado, cerrado. Es lenguaje inaugural, lenguaje de los lenguajes, potencia de conjunción y de disyunción, de construcción y de disolución. Está investida por el movimiento modelador, por el devenir musical de la materia del mundo.
Memoria balbuceante de lo que no tiene memoria.
Lo que busca mi palabra incesantemente interrumpida, incesantemente insuficiente, inadecuada, sin aliento, no es la pertinencia de una demostración, de una ley, sino el desnudarse de un resplandor inapropiable, transfixiante, de una fluidez ora benéfica ora devastadora. Una respiración.
Clasificar, aislar, fijar: esos ejercicios llevados a su soñolienta utilidad, henos aquí maduros para el insomnio del génesis.
Todos esos caminos que tomo desembocan en algún imposible donde solamente el ejercicio vertical de la lengua sostiene el movimiento: amenaza,felicidad y pérdida. Y en ninguna parte un término que resolviera, que reconfortara. Tan sólo ese mal estrecho, nada más que esa amplitud (2) que se excede. No se puede poner en clausura la poesía: su sitio central se desploma en sí mismo, en una compactez que se consume, que se horada. Silencio infundado en el que, contra toda prueba, avanza una vez más la palabra frágil, la palabra escandalosa, la palabra aplastante, la palabra inútil. La continuidad que percibo en ello es tanto impulso soberano como vacuidad de nuestro entendimiento en la locura circular de la repetición de las formas. Un recorrido operante y desanclado devorado de vacío. Un perro atropellado en la calle.



(1) Emergencia, en su acepción de surgimiento (del verbo emerger). El término volverá a aparecer más adelante con este mismo sentido. N. del T.

(2) Hay aquí una doble ambivalencia: por un lado, el uso de los adjetivos mal y large, el primero de los cuales aparece en su forma sustantivada, haciendo que el segundo se convierta en un neologismo bajo la misma forma sintáctica; en segundo lugar la ambivalencia entre large en su sentido de “amplio” (adjetivo) y large (sustantivo) entendido como “el mar abierto, la lejanía de las cosas”. Tal complejidad semántica fue imposible de traducir en este segmento. (N. del T)



Henri Michaux (Namur, 1899 - París, 1984) “Prólogo”
al libro de Lorand Gaspar: "Acercamiento a la palabra"

(Approche de la parole -1978-)

(Traducción de Rafael Segovia)
-México: FCE, 2007. pp. 11-18-

(Gentileza de Iván Garcia)


Imágenes:

1) Zheng Xie (Zheng Banqiao), "Bamboo and rocks". Dinastía Qing (1693-1765)

-arriba-
2) Un poema perteneciente a la Dinastia Tang
-abajo-

viernes, 23 de enero de 2009

NOSOTROS DOS AÚN




Aire del fuego, no supiste jugar. 
Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es esta opacidad en todas partes? Es la opacidad que cerró mi cielo. ¿Qué es este silencio en todas partes. Es el silencio que hizo callar mi canto.

Me hubiera bastado con un arroyuelo de esperanza. Pero te lo llevaste todo. Del sonido que vibra fui privado.

No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste jugar. Lo tapiaste todo en seguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrendo pantano de sangre.

Su dicha reía en su alma. Pero todo era engaño. No duró mucho esa risa.
Ella estaba en un tren rodando hacia el mar. Estaba en un huso que hilaba sobre una roca. Se abalanzaba, aunque inmóvil, hacia la serpiente de fuego que habría de consumirla. Y fue ahí, repentinamente, donde sorprendió a la confiada, mientras peinaba sus cabellos, contemplando, en el espejo, su felicidad.

Y cuando vio trepar esa llama sobre ella, oh...

Al instante, la copa le fue arrancada. Sus manos dejaron de asir. Vio cómo se la apretaba en un rincón. Después de esto se detuvo, como quien lo hace ante un enorme motivo de meditación que es preciso resolver prestamente. Dos segundos más tarde, dos segundos demasiado tarde, huía hacia la ventanilla, pidiendo socorro.

Toda la llama entonces la rodeó.

Ahora se encuentra en una casa, desde donde su sufrimiento sube hasta el cielo, hasta el cielo, hasta el cielo, sin encontrar a dios alguno... desde donde su sufrimiento baja hasta el fondo del infierno, sin encontrar a demonio alguno.

