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sábado, 17 de octubre de 2020

PERRO DE ANDÉN













“Ten paciencia, que yo alcanzo razón y estoy ausente”
Garcilaso de la Vega

Esta criatura que se lame el pecho
y después me mira,
hace siglos que ha perdido a su amigo.
Su esperanza o su olfato, que en ella son lo mismo,
la ha llevado a plazas, andenes, terminales,
sitios de trasbordos y confusas multitudes
promesantes de esta prosodia vulgar,
de viajar por viajar y de existir sin sentido.
Confía que entre estos miles,
un día volverá aquel con quien fuera cazadora,
en tiempos en que ni siquiera los dioses existían:
salvo la estrella sol y aquella faz de la redonda luna
que aun nos reúne en el reversible arte de las licantropías.
Conserva el don de oír antes que lleguen, 46
las inundaciones del agua o de las ardientes lavas,
pero se resiste a creer que el perdido y sólo para siempre
es el otro: nosotros, los inmortales todavía.
Si se hubiese hecho lobo ya estaría muerto,
como tantos de los suyos, o de los nuestros
que no se domesticaron ante el terror,
los exterminios, los exilios, los hastíos.
La acaricio y me lame las manos;
y a ignorancias iguales, su mirada
es más hospitalaria y creyente que la mía.
La suya hace siglos que espera a una criatura
que ya no llegará.
No, que no llegará nunca.

(Inédito;
tomado de la revista Voces de hoy en el tiempo,
Nº12, Julio/Setiembre, 2020)

Miguel Ángel Federik (Villaguay, Entre Ríos, Argentina, 1951)



LEER biografía del autor en entrada anterior del autor (Nota del administrador).


sábado, 30 de mayo de 2020

VELANDO UN PIE





















                                                                       
   A las madres chilenas del desierto de Calama
El cordón está intacto. Del borde de la media
sobresale algo de carne corrupta,
el velamen de un hueso a la soledad acostumbrado.

Una ligera línea recuerda el jardín de aquella tarde,
la alambrada, el cuerpo que volaba, un grito,
el penúltimo zarpazo.

El cuero ha cerrado sus ojales y en la tersura áspera
de la capellada, la vela es una lenta mariposa inacabable.

Las madres saben que ese pie es de un hijo,
y oran y recuerdan escarpines y todos los zapatos.

Afuera se oye un murmullo de motores,
la vida civil, la llegada del otoño en plena calle.

Sobre la mesa, la sombra del pie se estira y se encoge
ante el perfume del mar que entreabre la ventana.

El pie occipital, el  zapato del desierto,
sabe que el cordón está intacto.

El ritual es exiguo: el jadeo de la vela,
la mirada de las madres arrugada sobre sus faldas.

Todo está en orden: la vida civil,
el horario de los trenes suburbanos,
las palomas que sobrevuelan las estatuas.

Afuera se oye un murmullo de motores,
el redoble de un zapato que nos mira,
el eco andante de una generación deshabitada.

