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viernes, 27 de junio de 2025

EL ZAPALLO QUE ERA COSMOS


                   Érase un zapallo creciendo solitario en ricas tierras del Chaco. Favorecido por una zona excepcional que le daba de todo, criado con libertad y sin remedios fue desarrollándose con el agua natural y la luz solar en condiciones óptimas, como una verdadera esperanza de la Vida. Su historia íntima nos cuenta que iba alimentándose a expensas de las plantas más débiles de su contorno, darwinianamente; siento tener que decirlo, haciéndolo antipático. Pero la historia externa es la que nos interesa, ésa que sólo podrían relatar los azorados habitantes del Chaco que iban a verse envueltos en la pulpa zapallar, absorbidos por sus poderosas raíces.

     La primera noticia que se tuvo de su existencia fue la de los sonoros crujidos del simple natural crecimiento. Los primeros colonos que lo vieron habrían de espantarse, pues ya entonces pesaría varias toneladas y aumentaba de volumen instante a instante. Ya medía una legua de diámetro cuando llegaron los primeros hacheros mandados por las autoridades para seccionarle el tronco, ya de doscientos metros de circunferencia; los obreros desistían más que por la fatiga de la labor por los ruidos espeluznantes de ciertos movimientos de equilibración, impuestos por la inestabilidad de su volumen que crecía por saltos.

     Cundía el pavor. Es imposible ahora aproximársele, porque se hace el vacío en su entorno, mientras las raíces imposibles de cortar siguen creciendo. En la desesperación de vérselo venir encima, se piensa en sujetarlo con cables. En vano. Comienza a divisarse desde Montevideo, desde donde se divisa pronto lo irregular nuestro, como nosotros desde aquí observamos lo inestable de Europa. Ya se apresta a saberse el Río de la Plata.

     Como no hay tiempo de reunir una conferencia panamericana -Ginebra y las cancillerías europeas están advertidas-, cada uno discurre y propone lo eficaz. ¿Lucha, conciliación, suscitación de un sentimiento piadoso en el Zapallo, súplica, armisticio? Se piensa en hacer crecer otro zapallo en el Japón, mimándolo para apresurar al máximo su prosperación, hasta que se encuentren y se entredestruyan, sin que, empero, ninguno sobrezapalle al otro. ¿Y el ejército?

     Opiniones de los científicos; qué pensaron los niños, encantados seguramente; emociones de las señoras; indignación de un procurador, entusiasmo de un agrimensor y de un toma-medidas de sastrería; indumentaria para el Zapallo; una cocinera que se le planta delante y lo examina, retirándose una legua por día; un serrucho que siente su nada. ¿Y Einstein?; frente a la facultad de medicina alguien que insinúa: ¿purgarlo? Todas estas primeras chanzas habían cesado. Llegaba demasiado urgente el momento en que lo que más convenía era mudarse adentro. Bastante ridículo y humillante es el meterse en él con precipitación, aunque se olvide el reloj o el sombrero en alguna parte y apagando previamente el cigarrillo, porque ya no va quedando mundo fuera del zapallo.

     A medida que crece es más rápido su ritmo de dilación; no bien es una cosa ya es otra; no ha alcanzado la figura de un buque que ya parece una isla. Sus poros ya tienen cinco metros de diámetro, ya veinte, ya cincuenta. Parece presentir que todavía el cosmos podría producir un cataclismo para perderlo, un maremoto o una hendidura de América. ¿No preferirá, por amor propio, estallar, astillarse, antes de ser metido dentro de un Zapallo? Para verlo crecer volamos en avión; es una cordillera flotando sobre el mar. Los hombres son absorbidos como moscas; los coreanos, en la antípoda, se santiguan y saben su suerte es cuestión de horas.

     El Cosmos desata, en el paroxismo, el combate final. Despeña formidables tempestades, radiaciones insospechadas, temblores de tierra, quizá reservados desde su origen por si tuviera que luchar con otro mundo.

     "¡Cuidaos de toda célula que ande cerca de vosotros! ¡Basta que una de ellas encuentre su todocomodidad de vivir!! ¿Por qué no se nos advirtió? El alma de cada célula dice despacito: "yo quiero apoderarme de todo el ‘stock’, de toda la ‘existencia en plaza’ de Materia, llenar el espacio, y, tal vez, los espacios siderales; yo puedo ser el Individuo-Universo, la Persona Inmortal del Mundo, el latido único". Nosotros no la escuchamos ¡y nos hallamos en la inminencia de un Mundo de Zapallo, con los hombres, las ciudades y las almas dentro!

     ¿Que puede herirlo ya? Es cuestión de que el Zapallo se sirva sus últimos apetitos para su sosiego final. Apenas le faltan Australia y Polinesia.

     Perros que no vivían más que quince años, zapallos que apenas resistían uno y hombres que raramente llegaban a los cien… ¡Así es la sorpresa! Decíamos: es un monstruo que no puede durar. Y aquí nos tenéis adentro. ¿Nacer y morir para nacer y morir…?, se habrá dicho el Zapallo: ¡oh, ya no! El escorpión, cuando se siente inhábil o en inferioridad se pica a sí mismo y se aniquila, parte al instante al depósito de la vida escorpiónica para su nueva esperanza de perduración; se envenena sólo para que le den vida nueva. ¿Por qué no configurar el Escorpión, el Pino, la Lombriz, el Hombre, la Cigüeña, el Ruiseñor, la Hiedra, inmortales? Y por sobre todos el Zapallo, Personación del Cosmos, con los jugadores de póker viendo tranquilamente y alternando los enamorados, todo en el espacio diáfano y unitario del Zapallo.

