La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra.
lunes, 20 de octubre de 2025
Ü(n) nhadha d'or
miércoles, 24 de agosto de 2022
FICCIONES SUPREMAS (IV)
MATADEROS
RICARDO CARREIRA
Ediciones Stanton
Buenos Aires. 2010
Entre las
palabras y las cosas
El artista plástico y escritor argentino
Ricardo Carreira ha dejado una obra desperdigada,
inclasificable, que a pesar de su marginalidad ha logrado trazar una zona atípica
dentro de la literatura argentina. Hacedor de curiosos textos conceptuales,
desarrolló a través de una vida azarosa (interrumpida por varias internaciones
en el Borda), un singular trabajo poético y teórico sobre el lenguaje. Con una
escritura que abre otra relación lingüística con la realidad, su mayor logro
consistió en buscar un nuevo sistema de significación. Su poesía denotativa se
descubre paulatinamente mientras se enuncia mediante subrayados y
cuestionamientos gramaticales. A través del verso libre introduce conceptos
para llegar, con un léxico simple, a deshabituar al lector de la funcionalidad
de las palabras con el fin de arrimarlo a otro grado de literalidad. El
lenguaje sirve muchas veces (más) para perderse que para encontrarse”, nos
advierte en un pasaje desconfiando de la utilidad con que la sociedad se sirve
de él. “Lo único que queda es la distancia entre nosotros y la realidad que
nombramos” afirma, convencido en volver a los fundamentos del valor subversivo
que encripta toda palabra. Su vida fue una tentativa de acortar ese recorrido,
de crear y organizar otro lenguaje.
El escaso centenar de páginas de este tomo
dividido en tres partes, constituye un verdadero muestrario de su visión
utópica. La primera sección del libro, titulada Poemas”, reproduce un
importante número de textos éditos
e inéditos de Carreira. La segunda parte es, tal vez, más interesante.
Titulada “No creemos en los amos, ni en sus dioses ni en sus palabras ni en sus historias oficiales”, presenta
prosas y apuntes que desglosan los conceptos de libertad, amor fanatismo,
alineación y memoria. La tercera y última sección, “Epílogos y anexos , ademas
de un epílogo escrito por Ricardo Piglia ofrece
una minuciosa cronología de la vida y obra de este inusual vanguardista.
La cuidada edición a cargo del poeta y
artista plástico Gerardo Jorge cuenta asimismo con una inestimable colección de
imágenes y dibujos que ayudan a completar el riguroso trabajo de contextualizar
la obra de Carreira sobre los límites de la cultura
oficial argentina de los años 6o y 90 del siglo pasado.
(Del libro “Ficciones
supremas”,Ed. Griselda García,
2021, originalmente
publicado enRevista Escáner Cultural. Nº 160 /julio 2013)
Augusto Munaro (Buenos Aires, 1980)
Pueden LEER la biografía de Munaro en una de
las entradas anterior del autor,
IMAGEN: El escritor Augusto Munaro.
lunes, 22 de agosto de 2022
FICCIONES SUPREMAS (III)
LOS DOMINIOS PERDIDOS
JORGE TEILLIER
Fondo de Cultura Económica Santiago, Chile.
2007.
El pasado-futuro de la poesía lárica
La literatura, nuestra fiel testigo
histórica, ha registrado a través de los siglos ese sentimiento de añoranza
que acompaña el destino del hombre. Ya Hesíodo en Trabajos y días echaba
de menos aquel tiempo idílico del reinado de Saturno, donde los días eran
inocentes, plenos de justicia, abundancia y bondad; una Edad de Oro donde la
humanidad, que entonces vivía su primavera perpetua, era pura e inmortal.
El
pasado siempre ha sido útil a la hora de estimular la imaginación, ese paraíso
perdido que resulta la memoria. À la recherche du temps perdu, de Marcel Proust, tal vez sea el esfuerzo intelectual más ambicioso
y sostenido por ese principio, puesto que intentó recuperar del pasado los
mejores días vividos con el fin de convertirlos en presente continuo. Otros,
más modestos, se han refugiado en
la nostalgia, aunque circunstancialmente revestida por aire romántico. Lord Alfred Tennyson, por ejemplo, cuyos temas
mitológicos y medievales desarrollados en plena época victoriana revivieron con su poemario Idylls of the
King, las historias
artúricas, buscando siempre el heroico espíritu británico de antaño. En
Latinoamérica, Felisberto Hernández, José Antonio Ramos Sucre e inclusive
Rolando Cárdenas avivaron a través de distintos grados de escritura la
esperanza que despierta el futuro como regreso al venturoso pasado.
