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miércoles, 24 de abril de 2024

COMO LA CIERVA SEDIENTA

 



y llegó el verano para penetrar en sus fisuras y
ser por fin una noticia nueva
Rita Kratsman


los plátanos de la calle en noviembre
vuelven a llenarse de hojas y
la ventana del living recupera
su encaje verde
apenas perfilado de luz
según la danza suave
de la brisa en los brotes
silencio susurrado por paseantes
que van y vienen del parque
con triciclos y cochecitos de bebé
pasajeras risas de domingo
y algún que otro motor perezoso
un escenario donde la tarde
puede recomenzar su historia
repitiendo o variando argumentos
a través de los años
en el balcón se ilumina de color
el proscenio de las flores
y más allá al fondo a lo lejos
el coro del barrio
el mundo a coro
conjetura
¿tendrá fin esta pandemia?



esta noche
tanto extraño tu cuerpo
que la piel se quiebra
como desfiladero
en las cumbres
vertiginosas
del deseo


hay noches en que las sábanas crecen
hasta abrirse en el ojo
de un desierto
insomne


apoyar delicadamente
el punto más sensible
de un cuerpo sobre el punto
más sensible de otro cuerpo
poner en ese leve roce
la total intensidad y concentración
insistir
pétalo sobre pétalo
hasta que el estallido
desbarate
los bordes



¿si estoy enamorada es que encontré por fin dónde morar?
la morada invisible ¿es el amor? ¿siempre lo ha sido?
amor es mi morada donde morar no puedo ni renuncio
morada de moradas donde los soles cantan
a la pequeña luna sin cobijo
morar en tu razón donde no alcanzo
y enamorar un cielo de ojos tristes
tener morada en vos como una pascua

(Del libro: "Como una cierva sedienta",
El jardín de las delicias, 2023. 
envío de la autora)
Graciela Perosio (Buenos Aires, 1950)


Pueden LEER la biografía en entrada anterior de la autora (Nota del administrador)


sábado, 17 de septiembre de 2022

FRESIAS DE OCTUBRE


adelgazo entre 700 y 800 gramos por día
la armonía de un esqueleto de curvas suaves
reaparece tras la piel
que colecciona varias cicatrices importantes
la sensación al pararme es de flotar
de estar en una atmósfera ingrávida
me bandeo hacia los lados
como me muevo con lentitud
no llego a golpearme contra las paredes
observo ahora tantos detalles de la casa
donde se levanta un poco el parquet
un golpe en el zócalo que astilló la madera
la casa en la que vivo hace veintinueve años
me cuida
dice mi historia       la nuestra
susurra       cobija
es bueno permanecer aquí en silencio
paso horas inactiva observando observando
me acompañan las plantas del balcón
desde el piso de abajo trepan una hiedra y un helecho
cada día se corre un poco el sol
hacia fines de octubre y a lo largo de noviembre
entrará de lleno en la cocina
entonces      cuando llegue
voy a abrir la ventana para que acaricie
las hojas del potus
¡tan noble! que crece con solo
un poco de azulada luz
de tubo



el paraíso


y cada una tiene que contar cómo se imagina el paraíso


miré las cabezas alborotadas de mis compañeras
el pelo rubio atado de Estela Leper
agitándose como una ardilla exótica
para uno y otro lado
Liliana Benard con su cabecita
de huevo oscuro y lustroso
carcajeaba por todos los pupitres a la vez
vaya a saber cómo lo conseguía
a esa velocidad de torbellino


mientras ellas salían del aula a la carrera
me deslicé por la ventana hacia el ensueño:
Un bel di, vedremo
Levarsi un fil di fumo
Sull’estremo confin del mare


lentamente de la embarcación
descienden
los amores ausentes
intactos
como la última vez que los tuvimos
y la oportunidad que dejamos pasar
como si una flor límpida
renaciera a tu ahora

desde el barco va llegando a puerto
todo lo perdido
en su forma más bella liberada
del tiempo de penurias
y aun en la orilla florida
lo no hallado resplandece
con plácida sonrisa de horizontes
de pronto
alguien tira de la manga de mi delantal
hacia la puerta que da al patio
hacia los juegos del recreo y guardo
la nave blanca majestuosa
en mi asustado corazón de siete años
un lugar sin pérdida posible.





ahora que conozco más
de los vericuetos de las almas
que aprendí a estar atenta
a los muchos matices verdaderos
ahora que me lanzo
celebrando alianza con el agua
y con menos temor de acantilados y arrecifes
ahora sin embargo
mi cuerpo se ha encogido
mis pestañas escasas
la piel se apergamina
mientras cubro cuidadosa
una exclusiva colección de cicatrices
me distraigo estudiando los cambios de la luz
y me sorprendo de golpe al comprobar
qué rauda se ha pasado la mañana
ahora que me enredo en mi silencio pensativo
y me pierdo en las agendas telefónicas buscando
un interlocutor sereno que converse
no obstante aunque parezca
que me volviera tímida
siento en mi pequeñez la inmensidad y canto
E non ho amato mai tanto la vita!
Tanto, la vita!

