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jueves, 2 de noviembre de 2023

Visita a un recinto de té


I

Tendrá el recinto de té
paredes de maderas nobles
techo de bambú

para llegar a él desde la casa
atravesaremos un jardín,
el aroma sutil de las estaciones.

En el centro
un árbol infinito de té
tocado de rocío.

II

Ante la pequeña puerta del recinto
inclinaremos la cabeza
en señal de humildad.

No llevaremos nada de metal.

Entraremos descalzos
en el tiempo del té.

III

Los colores serán apagados.
El recinto permanecerá en sombras.

El vapor se elevará del caldero,
invitará a nuestros muertos
a la ceremonia del té.

(de Kasu, La Gran Nilson, 2019

(Voces entramadas-a:Capela ediciones
EPUB, Bibilioteca virtual, 2021)
Marisa Negri


Marisa Negri (Buenos Aires, 1971) es poeta, docente rural de islas, editora y bibliotecaria. Publicó los libros de poesía: Caballos de arena, Estuario, Las sanadoras, Nautilus, El jardín de las estrelicias, Hebra y Kasu. Coordina Poesía en la Escuela junto a Ale Correa y el sello La Ballesta Magnífica junto a Dani Rodi y Gabriel Martino.Contacto: @marisanautilus //marisanegri@gmail.com


 

miércoles, 14 de abril de 2010

EL HOMBRE QUE INVENTÓ EL UNIVERSO





















Pablo de Rokha es el poeta de la desmesura, influenciado por el superhombre de Nietzsche y las ideas de Sigmund Freud compone su cosmos poético haciéndose portavoz de la humanidad. Vale la pena adentrarse en sus textos y dejarse llevar por ese paisaje incandescente en donde la medida es la profusión de adjetivos; colosal y tremendista, el poeta es un mendigo mesiánico que a la manera de Dios lo maneja todo; mares, ciudades, cataclismos. Su extensa obra incluye los libros El folletín del diablo, Suramérica, Morfología del Espanto, Acero de invierno, Fuego negro, Sátira y las antologías Epopeya de las comidas y bebidas de Chile y Mis grandes poemas.
"Agarro las palabras por la garganta y, aunque me muerden las voy domesticando... " dice el que aún no es Pablo de Rokha. Es Carlos Díaz Loyola, nacido en octubre de 1894 en Licantén "la tierra de hombres de piedra ". Es el mayor de los hijos de Don Ignacio y el único que se atreve a mirarlo a los ojos.
En su pueblo natal lo llaman el amigo piedra y este apodo dará origen a su seudónimo poético.

"Encima de los cantos estáis vosotros"

En 1916 conoce a la poeta Luisa Anabalón Sanderson, se enamoran y se casan en 1922, fecha en que se publican Los Gemidos. Luisa acompañará a Pablo 35 años y tomará el nombre de Winétt de Rokha.
El "Clan de Rokha" vive humildemente, alquilando distintas viviendas, alimentándose con la cría de animales y el huerto familiar; ofreciendo hospedaje a poetas jóvenes que llegaban desde el interior, o a amigos en bancarrota. Pablo realiza sus propios libros y sale a venderlos por los pueblos, muchas veces termina canjeándolos por comida a los campesinos.
Edita importantes revistas como Dínamo y Multitud, en las que expresa enardecidamente sus ideas literarias y políticas. En estas publicaciones y en el diario La Opinión, Huidobro, Neruda y de Rokha protagonizan una contienda estética que los enfrentará de por vida. Cada poeta tiene su séquito, y el combate exhibe curiosas reglas de juego, como por ejemplo la vez en que dos nerudianos esperaron a Vicente Huidobro en la estación Mapocho para pegarle una patada en el trasero. El autor de Altazor redactó para el diario el episodio como un match de boxeo.
La vida familiar del poeta está signada por la tragedia, dos de sus hijos mueren pequeños, en 1951 muere su amada Winétt, años más tarde su hijo Carlos a los 42 años, luego de haber padecido severos trastornos mentales y finalmente su hijo Pablo, quien vivió con él y fue su secretario se suicida en mayo de 1968. Tres años antes de su propia muerte Pablo de Rokha recibe el Premio Nacional de Literatura. Durante años los rokhianos organizaron anualmente una comida de desagravio cada vez que no se lo otorgaban.
En septiembre de 1968 decide quitarse la vida con el mismo revólver que usara su hijo.