     Practicamos sinceramente la Metafísica Cucurbitácea. Nos convencimos de que, dada la relatividad de las magnitudes todas, nadie de nosotros sabrá nunca si vive o no dentro de un zapallo y hasta dentro de un ataúd y si no seremos células del Plasma Inmortal. Tenía que suceder: Totalidad todo Interna, Limitada, Inmóvil (sin Traslación), sin Relación, por ello sin Muerte.

     Parece que en estos últimos momentos, según coincidencia de signos, el Zapallo se alista para conquistar no ya la pobre Tierra, sino la Creación. Al parecer, prepara su desafío contra la Vía Láctea. Días más, y el Zapallo será el ser, la realidad y su Cáscara.

     (El Zapallo me ha permitido que para vosotros -queridos cofrades de la Zapallería- yo escriba mal y pobre su leyenda y su historia.

     Vivimos en ese mundo que todos sabíamos, pero todo en cáscara ahora, con relaciones sólo internas y, así, sin muerte.

     Esto es mejor que antes.)  


Macedonio Fernández (Buenos Aires,  1874-ibidem, 1952)

Pueden LEER la biografía completa y otros textos en entradas anteriores. 



 

domingo, 30 de octubre de 2011

HAY UN MORIR




























No me lleves a sombras de la muerte
a donde se hará sombra mi vida,
donde sólo se vive el haber sido.
No quiero el vivir del recuerdo.
Dame otros días como estos de la vida.
Oh no tan pronto hagas
de mí un ausente
y el ausente de mí.
¡Que no te lleves mi Hoy!
Quisiera estarme todavía en mí.

Hay un morir si de unos ojos
se voltea la mirada de amor
y queda sólo el mirar de vivir.
Es el mirar de sombras de la Muerte.
No es Muerte la libadora de mejillas,
esto es Muerte: Olvido de ojos mirantes.



Macedonio Fernández





Macedonio Fernández (Buenos Aires, 1874-id., 1952) Escritor argentino. Autor de narraciones fantásticas que muestran su escepticismo ante la aplicación práctica de las teorías filosóficas. Su obra ha sido revalorizada después de que Jorge Luis Borges reconociera en él los orígenes de su narrativa. Formó parte de la generación «martinfierrista» e influyó en la obra narrativa de Leopoldo Marechal y en la poética de González Lanuza, sobre todo a través de la estrecha relación amistosa que mantuvo con ellos. En 1922 dirigió junto a Borges la segunda época de la revista Proa, que se prolongó hasta 1925. De todas sus obras, tan sólo llegó a publicar una, No toda es vigilia la de los ojos abiertos, en 1928. El resto de su producción literaria se editó posteriormente gracias al interés de sus amigos. Algunas de sus obras más destacadas son Papeles de recién venido, de 1930, Una novela que comienza, de 1941, Continuación de la nada, de 1945, Poemas, de 1953, y Museo de la novela de la Eterna, de 1967.



viernes, 26 de septiembre de 2008

MUSEO DE LA NOVELA DE LA ETERNA























Prólogo, también


Desearía que esta novela tuviera algo de un ensueño, el más sutil que conocí. Lo soñé (fechando ensueños; pueden éstos fecharse por su concomitancia con las series de la vigilia, e igualmente por referencias a otros ensueños que los precedieron o siguieron) en 1928. "Me hallaba en una habitación en la cual hacia un fondo en penumbra o tras un Cortinado oscuro y entreabierto, así me parecía alernativamente, actuaba una mujer cuyo rostro no distinguía, sino los contornos de una vaga vestidura femenina; y yo sabía quién era, la sentía conocida , sin verla en verdad; sentía cordialidad, compañía de ella, que no me era enemiga su alma; también por momentos no sabía si la veía y reconocía o no. En el despertar subsiguiente o estado que por idea o concepto llamamos despertar, no logré evocar su rostro." Uso comillas para los ensueños y en todo lo que escriba específicamente sobre ellos las usaré, para que si alguna vez, yo, que soy ensueño para otros, me aparezco al lector en su mente, me distinga por las comillas como ensueño suyo. Todo el Arte podría llevarlas y todo lo que yo escribí, mis tres libros hasta hoy, Vigilia, Recienvenido y La Eterna, quise plantearlo en el estado y como una figuración del estado del recién despertar y no del todo sin sueños. Es un estado que debiéramos reservarnos para frente al dolor y los presentimientos de la pasión, como para el idilio de la pasión debiéramos crearnos una super-vigilia, aunque la pasión ya lo es.
Me parece haber cierta divinidad, es decir mística, sentido de autoexistencia, en este ensueño relatado, que solo una vez tuve: es la deleznabilidad o imitabilidad de la identidad personal, el eterno zafarse de la continuidad individual y el reconocerse, confirmarse.
Fuera del estado de pasión (solo es pasión la altruística) que es de certeza, único estado de realidad por el ensueño en que ambos amantes confluyen y en que debe arriesgarse todo, comprometerse con la plena vigilia, su entera dicha, su entero dolor, debiéramos vivir a media luz y media acción, a media vigilia, sin reconocer por entero los sucesos y estados, pues fuera de la pasión la probabilidad es de prevalencia del sufrimiento; el ensueño que rememoro es fórmula del estado de media inadmisión de toda certeza y efectividad.




Macedonio Fernández (Buenos Aires, Argentina, 1874-id., 1952)





AMOR SE FUE












Amor se fue; mientras duró
de todo hizo placer.
Cuando se fue
Nada dejó que no doliera.





Macedonio Fernández
(Buenos Aires, Argentina,  1874-id., 1952)