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jueves, 8 de diciembre de 2022

SANSETTI (2018)

 


VERBO

Cada cosa del mundo comenzó en unos labios,
No es el amanecer el revés del crepúsculo,
Ni los tigres del agua son los tigres del fuego 
Ni bastan seda y sangre para tejer la rosa.

Qué tintas y metales el taller de los nombres,
Con cada hoguera a punto de volar y ser pájaro, 
Hay peldaños y hay hierbas que esperan su profeta 
Pero quizás la luna se cansó de su música.

Silban, tiñen, aroman, pero la luz se quiebra 
Y más allá hay silencios sobre ramas de cuarzo, 
Cada nombre se duele del cielo que ha perdido, 
Las palabras voraces persiguen las palabras.



VIDA

Sangre, lo que fue hecho para no ser visible,
Las músicas oscuras de la savia que asciende,
Los laberintos previos que intentan ser la rosa,
El futuro implacable aún disperso en sus causas.

El tiempo y sus innúmeros mecanismos de arena,
Los cansados planetas mendigando en los sueños, 
Cuando en trenes mojados las ciudades se ausentan, 
Todo lo que se abisma cuando Dios parpadea.

En el cristal las lágrimas que agrandan los suburbios, 
Que entre tantas miríadas sólo un dolor exista,
El anciano en las ráfagas de los otoños muertos,
La mañana guardada bajo guerras y escombros.



ELLA

Alguien guardò en sus cántaros la belleza que pierdes,
Con ella alumbra túneles en noches de tormenta, 
Presta tus viejas sílabas al eco en las terrazas, 
Peleará por tus ojos al final con la muerte.

Tú no hagas caso, mira las piedras como incendios, 
Pon las tres lunas rotas al pie de las murallas, 
Enumera los huesos del ala del murciélago,
Oye la honda cigarra de los bosques solares.

Un rubí fue bastante para desviar el río,
Una hoja de tilo desamparó una espalda,
La ciudad de altas torres se perdió por un beso 
Pero al fin nadie supo de quién fueron los labios.


TATUAJE

Usa la voz de un río para medir la noche 
Mientras los soles cambian de color en la hondura, 
Un día verás lo que hubo antes de lo visible,
Los rostros que se forman uniendo las estrellas.

Y esa tarde, ese crimen, ese avión, esas ráfagas, 
Todo tendrá un preciso lugar en el relato,
Verás volver tu infancia desde un planeta en llamas, 
Verás el beso incauto que se alargó en herida.

Cada calle empinándose desde su propia sombra, 
Barcos que en su desvelo retienen las bahías,
Y esos brazos tatuados que fueron tu refugio 
Cuando caían los mundos y temblaba el futuro.



(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina



William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954), poeta, novelista y 
ensayista es considerado uno de los escritores más destacados de las 
útlimas generaciones y sus obras son mapas eruditos de sus amores 
literarios, acompañados de declaraciones ideológicas sobre la Historia y 
el mundo moderno. Autor de numerosos libros de poesía, entre ellos  "Hilo 
de arena" (1986), "La luna del dragón"(1992) y "El país del viento" 
(Premio Nacional de poesía del Instituto Colombiano de cultura, 1992, y de 
ensayo, como"Los nuevos centros de la esfera" (Premio Ezequiel Martínez 
Estrada de Casa de las Américas, La Habana (2003), "Es tarde para el 
hombre (1992), "¿Dónde está la franja amarilla? (1996), entre otros. Entre 
sus títulos más recientes destacan: "El año del verano que nunca llegó" 
(2015),"La lámpara maravillosa"" (2015) y "Guayacanal" (2020). 

