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viernes, 14 de octubre de 2016

AUTORRETRATO
















el no dueño de sí mismo deambula pobre 
desnudo 
y no hay luna

en las calles del barrio cubista 
el que nunca fue dado a nacer llora 
por las heridas que no se ha infringido aún
(ah vientres de samurais amados!) 
el alma se le torna alcohol de arroz

y ninguna lectura profana lo rescata
y ningún tren sagrado lo lleva a alguna parte
ya no viaja ya no ríe
ya no prende la lámpara marrón

deja (ya su mente en blanco) 
que la humana miseria existente
lo doblegue lo curve
lo separe de su signo en el zodíaco

la náusea y su débil pie izquierdo
lo obligan a dormir en un hueco ocre
sobre finales del siglo

está 
ahora a la hora dos
húmedo y con fiebre
en la tierra de las pesadillas 
allí donde todo es color beige

grita 
dormido 
las noticias más amarillas
alarido mal vocalizado tiene
vuela espantada un ave nocturna

secuestrado permanece
por los shamanes de la noche 
y nunca hay quien lo despierte

piadosamente lo despierte
(la voz de la madre perdida...)
nadie que lo libere le diga:
    “hijo... ya está bien ya pasó...” 

con los ojos rojos en un sol rojo 
mucho más cansado se levanta
siempre!
siempre ha sido peor dormir!

un paño frío se merece su frente

...no lo acunó la luna llena 
al vagabundo de las letras
la muerte... 
se lo estuvo cojiendo toda la noche.




Héctor Urruspuru






Héctor Urruspuru (Buenos Aires, Argentina, 1956). Poeta y animador cultural; ha editado "Breviario. Ha sido publicado en diversas antologías como la de Poesía Argentina año 2000 de la UBA, con selección y prólogo de Marcela Crocce y en una antología de la SADE Filial Noroeste Bonaerense, también en revistas literarias como Diario de Poesía y La Guacha. Buenos Aires. Integró, desde fines de la década de 1970, el grupo de poesía oral “La Bestaba”, junto a los poetas Sergio Breccia, Roberto Fiorenza y Ricardo Giménez, con el cual realizaron innumerables recitales poéticos. En el año 1996, con Rodolfo Edwards, fundó “La yilé en el tobogán” que tuvo tres versiones: radial, ciclo literario y revista. En un sótano del barrio de San Telmo, llamado “El Arcángel”, “La yilé en el tobogán” realizaba, una vez por mes, unas extravagantes tertulias, poco usuales para la época, donde se proyectaban films bizarros de Russ Meyer y John Waters, mientras los poetas invitados desfilaban sobre el escenario. Aquellas noches solían terminar en un baile comunitario, bajo luces psicodélicas y una estruendosa música que se disparaba desde la cabina de un disc-jockey. Unos años más tarde, Urruspuru armó “Maldita Ginebra”, una peña literaria sui generis, que se reúne religiosamente todos los viernes, después de medianoche, desde hace 12 años en el barrio del Abasto. 





miércoles, 12 de octubre de 2016

CUERPOS RECIÉN AMADOS



















Si hay algo que quisiera decir, antes de que la naturaleza me vuelva síntesis
                                          (trazos de carbonilla),
es que amo, profundamente, el olor de los cuerpos recién amados;
y la falta de orden en tu pelo y en tus gestos,
que quién sabe de qué alturas vienen bajando.

Si hay algo que quisiera escribir 
                           (dulce patrimonio de lo que es gemido)                             

                            
                                             (confesar)
es que soy un pintor y un músico fracasado. (Sí).
Sin embargo, la levedad azul de tu espalda en el cuarto,
es canción en cuerdas de acero y un aguafuerte desmesurado;
y generan, el camino... demoradamente largo
                                  de tus piernas desnudas que van,
                                  de la cama perfumada al espejo del baño.

Naturaleza y síntesis, entonces. Carbonilla y trazos.
Quebrado amanecer de miel. Ruta solitaria.
Que seguramente no seré de tí, ni memoria de a ratos.
Pero hay,
hay algo que quisiera decir
(deliberada criatura de azúcar y cabellos despeinados);
y es, que amo... profundamente...
                         el olor de los cuerpos recién amados.




Héctor Urruspuru (Buenos Aires, Argentina, 1956)





lunes, 10 de octubre de 2016

¡BIZARRA, BIZARRA DIVINE!

















UN BESO CON SABOR A COCAÍNA


Un beso con sabor a cocaína
 te pedí,
y me lo diste...
Un beso largo
como la cerveza negra,
lúpulo amargo de la noche,
te pedí
y con tus garras pintadas
como al óleo
me lo diste,
 en rojo de cadmio y falso
(pero me lo diste)

y te ibas,
bajo una luna de hueso
desde hace meses
y en realidad
me importaba
una soberana mierda...

¡Que me empujaras
al centro del volcán
del magma de tu sexo
en cenizas oscuras!
te pedí,
y sí, 
lo hiciste.

Y aquí estás,
para mí,
sin aire en los pulmones
 y sin luna llena
en la boca inmoral...
Y sin tiempo
estás, estás,
en el retrato,
despidiéndote.
Despidiéndome...


*****

¡BIZARRA, BIZARRA DIVINE!


Divine está casi desnuda
de entre su entreteta 
asoma el espíritu
de un póster de Warhol
usa enormes corpiños blancos
y come para Waters que la filma
sin cortes sin trucos
caca fresca de un caniche amariconado.

Divine lee a un Ginsberg
de sexo tan indescifrable
como el de ella/ello

ella
que succiona el pene bizarro
de su hijo de 23 años
en una casa rodante
y sólo porque el joven está triste
y sólo porque el joven lloraba.

Divine
es un exabrupto obeso
una puteada viviente 
un grito agudo
que vive desde niño/niña 
en los límites

y las criaturas abandonadas
del American Way of Life
se embriagan 
se drogan 
se cogen
se raptan en sótanos mugrosos
posan 
con ella/ello 
para siempre
por sobre todas las cosas posan
para el ojo histérico de la cámara.

Divine
pasa por los 60
y deja que su inmensa figura
descontrolada
transponga las pantallas de los cines
y de pintados exagerados ojos negros
se sienta en las butacas
sobre las faldas de los teenagers
y les masturba el alma equivocada.

Divine
La gorda Divine
plena en rollos de grasa
rompe a hachazos 
convertibles rosas
y
como el espíritu de un cadillac
va de pueblo en pueblo
de bar en bar
de hotel en hotel
por las supercarreteras
y vive gratis para siempre.

Divine está 
en este fotograma
casi desnuda
hecha toda una chancha.

Y cuando muera
(si la dejan)
va a ir al cielo
para ver 
si algún ángel rubio se la garcha.




Héctor Urruspuru (Buenos Aires, Argentina, 1956)