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lunes, 14 de mayo de 2018

EN UNA CAJITA DE FÓSFOROS





En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.

Un rayo de sol, por ejemplo
(pero hay que encerrarlo muy rápido,
si no, se lo come la sombra)
Un poco de copo de nieve,
quizá una moneda de luna,
botones del traje del viento,
y mucho, muchísimo más.

Les voy a contar un secreto.
En una cajita de fósforos
yo tengo guardada una lágrima,
y nadie, por suerte la ve.
Es claro que ya no me sirve
Es cierto que está muy gastada.

Lo sé, pero qué voy a hacer,
tirarla me da mucha lastima

Tal vez las personas mayores
no entiendan jamas de tesoros.
Basura, dirán, cachivaches
no sé porqué juntan todo esto
No importa, que ustedes y yo
igual seguiremos guardando
palitos, pelusas, botones,
tachuelas, virutas de lápiz,
carozos, tapitas, papeles,
piolín, carreteles, trapitos,
hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.

Las cosas no tienen mamá.



María Elena Walsh




María Elena Walsh nació en 1930 en Ramos Mejía, La Matanza, suburbio de la ciudad de Buenos Aires. Caserón grande, con patios y gallinero, un pomerania negro, rosales, gatos, limoneros y naranjos y una higuera muy cómoda sobre cuyas ramas la hija rubia y pecosa de «un inglés del ferrocarril» leía durante la siesta de los mayores Los Tres Mosqueteros, Robinson Crusoe y La Cabaña del Tío Tom. Antes de finalizar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, a los diesisiete años, escribió su primer libro: Otoño Imperdonable, libro de poemas que mereciera el segundo premio Municipal de Poesía. Ya antes, en 1945, había publicado sus primeros versos en la legendaria revista El Hogar y en el suplemento literario de La Nación. En 1948, viajó a los Estados Unidos invitada por Juan Ramón Jiménez. En 1952 partió hacia Europa, radicándose en París durante cuatro años. Allí, con Leda Valladares, formó un dúo que se dedicó a difundir el folclore argentino, recibiendo premios y el aplauso del público. Es en esa época también que comienza a escribir versos para niños. Desde 1959 escribe guiones para TV, obras de teatro, canciones y novelas para niños. Las canciones de sus obras de teatro (Canciones para mirar, Doña Disparate y Bambuco, etc.), la letra y la música de sus canciones son cantadas por millares de niños en la Argentina, generación tras generación, quienes participan del mundo de fantasía e ingenio que les propone María Elena Walsh. "Dailan Kifky", "Versos para cebollitas", "Hecho a mano", "Desventuras en el País Jardín de infantes", son algunas de sus obras literarias más recordadas.Murió en Bs.As., en 2011.



IMAGEN: Walsh por Grete Stern.




martes, 11 de enero de 2011

SAPO FIERRO
















Aquí me puse a vivir,
con mi sapa y mis sapitos,
en este aljibe infinito;
cuanto más fijo mejor,
que al sapo muy picaflor
lo cazan como chorlito.
Yo nací en una laguna
y mi cuna fue de lodo,
cosa de ningún modo
me puede desmerecer,
que a la hora de nacer
renacuajos somos todos.
A este fondo no rodé,
me mudé con gran trabajo.
Yo no soy un estropajo
ni por desidia me hundo:
no es lo mismo ser profundo
que haberse venido abajo.
Aquí estoy entretenido
como gato en almacén.
Me gusta pasarlo bien,
quieto y con economía,
que sapo que anda en la vía
no lo para más que el tren.
Yo tengo una picardía
cuando suena la roldana:
me escondo de buena gana
para salvar mi pellejo,
que el sapo sabe por viejo
pero más sabe por rana.
Aquí me voy a plantar
profundo como carozo.
Yo le digo al veleidoso
que por variar se desvive:
sapo que cambia de aljibe
siempre es sapo de otro pozo.




María Elena Walsh (Argentina; Ramos Mejía, La Matanza, Provincia de Buenos Aires, 1930 -Buenos Aires, 2011)








sábado, 13 de diciembre de 2008

DE MIS TIEMPOS

















En mis tiempos había tiempo.
Recuerdo bien que, por ejemplo,
la higuera derramaba esparcimiento
y una rosa nos duraba
mucho más que cualquier empleo.
Por otra parte, las siestas
se pedían prestadas a la muerte.


Quizas el tiempo era como las frutas,
se regalaba a los vecinos
después de verlo madurar.

Se compartía en las veredas,
entre abanicos y señores
de sosegada camiseta,
mientras parsimoniosamente
iban escobas y venían
amontonándolo como importante.


Y la eternidad, sentadita
en su silla de paja, porque sí.