Pero ha sido Jorge Teillier quien más
acertadamente supo crear un espacio para recordar el pasado. Los dominios perdidos lo comprueba. Todos sus libros vindican y
aspiran a ese estado de gracia cuya tendencia de replegarse hacia la infancia
ofrece una alternativa ética y estética que se articula con un fuerte sentido
de unidad. Su crepusculismo hace hincapié en la búsqueda de los valores del
paisaje del sur de Chile, de sus aldeas y de la provincia atravesada por los
solitarios y huidizos trenes de frontera. Con un lenguaje sencillo y sereno,
diseña un sentimiento de evasión por el presente. La ensoñación alcanza
realidades más altas y secretas a través de acertadas metáforas. “Un día u otro
/ todos seremos felices. / Yo estaré libre / de mi sombra y mi nombre. / El que
tuvo temor/ escuchará junto a los suyos/ los pasos de su madre, / el rostro de
su amada será siempre joven / el reflejo de la luz antigua en la ventana, / y
el padre hallará en la despensa la linterna/ para buscar en el patio / la
navaja extraviada.” Versos íntimos que marcan el estilo de un sobreviviente,
tal vez el último, de una Edad de Oro. Así, la presente selección de poemas
intenta recuperar los últimos vestigios del mundo misterioso del que se imaginó
honroso testigo.
Ahistórica, situada en las antípodas de la
poesía social, la escritura teilliereana tiñe sus libros de una realidad que
subvierte lo cotidiano, dotándolo de mayor vitalidad. Su lírica desde Para
ángeles y gorriones (1956), hasta el póstumo En el mudo corazón del
bosque (1997)- producto de un fino lenguaje arcádico, revela un paciente camino de búsqueda de
identidad, algo que pudo consolidar durante cuarenta años de abnegada vocación.
Jorge Teillier fundó una mitología lárica, poesía del Lar, del Origen.
Ed. Griselda García, 2021, originalmente publicado enRevista La Mancha N° 14 Junio
2009)
Augusto Munaro (Buenos Aires,
1980)
sábado, 20 de agosto de 2022
FICCIONES SUPREMAS (II)
LA POESÍA TERMINÓ
CONMIGO. VIDA DE RODRIGO LIRA
ROBERTOCAREAGA, Ed.
Universidad Diego Portales.
Santiago, Chile.
2017
La
vida breve
Acceder a la biografía exhaustiva de un
autor resulta apasionante por múltiples motivos. El lector conoce el itinerario
del trabajo del poeta, asiste al laboratorio privado que fueron sus días. Más
aún cuando se trata de la primera biografía escrita sobre un chileno de culto
como Rodrigo Lira. En una edición a cargo de Leila Guerriero para la colección "Vidas ajenas” de
la Universidad Diego Portales, el periodista Roberto Careaga nos brinda la
posibilidad de conocer a uno de los poetas latinoamericanos que mejor ha sabido
poner en tensión el lenguaje. Su enfermedad, su obra contradictoria y su
suicidio a los 32 años ayudaron a alimentar la figura de un extravagante, un
maldito y complejo que se ganó un lugar entre las figuras míticas de las letras
chilenas. La biografía menciona que Lira pasó por duras internaciones
psiquiátricas y pone en primer plano muchos de sus mejores poemas como
fragmentos de una vida profundamente existencial. Porque
Lira, vivía en carne propia casi todo lo que escribía, sus frustraciones
amorosas, su difícil inserción en el mundo, el no encontrar un trabajo. Durante
su corta pero intensa vida, se mantuvo ambivalente en el rótulo de poeta.
Paradójicamente le resistía. Hay varios misterios por resolverse. El biógrafo
sigue pistas perdidas como si se tratara de un enigma policial.
Ante todo, el programa de Rodrigo Lira atenta
contra la vanidad de las vacas sagradas, la solemnidad de la poesía “seria”,
de Neruda a
Mistral, pasando por la generación del 38, los surrealistas de La mandràgora (especialmente Braulio Arenas) y
la poesía lárica (Cárdenas, Teillier), incluso, claro, la obra de Raúl Zurita,
blanco de muchos de sus mejores instantes poéticos.
