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jueves, 19 de agosto de 2021

LADY MACBETH


 












A fines de 1995

 
Lejos del sucio hotel de la ciudad,
como quien retornara al viejo hogar.
S
e trata de dos versos que escribí
en el mejor momento de mi vida,
remate de un soneto a Mastronardi.
“Prefiero el sucio hotel al viejo hogar”,
dijo ella sonriendo. Y yo, turbado,
no comprendí el desdén por la provincia,
no comprendí su apego a la bajeza,
al sucio antro del desnudo vicio.
Dejé pasar lo que era una advertencia
del porvenir, de la inminente ruina
de la felicidad con que escribí
ese homenaje al lírico anticuado.
 
 
 

 Réquiem


 Su rostro se alejaba, se borraba;
no volvía ni en sueños.
Ya era mito del sexo y del ardid:
una loba rupestre, nada más.
 
No obstante, algunas albas
la oía en el silencio respirar;
juraría que estaba junto a mí
respirando serena.
 
Puede que fuera el mar,
el mar y sus caricias desganadas;
o la brisa otoñal
al abrazar el roble suavemente.
 
Un hálito, otro hálito...
Oro viejo, hojas secas, mis colores
y este oblicuo reflejo de agua muerta
son mi escuálida ofrenda a su alma ajada.
 
 
(de: Lady Macbeth,
(Barnacle, 2021,
Envío de Alberto Cisnero)
  
Ricardo H. Herrera



 
Ricardo H. Herrera nació en 1949, en la ciudad de Buenos Aires. Poeta, ensayista, traductor y editor, dirigió durante casi dos décadas la revista-libro de aparición semestral Hablar de Poesía, de la cual se publicaron 35 números a partir del año 1999. En su lírica personal se destacan los poemarios de madurez titulados Estudios de la soledad (1995), Imágenes del silencio cotidiano (1999), El descenso (2002), Por la puerta entornada (2009) y Herrera el Viejo (2020). Pre-textos publicó en 2008 el volumen El espíritu del páramo. Antología poética 1977-2007 y en 2016 el poemario La última nostalgia. Paralelamente a su actividad como editor, Herrera ha trabajado con perseverancia el ensayo y la crítica literaria: La ilusión de las formas (1988), La hora epigonal (1991), Espera de la poesía (1996), Lo entrañable (2007) y Qué importa la poesía (2016) son los títulos que recogen parte de esa obra. En una zona intermedia entre la poesía y el ensayo se ubica su diario de poeta titulado De un día a otro (1997). Su afición a la traducción poética cristalizó en sucesivos volúmenes que incluyen versiones, ensayos y notas sobre poetas italianos relevantes: Copia, imitación, manera (1998), Instantes italianos (2008), Secreto del poeta (2010) y A la busca de la poesía perdida (2018).
 
 
 
 
 


domingo, 28 de septiembre de 2008

INVIERNO DE 1956





















Era el amanecer de un día oscuro.

Extraño entre los plátanos de niebla
con mi uniforme y mi valija de escolar,
sumido oía adentro del silencio
despeñarse mi mente hacia el vacío.
Vibró traído por el blanco viento
un estribillo penitencial,
y ausentóse el cielo, se enrolló a lo lejos
como una vena de plata en la nada,
como una calle más.

No desprendido aún
de aquel desvalimiento,
siempre por la poesía llego a la misma angustia
de mirar lo remoto con las manos abiertas
y vacías (las palabras, las hojas caídas
del ramo de nuestro extrañamiento:
negras, doradas, rojo turbulento)...

Huye el cielo, estoy solo, y lo miro
retorcerse, arrancado
como una sábana tibia y fragante
hacia la lejanía.
Y la muerte de entonces
-en el silencio extremo,
límpida como un lago entre montañas-
se desnuda en las sombras de mi página,
lacónicamente, solitaria.




Ricardo Herrera

Ricardo Herrera.Poeta y ensayista argentino, nacido en Buenos Aires, en 1949. Ha publicado desde 1975 más de una docena de libros de poesía; lo escrito entre 1977 y 1985 se encuentra reunido en Actos de aprendizaje (Ril/Melusina, Santiago de Chile, 2003); lo escrito entre 1985 y 1995, en Estudios de la soledad (Grupo Editor Latinoamericano, Bs.As. 1995); completan su obra poética: Imágenes del silencio cotidiano (1999) y El descenso (Grupo Editor Latinoamericano, Bs.As. 2003). Es autor de tres colecciones de ensayos sobre poesía, La ilusión de las formas (El imaginero, Bs.As., 1988), La hora epigonal (Grupo Editor Latinoamericano, 1996) y Espera de la poesía (Grupo Editor Latinoamericano, Bs.As., 1996). Es asimismo autor de un libro de prosa autobiográfica titulado De un día a otro (Grupo Editor Latinoamericano, Bs.As., 1997). Sus traducciones poéticas están recogidas en los siguientes volúmenes: Útimas poesías de Giuseppe Ungaretti (El imaginero, Bs.As.,1988), El infinito y otros cantos de Giacomo Leopardi (Grupo Editor Latinoamericano, Bs.As. 1990), Stabat nuda Aestas y otras versiones de poesí­a italiana moderna (Grupo Editor Latinoamericano, 1993), Copia, imitación y manera (Grupo Editor Latinoamericano, 1998) , Xenia de Eugenio Montale (Melusina, Mar del Plata, 2001), Idilios domésticos de Attilio Bertolucci (Ril/Melusina, Santiago de Chile, 2003) y Poemas de la vejez de Giorgio Caproni (Ril/Melusina, Santiago de Chile, 2004). Dirigió la revista Hablar de poesí­a (30 números) hasta 2016; y es colaborador permanente del Suplemento Literario de La Gaceta de Tucumán.



lunes, 15 de septiembre de 2008

LA HABITACIÓN VACÍA





Escribo, y esto es igual a demorarse en el interior de una casa abandonada por cuyas ventanas se filtrara la luz.

Siento el encanto de ese vacío que no exige ser llenado, y me quedo quieto allí: en el silencio que los pasos sellan, esperando la dignidad, la excelencia, el realce de unos pétalos o el acorde de una música tan delicada como la penumbra.

Palpo la rara infinitud de la materia en unas pocas palabras que asiento en el papel: ya vueltas a lo extraño de sí mismas, con sus coloraciones encendiéndose y sus sonoridades mantenidas largamente.


Allí me martiriza tu sonrisa, la afelpada piel del durazno que aún perfuma el tiempo. La otredad de la sangre y de los días aparece, se detiene vagamente en el teatro de la memoria. Y en esa lejanía lo corpóreo, la sugestión que emana de lo hermético, deja fija la fugacidad de su sombra. El tiempo se desborda y se abre al infinito por un susurro apenas, por la húmeda diafanidad de una mirada amorosa y hechizante. Por un aroma.


Poesía sola, solitaria.


Y luego, cada vez más distante y abstraído, cuento sílabas, leo a los poetas que ya nadie lee, atizo el fuego de mi casa de campo; aquí, en medio de la noche urbana, lejano y transparente.


Memoria henchida, memoria agradecida de la vida: fortaléceme. Aumenta, naciente encanto, con la exquisita saciedad que es sólo tuya, mi confianza y mi fe.

Ricardo Herrera (Buenos Aires, Argentina, 1949)