                                                               Inédito,  2014

Miguel Ángel Federik



Miguel Ángel Federik (Villaguay, Entre Ríos, 1951) Poeta y ensayista argentino, Premio Fray Mocho - Género Poesía de la Provincia de Entre. Ha publicado los siguientes libros de poemas: “La estatura de la sed” (Castellví, Santa Fé, 1971); “Los sepulcros vencidos” (Edic. del Sol, E. Ríos, 1974); “Fuegos de Bien Amar” (Biblos, Bs. As. 1985); “Una liturgia para Némesis” (Premio Fray Mocho de Poesía 1992, Ed. de Entre Ríos, 1994) “De cuerpo impar” (Edic. Ríos de los Pájaros, 2001); “Imaginario de Santa Ana” (Río de los Pájaros, 2004 ) con ilustraciones de Artemio Alisio; “Niña del desierto y otros poemas” (Ediciones del Clé, Entre Ríos, 2010 ) que recibiera el Premio al Mejor Libro de Poesía editado en 2010, por APOA (Bs. As., Diciembre de 2011).  En CD. editó Miguel Ángel Federik, en su propia voz (Edic. del Clé, 2010). Ha participado en las Obras Completas de Carlos Mastronardi, con su ensayo “Sobre un hermoso animal despierto - O una ronda por Luz de Provincia” (Ed. UNL Santa Fé, 2010) En la colección “El país del sauce” dirigida por Sergio Delgado, ha sido responsable de laIntroducción, Cronología, Bibliografía y Notas a la Obra poética de Daniel Elías (UNER / UNL, 2012); en  “Cuadros y escenas criollas de Villaguay - Escritos por un médico asturiano en 1894”, a cargo de Juaco López Álvarez (Muséu del Pueblu D’Asturies, Gijón, España, 2013), en la “Poesía Completa” de Juan José Manauta y en “El Ruiseñor y la Alondra cantan en horas distintas” de Alfonso Sola González en edición homenaje al centenario de su nacimiento (EDUNER, 2017). Participó en 1982 del “Viaje al corazón de las letras Españolas”, coordinado por José Carlos Gallardo a cargo entonces de la Oficina Cultural de la Embajada de España, junto a poetas argentinos como Javier Adúriz y Gustavo García Saraví y lecturas en Burgos, León, Granada, Barcelona, Madrid junto a poetas españoles como Luís Rosales, Claudio Rodríguez, Antonio Hernández, José Ma. Caballero Bonald, José Hierro, Fernando Quiñonez, Luís García Montero, entre otros. Ha participado de los Festivales Internacionales de Poesía de Rosario, Feria del Libro de Buenos Aires y del Festival de Poetas con la Gente (Cosquín , Córdoba, 2013). Como conferencista se ha ocupado de la obra de Ana Teresa Fabani; García Lorca en “Lorca Corresponsal” leída en la Biblioteca Nacional (Bs. As.); de la obra de Luis Rosales, Premio Cervantes de la lengua en “La memoria es un arma indeleble” y en la Univ. Nac.de Formosa ha dictado cursos sobre “Poesía Española Contemporánea 1936-1990”. Integra la antología de “Poesía Argentina Contemporánea” (Tomo I- Parte Vigésima, Fundación Argentina para la poesía- Bs.As.2013), "Antología del viento- Herencia del agua" (APLER-Dunken, B.A., 2016); “Ceremonias de la Luz” (Centro de Estudios Poéticos Aletheia- Compilación de Graciela Maturo, Amalia M. Abaria y Susana Lamaison, Bs.As., 2017); Antología Federal de Poesía -Región Centro (CFI, Bs. As., 2018). Ha escrito prólogos, introducciones o contratapas a libros de poetas como Juan Meneguin, Laura Erpen, Rudy Astudilla y recientemente a la Antología de Autores de Concordia (Ed. La luna y el gato, Chajarí, 2017) Ha participado del XVII Encuentro de Poetas del Mundo Latino junto a Yolanda Pantin (Venezuela), Antonio Deltoro (México), Denise Desautels (Québec), Eduardo Chirino (Perú) y otros en ciudad de México y Aguascalientes (2015).  
En 2017 recibió el segundo premios en el certamen de poesía del Fondo Nacional de las Artes, con su texto “Geografía de la Fábula”.
Es Director de la colección “Villaguay, los nuestros”, ediciones de la Municipalidad de Villaguay que rescatan obras de autores locales y publicaciones vinculadas a la historia de la ciudad y de sus protagonistas.
El 01-11-2019 participó en Colón (E: R.) del CONVERSATORIO DE LITERATURA ENTRERRIANA, ver videos dando clic aquí
BIOGRAFÍA realizada por el escritor Fernando Belottini, tomada de la página Autores de Concordia.



miércoles, 11 de noviembre de 2009

NIÑA DEL DESIERTO





'Si no hay para ti un lugar en el mundo,
yo te llevaré en mis ojos'
(Anón. árabe)

Cuanta materia de realidad futura -me dije- habrá en los ojos de esta niña
que no pude ver bien, parada en la arena del desierto
o parada en el fondo naranja de la pantalla de CNN en español
al borde de la carretera que sube desde Az Zubayr a Basora,
o que baja a los infiernos de Bagdad, que ahora es un infierno,
y hago aquí unos puntos suspensivos porque una vez hubo jardines en Bagdad
y esta niña parada entre mujeres vestidas de negro tiene la edad de aquellos jardines
y ve pasar tropas camino de Bagdad como si viera por primera vez otro mundo,
ya que es el otro mundo el que ahora está pasando frente a ella
parada en el resplandor dorado de las arenas de este día de la primavera boreal,
mientras voy al mapa del diario de hoy : 23 de Marzo de 2003 para fijar exactamente,
con precisión poética y felina el sitio exacto en que la ampara la sombra de mi dedo
que ya sabe que una vez en Bagdad hubo jardines verdes y dorados
y leones de mosaico, celestes y dorados, protectores de templos o de tumbas
y es imposible vivir en un desierto ignorando que los leones verdaderos
son celestes y dorados y esta niña en el camino de Az Zubayr a Basora,
guarda en su pupila el ojo de la aguja y ve pasar camellos solamente
como quien hiciera de su mirada la otra puerta de la historia.


