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jueves, 2 de julio de 2009

PERO LA VERDAD ES ESTA



























Me detuvo el espejo,
—el helado espejo de tu cámara pobre—
haciendo muecas para fingirme alegre.

Estoy siempre triste, pero, amigo,
yo te niego
el derecho a entrar en mi tristeza.

Sufro como una bestia y esta tarde y siempre,
y vengo de mis raros paseos de extramuros
con el alma achatada como las casas;
tienen
mis ojos, un pavor antiguo.

Un miedo cerval a mostrarme triste,
porque la tristeza la vera tristeza, está degenerada,
existen poetas que son tristes por el oficio,
y hay otros que lo son porque no son nada.

Yo tengo una tristeza sin vuelta de hoja,
una tristeza fundamental,
que ensucia las paredes de lo que se llama sentimiento
y se ensaya en el amor.

Mi tristeza es una muchacha con delantal,
en la tristeza definitiva del corredor
de una casa de departamentos.


(De: La musa de la mala pata)

Nicolás Olivari



Diego Arzeno, más conocido como Nicolás Olivari, nació en Buenos Aires el 8 de septiembre de 1900 y allí falleció el 22 de septiembre de 1966. Poeta, periodista y escritor. Desde muy joven abrazó la carrera periodística colaborando en "Crítica", "El Pregón", "Noticias Gráficas", "Reconquista", "La Epoca", "El Laborista", "Democracia", como crítico teatral y a veces desempeñándose como jefe de redacción. También lo hizo en revistas varias y radios. En colaboración con los hermanos Enrique y Raúl González Tuñón o solo, escribió para el teatro: "Un Auxilio en la 34", que fue la primera y estrenada en 1927 en el "Nuevo", "Amargo Exilio", "Tedio", "Irse", "La pierna de plomo", "Cumbres Borrascosas", "El regreso de Ulises", "Dan tres vueltas y luego se van", y con Roberto Valenti escribió para la radio "Hormiga Negra" y "El Morocho del Abasto", ésta última llevada al cine posteriormente. Tradujo asimismo numerosas obras del teatro europeo. A pesar de su labor periodística y teatral su prestigio se acentuó en sus libros de poemas.El primero que publicó fue "La Amada Infiel", aparecido en 1924, después fue dando a la imprenta, en verso o en prosa, "La Musa de la mala pata" (1926), "El gato escaldado" (1929), "Diez poemas sin poesías", "Los poemas rezagados" (1946), "Pas de quatre"; los cuentos: "Esta noche es nuestra", "La mosca verde", "El Almacén", "El hombre de la baraja y la puñalada", y el collar de estampas porteñas, "Mi Buenos Aires Querido", su obra póstuma.


ESTA BESTIA MAGNIFICA Y CLINUDA





















Esta bestia magnífica y clinuda,
portentosa ramera de dos pesos,
nacida en el festón de piedra de las esquinas,
clinuda y magnífica
y cada día más bestia,
walkiria del mulataje,
sexo tatuaje,
con el ano empotrado en la nostalgia
de su tribu cafre,
¡tiene mí amor!

Amo, a esta bestia, a esta prostituta,
autóctona y salvaje. ..
Amo su olor a Chaco,
clavado en la calle Talcahuano,
refugio de morconas y de hampones,
viaducto picaresco
de su amor que no pregunta,
que no averigua las ideas políticas del cliente
ni su opinión sobre las dictaduras.

Esta es la mujer en la que, impunemente,
se puede despreciar a todas las mujeres
y rebajarlas a torpezas ignominiosas,
y llamarla con los nombres obscenos
que uno debe callar a la consorte.

La amo en el nombre del hijo que no cuajó en su entraña
y en el cálido pelvis donde se hamacan
las murrias de todos los de mi casta,
vagos y atorrantes, poetas y furbantes
de esos que vienen al mundo protestando por haber
nacido
y que tienen siempre la boca caliente de puteadas.

La amo en el film cortado de su angustia
puramente física
-inseguridad de techo y abrigo
y amenazas de hospital—.
La amo en la raíz de sus clines
de bestia amansada
a patadas
en el vaivén grasiento de sus ancas
chamuscadas
por el turbio fuego de las lujurias
y de las injurias
que se purifican en el Asilo San Miguel.

Mujer con quien hubiera sido
feliz, compartiendo su destino,
a pesar del cuello almidonado,
dogal ciudadano
de nuestra cobardía, hermanos.

No nacimos para ello
y la vemos pasar,
con ganas de tirar
por la espalda al prejuicio.

Y la vemos pasar
rumbo a la comisaría,
y hasta nos animamos a aumentar
su vergüenza, con nuestra pillería.

Y la vemos pasar
y me retracto,
yo nunca te he amado,
¡eso, claro está!

Porque tenemos miedo
de que nos descubran la afición,
y perdamos de condición,
al pedo.

Y por eso, magnífica bestia, encelada y clinuda,
hacia quien me tira la barbarie de mi ancestralidad,
de pirata y furbante, de poeta y anarquista
a fuerza de ser haragán, informal y atrabiliario,
agacho la testa y me voy al diario
a escribir contra la trata de blancas...


(De: El gato escaldado)



Nicolás Olivari (Argentina, Buenos Aires, 1900-1966)





PIRINGUNDÍN

















El vino es malo, la comida, escasa,

de mala traza
es la mujer.

Las flores son viejas, pintadas, de trapo,
y se oye en el patio,
el resoplido de un borracho
que escupe un tabaco
tan denso de mal como este atardecer.

Corta el silencio, cuchillo de níquel,
un silbato policial.
La dueña cierra el portal,
pone a la moralidad un dique.

Horas inciertas de sombra y de crimen,
viejas que gruñen en la parda azotea,
¿qué hacemos madama?, la vida es tan fea
como casi tu ausencia de himen...
¡vámonos a yacer!


(De: El gato escaldado)

Nicolás Olivari (Argentina, Buenos Aires, 1900-1966)