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martes, 13 de abril de 2021

CANCIÓN PARA LAURA














Un país donde el mar y la carne fueran un templo
donde el cuerpo y el agua al unirse
donde la partición de los ojos enamorados
                 dieran luz a un palacio inmenso
 
Un pájaro de lunas abiertas, ensangrentado,
desatara el inusitado fervor
la baraja de lo Inesperado saltando como un ácido
                dieran luz a un palacio inmenso
 
La transpiración del mar este alcohol
la fiebre que bordea los espejos
la risa inocente como un aullido
                dieran luz a un palacio inmenso
 
Una mariposa negra desde el abismo del techo
una araña crucificada que canta su sombra
insecto cuerpo, sacromonte
                dieran luz a un palacio inmenso
 
querer aquí la vida
esta mano este cuello estas bocas
este deseo bajo la mirada del tigre
dieran
 
El círculo de tiza en la máscara brillante
la herida en la más abierta acabar
acabar
                 dieran luz
 
Un país Un país comarca encendida
el húmedo paisaje donde la luna roja se estrella
y bendice la unión de dos cuerpos bajo las
estrellas
                dieran a luz un palacio insomne
 
La puerta que se abre sin estar cerrada el murmullo
de las paredes desprende una palabra incomprensible
que cubre de misterio el desierto arrasado del amor
               dieran luz a un palacio inmenso
 
Aquello que no supimos pronunciar con nuestras palabras
aquello que reclamó palabras nuevas para su fiesta
aquello que rima con alegría y espanto
 
como certeza en lo blando
risa en lo oscuro
huesos de diamante
                dieran luz a un palacio inmenso
 
También los años que se abren paso como un asesino perfecto
las bocas vacías quebradas mudas que han de darse
al vidrio donde duerme la espuma blanca
               dieran luz a palacio
 
el amor diera luz
el abrazo diera luz
la entrega diera luz
y en un gran concierto de glorias y derrotas
               dieran luz a palacio inmenso.
                                    a la Dama del Corazón Moreno
 

Víctor Redondo

 


 Víctor Redondo. Poeta argentino, nacido en Buenos Aires, en 1953. Integró los grupos de poesía El sonido y la furia y Nosferatu. Fue fundador de la editorial y Revista de poesía Último Reino -y su Director desde 1979 hasta el presente-; editorial galardonada por la Fundación Konex como la mejor editorial de poesía década 1994-2004, que ha editado 400 libros en los últimos veinte años.  Publicó Poemas a la Maga (Ed. Sunda, 1977); Homenajes (Ed. Ultimo Reino, 1980), que obtuvo el Primer Premio de Poesía Nicolás Guillén en conmemoración del Milenario de la Lengua Castellana (España) en 1978; Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984 (Ed. Ultimo Reino, 1985) y Mercado de ópera (Ed. Ultimo Reino, 1989. Editó también la novela Las Familias Secretas (Ed. Catálogos, 1985) y 70 poemas, antología de sus poemas, realizada por Jorge Zunino (hilos editora) -de donde fue extraído el poema publicado . Varios de sus libros tienen reediciones. Desde la creación, en abril de 2001, fue Presidente por dos períodos de la nueva Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA).

 



martes, 8 de agosto de 2017

LOS JÓVENES MAESTROS (poema completo)


UNO

Una vez más frente a frente.
Pero ahora el miedo
ha quitado de las palabras el ropaje de las palabras
y ahora las palabras, pero no las palabras,
son palabras finalmente, y no aquéllas.

Hay mucha exageración en todo esto
y una pequeña parte de verdad, “tengo
ciertos miedos que pertenecen al futuro”.
No se halla nunca el comienzo
y es tan difícil terminar. Un poema
quisiera extenderse como un pecado nuevo,
siempre insuficiente. ¿Para quién se escribe?
La ficción comienza antes del primer acto,
antes de entrar en la sala de los enigmas, antes
de sentarnos frente a la hoja, enjoyados por el hastío,
y antes de ser los animales jóvenes en busca del deseo.
No me mires así, sobre esto debo hablar.
Deja que destierre en paz estas almas que recuerdo
en cenizas, en trampas, en las noches donde vierto
la triste espuma de un vino inacabable.

Hemos nacido para el éxtasis seco,
para la furia de no comprender,
para tener cadenas por necesidad de cadenas y gozar
la lujuria de la rebelión. Deja que hable.
Pero no me dices que no hable: no me escuchas.
Hablo a la fría lucidez de los muertos
que no creen necesario contestar.
Ser o no ser son dos espejos ausentes.
Sobre esto es inútil hablar.
Tengo las palabras cubiertas de polvo.
Necesito que me respondas, ese silencio enloquece.
Necesito enfrentar palabras para oponer palabras.
Necesito creer en el mal para vencer lo irremediable.
El veneno de la serpiente
nos defiende de la serpiente. Y estamos hablando
de las involuntarias víctimas de un antiguo mal. Eso creo.
Quizás estamos hablando de otra cosa
y yo esté demasiado solo esta noche.