“Angustioso caso de soltería” “Grecia 907, 1975”, su extravagante “doQ.mentos
del antayer Q.atro ga- tos.s”, “Eia, Elle, Ella, She, Lei, Sie”, o “Es Ti Pi”, aquel poema trágico disfrazado de un juego lingüístico, son ejemplos de poemas donde su huella está
siempre presente, junto a esa tensión desbocada que amenaza toda su escritura.
Intensos e insistentes laberintos de mayúsculas, cursivas, paréntesis,
comillas, notas, símbolos. Versos fracturados, derivativos y retorcidos que
bien podrían ser una extensión de su odiosa enfermedad: la esquizofrenia
hebefrénica que le habían diagnosticado. ¿Era aquello eco de la anti-poesía de
Parra? Tal vez. Nacido en una familia adinerada, tuvo una educación respetable.
Sin embargo, algo desde su adolescencia lo hacía distinto al resto. “Creo que
descubrió muy tempranamente la incertidumbre y el sin sentido”, dice en otro
pasaje de esta biografía el cineasta y amigo Carlos Flores. Lira era disruptivo y, al mismo tiempo, lateral. No
creía en nada. Jamás pudo concluir ninguna carrera. Intentó sí exploraciones
espirituales, probó las drogas, se hizo un melómano de vanguardia. Las
numerosas anécdotas fueron compiladas a través de decenas de entrevistas
realizadas por Careaga durante siete años. Y está también, acaso más importante
que ninguna otra, la palabra de su madre, Elisa Canguilhem, quien tanto hizo
por su hijo (gracias a ella se publicó póstumamente, en 1984, su Proyecto de
obras completas), Antonio de la Fuente y, desde luego, el testimonio de
Roberto Merino, uno de los mayores cronistas latinoamericanos. Casi todos,
coinciden en que había un aura especial en él. “Su cabeza estaba en otra
parte”, dice una de sus “pololas” esporádicas. La poesía terminó conmigo
muestra los hechos sin tomar partido, la objetividad del periodista que sabe no
caer ante la seductora tentación de los mitos. Tal vez por eso mismo no
abundan opiniones en torno a sus internaciones y aplicación de electroshock.
Lira tuvo la desdicha de vivir y escribir
su hiperculturosa producción poética durante la larga dictadura de Pinochet,
época oscura en la que
sus textos aparecían en pequeñas revistas artesanales que él mismo se
encargaba de diseñar, fotocopiar
y distribuir. Por
esos días de plomo participó de algunos recitales (en los institutos Goethe y
Cultural de Las Condes, por ejemplo), ganó un modesto premio entregado por la revista cultural La Bicicleta y tuvo su instante de fama al participar en el programa televisivo ¿Cuánto
vale el show?, días antes de su suicidio.
Como Nicanor Parra, aunque más histriónico, Lira ayuda a combatir los fantasmas de la
hipocresía y la solemnidad. Quiebra la continuidad de una tradición poética
enmarcada en la opresión objetiva de la entonces dictadura pinochetista y
produce una síntesis más radical y de vanguardia. Era un desaforado al punto de
incomodar. Admiraba hasta el plagio a Kerouac y era
un obseso confeso de la obra de Enrique Lihn, acaso su mayor influencia entre
los poetas chilenos que frecuentaba. De este último, trabajó durante cinco
años en la más retórica y artificiosa novela suya: La orquesta de cristal.
Hizo una nueva edición desmembrando la original, que por desgracia se ha
perdido. Rescatamos en esa intervención atisbos de su ars poetica: homenaje, apropiación y burla.
Físicamente tenía un look particular, ligeramente anticuado. Verlo en
fotografías desconcierta. Pero cuando nos atinamos al escenario textual, en
Lira nada envejece. No hay impostura en la cadencia de sus versos. Se construye
a medida que se lee. Sílaba a sílaba. Nada pareciera estar fuera de lugar.
Estira tanto las posibilidades fonéticas que las palabras se vuelven, por
momentos, ilegibles. La suya es una operatoria deliberada de extremar las estrategias
poéticas. Si bien no concluyó sus estudios universitarios, era un autodidacta
nato. Su erudición se movía caóticamente entre la música, la botánica, los
saberes esotéricos y un sinnúmero de intereses diversos. Basta leer la
presente biografía para comprobarlo.