(Biografía parcial tomada de la solapa de la edición de Lumen). Nota del 
administrador.   


martes, 6 de diciembre de 2022

LA MUCHACHA DE LA FOTOGRAFÍA

 



Lo que me inquieta
es que esa frágil criatura disuelta por los años 
siga siendo belleza para el mundo.
Las pocas veces que la vi sentí asombro.
Quise saber qué centro indefinible,
qué invisible alfarero va ordenando en belleza
la substancia terrestre;
por qué designio sus cabellos copiaban
el oro evanescente de los atardeceres,
bajo qué ritmo suavemente sus párpados
hablaban de la luz y del sueño,
de qué manera tan perfecta y terrible
su piel suave y sus gestos
ocultaban su red de misterios y entrañas,
la animal persistencia del corazón en la sombra,
la sangre ciega por las negras arterias.
Nadie, viendo los giros de su danza,
quiere pensar en esa fronda interna
de calcio y linfa y púrpuras fractales,
ni en cómo se destilan el sudor y las lágrimas,
ni en cómo avanza el aire a ordenarse en canciones
por la red de los bronquios.
Ni en las internas flores de su sexo,
ni en los cimbreantes nudos de bambú de las vértebras
por la espalda adorable,
ni el paladar estriado y rosa y dulce
tras el milagro de la risa.
Lo bello es sólo la expresiva apariencia 
y lo más misterioso es lo visible.
Viéndola, yo sentía que el amor es hermano 
de la fe, y el saber hermano de la duda.
Por eso no entendí las sombras de su alma.
Pensábamos que la belleza era la irradiación de la dicha, 
pero la indescifrable muchacha sufría.
Que el esplendor que dura en sus retratos
era expresión de un orden.
Pero era un estallido de la sombra el relámpago. 
También irradia su fulgor la desdicha.
Todo oculta sus causas, 
y donde el hombre ve en la carne fértil 
la tácita promesa de vida inagotable, 
también hila la muerte otras promesas.

Mira esta imagen.
Libre ya de su abismo,
mírala aquí deslumbrante y perfecta.
Mira la risa mágica que acaso
no era en el alma risa sino desvelo y súplica.
Mira el hermoso cuerpo que incesante aún irradia 
su tentación, como una flor perfume.

Pulió la muerte su labor más perfecta,
disgregó lo adorable,
pero dejó esta rosa a la memoria.
Y aquí la joven danza ya más bella en su ausencia, 
con rostro indestructible.
Nada en su risa de la activa tiniebla, 
nada en su forma de la impura angustia, 
nada en su carne mortal de la muerte.

Como si fuera el sufrimiento un pretexto 
para que dure la belleza, 
para que sigan los hermosos labios 
riendo de su tormento.

(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)



IMAGEN: La actriz francesa Emmanuele Béart.


domingo, 4 de diciembre de 2022

¿CON QUIÉN HABLA VIRGINIA CAMINANDO HACIA EL AGUA? (1995)

 


NIETZSCHE

Está muriendo un Dios en el centro de un ópalo del color del crepúsculo. 

Está muriendo una hoja de hierba en el pecho de Cristo.
Está muriendo una rosa en el aire estancado de la catedral de Maguncia, 

traspasada en el aire por una quemante aguja de sol.

Está muriendo una llanura donde retozan embriagados leopardos.
Está muriendo un ángel sobre un glaciar blanquísimo.
Está muriendo un barco lleno de ancianos en una colina del cielo, 
en un aire cargado de delfines livianos y azules.

Está muriendo una cúpula bajo el asedio de las mariposas.
Está muriendo un lupanar lujoso y sonoro de besos enfermos.
Está muriendo mi corazón bajo los crueles halcones del olvido de Lou. 
Me estoy borrando en sus pupilas bellas y esperanzadas como comienzos.

Está muriendo un pájaro en un bosque de nubes.
Está muriendo una luna glacial bajo mis sábanas de seda.
Algo muy bello está borrándose por las bahías de mi infancia.
Algo muy triste calla en sus violines.




MÁS ALLÁ DE LA AURORA Y DEL GANGES


Buda le dijo al elefante:
eres la montaña que se ha puesto en camino.

Buda le dijo al rio:
eres el sendero de cantos que inventaron los dioses 
para que las cumbres blancas conozcan los abismos azules

Buda le dijo a la Luna:
el que te vea desde el amor se sentira mas amado, 
el que te vea en soledad se sentirá más solo.