Los leones son celestes y dorados porque cuando eran celestes y dorados
en el mundo real había leones de azafrán y de canela
y una niña real no puede vivir en un mundo de leones reales
ni con la imagen de ejércitos pasando eternamente por su mirada,
porque los leones reales nunca fueron de azafrán o de canela
sino celestes y dorados y una niña tiene la mirada de una niña
y una niña parada en el desierto es una niña parada en el desierto
cuya mirada quiero que se conserve en este poema
puesto que si esa mirada hubiese desaparecido antes de este poema
nunca hubiese habido leones celestes y dorados
y tampoco hubiese visto nunca esta niña de oro parada en el desierto.


Cuanta materia de realidad -futura como toda realidad-
está mirando esta niña -me dije- porque de esos ojos cegados
por la luminosidad enemiga que cargan estos carros de guerra,
saldrán canciones, novelas o biografías que harán del mundo este mundo
y que me gustaría leer otro domingo de mañana y en la paz de mi provincia,
-y que sin embargo ignoraré para siempre por una cuestión de edad-
pero sabiendo contra todo pronóstico o gnoseologia
que los leones son celestes y dorados porque son celestes y dorados
y no hay poder real que pueda derrotar la ultra realidad que pasa
de tal modo en los ojos de esta niña parada en el desierto,
entre mujeres de negro de la cabeza a los pies paradas en el desierto,
porque la poesía ha sido siempre una niña parada en el desierto
y una niña parada en el desierto es suficiente testigo de su mirada.



(Inédito)




Miguel Ángel Federik (Villaguay, Entre Ríos, Argentina, 1951)



IMAGEN: Fotografía del cineasta Abbas Kiarostami.



miércoles, 14 de octubre de 2009

EL TREN
















Pasaba un tren y un viento prenatal y del Tirol
movía en el sueño ramitas nevadas por Dinamarca
y la luz jugaba al zenku en las cadenas del ribonucleico
mientras el zepelín bogaba sobre álamos recientes como islas
y había muchachas con melones en las ventanas
y algunos hablaban idish y había trigales y carros rusos
y había apenas lo que había que era un río interior
y el liempo era curvo y a los topetazos de la '202',
el agua se desgajaba por ramblones de colores
y la transparencia era un sonido que la quietud
reunía a síncopas de 98 latidos por minuto,
dentro de la primera uva de los deslumbramientos
y esa pecera era mi madre que flotaba en este mundo
-niña de los chales y los perfumes espejada de asombro—
subiendo al tren que despertaba las colinas bajo el alba.


Llegaba el tren a la arboleda y la '202' bufaba,
entre galgos barcinos y resinas de mariposas,
con aquellas aspersiones de hulla o de goma arábiga
que educaron mis ojos al sur y a los celajes del verano
y en las carnes del verano a la jangada de faroles turbios
de la Nube de Magallanes en que mi corazón volaría
adscripto ya a primeros parapentes de luciérnaga,
mientras el dragón cortejaba con chispas las palmeras
y se ahogaban a colapsos de mercurio las Stentor o las Philips
y las corrientes cálidas tejían virreynatos en el aire,
ya poblado de sputniks, isobaras, jacarandaes y calandrias,
y el tren dejaba el atardecer de la arboleda.

Llegaba el tren que llegaba y la magnolia de la abundancia
trasbordaba a la estación sub-orbital de los carreros
en aquel puerto de llanura sólo de cardales y de perros
y había salvas de amadores en las barandas,
cuando el bárbaro de las bolsas de afrechillo saludaba
al otro que traía las arenas del Gualeguay
y con ella los deshoves de las tarariras y de las ranas
y con ellos la genética de los pantanos
y con ella la mariposa que abre sus alas en Pekín
y con ella aquel recuerdo de la 'Mar Paranaensis'
y la mica de conchillas para las crines de las yeguas
que pastaban entre viznagales y sombras de paraíso.
Y la '202' llenaba de humo blanco aquel retablo
y al toque del silbato movía sus largas patas de cigüeña
y era como si iba a volar... y tal vez mas allá volara.