(Del libro: "Fresias de octubre",
Ed.El jardín de las delicias,
2021.)

Graciela Perosio (Buenos Aires, 1950)



Pueden LEER la biografía en entrada anterior de la autora (Nota del administrador)


 

domingo, 20 de octubre de 2019

EL ANSIA





















DESIERTO


en el desierto arder
sin coordenadas
sin planos ni planes ni horizontes
entre las inestables curvas de las dunas
en soledad de fénix
arder
sin concesiones



EL LLAMADO DEL FUEGO

fuente de palabra Pegaso
hijo del océano
vuela aun en lo oscuro fosforescente
sobre dunas azules y negras
blanca sombra en la noche desértica
y el golpe de sus alas extensas
entre los vientos cálidos de Persia
es chasquido inolvidable
en el recóndito corazón
del viejo fuego
que habíamos encendido



perder todo vestigio de ropaje
sin memorias
así viaja el fuego
desde el fondo del tiempo
como si surgiera del abismo marino
y con fuerza irrevocable
pronunciara su pregunta
por lo faltante
por lo que atrae
por el anhelo
(al que no se renuncia)



la aprendiz
intentará la hazaña
que el Maestro ya hizo
sin argüir para qué

el ansia sabe



MIGRAR

¿cómo balancearse
entre lo vital y lo mortífero
sin estar encadenado
a voto alguno?
¿cómo hallar un pliegue
en el desierto?



arrecia la tormenta
las acacias aplanadas del Serengueti
apenas la protegen del aguacero azul
pero ya se adivina el sosiego
observará las aves
que le enseñan el vuelo
guardará quietud
dará las gracias
cantará aleluyas
hasta que desde lo profundo
se invente otra vez
el silencio



y cuando aún floten las nubes de la lluvia
será el ibis el primero en salir
en vuelo altivo
a celebrar que escampa
aunque en sus alas
brillen –todavía frías–
gotas de la tormenta



MEDITACIÓN DE LA MUJER-PÁJARO

¿el otro está más allá de la escritura?
esta necesidad de decir sin saber
¿es sólo mi modo de llamar en la sombra del olvido?
¿por qué desertaste de mí? ¿de esta partida?
¿cuántos desiertos más hasta el abrazo?



¿el ansia fue tejida de abandonos?
¿el poema percute en el olvido?
¿quién me dejó desierta en la palabra?



LOS COMIENZOS (nuevamente)

el ibis ya salió de su refugio
y con leve movimiento se lanza a planear
en la sabana
anuncia buenos tiempos
su vuelo reconstruye la calma
cimientos de aire estrenan
–aún muy pálida–
en la alborada de oro
la crisálida



el dedo índice de la mano derecha
se mueve como lanzadera
impulsando la hebra de verdad
el pulgar de la izquierda sostiene
el cordón de justicia
es el abrigo
para el frágil esqueleto
de los hombres



¿cuál amor pondrá una infancia al llanto?
que haya magia y respalde la vida
un bosque encantado
hadas del refugio
un Merlín que señale
la espada sumergida
y enseñe el verbo sapiencial
para empuñarla


también el amor batalla
con la paciencia del que espera
y nunca desfallece
también el amor acontece
como lluvia estival inesperada
que copula en el mar
y engendra el arco iris
mientras los niños –despreocupados–
juegan en las playas amplias



en la sequedad de las palabras claras
gotea
fuego incesante

aves migratorias reparten
un cielo de preguntas
por el mundo

el desierto de hojas blancas
mujer
es tu cobijo

ésta es tu casa

(Tomados de El ansia
Leviatán, 2019; 
Envío de la autora)
Graciela Perosio





Graciela Perosio. Poeta argentina. Nació en Buenos Aires, en 1950. Se graduó en la Facultad de Historia y Letras de la Universidad de Salvador en 1972. En 1995 obtuvo la Beca Nacional de Investigación del Fondo Nacional de las Artes, para estudiar la obra del poeta argentino Carlos Latorre.   Ha publicado diez libros de poemas: Del luminoso error, Brechas del muro, La varita del mago, La vida espera, La entrada secreta, Regreso a la fuente, Sin andarivel, Balandro y El privilegio de los años.




