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viernes, 30 de diciembre de 2016

LA PURA VERDAD







































Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me avergüenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos
me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.




Francisco Urondo






Francisco Urondo (Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976). Alias Paco. Poeta argentino perteneciente al grupo del invencionismo, que en los años cincuenta se formó en torno a la revista Poesía Buenos Aires, fundada por R. G. Aguirre. En sus primeros títulos (Historia antigua, 1956; Breves, 1959; Lugares, 1961), Urondo asimiló en su obra la influencia de dos grandes poetas disímiles, O. Girondo y J. L. Ortiz, que no habían encontrado hasta que apareció su escritura una voz que los reuniera, pero a partir de Nombres (1963), el autor agregó además elementos coloquiales y el uso de un lenguaje absolutamente personal, que lo convertirían en una de las cumbres de la poesía argentina de la segunda mitad del siglo. Sus libros posteriores (Del otro lado, 1967; Adolecer, 1968; Son memorias, 1970; Poemas póstumos, 1972) confirmaron esa singularidad, que en ocasiones se advierte también en otros géneros que el poeta frecuentó en forma esporádica, como los relatos de Todo eso (1966) y Al tacto (1967) o su incursión en la dramaturgia ( Sainete con variaciones, 1966). Comprometido en la lucha armada contra la dictadura militar, Urondo estuvo preso en la cárcel de Villa Devoto, publicó el documento de denuncia La patria fusilada (1973), y murió en un enfrentamiento con el ejército, el 17 de junio de 1976.




miércoles, 30 de noviembre de 2016

ar

ARGENTINA

es este un país en el cual se fornica a toda hora
en la hora de la serenidad y en la del peligro
se fornica con esposas propias y ajenas
con parientes
en grupos de toda edad
hombres entre sí mujeres entre ellas
fornican como pueden en este país
en este país se fornica sin alegría
no se ama como uno quisiera
en este país estamos muy tristes
nos ha ocurrido una desgracia
y ahora no hay sosiego en el corazón desorientado
y se tiene miedo
y todos quisieran abandonarse
y claman por una tregua
y no pueden amar como soñaron
ni reconocer que otros vendrán
sin nuestro señorío sin nuestra incapacidad


Francisco Urondo (Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976)

miércoles, 1 de junio de 2011

UNA RUBIA





















una mujer tiembla en tu memoria

la humedad de la tarde la corrompe

el aire y la sal de otras leyendas
no logran limpiar sus cabellos
despejar su destino

una mujer rubia maternal
pasea sus cabellos perdidos
pasea y conserva
y olvida

su paso se ahoga en la cubierta ignorada
su vestido flota

son los mismos cabellos tirados al viento
es el mismo significado

ese doloroso temblor




Francisco Urondo (Argentina, Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976)






(RECOMIENDO la selección poética realizada en el ortiba, donde se puede leer La verdad es la única realidad, entre otros poemas; y ensayos de Gelman, Verbitsky y Sasturain; además hay fotografías del autor de distintas épocas).





martes, 8 de febrero de 2011

PLAZO



Si supiera para dónde vine,
amor,
para dónde caigo,
para dónde podré volar.

Raspado,
amor,
dañado por esa mano,
golpeado por un viejo calor,
estropeado, sin duda, por unos días más
o menos.

Quisiera seguir
sin sentido,
amor,
para ir eligiendo
o mendigando amor;
eso que realmente sirve,
lo que vale la pena.




Francisco Urondo (Argentina, Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976)







lunes, 27 de julio de 2009

EL POLEN DE LA ETERNIDAD
























a Osvaldo Avena

En Porto Alegre, a orillas
de la dársena empedrada, una
negrita camina entre dos negritos.


Buscan ágilmente un lugar
para hacer el amor, y sólo encuentran
el horizonte y las piedras.


"Qué duro es el amor", dice
la negrita, "qué cercano
el horizonte" y todos nos ponemos a llorar


a gritar de rabia contra el cielo
que va muriendo en otros espacios,
tropezando con ciertos planetas menores y circunstanciales.



Francisco Urondo (Argentina, Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976)





martes, 2 de junio de 2009

ROMANA PUTTANA



















Una media de seda ha caído sobre el mar. Una multitud

clamará por el regreso del caudillo y yo miraré
tristemente las carnes rosadas y nuevas: ha nacido
en mí la gorda literatura.

Afuera el viento agita árboles y caderas. Son los arcos
del amor, la leyenda; el aire y la tierra de los hombres.

La italiana sonríe suavemente. Su ternura es grande
como los pájaros, honda como su violencia.

La habitación se ha llenado de olores concretos.



Francisco Urondo (Argentina, Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976)





ARGENTINA


es este un país en el cual se fornica a toda hora
en la hora de la serenidad y en la del peligro
se fornica con esposas propias y ajenas
con parientes
en grupos de toda edad
hombres entre sí mujeres entre ellas
fornican como pueden en este país
en este país se fornica sin alegría
no se ama como uno quisiera
en este país estamos muy tristes
nos ha ocurrido una desgracia
y ahora no hay sosiego en el corazón desorientado
y se tiene miedo
y todos quisieran abandonarse
y claman por una tregua
y no pueden amar como soñaron
ni reconocer que otros vendrán
sin nuestro señorío sin nuestra incapacidad


Francisco Urondo (Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976)



domingo, 3 de agosto de 2008

ABRIGO



Aquel tapado de armiño,

esta situación que vivimos, mi amiga,
estos recuerdos que siempre tendremos
y esta vida que juntos vamos haciendo.

Algún día, y digo por decirlo, tendremos
ese tapado de armiño;
será un tiempo más justo, forrado en lamé,
como el tapado del tango. Un tiempo sin olvido.

Ese tapado de lo que fue,
nos hará siempre felices, viejos golpeados;
y tendremos tiempo para el ocio, o para la melancolía
y nunca llegaremos a aburrirnos.

Esta nodhe espero contento y hacerlo
es como ganar la revolución; estaba escrito
que tu llegada sería como una caricia después de la pelea,
la alfombra de la victoria, el puño que consume la derrota.

Pronto será la hora de las brujas y de los secretos
y después veremos la luz y escucharemos juntos ese disco
del tapado;
comerás con apetito, con juventud y seguramente haremos
el amor,
y estarás conmigo y no tendrás miedo a nada.


Francisco Urondo (Argentina, Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976)



MILONGA DEL MARGINADO PARANOICO


Parece mentira

que haya llegado a tener
la culpa de todo lo que ocurre
en el mundo; pero es así. Han tratado
de disuadirme psicólogos y sociólogos de mi tiempo
me han dado razones de peso técnico largamente
formuladas y
parcialmente ciertas. Pero
yo sé que soy culpable de los dolores
que aquí siento y recorren el mundo; de las soledades
que lo van vaciando: quisiera saltar
como Juan L Ortiz, vociferar
como Oliverio Girondo, pero, primero, ellos me ganaron
de mano; segundo, no me sale bien y aquí
empieza todo nuevamente: otro sufrimiento
igual a diapasones y recursos
que conozco perfectamente y que no vale la pena
repetir: primero, para no emularlos; segundo,
porque tendré que ir
reconociendo que no he sabido
hacerme entender: Y esto es agudo como un ataque
que nos traga la lengua; pido entonces disculpas
por la mala impresión, por las exageraciones


Francisco Urondo (Argentina, Santa Fe, 1930 - Mendoza, 1976)