La furia y la ternura

En su poesía conviven los opuestos: cielo e infierno, lo metafísico y lo popular, el apocalipsis y el nacimiento. Todo puede ser sustancia poética "escoged un material cualquiera, sí un material cualquiera, un material cualquiera determina la biología del poeta, la diagnostica; escoged un material cualquiera, como quien escoge estrellas entre gusanos...".
Así es como caen en la epopeya rokhiana las comidas y bebidas de Chile, los pájaros de alambre triste, el comunismo y la religión. Poseedor de la verdad absoluta, intransigente en su postura de compromiso social ilimitado, juzga desde su grandilocuencia poética a políticos de derecha y de izquierda, a poetas e intelectuales. Esto le vale entre otras cosas la expulsión del partido comunista. En su voz ronca crepita el aguardiente y en cada repetición se acentúa el abismo, 'está lloviendo, está lloviendo, ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo siempre... "como agua derramada crece la angustia existencial en un tono de arenga universal en el que el poeta es "el hombre que rompe su época y arrasándola le da categoría y régimen "pero también "queda hecho pedazos y a la expectativa ".
2 marzo 1999
(De la revista
La Guacha Nº6.
Bs.As.,1999)

Pablo de Rokha (Chile, Licantén, 1894 -Id., 1968)



jueves, 26 de noviembre de 2009

LAS SANADORAS



Fragmentos
I

extendió sus manos y cayeron estrellas sobre la tierra recién creada
la primera despertó hacia el sur y estiró sus pistilos danzantes como muslos tocados por la gracia
aún el mundo era de agua
plateado bajo el sol ondulante
aquí y allá nacían nuevas arborescencias como huevos o madejas que rumiaban al viento
ella se recostó entre delgados tallos morados y soñó

II

Rojo
Ardiente
almibarado
quien se abre a sus perfumes
no retorna jamás
todos los viajeros perdidos son jardineros
ella recompensa sus favores
les enseña a mirar

III
Nadie sabe dónde se encuentra el jardín de las estrelicias
Lo sueñan las vírgenes la primera noche del amor
y juegan en él los niños en sus fiebres
cada primavera la maga suelta dos calandrias de oro
traza un puente entre los mundos
permite a los viajeros volver a su hogar
Nadie ha querido regresar

IV
En el pueblo todas las novias llevan un talismán de palo santo
Si alguien lo robara mientras duermen
ellas despertarían en el jardín

V
puso arroz blanco sobre una hoja de palma
y danzó la primera palabra
el cielo desteñía colores delicados agua que beber
gramíneos los tallos su talle vuelto espuma
ella machacó el anís extrajo aceite de los pétalos blancos
depositó en mi mano esa materia rugosa
(la última palabra dispersó los fantasmas en la noche)

VI

y ahora el jardín de las estrelicias palidecía en estambres quemados
la belleza es monstruosa y nace para disolverse
algo desconocido se agitó entre los caldenes
(nombramos para alejar la muerte)

VII

Después de la lluvia oteó el horizonte
mezcló miel y laurel rumió sus palabras santas
la nieta se hamacaba ausente sobre el tronco de un aguaribay
aprenderá pronto se dijo la vieja
(Ningún jardín es perfecto sin su dosis de muerte)




(de Las sanadoras)*


Marisa Negri



Marisa Negri. Poeta argentina, nació en Buenos Aires en 1971. Es profesora de Castellano, Literatura y Latín y se especializó en Educación por el Arte. Ha coordinado talleres de escritura para diversas instituciones de todo el país. Participó con una serie de haikus de la muestra Satori en la galería Masottatorres (San Telmo, Buenos Aires). Actualmente cursa el posgrado de Arte Terapia (IUNA) y coordina el proyecto de arte Labrys en la ESB 186 de La Matanza. Publicó los siguentes libros: Caballos de arena (Poesía, Nuestra América, Buenos Aires, 2003); Un camino en la selva, un paso a la libertad (Antología de Ramón Quichiyao, Futrono, Chile, 2004) y Al filo del gozo (Antología de poesía erótica preparada por Marisa y Socorro Trejo Sirvent, Viento al hombro, 2004) y Estuario (Ediciones en danza, 2008).