(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)



IMAGEN:  Nietzsche hacia 1875 por Friedrich Harttann.


viernes, 2 de diciembre de 2022

EL PAÍS DEL VIENTO (1992)

LO QUE DICE UNA MUJER VIEJA 
EN UN PUERTO DEL PACÍFICO

Este rostro fue bello, pero la belleza no es más que el resplandor de lo 
nuevo o lo eterno,
y aquí de las antorchas extinguidas mi carne es la ceniza.
¿De qué nos sirve lo que puede perderse?
Estas manos morenas empuñaron la espada. No ría usted, yo fui    guerrera,
yo entré en la batalla y arriesgué mi cuerpo en sus vórtices de humo    y 
de hierro,
y acaté la voz de mi hombre como un soldado más de sus tropas,
pero en la noche de la victoria fue mío su lecho,
para mi dócil desnudez su desnudez invasora,
para mi oído atento el misterioso rumor de sus labios.

Todo ocurrió hace mucho, tantos han muerto ya, 
tanta ceniza se va vertiendo en el suelo insaciable.
Pues la vida consiste en ver cómo se quiebran las espigas,
las altas y asombrosas vidas maduras que deben volver a lo informe,
en ver cómo se vuelven uno tras otro a la tierra los orgullosos corazones
que hicieron temblar al destino, que fueron la risa y la música,
la lealtad, la vanidad, la verdad, la perfidia,
los antiguos juegos humanos;
en ver cómo se borra lo increíble sobre los flancos de la montaña,
cómo se desvanecen en el cielo las nubes magníficas,
hasta que llega nuestro turno,
donde morían las letras la muerte de la página,
donde morían los peces la muerte tumultuosa del mar,
donde morían los colores la incomprensible muerte de las pupilas.

Estoy vieja, lo ve usted, y no sé a dónde fue mi belleza, 
a dónde fue mi esplendor, a dónde fue mi victoria, 
la plenitud que toqué con mis manos, la maravilla que besé con mis 
      labios.

Recosté mi cabeza en el pecho de aquel que gobernó las tormentas,
respiré la saludable envidia de las repúblicas,
moví al odio y al amor y a la veneración a miles de seres.
Nadie ha dejado ofrendas más preciosas en las fauces del tiempo.
En este puerto miserable, en un cuarto cualquiera, 
viviendo de un humilde comercio, 
en esta ranchería bajo cielos de amarillas tormentas, 
llena de selva el alma ya, llena de mares viejos, 
oyendo el partir de los lentos barcos decrépitos, 
yo trato de vivir, yo trato de espantar mis recuerdos 
como si fueran pájaros malignos;
en la luz de azafrán de las tardes bato en vano mis brazos 
espantando aquellos años de oro,
la embriaguez de las crueles batallas, la hora de las capitulaciones, la 
entrada bajo lluvias de flores en las ciudades libres, 
los orgullosos desfiles, las damas mudas en los bellos balcones, 
y yo entre todos los soldados, digna y radiante, 
la mujer del guerrero.

Pero lo que no pudo la batalla lo pueden los minutos inexorables, 
que ablandan la carne y fatigan los ojos y afantasman los finos cabellos y 
aquietan el corazón bajo los cielos invadidos.

Como las balas en el pecho del Mariscal, la enfermedad en su pecho, mi 
hermoso General dijo adiós a sus vastas repúblicas 
y sobre su ceniza recién enmudecida se alzaron las guerras facciosas, 
y todo se dio al cambio, al examen del fuego.

Yo, que lo tuve todo, sé que es de humo el mundo, 
reales de oro, trajes de seda, el poder, la victoria, 
nada resiste al soplo del viento sutil e implacable.

Nadie me reconoce, y ya no quiero que me reconozcan.
Soy una mujer más, una anciana que vende pescado en la plaza, 
no aquella reina en los salones radiantes, centro de un círculo de reyes   
   de espadas.

