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viernes, 6 de marzo de 2009

POESÍA






Agua tan pura que casi
no se ve en el vaso agua.
Del otro lado está el mundo.
De este lado, casi nada...
Un agua pura, tan limpia
que da trabajo mirarla.



Manuel del Cabral



Manuel del Cabral. Poeta, escritor y novelista nacido en Santo Domingo, República Dominicana en 1907. Es la figura más importante en la lírica moderna de su país y la que justamente ha logrado una mayor proyección continental. Fue denominado junto a Nicolás Guillén como uno de los más fieles representantes de la poesía negra, convirtiéndose en un permanente defensor de los derechos de su pueblo. Siendo todavía adolescente se radicó en los Estados Unidos, y luego recorrió diversos países sirviendo en el cuerpo diplomático, para radicarse por muchos años en Argentina reconocida por él como su segunda patria. Su vasta obra abarca varios géneros de la poesía, sobresaliendo especialmente sus «Doce Poemas Negros», «Compadre Mon» y «Trópico Negro». Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1992. Falleció en Santo Domingo en 1999.

Leer Los hombres no saben morirse y más poemas de Cabral, aquí



VOZ


Me puse a cavar la tierra,

porque oí mi voz al fondo.
Y el hoyo cruzó la tierra.
Y allá...
Más allá...
Tal vez,
hoyando otras tierras...
otras...
su voz lejana se oía.
Seguí cavando.
Cavando.
Es sólo una voz el fondo.



Manuel del Cabral (Santo Domingo, República Dominicana, 1907; Id., 1999)

VIEJO PUENTE


Mi risa está tan adentro

que estoy triste cuando río.


Enséñame, viejo puente,
a dejar pasar el río.



Manuel del Cabral (Santo Domingo, República Dominicana, 1907; Id., 1999)

CUANDO COMPRENDAS


Cuando comprendas que el hombre que es dueño de grandes fortunas no es dueño del hombre mismo.
Cuando comprendas que tu sangre es un río hacia tu voz.
Cuando comprendas que eres un poco de tierra que piensa.
Cuando mires las hormigas y los gusanos, y te asombres como quien se asombra de una cosa maravillosa e inesperada.
Cuando converses con tu amigo y veas que el tamaño de su odio es del tamaño del alma.
Cuando comprendas que tu tierra se la están repartiendo gente que sólo tienen la estatura de los bienes materiales.
Cuando comprendas que una espina en tu carne es tan extraordinaria como tu bondadosa llegada a la tierra.
Cuando comprendas que al acostarte en tu lecho de piedras antes debes hablar un poco con la sonrisa de un niño.
Cuando comprendas que has estado en la muchedumbre y, valientemente solo, regresas a tu casa, y ves que en el espejo tienes la misma cara...
Cuando te encuentre por la calle con una mirada sospechosa, y luego regreses a tu casa y escribas tan tembloroso que te salgan garabatos en donde se retuerce el alma.
Cuando comprendas que todas las mañanas, al levantarte de tu lecho, no eres tú que te levantas, sino el mundo.
Cuando le digas a tu cuerpo: -No te quedes atrás; ven conmigo; pégate a mí. ..Que yo necesito tu odio, tu placer y tu dolor.
Entonces...


Manuel del Cabral (Santo Domingo, República Dominicana, 1907; Id., 1999)