La obra de Rodrigo Lira es pura dispersión
y digresión, un experimento performático e iconoclasta que se resiste a pasar
inadvertido. Irónico, intertextual, crítico, de un humor negro del que todos
son víctima, incluso él mismo. A la altura de Grosso modo (Deniz), Cuerdas para Aleister (García
Vega), El cutis patrio (Espina) y, por qué no, Carroña última forma
(L. Lamborghini), Lira puede, después de todo, ser cronológicamente “el último
poeta de Chile (Bolaño dixit), y uno de los primeros de la lengua castellana de los últimos tiempos.
(Del libro “Ficciones supremas”,Ed. Griselda García, 2021, originalmente publicado enPágina 12. Hadar Libros. 4/3/18)
Augusto Munaro (Buenos Aires,
1980)
jueves, 18 de agosto de 2022
FICCIONES SUPREMAS (I)
POESÍA
REUNIDA
ARNALDO CALVEYRA
Adriana
Hidalgo Buenos Aires. 2008
Tiempo convertido en lugar
Resultaría una exageración afirmar que las
letras argentinas están atravesando la etapa más crítica de su historia. Sin
embargo, en la última década, el deterioro de la calidad literaria de las
publicaciones revelan, grosso
modo, un ligero y mantenido declive.
Este cuadro desalentador, por cierto, se debe a la banalización con que las
leyes mercantiles se han impuesto en la industria editorial local,
dictaminando políticas que tienden, a través de sus pautas erradas, a desplazar
la literatura por una prosa light, de convención. Surge así una escritura
normativa e insulsa donde los géneros tienden a diluirse de modo monocorde y chato. Todo parece ser lo mismo. En la era
de sociedades de consumo, prevalecen los autores sin estilo. El tono “pasteurizado”, invisible, demasiado correcto, no corre
ningún riesgo más que el de yacer saturado de convención. Se jacta de agradar
siempre al lector, un lector cada vez más permisivo y hedónico. Este conformismo
cultural no hace más que poner en crisis el lenguaje, puesto que esta
fabricación estética superficial, puramente pasiva, conlleva irremediablemente
a la desaparición de la verdadera literatura.
Por eso, la publicación de Poesía
reunida resulta un acontecimiento destacable. Este libro, que reúne el trabajo
de seis décadas del entrerriano Arnaldo Calveyra,
constituye el resultado de toda una vida de morosa dedicación a la palabra. Un
ejemplo de obrar a contracorriente de las modas imperantes, ya que subvierte
factores perniciosos como la inmediatez y la producción masiva por la tozuda
extenuación de la reescritura. Calveyra es, por sobre todo, un lirico moroso; jamás se apresuró a publicar. Tampoco formó parte de ningún
cenáculo o grupo de pertenencia. Fue un feliz solitario. La presente edición
revela de qué modo este singular autor ha puesto en juego los límites de la
escritura. Reúne nueve libros que siguen un orden cronológico, desde 1947 hasta
2008, facilitando paisajes originales e íntimos. Una muestra cabal de lo que
no es escritura normativa.
Las ideas y conceptos inmanentes de su
poética están dictaminados por un afán de sentir la poesía como una ética del
lenguaje; entendida no como una mera ejercitación espiritual, un estado de
ánimo deliberado, sino como la extrañeza de un mundo lejano y vedado. La
palabra como un ente vivo que, a su vez, se hunde en la mitología personal y
secreta del autor, aludiendo a memorias soñadas de su infancia en Mansilla, el
campo, las noches estrelladas, elaboradas a través de ritmos, aliteraciones
melódicas y repeticiones propias. Conformando una expresión legítima, una
pulsión personal de sentir el mundo.
Con el transcurso de años de paciente
búsqueda, Calveyra construye su espacio, su colección de objetos y mitos; su
identidad. Imágenes, elocución, léxico propio que “nacen del cuerpo y pasado
del escritor”, como afirma Roland
Barthes. Textos
medulares como Libro de las mariposas, Diario de Eleusis y Apuntes para una reencarnación, se revelan a través de una prosa
poética autárquica. Una respiración inventiva
análoga a la del venezolano José Antonio Ramos Sucre o el limeño José María
Eguren, quienes asociaban en cada palabra sentimientos tan complejos y ambiguos
como soledad, pasión y esplendor, para así hilvanarlos y crear textos poéticos
breves. Toda su poética entraña un destino, el de dialogar lúcidamente con la
autonomía de su propio lenguaje.