sábado, 5 de noviembre de 2016

EL PRIVILEGIO DE LOS AÑOS















al acercarnos a la vejez 
los hechos adelgazan
se vuelven impalpables 
como bruma
¿acaso esto era todo?
¿para llegar aquí 
sufrimos tanto?
una golondrina 
se balancea en la ventana
¿en qué pensaba?
¡oh! hay viento fuerte
algunas ramas se quiebran
entrar en la vejez 
es un cambio en la luz
entrar ¿entrar, dije? 
al alejarnos
del juicio
del temor
entrar no
sino salir
al viento 
al acercarnos




¿seré la que cultiva 
mimbres en macetas
jacarandáes en cornisas de balcón?
¿la que ofrece agüita a los gorriones
y le silba bajito al colibrí?
¿la que recuerda cómo iba a ser
su retoño y ya no sabe?
¿la que perdió los sueños
y ganó una tierra baldía
donde aún siembra 
la noche de su nombre
el olvidado?




a las 15,30 de un domingo
en la esquina de Gurruchaga y Honduras
un muchacho toca la flauta traversa
suavísima música se abre paso
entre paseantes y turistas
tras la cabeza del ejecutante, el cielo azul

venimos de comer en el restaurante de los sufíes
El Señor bendiga a los verdaderos amantes
rúcula con nueces, jenjibre y menta 
panes morenos con pasas
arroz verde con brotes de arveja 
queso de cabra y castañas
café con chocolate y canela
El pan sobre la mesa no vive
pero dentro del cuerpo se vuelve 
espíritu de la alegría
Su trasmutación tiene lugar 
dentro de un alma
nacida en el paraíso 

el sonido de la flauta se desliza 
por mis brazos, asciende
la brisa se engolfa 
en los paraísos floridos
y desde su espuma grisácea
nos alcanzan oleadas de perfume

la vida, a veces, ofrece 
instantes perfectos
para que nos inunde     
la añoranza (1)



(1) Las frases en itálica estaban impresas en el menú.




a veces pedía dormir en el sofá
de brocato damasco
estaba arrimado a la pared
debajo de la ventana 
que daba a la vereda
entonces, por la mañana, se podía oír
el redoble de los cascos del caballo 
del carro del lechero
en el adoquinado viejo
                 Paco era mi amigo
apenas oírlo saltaba a vestirme
y corría afuera
me dejaba subir al pescante
y lo acompañaba a hacer el reparto
por toda la cuadra
había aprendido a inclinar
el tarro grande sobre las lecheritas
de las vecinas
cuando sutilmente me acariciaba 
la cabeza o me rozaba el hombro
era la señal:
llegada a la esquina
había que bajarse
fue mi primer amigo varón
puertas afuera de la guarida familiar
mi amigo Paco
dueño de lejanas madrugas de escarcha


                                    (a Fabio Morábito)



Graciela Perosio (Argentina, Buenos Aires, 1950) 






domingo, 21 de septiembre de 2014

BALANDRO




en el espejo de la laguna
los pescadores
se reflejan cabeza abajo
con sus cañas negras
a contraluz del sol
de pronto 
sobre mi cabeza pasa simétrico 
contra el cielo azul de otoño  

un  flamenco rojo
que corta la tarde
un tímido cardenal 
apenas salta 
en la grava sin piar
quieto y silencioso el parque
nubes bajas y oscuras
un hombre con sombrero
sentado de espaldas
frente a la fuente blanca

esta leve luz de invierno
oprime como garra



En una copa de cristal tallado
guardo viejas conchillas, restos fósiles
de pequeños animales marinos.
Busco en ellos un olor a mar 
que no responde.
Oigo los agudos que produce frotarlos,
llega tu risa
con las olas grises de tiempo.
Eramos jóvenes -¡tanto!-
La pelota de voley vuela
por encima de la red en la arena.
Tus ojos verdes brillan.
Todo está allí,
en la copa de cristal tallado 
donde revuelvo las conchillas.
Todo,
pero te extraño. 