El hospital duerme. La quemadura despierta. Su cuerpo, como un parque abandonado.

Defenestrada de sí misma, busca ahora la manera de volver a entrar en sí.
El vacío por donde maniobra no responde a sus movimientos.

Lentamente en la granja su trigo arde.
Ciega, a través de la larga barrera de sufrimiento, durante un mes remonta el rio de la vida, navegación atroz.

Paciente, en lo innombrable tumefacto, vuelve a trazar sus formas elegantes, teje de nuevo la camisa de su fina piel. La curación está en eso. Mañana, caerá el último vendaje. Mañana...

Aire, de la sangre, no supiste jugar. Tampoco tú supiste. Arrojaste súbitamente, estúpidamente, tu tonto coágulo obstructor a lo ancho de una nueva aurora.

Desde ese momento no supo ya ubicarse. Y no tuvo otra alternativa más que volverse hacia la muerte.

Apenas pudo distinguir la ruta. Un segundo abrió el abismo. El siguiente la precipitó en él.

Nosotros quedamos atontados. No tuvimos tiempo para decir adiós. Ni siquiera el tiempo de una promesa.

Ya había desaparecido del film de esta tierra.




Lou,
Lou, en el retrovisor de un breve instante
Lou, no me ves?
Lou, el destino de estar juntos para siempre
en el que tenías tanta fe
Y bien?
No vas a ser como las otras que ya no hacen más seña alguna,sumergidas
como
están en el silencio.
No, a ti no debe bastarte una muerte para arrebatar tu amor.
En la pompa horrible
que te distancia hasta yo no sé qué milésima dilución
buscas todavía, nos buscas lugar
Pero tengo miedo
No hemos tomado bastantes precauciones
Debimos haber estado más informados
Alguien me escribe que serás tú, mártir, quien habrá de
velar ahora por mí.
Oh! Lo dudo
Cuando toco tu fluído tan delicado
rezagado en tu cuarto y tus objetos familiares que aprieto en mis manos
ese tenue fluido al que siempre era preciso proteger
Oh lo dudo, lo dudo y temo por ti, impetuosa y frágil, ofrendada a las catástrofes
No obstante, voy a las oficinas en busca de certificados, dilapidando momentos únicos que sería mejor emplear más bien entre nosotros, precipitadamente mientras tiritas aguardando con tu maravillosa confianza a que yo vaya a ayudarte a salir de allí, pensando:

"De seguro vendrá,
"Habrá podido tener algún impedimento, pero no ha de tardar
"Vendrá, yo lo conozco
"No va a dejarme sola
"No es posible
"No va a dejar sola a su pobre Lou..."


Yo desconocía mi vida. Mi vida transcurría a través de ti. Volvíase cosa
simple este gran asunto complicado. Volvíase cosa simple, a pesar
de cualquier inquietud.


Tu fragilidad..., yo me consolidaba cuando la sentía apoyarse en mí.

Dime,es que verdaderamente no habremos de encontrarnos nunca más?

Lou, yo hablo una lengua muerta, ahora que no te hablo más. Tus grandes esfuerzos de liana en mí, lo ves, han logrado su propósito. ¿Lo ves al menos? Es verdad que tú jamás dudaste. Era necesario ser ciego como yo; necesitaba tiempo ese ciego, necesitaba tu larga enfermedad, tu belleza, resurgiendo esquelética de fiebres, necesitaba ese fulgor en ti, esta fe, para horadar finalmente el muro falaz de su autonomía.

Tarde lo vi. Tarde lo supe. Tarde aprendía "juntos" aquello que no parecía estar en mi destino. Pero no demasiado tarde. Los años han transcurrido para nosotros, no contra nosotros.

Nuestras sombras respiraron juntas. Debajo de nosotros, las aguas del río de los acontecimientos fluian casi en silencio. Nuestras sombras respiraron juntas y todo quedaba por ellas cubierto.

Tuve frío. Bebí sorbos de tu congoja. Nos perdíamos en el lago de nuestros intercambios.

Rico de un amor inmerecido, rico que se ignoraba con la inconsciencia
de los poseedores, perdí con ser amado. Mi fortuna se fundió en un solo día.


