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jueves, 14 de enero de 2016

MATERIA OSCURA



























Lo frágil, infinito.
Lo indestructible, el olvido,
cae
por su propio peso.



La gente exageradamente agradecida 
oculta un monstruo.



GATA FLORA

Desgajate, sacate ese traje
a la medida del tedio.

Poné tu cuerpo de cara al mundo, poeta.



RAÍCES EN EL CLARO 

Todo lo que veo, son pájaros.

La liebre de fuego guía la búsqueda.
Huye, escurridiza, flamea amarilla roja
naranja en la llanura.

Pájaros atontados, adobados en hollín.
Ya no vuelan, trepan mesetas, 
encandilan lo claro.

Están los solitarios, recluidos mudos, 
no pueden con el mundo.

Algunos pocos, son pájaros de luz.



A LA SOMBRA DEL TILO

Viene del monte un aroma a casuarina 
y lujuria recién lavada
                                         que me envuelve

Arrojo los dados minerales:
números tallados por la constancia del viento
                                         astillan mi suerte
Ella gotea hacia arriba y cae
                                                   desnuda
      pero dispuesta

No hay dádivas para este corazón 
                        señor de la mañana

Altagracia en derredor, no tengo más verdad
que un salvaje palmar
                                     y el éxtasis en puntas de pie
de saber que este amor
                                        se come
con las manos.



SAUCE PARA MI FIEBRE

Remonto el río azul de los pájaros
La vieja embarcación deja su estela 
Mientras el agua replica su huella 
en mi alma  
                   me inclino
                                      rodilla blanca sobre arena 
Río quimera 
                     Estrella perpendicular en la tierra
Sueño una cabaña en tu orilla y los maderos 
                                                      ardientes 
                               cada noche

Ese retoño de humo sobre humo que se dispersa 
me revela historias de otros que vivieron
y empeñaron su locura 
a tu vera

En tus islas vírgenes de verdades 
secretear una plegaria húmeda 
a ese sauce criollo que no lagrimea 
                                                         pero que sana 
                    esta fiebre verde




Lucio Madariaga 





Lucio Madariaga. Nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en 1985. Estudió la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires, que dejó inconclusa. Recibido de la carrera de Periodismo General en TEA (Taller Escuela Agencia). Trabaja en el Fondo Nacional de las Artes. Escribe colaboraciones para publicaciones nacionales y del exterior, y ha trabajado en radio y televisión. En 2015 compiló y prologó el libro de ensayos, crónicas periodísticas y ponencias “No soy ni la sombra de un crítico” del poeta Francisco Madariaga, que pubicará Ediciones Espacio Hudson. Los poemas que presentamos pertenecen a su primer libro de poemas “Materia Oscura” editado en La Pulga Renga de Rosario (2015). Se encuentra trabajando en “Baraiba”, su segundo libros de poemas.






viernes, 30 de agosto de 2013

Atardecer durazno


Siempre más sonriente al desastre más bello
Mallarmé

Zócalos sin lijar
                          maderos imperfectos
Tierra blanda suelo baldío

Caen sobre mi cabeza los durmientes de tacuara
Se desmorona el espacio junto a la humedad
de los juncos de cielo
                                   y el tiempo atardece

Por el extremo izquierdo de los escombros
          -en perfecta diagonal-
entra un haz finito y concentrado
                                                      de luz durazno

Se posa en la parte superior de mi mano
como una mariposa que cobija
           una perspectiva
un mensaje

Logro asir con dulzura lo luminoso
hasta en los peores
                               atardeceres





Lucio Madariaga (San Cristobal, Buenos Aires, 1985)




viernes, 20 de enero de 2012

Metamorfosis a la intemperie



No haber nacido animal es una de mis secretas nostalgias.
Clarice Lispector

Un noche te soñaste tocando cumbia en un matorral
y estabas solo,
sin pesares,
conquistando luciérnagas con tu piel, saltando
como una rana loca de humedad,
regando el roce de tu acrobacia junto al rocío,
rodeado por un cortejo de moscas con olor
a jazmines,
corriendo desbocado y revolcándote
en estrellas.

Un día despertaste y la profecía
se había cumplido:

eras un animal.



A la sombra del tilo

Viene del monte un aroma a casuarina
y lujuria recién lavada
que me envuelve

Arrojo los dados minerales:
números tallados por la constancia del viento
astillan mi suerte
Ella gotea hacia arriba y cae
desnuda
pero dispuesta

No hay dádivas para este corazón
señor de la mañana

Altagracia en derredor, no tengo más verdad
que un salvaje palmar
y el éxtasis en puntas de pie
de saber que este amor
se come
con las manos.



Atardecer durazno

Siempre más sonriente al desastre más bello
Mallarmé
Zócalos sin lijar
maderos imperfectos
Tierra blanda suelo baldío

Caen sobre mi cabeza los durmientes de tacuara
Se desmorona el espacio junto a la humedad
de los juncos de cielo
y el tiempo atardece

Por el extremo izquierdo de los escombros
-en perfecta diagonal-
entra un haz finito y concentrado
de luz durazno

Se posa en la parte superior de mi mano
como una mariposa que cobija
una perspectiva
un mensaje

Logro asir con dulzura lo luminoso
hasta en los peores
atardeceres



Lucio Madariaga (San Cristobal, Buenos Aires, 1985)