Nadie podría reconocerme sino uno.
Ese que llega cuando estoy sola al atardecer, en el balcón ruinoso mirando 
al mar que se apaga en torbellinos de amaranto y de sangre, ese que me 
susurra al oído «Manuela» y hace correr la sangre otra vez     joven por 
mis venas,
y que al volverme es vasto como el atardecer porque está junto a mí y me 
sacia de orgullo,
ese que intento rechazar con mis manos rugosas y viejas 
porque es un joven aún, elegante y travieso, 
ese que trata a una vieja pescadera como si fuera una reina, 
vestido de soldado en estos tiempos muertos,
ese que viene a decirme que sólo es nuestro lo que no podemos perder, 
lo que impregnó de orgullo cada fibra, 
un alto sueño de un día altivamente llevado y vivido, 
altivamente sostenido contra la tempestad, contra el mundo, 
y escrito con amor en cada piedra para que las noches en torrente     lo 
borren
y el día desnudo lo vuelva a escribir cuando una mano aparta las hierbas   
  fragantes.

Usted no creerá que un guerrero llega al crepúsculo
a esta cabaña olvidada en este puerto en ruinas,
al pie de un mar hirviente de calor y mosquitos,
pero debe saber que aunque los vivos sí,
los muertos nunca olvidan,
los muertos son antiguos como el aire y perduran,
soplan sobre los rostros evanescentes de los vivos con salvajes perfumes
y hacen pasar un alto pregón que habla del honor y la pasión y el orgullo
sobre los largos muelles abandonados.

(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)
William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)




IMAGEN: Anciana (De archivo).

 


 














miércoles, 30 de noviembre de 2022

LA LUNA DEL DRAGÓN (1991)


CASAS


Las casas donde he vivido hacen viajes de noche,
vienen en silenciosas bandadas desde abandonadas ciudades,
desde pueblos que asedian carboneros,
y siempre me encuentran en un sitio de la oscuridad,
ante una lámpara me encuentran, o en un lecho solitario,
y vuelan a mi alrededor como cosas de bruma,
muros y puertas que ya son pensamiento y nostalgia.
¡En cuántas he vivido desde los grandes días de mi infancia! 
Quiero esquivarlas porque traen, como viejos papeles, 
el testimonio de otros que fui,
de muertes que esquivé, de insomnes radios arruinando las tardes, 
de amores que fingieron ser el único amor, el verdadero, 
y que después huyeron como los caudalosos años en que ardían.
La substancia de mi ser parece cambiar como ellas, 
y pienso en tantos seres que recorrieron siempre 
una misma región de pasillos y salones y puertas 
y crecieron tal vez con un alma más firme.
Es más definitiva toda pérdida
cuando la edad del perdedor quedó también dispersa, 
tras esas puertas que no abriremos nuevamente, 
tras esos muros que después cayeron, 
en sitios donde hubo casas espaciosas y frescas 
y ahora hay duras torres orgullosas
o sólo un campo que recorren sin prisa vientos que olvidan.
Porque así sé que sólo lo que se queda en la memoria perdura, 
que ninguna lealtad me reclama en esas habitaciones lejanas.
Así he entendido que no hay morada
sino la que proyecta el corazón sobre un espacio cambiante, 
ni techo más fiel que ese de blancas nubes y estrellas, 
ni otro suelo que aquel de rumorosa hierba que aguarda.




LA JOVEN FLOR PLATÓNICA

Disgregada en las rosas del sueño y del olvido, 
con espinas de acero que enrojeció la historia, 
replegada en las íntimas rosas de la memoria, 
la rosa es una rosa para cada sentido.
Leve esfera de pétalos que en frágil fuego asoma, 
luz que una mano copia con su matiz exacto, 
fresca rosa de seda que fluye bajo el tacto, 
densa rosa de almíbar, tenue rosa de aroma.
En cada puerta el ángel de un deleíte distinto, 
imaginario alcázar, cristal y laberinto, 
melodiosa en los labios y en las letras cautiva.
Esfera multiforme, llama de amor violenta, 
ayúdame a ser Uno, bajo este sol que inventa 
una rosa de sombra junto a la rosa viva.