Árida, mi vida torna a encauzarse. Pero no vuelvo de mi asombro. Mi cuerpo permanece en tu cuerpo delicioso y hay en mi pecho antenas plumosas que me hacen sufrir con el viento reseco. La que ya no es, toma contacto en mí, y su ausencia devoradora me invade y me consume.

Estoy ahora añorando los días de tu sufrimiento atroz en la cama del hospital, cuando yo llegaba por los pasillos nauseabundos, atravesados por gemidos, hasta la momia espesa de tu cuerpo vendado; cuando escuchaba de pronto emerger, como el "la " de nuestra alianza, tu voz, dulce, musical, contenida, resistiendo con valor la fealdad de la desesperación; cuando, a tu vez, escuchabas mis pasos y murmurabas, liberada: "Ah! , estás aquí!"

Yo apoyaba mi mano sobre tu rodilla, por encima del sucio cobertor, y todo desaparecía entonces, el hedor, la horrible indecencia del cuarpo tratado como un barril o como una alcantarilla, por seres extraños, atareados y recelosos; todo se deslizaba hacia atrás, dejando que sólo nuestros dos fluidos se encontrasen de nuevo a través de las curaciones, se mezclasen en un aturdimiento del corazón, en el colmo de la amargura, en el colmo de la dulzura.

Las enfermeras, el medico interno, sonreían; tus ojos llenos de fe apagaban los de los otros.

El que está solo, vuélvese de noche contra la pared para hablarte. Sabe lo que te animaba. Viene a compartir contigo el día. Ha mirado con tus ojos. Ha escuchado con tus oídos. Siempre tiene algo que decirte.

No me responderás algún día?

Pero también pudiera ser que tu persona se hubiese vuelto como un aire del tiempo de la nieve, que entra por la ventana cuando uno va a cerrarla, presa de escalofríos o de un malestar precursor del drama, como me ha ocurrido hace algunas semanas. El frío se echó de pronto sobre mis espaldas, yo me cubrí precipitadamente y me volví, cuando eras tú quizá, y lo más cálida que pudieras darte, esperando ser bien recibida; tú, tan lúcida, no podías expresarte de otro modo. Quién sabe si en este preciso instante no esperas ansiosa que yo por fin comprenda y vaya, lejos de la vida donde ya no estás, a reunirme contigo, pobremente, pobremente, es verdad, sin medios, pero nosotros dos aún,
nosotros dos...


Henry Michaux (Francia, Namur, 1899-París 1984)



(Versión de Lysandro Z. D. Galtier)


NOTA: Michaux se casó por única vez en 1943, con Marie-Louise Termet. En 1948, mientras el poeta estaba de viaje en su Bélgica natal, para arreglar la herencia de un hermano mayor, Marie-Louise, que estaba sola en su domicilio, fue víctima de un incendio casual cuyas llamas se le prendieron en el pelo y en su ropa de cama. Fue hospitalizada de urgencia con quemaduras de segundo y tercer grado, hasta que casi un mes después, cuando parecía estar saliendo de su grave estado, fue víctima de un paro cardíaco. A ella, le dedicó Michaux, este poema.



Air du feu, tu n'as pas su jouer.
Tu as jeté sur ma maison une toile noire. Qu'est-ce que cet opaque
partout? C'est l'opaque qui a bouché mon ciel. Qu'est-ce que ce silence
partout? C'est le silence qui a fait taire mon chant.

L'espoir, il m'eût suffi d'un ruisselet. Mais tu as tout pris. Le son qui
vibre m'a été retiré.

Tu n'as pas su jouer. Tu as attrapé les cordcs. Mais tu n'as pas su jouer.
Tu as tout bousillé tout de suite. Tu as cassé le violon. Tu as jeté une flamme sur la peau de soie pour faire un affreux marais de sang.

Son bonheur riait dans son âme. Mais c'était tout tromperie. Ça n'a pas fait long rire.

Elle était dans un train roulant vers la mer. Elle était dans une fusée filant sur le roc. Elle s'élançait quoique immobile vers le serpent de feu qui allait la consumer. Et fut là tout à coup, saisissant la confiante, tandis qu'elle peignait sa chevelure, contemplant sa félicité dans la glace.

Et lorsqu'elle vit monter cette flamme sur elle, oh...