Llegaba el tren a la ribera de los eucaliptales altos
y recuerdo a la enana de la cinta izquierda del estandarte
que fue violada ahí, bajo los lilas del amanecer
y a su canesú de lentejuelas en las mentas de la cuneta
dando brillo a la ribera nuestra de la estación de los ingleses
mientras se la trincaba el 'Gaucho' y el tren que no llegaba
llegaría con los cadillacs de Rock Hudson enlatados
junto al malo de Barrabás o aquel beso de 'Casablanca'
prohibido por el pizarrón de patroncita Santa Rosa
y la palabra ahogo y la palabra exilio, ya rebotaba
en las paredes de la fe de una burguesía ex conservadora,
ex cucharitas de plata, ex mañanitas bordadas,
y el pueblo tenía un tren, un lobizón y dos farmacias.

Llegaba un tren y los hombres de azul desesperaban
ante señoras de marfil bajando del viejo Pakcard
y los avíos de las cestas cargadas con muslos o naranjas
y la bestia de adelante se adhería a la manga del agua
y el señor de botones se movía con arrogancia de tucanes
y los señores de gorra troquelaban cartones amarillos
y señores de visera gozaban la telegrafía sin hackers a la vista
y los señores Dick Bogarde llevaban rosas té en la solapa
y destilaban Koleston Nogal en las verdes salas de la espera
mientras el señor de la campana reinaba sobre catangos blue
y pomos y epigramas y franelas y sobrerrelieves dorados
porque el mundo aquí era de bronce... y había que lustrarlo.

Pasaba un tren amigos y entre mortadelas gigantes
y los tristes acordeones del fondo nos sentábamos,
mi imprudencia y yo, cerveza en medio,
a leer Papillon ante la mirada oficial de la "Ferroviaria".
Y era el espinillar y luego las lagunas con chajaes
y las pescaderías y el tiempo de esperar y los sauzales, pasaban
y las inmensas lunas amarillas contra cielos cobrizos, pasaban
y el tiempo de creer y los campos de Urquiza, pasaban
y cada tranquera era una vela que se consumía en el pasado
y entre Bay-Biscuits y malolientes marinerías de cabotaje,
aquella boa musical caía desde un reino de jaguares
y entrelazaba el mundo y Buenos Aires.
Y luego, después, entonces supe lo que implicaba:
haber llegado a Buenos Aires.

Pasaba un tren que pasaba y un día ese tren se hizo lagarto
y subieron los carriers y los panzers y los soldados
y están vivos aún los árboles de Marzo del '82
y el oliva de las charreteras hacía desaparecer
a los hombres de azul y a los hombres de gris
y los hombres de paja y a los hombres de maíz
y a los hombres de barro y los hombres de madera
y los hombres de jade y a los hombres de oro
y entonces lloviznaba y después llovía a cielo pleno
y todos los hombres eran marrones y la lluvia los seguía
y el tren se iba con la lluvia y era Marzo y llovía
y donde había contrabandos o melones ahora había soldados
y donde había gurisas de blusas transparentes,
/ahora había soldados
y donde había cebúes o piedras mora, ahora había soldados
y la '202' era un avión de juncos, una balsa de barro
/entre colinas
y nadie podía sentarse a las ventanillas del aire sin un arma.

Pasaba un tren, amigos, y otro día
ese tren pasó y subió y yo estaba en Curuzú Cuatiá
y el General no estaba y el tren paró, pitó y se fue
y nadie bajó por sus escalerillas asombradas
y todos debimos caber en esas auras, pero era prohibido salivar
o agitar las ramas del laurel o beber de ese cáliz o decir
que esa luna de la media tarde con forma de pisingallo
era una deuda y un salmo que ahora florece entre ángeles
/ y caballos
porque ese tren era la flor del mburucuyá de una generación
y marchaba hacia los esterales con su población de ánimas
por los morenos ojos del andén y los escapularios
de San La Muerte.
Y ese fue el aviso de mi tren que se esfumaría
/en arenales correntinos,
transfigurado ya, por el aullido interminable de las madres
/y de los perros.