                                                                    (para Susana, in memoriam)


Temprano en la mañana, 
antes de irse, él pone la taza 
limpia, reluciente 
sobre el individual con flores,
el platito, los cubiertos,
la servilleta de papel
junto a la cafetera térmica
con el café recién hecho.
Hay veces que ella 
ni siquiera los usa.
Los guarda prolijamente en el armario
sin decir nada, sonriendo.
Pero piensa: extraño lenguaje 
el de este amor.





Graciela Perosio (Argentina, Buenos Aires, 1950) 









domingo, 22 de abril de 2012

ayer soñé...





ayer soñé con un jardín helado
donde mis manos plantaban bambú
y no había sombras 
durmiendo 
sobre la nieve.


***



Dijeron que iban a jugar 
con los otros chicos del hotel.
Pero no era cierto porque esa siesta, 
el parque estaba desierto.
Se pusieron un rato a juntar 
“venenitos” de los paraísos
con los que después 
se organizaban luchas de bandos.
En un momento, la mayor, 
que tendría unos 8 años, 
sugirió: “¿no te gustaría ir
a la cantera abandonada?”
Y fueron, 
primero revolvieron trozos de piedras, 
probablemente, mármoles. 
Había unos blancos 
con reflejos azules 
que parecían de hielo.
Y después, se fueron alejando 
hacia el ruido del torrente.
Allí se dieron con el puentecito 
por donde alguna vez
se deslizaba el cangilón con las piedras, 
“¿cruzamos?”
pero ponete en cuatro patas 
y, antes de avanzar, 
empujá la madera hacia abajo 
por si está podrida.
La mayor iba adelante,  
avanzaron hasta la mitad,
cuando a la menor, que venía detrás, 
al probar la madera, 
se le quebró y la miró caer al precipicio, 
                      ella, temblando, se aferró 
al resto de los troncos que vibraban.
Veía al torrente  arremolinarse 
unos quince o  veinte metros hacia abajo.
El agua atronaba y la hermana mayor
seguía  avanzando.
“¡Volvé! ¡cuidado!¡Se cayó!” 
Gritaba la más chica. 
“No, no te des vuelta, 
estirá de a poco la pierna para atrás, 
yo te digo hasta dónde.”
El cielo intensamente azul 
desafiaba en lo alto
a estas dos criaturas que
nadie sabía dónde estaban.
Lo consiguieron, sí, medio arañadas 
pudieron regresar.
Ningún adulto supo 
en la larga siesta provinciana, 
aún dormían.
La menor, que tendría 5,  
jamás pudo olvidar el chirriar 
del durmiente cuando lo presionó,
la visión del espiral en su caída 
y el agua blanca, blanca de espuma 
allá en lo hondo.
Nunca olvidó qué frágil era 
el hilo de la aventura
ni qué cotidiana 
la acechanza del peligro.
                                                                                                                                                                                       (Inéditos)



Graciela Perosio (Argentina, Buenos Aires, 1950) 

lunes, 7 de diciembre de 2009

SIN ANDARIVEL


los ojos de un niño ven lo que yo ya no veo
el universo nace para él
límpido, transparente
y su fe toda
habita
un tirante globo rojo
a punto de estallido.



generalmente no hay sol en mi living a las 6 de la tarde
pero en noviembre,
alrededor de esa hora, apenas antes,
sucede un milagro que ilumina
la cortina de gasa justo en el centro.
un pequeño triángulo que casi roza el techo
y, a su vez, refleja en la pared del este
con tenue movimiento de sombras ondulantes.
los sillones se aquietan,
suspira el cristal de la mesa ratona
sobre la clara esterilla que se estiiira...
y la luz parte
hasta el año que viene
hasta ese puñado escogido
de despejados días
en noviembre

(Dos poemas, de: Sin andarivel,
Ed. del copista, 2009)

Graciela Perosio (Argentina, Buenos Aires, 1950) 




Con los años advierto...


Con los años, advierto que la emoción
no es más un cuarto o un cerco,
sino un leve telón, un perfume
—apenas una sábana de tul—
que en un momento punzante me traspasa
y se desvanece fuego, hasta alejarse.
La veo tendida allí, casi una nube de luz
chisporroteante,
desde esta inalterable serenidad
donde germinan los hondos sentimientos.
Aquellos pocos que no
van a morir.
(de: Regreso a la Fuente,
ed.del Copista, 2005)
Graciela Perosio (Argentina, Buenos Aires, 1950)