Dans l'instant la coupe lui a été arrachée. Ses mains n'ont plus rien tenu.
Elle a vu qu'on la serrait dans un coin. Elle s'est arrêtée là-dessus comme sur un énorme sujet de méditación à résoudre avant tout. Deux secondes plus tard, deux secondes trop tard, elle fuyait vers la fenêtre, appelant au secours.
Toute la flamme alors l'a entourée.

Elle se retrouve dans un lit, dont la souffrance monte jusqu'au ciel,
jusqu'au ciel, sans rencontrer de dieu...dont la souffrance descend jusqu'au fond de l'enfer, jusqu'au fond de l'enfer sans rencontrer de démon.

L'hôpital dort. La brûlure éveille. Son corps, comme un parc abandonné...

Défenestrée d'elle-même, elle cherche comment rentrer. Le vide où elle
godille ne répond pas à ses mouvements.

Lentement, dans la grange, son blé brûlle.

Aveugle, à travers le long barrage de souffrance, un mois durant, elle
remonte le fleuve de vie, nage atroce.

Patiente, dans l'innommable boursouflé elle retrace ses formes élégantes, elle tisse à nouveau la chemise de sa peau fine. La guérison est là. Demain tombe le dernier pansement. Demain...

Air du sang, tu n'a pas su jouer. Toi non plus, tu n'a pas su. Tu as jeté subitement, stupidement, ton sot petic caillot obstructeur en travers d'une nouvelle aurore.
Dans l'instant elle n'a plus trouvé de place. Il a bien fallu se tourner vers la Mort.
À peine si elle a aperçu la route.
Une seconde ouvrit l'abîme. La suivante l'y précipitait.

On est resté hébeté de ce côté-ci. On n'a pas eu le temps de diré au revoir.
On n'a pas eu le temps d'une promesse.
Elle avait dispara du film de cette terre.

Lou / Lou / Lou, dans le rétroviseur d'un bref instant / Lou, ne me vois-tu pas? / Lou, le destin d'être ensemble à jamais / dans quoi tu avais tellement foi / Eh bien?/Tu ne vas pas être comme les autres qui jamais plus ne font signe, engloutis dans le silence. / Non, il ne doit pas te suffire á toi d'une mort pour t'enlever ton amour. / Dans la pompe horrible / quí t'espace jusqu'à je ne sais quelle millième dilution / tu cherches encoré, tu nous cherches place/ Mais j'ai peur/On n'a pas pris assez de précautions/ On aurait du être plus renseigné, / Quelqu'un m'écrit que c'est toi, martyre, qui va veiller sur moi à présent. / Oh! J'en doute. / Quand je touche con fluide si délicat / demeuré dans ta chambre et tes objets familiers que je presse dans mes mains/ce fluide ténu qu'il fallait toujours protéger/ Oh j'en doute, j'en doute et j'ai peur pour toi, / impétueuse et fragile, offerte aux catastrophes / Cependant, je vais à des bureaux, à la recherche de certificats / gaspillant des moments précieux / qu'il faudrait utiliser plûtot entre nous précipitamment / tandis que tu grelottes / attendant en ta merveilleuse confiance que je vienne t'aider à te tirer de là, pensant "À coup sûr, il viendra /Il a pu être empêché, mais il ne saurait tarder / Il viendra, je le connais / Il ne vas pas me laisser seule / Ce n'est pas possible / il ne va pas laisser seule, sa pauvre Lou..."


Je ne connaissais pas ma vie. Ma vie passait à travers tou. Ça devenait
simple, cette grande afaire compliquée, Ça devenait simpie, malgrè le souci.
Ta faiblese, j'etais raffermi lorsqu'elle s'appuyait sur moi.

Dis, est-ce qu'on ne se rencontrera vraiment plus jamais?

Lou, je parle une langue morte, maintenant que je ne te parle plus. Tes grands efforts de liane en moi, tu vois, ont abouti. Tu le vois au moins? Il est vrai, jamais tu ne doutas, coi. Il fallait un aveugle comme moi, il lui fallait du temps, lui, il fallait ta longue maladie, ta beauté, resurgissant de la maigreur et des fièvres, il fallait cette lumière en toi, cette foi, pour percer enfin le mur de la marotte de son autonomie.