DOS

Oye si es que no cantan
los peces de la noche en sus negras aguas.
Mira, si es que no sabemos sino pasiones sagradas,
los pájaros que beben junto a los melancólicos animales.
Huele las botas, el lodo de los reyes guerreros,
si es que no tenemos más que palabras en la mano.
No puedo darte nada que te salve,
y si arrojo hacia ti una cuerda, veré, sufriré sonriendo,
una cuerda en tu cuello, una mano pálida buscando el horizonte.
Y más allá nada. Pero más acá
la trama de oscuras cabezas bajo la lluvia,
paraísos perdidos en un mar borrado.
Y conducidos ante la alta sombra sin respuestas
cenaremos como desenfrenados, tendremos dientes de abismo.

Ahora esta palabra te recuerda por no haberte conocido.
Ahora esta palabra, hecha de polvo y de ciudades,
vendrá con su horrible aliento a envejecer estas páginas,
y tú seguirás sin estar.
Entre la mierda de los perros y la basura de los edificios
pasarán las aguas como un espejo
y no tendrán tu rostro
hecho de infinitas armonías desesperadas, ni tus manos,
ni tus piernas, ni tus ojos de ahogado.
Mas pasarán de boca en boca,
pasarán en los nervios, serán una cruz
poemas de tan corta vida.
Cernuda, lo hemos leído hasta olvidarnos los ojos,
nos hablaría de ilustres efebos sin nombre,
de prados donde el silencio crece entre los cuerpos,
y nos perdería en su voz, fuente del deseo.
Pero seríamos igualmente tres náufragos en la noche,
sin nadie que nos oyera. Pero si alguien nos oyera
¿nos salvaría? Por los labios
cruza una estrella, una primera canción de rumores de almendro,
un misterio abierto para los ojos abiertos.
Y no, no era la luz lo terrible del amanecer.
No eran las sombras que cantaban frente a tu vista
lo que yo he mirado. Eran rostros de espuma
en una noche sin fin, un terrible peso
más poderoso que el amor.
Para estar realmente solos fue necesario habernos conocido.

Y yo te hablo a ti pero tú a nadie hablabas.
Eras más sabio que yo, escribías desde la muerte.
Otoño tras otoño, a orillas del mismo mar,
buscábamos alguna señal de los ahogados, alguna palabra
que arrojada contra las piedras aún cantara
bajo la sal de los cuerpos podridos.
Y volvíamos desnudos, solitarios en la intemperie,
a nuestro hogar terrestre donde la ropa
temblaba en la cuerda como un fantasma
que clama ser podeído. Y no teníamos 
un cuerpo para ofrecer. Sólo palabras, triste amigo,
besando la brisa de los mares, una eterna soledad.



TRES

Y he creado tu nombre
para inventarme uno propio. Cortinas de humo
para despertar palabras que nadie vea.
¿Y si me vieras cantando, solo, melancólico como un perro viejo,
frente al espejo de mi única herencia,
me seguirías viendo? ¿Dirías: frutos prohibidos?
¿Dirías: victoria del polvo? Y no has de regresar.
Esa fue la primera certeza del poeta. Nadie puede regresar
del país oscuro o claro donde canta la sombra o la luz.
Pero veremos -somos viejos hechiceros-
el beso de los espíritus entre las mismas palabras.
No será un triunfo claro,
apenas alquimias del alma errante
que busca labios que la nombren
entre fríos y cadenas deshabitados.
¿Quién lee ahora lo que no has escrito?
Te he soñado, te pido responder. Debes ser mi ficción, mi fe.
¿Quién ha hecho de la noche el verdugo sin rostro?
¿Quién nos ha hecho creer que la luz nos salva?
Si no lo supimos, nunca lo sabremos. Si no lo sabremos
esta vida
un goce de palabras
una desnudez sin cuerpo.

Toda noche tiene su música oculta.
Es necesario crearse oídos para oírla.
Y eso, nuestro cuerpo y nuestra sangre lo saben,
ya nos ha costado demasiada vida.
Sómos héroes de un ejército perdido.
Somos peregrinos y por ahora
la inmensidad vence. Volveremos a nacer
con el lenguaje de los cuervos. Tornaremos a las felices lágrimas
luego del falso vino de los templos. Y ya no será necesario
ocultar los fantasmas que poseen nuestra razón.
Comprenderemos que jamás, jamás,
jamás, como si no tuviera importancia.