Pasaba un tren, amigos, por aquella mar de latifundios y de alas,
pasaba un tren que no regresa y pasa y todo fue tan rápido

/¿será?
que fue como si era nada más que un tren que pasa
/en un poema:
una sílaba incendiaria perdida en un reino de formas y sonidos,
y que ahora es apenas un yacaré blindado, anfibio para el olvido,
que se hunde solitario en el pecho magnético del Sur,

contra las metalurgias eternas de la constelación del Centauro.



Miguel Ángel Federik (Argentina, Entre Ríos, Villaguay, 1951)





domingo, 17 de agosto de 2008

IMAGINARIO DE SANTA ANA
















38

Isabel era tímida y rural
como el borbotón del amanecer
en su vertiente.

Olía a huerta clara,
a dársenas de magnolia en sus praderas.

Le enseñé a saltar a la rayuela
y era un cumpleaños de arco iris con hoyuelos,
su risa entre mis brazos cuando llegaba al cielo.

En la irreparable cereza de sus pezones
llamé a las gemelas puertas del Paraíso.

Y ahora, que ya no es verdad,
lo recuerdo.



Miguel Ángel Federik (Argentina, Entre Ríos, Villaguay, 1951)




IMAGEN: Ciudad de Santa Ana (Entre Rìos).



LA CIENCIA MODERNA

I

Según el Dr.Exner, 300 nadadores sordos sumergidos
en una pileta, nunca supieron donde estaban las orillas
y considerando aún exagerada la aserción de Spallanzam
de que la golondirna puede alcanzar una velocidad
de 89 metros por segundo, debemos merituar,
que el 17 de Mayo de 1896 en Conipiegne a las 7.35 a.m.
soltaron juntas golondrinas y palomas mensajeras
y mientras estas vuelos en círculos para orientarse,
las golondrinas partieron como un rayo hacia su nido
sito en la calle de Predicadores de Amberes,
y naturalistas y banqueros y armadores y amadores
comprobaron ese día que las palomas alcanzan
una velocidad de 57 Km./h. y las golondirnas de 257,58 km./h.


Los colombófilos flamencos tiritaron en la experiencia
porque en la Universal de París del '89 hubo nacido la idea
hoy absolutamente desterrada - post principitus inclusive-
de un correo aéreo fundado en las golondrinas,
cosa que ya imaginaron los antiguos romanos
y lo atestigua Motaigne en su Essays, Cap.XXIII, lib.II,
porque como Knaton El Egipcio,
la imaginación es superior a la inteligencia.


Y agrego:
emancipado del ciclo el halcón
se traga a las palomas mensajeras
e intercepta el mensaje confiado al aire,
y la golondrina ofrece menos cuerpo
la novela al tiro del enemigo
que es el halcón o el tiempo
y de ahí que los herméticos italianos
hayan superado a la rosa blindada
y a la poesía política.
Hoy podemos confirmar
desde la torre inclinada hacia el Este
que nadie reparó en Amberes aquel día
en el mensaje intertextual o el poder de la parábola
y menos aún que la ciencia natural del S.XIX
haya descubierto -sin saberlo- la diferencia esencial
entre la prosa poética y la poesía.




II

Apesta a prosa la entelequia de la rosa
y el caballero azul y Sinforosa
y tanto libro en síncopa de copla
que por no mirar endecasílabo la furiosa
corriente que alejandrina dan los cuerpos sudorosos
al aire tan barroco que apenas con la luz dibuja un rostro
y se pierde en el meandro en que orinan los cadáveres
su pas de deux en el escenario de este mundo de la cosa
y me entregan pudorosos el saldo de su horror,
su vomitable ignorancia de tanta concomitancia al paso
y apesta a prosa tamaña fe del desengaño,
apesta a prosa tanto cubículo adverbial,
tanta primosa riqueza intelectual
que apesta a prosa tanta cosa entre el hexámetro y el son,
entre Cesaría Evora y la espléndida fiesta del lenguaje
de la puntilla agreste de un vello agreste que florece
entre tus piernas que ya florecía con todas las mujeres del mundo.

Apesta a prosa preciosa - perdón por esta cosa-
tanto coso sustantivo, logarítmico y precioso,
tanto señor, tanto señora entre el hexámetro y son,
tanta pobreza para tu muerte y para mi muerte
tanto son sin ton ni son, tanta síncopa de copla perdida
en el borde de la copa que era un arpa y que tenía
cuerda, diapasón, garganta, aliento,
página de piel, bocado al viento, carne de agonía.



(Inédito)

Miguel Ángel Federik (Argentina, Entre Ríos, Villaguay, 1951)