Tard j'ai vu. Tard j'ai su. Tard, j'ai appris "ensemble" qui ne semblait pas être dans ma destinée. Mais non trop tard.
Les années ont été pour nous, pas contre nous.

Nos ombres ont respiré ensemble. Sons nous les eaux du fleuve des événements coulaient presque avec silence.
Nos ombres respiraient ensemble et tout en était recouvert.

J'ai eu froid à ton froid. J'ai bu des gorgées de ta peine. Nous nous perdions dans le lac de nos échanges.

Riche d'un amour immérité, riche qui s'ignorair avec l'inconscience des possédants, j'ai perdu d'être aimé. Ma fortune a fondu en unjour.

Aride, ma vie reprend. Mais je ne me reviens pas. Mon corps dermeure en ton corps délicieux et des antennes plumeuses en ma poitrine me font souffrir du vent du retrait. Celle qui n'est plus, prend, et son absence dévoratrice me mange et m'envahit.

J'en suis à regretter les jours de ta souffrance atroce sur le lit d'hôpital, quand j'arrivais par les corridors nauséabonds, traversés de gémissements vers la momie épaisse de ton corps emmailloté et que j'entendais tout à coup émerger comme le "la" de notre alliance, ta voix, douce, musicale, contrôlée, résistant avec fierté à la laideur du désespoir, quand à ton tour tu entendais mon pas, et que tu murmurais, délivrée "Ah, tu es là".

Je posais ma main sur ton genou, par-dessus la couverture souillée et tout alors disparaissait, la puanteur, l'horrible indécence du corps traité comme une barrique ou comme un égout, par des étrangers affairés et soucieux, tout glissait en arrière, laissant nos deux fluides, à travers les pansements, se retrouver, se joindre, se mêler dans un étourdissement du coeur, au comble du malheur, au comble de la douceur.

Les infirmières, l'interne souriaient; tes yeux pleins de foi éteignaient ceux des autres.

Celui qui est seul, se tourne le soir vers le mur, pour te parler. Il sait ce qui t'animait. Il vient partager la journée. Il a observé avec tes yeux. Il a entendu avec tes oreilles. Toujours il a des choses pour toi.


No me répondras-tu pas un jour?


Mais peut-être ta personne est devenue comme un air de temps de neige, qui entre par la fenêtre, qu'on referme, pris de frissons ou d'un malaise avant-coureur de drame, comme il m'est arrivé il y a quelques semaines. Le froid s'appliqua soudain sur mes épaules je me couvris précipitamment et me détournai quand c'était toi peut-être et la plus chaude que tu pouvais te rendre, espérant être bien accueillie; toi, si lucide, tu ne pouvais plus t'exprimer autrement. Qui sait si en ce moment même, tu n'attends pas, anxieuse, que je comprenne enfin, et que je vienne, loin de la vie où tu n'es plus, me joindre à toi, pauvrement, pauvrement certes, sans moyens mais nous deux encore, nous deux...


IMAGEN: Ignición (2012), pintura de Tomás Espina.




miércoles, 14 de enero de 2009

¿DÓNDE APOYAR LA CABEZA?





Un cielo

un cielo porque ya no hay tierra,
sin un ala, sin un plumón, sin una pluma de pájaro, sin un vaho

estrictamente, únicamente cielo
un cielo porque la tierra ya no está

Después de la explosión de grisú en la cabeza, el horror,

la desesperación
después de que ya no quedara nada, todo devastado, horadado,
perdida toda salida

un cielo glacialmente cielo

Ahora obstruido, atascado, atestado de restos;
cielo a causa de la migraña de la tierra
desprovista de cielo

un cielo porque ya no hay ningún lugar donde apoyar la cabeza
Atravesado, encogido, recogido, recortado, descompuesto
intermitente, irrespirable entre las explosiones y el humo
bueno para nada

un cielo en adelante irrecuperable





Henry Michaux (Francia, Namur, 1899-París 1984)

(Traducción de Silvio Mattoni)


OÙ POSER LA TÊTE?