Es que era siempre tan temprano
y tan segura la abundancia,
la inundación de treguas oportunas,
que se guardaba el tiempo en los sombreros
y un día se lo derrochaba todo
en un solo saludo, saludando.


Uno viajaba en libro a todas partes
y visitaba diferentes ocios:
el de al lado, el de enfrente, el de las tías.
No se había inventado
el maleficio de la prisa, no.
De ninguna manera. Los espejos
esperaban de sobra
que uno peinara su pausado pelo,
que uno se terminara de encontrar.


El tiempo era un perfume y no venía
nadie a medirlo ni guardarlo en cajas.
Los trenes, todo lo que hacían
era aludirlo en los horarios.


Se podía llorar a gusto
porque eran lentos los rincones,
o quizás porque había aun macetas
donde depositar una lágrima
sin que las flores se opusieran.
O porque la llovizna hablaba
en un idioma sin resentimiento.


Todos usaban tiempo y lo perdíamos,
cómplices de su lujosa concurrencia,
y hasta el hastío
era un modo de ser de los balcones
que enternecía delicadamente.


Creo que todavía queda un poco
de tiempo verdadero, pero lejos.
Pero muy lejos, en algunos patios,
refugiado en aljibes.
Se queda todavía en niños solos
que reinan sobre umbrales
y en la lustrada majestad del gato.
Supongo, ya no sé, nada sabemos.
Tiempo sin ser castigo.
Yo llegué a conocerlo: está enterrado
en lo más vivo de mi corazón.


Después vinieron los Relojes.



María Elena Walsh (Argentina; Ramos Mejía, La Matanza, Provincia de Buenos Aires, 1930 -Buenos Aires, 2011)



IMAGEN:  Reloj blando en el momento de su primera explosion--1954-pintura de Salvador Dalí.




ASUNCIÓN DE LA POESÍA


Yo me nazco, yo misma me levanto,

organizo mi forma y determino
mi cantidad, mi número divino,
mi régimen de paz, mi azar de llanto.


Establezco mi origen y termino
porque sí, para nunca, por lo tanto.
Soy lo que se me ocurre cuando canto.
No tengo ganas de tener destino.


Mi corazón estoy elaborando:
ordeno sufrimiento a su medida,
educo al odio y al amor lo mando.


Me autorizo a morir sólo de vida.
Me olvidarán sin duda, pero cuando
mi enterrado capricho lo decida.



María Elena Walsh (Argentina; Ramos Mejía, La Matanza, Provincia de Buenos Aires, 1930 -Buenos Aires, 2011)








EL REINO DEL REVÉS



Me dijeron que en el reino del revés

nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez
y que dos y dos son tres.

Me dijeron que en el reino del revés
cabe un oso en una nuez,
que usan barbas y bigotes los bebés
y que un año dura un mes.

Me dijeron que en el reino del revés
hay un perro pequinés
que se cae para arriba y una vez
no pudo bajar después.

Me dijeron que en el reino del revés
un señor llamado Andrés
tiene mil quinientos treinta chimpancés
que si miras no los ves.

Y me dijeron que en el reino del revés
una araña y un ciempiés
van montados al palacio del Marqués
en caballos de ajedrez.
Vamos a ver cómo es el reino del revés…




María Elena Walsh (Argentina; Ramos Mejía, La Matanza, Provincia de Buenos Aires, 1930 -Buenos Aires, 2011)






CANCIÓN DEL JARDINERO




















Mírenme, soy feliz

entre las hojas que cantan
cuando atraviesa el jardín
el viento en monopatín.


Cuando voy a dormir
cierro los ojos y sueño
con el olor de un país
florecido para mí.

Yo no soy un bailarín
porque me gusta quedarme
quieto en la tierra y sentir
que mis pies tienen raíz.

Una vez estudié
en un libríto de yuyo
cosas que sólo yo sé
y que nunca olvidaré.

Aprendí que una nuez
es arrugada y vIejita
pero que puede ofrecer
mucha, mucha, mucha miel.

Del jardín soy duende fiel
cuando una flor está triste
la pinto con un pincel
y le toco el cascabel.

Soy guardián y doctor
de una pandilla de flores
que juegan al dominó
y después les da la tos.

Por aquí anda Dios
con regadera de lluvia
o disfrazado de sol
asomando a su balcón.

Yo no soy un gran señor
pero en mi cielo de tierra
cuido el tesoro mejor:
mucho, mucho, mucho amor.



María Elena Walsh (Argentina; Ramos Mejía, La Matanza, Provincia de Buenos Aires, 1930 -Buenos Aires, 2011)




IMAGEN: Ilustración de la canción de Lucía Dragone.