*Los poemas publicados pertenecen a un libro inédito en preparación.



abrigos

a kuqui negri

sigue lloviendo viejo
pasa el tiempo y todavía no
las palabras no se juntan con tu muerte
mi vida no se junta con tu muerte
no hay caso
vi una granadina en el supermercado
los cigarrillos nevada en un kiosco de uruguay
cosas así
me preocupo especialmente de recordar tu voz
la llevo cerca como un abrigo que pudiese
perder
sale tu voz a cubrirme porque es tarde
y estoy con las manos heladas tratando de

escribir
desandando la pena
desanudando
desnudando
desnuda
des
o

sed
de vos


(de: Caballos de arena, 2003)

Marisa Negri (Argentina, Buenos Aires, 1971)




domingo, 8 de febrero de 2009

ESTUARIO

Fragmentos



su hueserío se desliza por la casa quién seré después de tantas despedidas qué músculo o nave quedará en pie cuando el último rastro de todo lo amado se disgregue en la noche

y ella que no viene se digna a dilatar los crisantemos los lentes negros el nudo va dejando sus hilachas ella arrulla la indolencia hasta dejarnos dormidas




un laberinto no es una casa una casa alza sus paredes defendiendo el territorio las fijaciones en las que se instala la angustia cultura del sacrificio olor a comida una casa es en los libros de lectura una madre que teje los felinos no son de fiar nada decían los silabarios sobre la urdimbre de quien tejía desesperación y tedio en esa tarde de bucólica estampa maqueta de vidrios esmaltados una casa no es un laberinto




llegar tarde a la púa del disco que vuelve al mismo surco sin sembrar no habrá espigas ni panes ni santa comunión -el blanco engorda -decía barby mientras peinaba papeles plateados bailarinas o grullas que nunca iban a volar




una mano del abuelo héctor me ocupa casi toda la espalda mis diez años sobre su regazo acunándolo su llanto es un volcán de leche desolada pienso en salvavidas en el bote de la isla en esa viejita de ojos grises que ahora parece de cera en la habitación de al lado las tazas el abanico chino la lata de las galletitas todo flota y va cayendo en cascada por la ventana hacia la galería mi mano acaricia su cabeza enorme que huele a glostora alguien quiere mandarme a jugar con los otros bajo la glicina estoy ocupada murmuro mientras canto bajito para que mi hijo se duerma




el jugo oscuro de la zarzamora escurriéndose en la boca hablo con la señora del espejo le cuento del ala de mariposa que encontré bajo la piedra y ella ríe con sus labios violáceos su vestido verde la mano hacia atrás se alimenta de polen igual que las abejas o de los frutos rojos del ligustro quiere que vaya más allá del reino al otro lado de la calle una ofrenda de frutos y bolillas del paraíso para permitirme el paso

el jardín delante de la casa el silencio de la siesta en un pueblo de provincias





los niños perseguían hilos plateados por la casa el pulso enloquecido la niebla escindida por un leve soplo un giro y otro giro y otro giro canción de náufragos y más tarde casi muda entre los grises del zócalo una babosa

la retahíla del amor y su desmesura




un sendero con flores de romero la lata de leche nido de la que asoma un malvón mi madre protesta los moños desatados el vestido blanco impresentable pero la abuela me dice yuyerita pone sobre mis brazos rodajas de papa para el exceso de sol aloe en los raspones de las rodillas cada brizna tiene su secreto en el jardín los tamarindos entregan sus hojas agridulces para calmar la sed y la ruda a un lado de la casa aleja la mala conversación al mismísimo oscuro si hace falta yuyerita hay que pedirles permiso a las plantas para que entreguen su virtud cortarlas con la mano fuerte en el nombre de san Juan esa higuera es tu árbol de nacimiento yuyerita una velita roja y tres deseos cada año a sus pies



Marisa Negri (Argentina, Buenos Aires, 1971)



Los poemas fueron tomados de su libro: "Estuario", de Ediciones en Danza, Bs.As., 2008.