(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)
William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)




IMAGEN: Fotografía de Olga López  de Larrinzar -Puerta entrabierta


 
 

lunes, 28 de noviembre de 2022

POEMAS TEMPRANOS



A BROKEN BUNDLE OF MIRRORS


Cada mañana nuevamente pido, 
lejos de esas colinas y esa tarde, 
que haya un espejo eterno que nos guarde 
después de la ceniza y del olvido.
Y busco nuevamente cada día, 
huyendo del rumor ajeno y triste, 
la música severa en que dijiste 
tu adiós que era promesa y que mentía.
Ya se borra aquel sueño, la promesa 
ya nos deshace en el jardín secreto.
No volverás, el ciclo está completo, 
hoy sé que aquí, otra vez, la vida empieza.
          Pero recaigo en esos cuartos, lejos, 
          y me rasgan las manos sus espejos.


(De: "Poesía completa",
Ed. Lumen, 2022)

William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)



IMAGEN: Adelina Carrion- Espejos rotos



 

viernes, 13 de marzo de 2009

AMOR







La piedra ama a la nube,
pero ese amor es sólo desesperación de su propia quietud.
Se lo dije, pero ella replicó
que ese amor también es siglos de nube en su alma.


William Ospina




William Ospina. Poeta, ensayista, novelista y traductor colombiano nacido en Padua, Tolima, en 1954. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en Cali, dedicándose más tarde al periodismo. Es autor de los libros de ensayos, Aurelio Arturo (1991), Es tarde para el hombre (1994), Esos extraños prófugos de Occidente (1994), Los dones y los méritos (1995), Un álgebra embrujada (1996), ¿Dónde está la franja amarilla? (1997), Las auroras de sangre (1999) y Los nuevos centros de la esfera (2001); y de los libros de poemas, Hilo de Arena (1986), La luna del dragón (1992), El país del viento (1992) y ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua? (1995). En el año 2005 ha publicado su primera novela Ursúa, en la que aborda la historia de Pedro de Ursúa, conquistador español fundador de la ciudad colombiana de Pamplona. Un verdadero testimonio dramático de la colonización. William Ospina está considerado como uno de los poetas y ensayistas más destacados de las últimas generaciones y sus obras son mapas eruditos de sus amores literarios, acompañados de declaraciones ideológicas sobre la historia y el mundo moderno. En 1992 obtuvo el primer Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura.


jueves, 6 de noviembre de 2008

EN LAS MESETAS DEL VAUPÉS




Qué son las canoas sino los árboles cansados de estar quietos. Qué son los postes de colores sino los árboles hundiendo sus raíces en el cielo.
Qué son los puentes colgantes sino los árboles jugando con el vértigo.

Qué son las alegres fogatas sino los árboles contando su último secreto.


Follaje de las ondas que va quedando atrás con el golpe del remo,Follaje de sonidos que en torno de los postes enardece al guerrero,
Follaje de invisibles caminos que comienza en el confín del puente,
Follaje de humaredas que ascienden en desorden entre las titilantes orquídeas.

Con granadillo hice el bastón para espantar a los malos espíritus. Con la madera del caobo hice las cuentas de un collar para tu pecho oscuro. Con fruto seco del tekika hice la copa en la que le ofreciste el agua.
Con la madera del laurel hice esta flecha.





William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)





domingo, 10 de agosto de 2008

EL ESPEJO



Una región del muro está hechizada.

Sólo el ojo lo sabe.
Un cristal incansable paso a paso repite
las rectas sombras que la tarde desplaza.

Terriblemente dócil, no desdeña
la vertical sinuosa de una hormiga extraviada
y al fondo de sus cámaras
también crecen las plantas.

A veces miro ese país extraño
cuyos hombres no tienen más lenguaje que el gesto,
ese país sin música.

