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sábado, 29 de marzo de 2014

OSCURO




















Es la entrada en la noche 
su vientre oscuro redondo
su boca que todo lo traga lo succiona
lo escupe
sus ubres facas de perra
de mujer que ha perdido a sus hijos
es la noche ojos de caballo 
la noche de las fogatas de los vagabundos 
la noche cicatriz
brebaje alcohol costurones 
frazadas hediondas
hombres que duermen y respiran y mueren de frío
con un hilo de saliva corriéndoles por los labios
hombres solos mujeres solas
que se voltean hacia el otro lado
como si hubiera otro lado una tibieza
y no la noche su garganta su gangrena
su pierna amputada
sus pisadas cojas vacilantes
y no la noche su resaca su orilla
sus alcantarillas sus falsos puentes
su tendido eléctrico mentiroso
la noche desbocada
que nadie puede amansar
ojos de caballo  la loca



Damaris Calderón



Damaris Calderón. La Habana, 1967. Poeta, narradora y ensayista cubana. Licenciada en Letras por la Universidad de La Habana. Magíster por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), Santiago de Chile. Ha publicado los poemarios: "Con el terror del equilibrista", "Duras aguas del trópico", "Se adivina un país", 1997, "Duro de roer", "Babosas: dejando mi propio rastro", "Parloteo de Sombra", "Los amores del mal" y El billar de Lucrecia, México, 2006. Poemas suyos aparecen incluidos en diversas antologías sobre poesía cubana y latinoamericana actual. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al holandés, al portugués, al francés y al servo-croata. Obtuvo varios premios nacionales dentro de Cuba, entre ellos, el premio de poesía de la revista Revolución y Cultura, Premio el Joven Poeta y el premio Ismaelillo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. En 1999 obtiene el premio de poesía del diario El Mercurio, Santiago de Chile. Ha obtenido dos veces la beca de Creación del Fondo del libro y la lectura, en Santiago de Chile.




martes, 12 de agosto de 2008

MI DIOS QUÉ BELLOS ÉRAMOS

Carlos
Omar
Sigfredo
Ángel.
(Aguedita, Nativa, Miguel).

Yo vi perderse a una generación.

Cinco como las cinco yemas de los dedos,
Como los cinco dedos de la mano
Carlos
Omar
Sigfredo
Ángel
Yo
barridos con las hojas
de un otoño feroz en un país sin estaciones.
Y no hubo guerra grande ni chiquita.
Ni pelotón de fusilamiento.
Cinco
como los cinco dedos
de una mano
amputada.


Damaris Calderón (Cuba, La Habana, 1967)



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LA VENTANILLA DE UN TREN CORTA



















LA VENTANILLA DE un tren corta
—no asesina—
corta impasible como un carnicero
las reses el paisaje
lo que se va quedando atrás
y entra definitivo en el pasado.
Nada más cruel más plácido
que hacer señales desde una ventanilla
que pulir ese vidrio inofensivo
(nadie se picará las venas)
Quizás del otro lado
alguien reanuda este diálogo mudo.
Pero no nos vemos
gracias a la eficacia del conductor
a la vertiginosidad del tren cuyo destino es moverse
moverse con su carga de pasajeros muertos
sorprendidos soñando en un vagón oscuro.



Damaris Calderón  (Cuba, La Habana, 1967)