Este es nuestro daño, tiene deseos y soberbia,
pero pide la clemencia de las manos ardientes.
Son insectos de mujeres en el sueño,
son silencios de dioses muertos que retornan,
son bestias de silencio, o bestias de palabras,
son nada, triste amigo, 
pero es nuestra creación.

Y la literatura no tiene importancia
cuando tus ojos nadan extraviados el el océanos de los continentes.
Y tus ojos son nada frente a los continentes sin forma
que han marcado tu cruel partida. Todo es el hombre
y nosotros -¡fantasma, fantasma, fantasma!-
ya no somos sino fantasmas
de lo que hubiéramos podido ser.

Sí, falta el amor, el peligro, la aproximación,
faltan paisajes donde el Sol se alce y nos recorra
y nos vuelva a crear hijos de la Luz.
Derrochamos muerte, nos falta pasión. Volvemos siempre
al pensamiento que se muerde la cola
y muere en las estériles tierras sedientas
donde se estremece la codicia del conocimiento. 




Víctor Redondo (Buenos Aires, 1953)









sábado, 10 de octubre de 2015

RAZÓN



Levanta tu brazo hacia donde los astros emigran 
Levanta la luz hasta donde el ojo no la alcance 
Y en lo que quede entre tú y la tierra 
Levanta el agua humilde y el pan celeste.

No hay otra forma de comprender al mundo.



LOS DOS

No es posible buscar como la sed al agua 
siempre, siempre, si al bebería ya no es sed 
sino agua buscando al agua, sino 
deseo de beber buscando al puro deseo. 
Si hay algo más que belleza 
¿cómo no lo hemos hallado? Tantos hombres 
tantos, tantos sueños uno tras otro buscando 
¿cómo no lo hemos hallado?

El deseo busca al deseo,
la muerte a la muerte,
el amante busca el amor, siendo un solitario
tras la soledad.
Le belleza es irrenunciable.
Si nos detenemos frente a lo más alto
que hemos logrado, ¿qué queda de esa apariencia
de eternidad? ¿cómo diremos que nada
soporta nuestro peso
si buscamos el buscar, si el conocer es conocer
y nada, nada más tras el constante desear?
La belleza es siempre una existencia prematura.
Y si optamos por una de las máscaras
para preguntar, para intentar salvarnos,
y hallamos otro rostro que es el nuestro
sobre el rostro que adoramos
—el nuestro pero el alejado, el que sufre
con la idea de sufrir
¿cómo no lo hemos hallado aún
si no hacemos más que preguntar?
Sólo tú, Belleza, ciega de luz y de noche,
agua bebiendo agua
antes que el agua naciera.



QUIJADA

Quiero escribir palabras como quijada. 
Destruir los complejos que se tienen al encarar cada palabra, 
como quijada. 
Es decir, señor periodista, 
yo escribo como un mestizo 
o como tal al menos quiero llegar a escribir. 
¡Las palabras tienen a veces una sangre tan confusa! 
Quisiera tener un aparatito en la cabeza que fuera moliendo 
esa misma quijada que estoy usando como ejemplo 
y dejara relámpagos temblando
en la palma de mi mano, sobre esa máquina que allí ve. 
Usted está ahí, con ese perfecto grabador, 
y yo aquí, frente a sus preguntas, 
midiendo con mi otro ojo la distancia que aún me
                                                             / separa del abismo.
Se reiría si le dijera lo que yo realmente pienso de la literatura. 
Apenas estómagos débiles en cuerpos enfermos. 
Nada más.
Por eso busco palabras como quijada 
para que bien mastiquen tanto polvo.



Víctor Redondo (Buenos Aires, Argentina, 1953)







viernes, 19 de septiembre de 2008

LA DESTRUCCIÓN DE LA REALIDAD



Como operación delicada que es, 

los poetascomienzan a roer la realidad 
con tal delicadeza e inocencia 
que nadie, juraría, creería que eso es lo que sucede.
Se desmontan los mecanismos del pensamiento.
La orfebrería mental
se desvanece.
La realidad se aleja del corazón. Desaparece el placer.

Como operación delicada que es, los poetas

Otra manera de verlo:


el mundo se aleja de los hombres
porque el mundo los sobrepasa en inteligencia,
veut dire: la Tierra piensa.)
Se destruye la tapa de lo razonable: el cerebro
estalla.
Entonces la vuelta de tuerca,
el golpe de efecto,
retroceso para la ironía:
se ha ido,
se ha ido,
repite la voz: se ha ido
un hombre viejo que al enfrentar su vejez
decidió arrancar de la muerte
un argumento: la revelación de un misterio:
ver
lo que no existe.



Víctor Redondo (Buenos Aires, Argentina, 1953)