Sé que no puedo ser ese hombre que me mira,
sé que a él no lo alcanzan el temor ni la idea.

Cuando la noche apaga las letras y los ángulos,
en su país de eclipses
él no te ama.




William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)




UN ANARQUISTA
























Yo no soy el que mata a distancia, escudado en el aire invisible.
Yo no soy el que hace inviolable su crimen bajo el ropaje de una
ley
una iglesia.
Salgo de en medio de las multitudes, ebrio de indignación y de
cólera;
no me importa morir, sé que mi muerte es poco comparada con
esta
empresa espléndida
de mostrar al tirano que su carne es mortal, que hasta el último
esclavo
puede tocar la estrella con la frente, puede tomar el hacha de la
justicia;
que no hay nadie tan mísero que no pueda despojar a un rey de
su trono,
que hasta el último hombre puede ser en su hora el estruendo y el
rayo de un Dios de cólera.
Avanzo hacia el cortejo marcial; quedan atrás la multitud
y el pasado.
Tomo las riendas del caballo del príncipe, miro su rostro elegante
y perplejo.
Apunto el arma hacia su pecho cargado de medallas y emblemas.
Ya en vano corren hacia mí los sobresaltados esbirros.
El caballo me salpica de espuma. La barbada boca del príncipe
intenta una maldición o una orden.

Este seco estampido se está escuchando hasta en los últimos
confines del mundo.





William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)




IMAGEN: El italiano Enrico Malatesta, uno de los grandes teóricos del anarquismo.




FRANZ KAFKA
















Padre, le digo, dame tres granos de cebada para despertar al durmiente.
Pero mi padre no responde :
es un enorme jinete de bronce, alto sobre colinas y sinagogas.
Madre, le digo, aparta tanta niebla,
muéstrame un rostro dulce, del que broten palabras ingenuas.
Pero ella se ha perdido por los callejones de piedra
y sólo encuentro en el espejo sus ojos inmensos.
Abuelo, digo entonces, ya no luches más con el ángel,
ven a contarme historias junto al fuego, mientras se hiela el Elba.
Pero el viejo me mira con ojos ausentes, y comprendo
que no es éste mi abuelo sino un viejo gitano que quiere
venderme un recuerdo.
Hermana, bella hermana, le digo,
toma mi mano que está oscuro en esta casa inmensa.
Pero a mi lado pasa una condesa polaca monumental y arrogante
y se escucha un violín, y se cierra una puerta.
Hermano, digo, qué bello cabalgas sobre el potro de madera y de
laca, ¿hacia dónde nos llevan estas tardes inciertas?
Pero él es sólo una imagen, una gris fotografía en mis manos,
y a lo lejos, atroces, los cañones resuenan.
Goethe, le digo, cántame una canción romana,
haz que yo sienta en mi corazón esta antigua tristeza.
Pero la tumba calla y sobre ella vuelan grises palomas
y no puedo abrir este libro porque sus páginas son de ceniza.

Milena, digo luego, tal vez tú puedas finalmente salvarme,
dime que soy de carne y de sangre, que esto que me atenaza
es un deseo.
Pero ella se afantasma entre miles de seres escuálidos
Y apenas si percibo dos llamas que se apagan muy lejos.

¿Entonces es delirio todo esto? ¿A quién puedo llamar que
me salve?
Su reino es de este mundo. Todos están aceptados y absueltos.
Son demasiados humanos, son demasiado justos,
y yo no logro hablarles con mi estruendo de élitros,
y no aprendí a cruzar las puertas
y no sé defenderme.

Si ves dos grises ojos de gato en la gótica noche de Praga
comprenderás que temo morir si me duermo.
Si oyes una canción en la gótica noche de Praga
comprenderás que intento saber donde me encuentro.
Si oyes un corazón en la gótica noche de Praga
comprenderás quién sostiene todo este sueño.



William Ospina (Colombia; Padua, Tolima, 1954)




IMAGEN: Herman Kafka, el padre de Franz.