Un ciel /un ciel parce qu'il n'y a plus la terre, /sans une aile,sans un duvet, sans une plume d'oiseau, sans une buée //strictement, uniquement ciel/ un ciel parce qu'il n'y a plus la terre //Après Ie coup de grisou dans la tête, l'horreur, le désespoir / après qu'il n'y a plus rien eu, tout dévasté, sabordé, toute issue perdue // un ciel glacialement ciel // Obstrué à présent, barré, bourré de débris; / ciel à cause de la migraine de la terre / dépourvue de ciel // un ciel parce qu'il n'y a plus nulle part où poser la tête // Traversé, rétréci, rentré, rogné, défait intermittent, irrespirable dans les explosions et les fumées / bon à rien // un ciel désormais irretrouvable


IMAGEN: Explosión de grisú en una mina de carbón.




viernes, 5 de septiembre de 2008

UNA VENDA SOBRE LOS OJOS












A algunos niños los crían con una venda sobre los ojos.

A un reducido número de niños los ejercitan para recuperar
la vista por todos los poros de sus cuerpos,
a un número mayor,
para ver en una casi total oscuridad.



Henry Michaux (Francia, Namur, 1899-París 1984)

(Traducción de Julia Escobar
y de Julio E. Miranda)

EN EL PAÍS DE LA MAGIA -Fragmento



Según dicen, en la mayoría de las personas que miran un paisaje se forma una cápsula. Esa cápsula no es tan pequeña como se cree.
La cápsula es el médium entre el paisaje y el contemplador. Si el contemplador pudiera arrancar esa cápsula y llevársela sería inconmensurablemente feliz, conquistaría el paraíso en la tierra.
Pero hace falta una delicadeza extrema, una fuerza prodigiosa y saber lo que se está haciendo. Es como arrancar de golpe un árbol con todas sus raíces. Los picaros que usan un poco al azar medios mnemotécnicos, representaciones gráficas, comparaciones, análisis y brutalidades sobre la materia observada no solamente no saben de qué estoy hablando, sino que no pueden en absoluto darse cuenta de la sencillez maravillosa y casi infantil de esa operación que simplemente lleva al umbral del éxtasis.



Henry Michaux (Francia, Namur, 1899-París 1984)

(Traducción de Silvio Mattoni)

AU PAYS DE LA MAGIE


II se forme, disent-ils, en la plupart des gens qui regardent un paysage, une capsule. Cette capsule n'est pas si petite qu'on croit.
Cette capsule est le médium entre le paysage et le contemplateur. Si le contemplateur pouvait arracher cette capsule et l'emporter il serait heureux incommensurablement, il conquerrait le paradis sur terre.
Mais il y faut une délicatesse extrême, une force prodigieuse et savoir ce qu'on fait. C'est comme arracher d'un coup un arbre avec toutes ses racines. Les petits malins qui usent un peu partout de moyens mnémotechniques, de représentations graphiques, de comparaisons, d'analyses et de brutalités sur la matière observée, non seulement ne savent pas de quoi je viens de parler, mais ils ne peuvent absolument se rendre compte de la simplicité merveilleuse et presque enfantine de cette opération qui vous méne simplement au seuil de l'extase.





SU VOZ


Su voz cuando él la escucha
su voz que lo cambia todo
invitando a concentrarse
conteniéndose, en su continente
su voz que por sí sola basta

Cuando le llega, difundiéndose al instante por el mundo
Voz en cada ocasión de la Buena nueva
anunciando, volviendo seguro un porvenir de luz,
que sin decirlo dice que hay todavía algo precioso,
raro, incomparable y que estábamos olvidando

extinguiendo todo furor, liberando del caos

la voz en la que nada

¡Qué trayecto le quedaba por realizar y que ignoraba!




Henry Michaux


(Traducción de Silvio Mattoni)

SA VOIX

Sa voix, quand il l'entend / sa voix qui change tout / invitant à se recueillir / en se contenant, en son continent / sa voix qui á elle seule suffit // Quand elle luí arrive, à l'instant se répandant sur le monde / Voix chaque ibis de la Bonne nouvelle / annonçant, rendant sûr, un avenir de lumière, / qui sans le dire dit qu'il y a encore du précieux, / du rare, de l'incomparable, qu'on allait oublier // éreignant toute fureur, délivrant du chaos // la voix en laquelle il nage // Quel trajet en lui restait à accomplir, qu'il ignoraid!


Henry Michaux (Francia, Namur, 1899-París 1984)