Este extenso volumen posibilita un quiebre
ante la serialización complaciente en la que está hundiéndose el panorama
poético argentino, proponiendo a cambio topografías nunca antes transitadas,
un viraje localizado en las antípodas de los lugares comunes Sin dudas,
Calveyra está llamado a ser una de las voces fundamentales de la poesía argentina
del siglo XX.
Ed. Griselda García, 2021,originalmente publicado enla Revista El niño Stanton
Nº 7, Mayo
2009) Augusto Munaro (Buenos Aires,
1980)
domingo, 2 de mayo de 2021
EL BAILE DEL ENLUTADO y otro poema
¿Donde
son?
¿quien estoy?
¿donde soy?
½ olvidao y sin razón
bvo hasta bufar en lengua
alcohol: espíritu en fuga
***
si tomo, la cabeza la tengo distinta
(se
me escapa)
si tomo, el bocho se altera: salta de acá
para
allá
si tomo, las voces bailan un popurrí,
sobrevolando, así -salsa criolla- las
zonas
bajas
si tomo, como hoy, oh sí, my dear,
os prazeres de
estar puesto…
***
pasando
el zanjón del Riachuelo, del
otro
lado de la City
en
ese hilo confuso de voces e imágenes:
estoy
yo (me, myself & I), ¿cuándo no?
ensimismado
entre ginebras y un poster de Geniol
dialoguitos
desdoblados, donde cada voz me reprocha, ¿no?
-¿y augustito?, ¿aún el pescado sin
vender?
y
el otro yo, ahí nomás,
-¿no ves que tiene un peludo que ni ve?,
chupa que da calambre …
¡linda
santísima trinidad la mía!
birra, ginebra y vino….
ding dong,
ding
don-dong;
la música del pedolón
-otro doble s'il vous plait… (“carajo-mierda”)
y suelto el vaso: ¡cling!
***
y
en este estado de errancia mental me encuentra julia & flia
-¡qué hijjjjo d pú…!, ¡la puta que te parió!
–dice con su voz atronadora
y
con mis 3 yos me explico, le explico, así, ½
a
los
tumbos, ¿vio don dotor?
que
yo necesito-exijo (es mi derecho, caramba)
del
escabio
-Callate borracho ´e mierda
me
agarran entre 3 y en la calle de vuelta,
de
1 salto:
¡hop!
mi
tío, sombrío y severo,
mi
mujer pervertida y audaz (con su amante, jamás conmigo)
mi
primo alcahuete y huevón
tan
contrario a mis prójimos
me dejo
arrastrar
y
arrastrar
como
la fragata Libertad por los mares
enlutados
de un negro atroz (pourquoi?)
uno
de cada brazo me llevan, ahora,
como
locomotora –entre rieles:
-chúcu-chucu-chuuuuuú… -digo
como
canas fachos (“documento sr… está
detenido”)
y
yo los miro, a los pobres desgraciados –y pienso-
y
no, no entienden ni j
(Del libro El baile del enlutado, 2017)
Al Nasar Cinema
a
veces los amigos
otras con familiares
1 única sala,
hasta 3
funciones
per
day
un
estacionamiento arenoso, en un suburbio sucio
y alejado /algo ominoso
(rara vez veíamos occidentales: a
ese precio, ni a palos)
no
importaba, algún adulto nos arrimaba
a la puerta del cine y pasaba a
buscar
al
término de la función –expeditivamente
puntuales
a
Dhs. 20, la entrada –venta x antelación (una planilla
tachada
con birome azul, parece que la veo)
-“balcony; última fila al ½” -el mejor asiento posible
la
ceremonia era ya
un
rito para nos.
cierro
los ojos y vuelvo
(entre árabes e hindúes
verborrágicos: shhh!)
se apagan las luces y
la pantalla ENORME comienza
a embrujar nuestra imaginación:
braveheart/ the shadow/
terminal
velocity/ casino/
ransom/
the english patient/
mars
attacks!/ liar, liar/
the
frighteners/ twister…
buena
parte del adn de
1
imaginación se fundió ahí,
en
esa sala oscura entre luces
&
un zoom continuo
de asombro
cierta
noche, c armó una trifulca en
el
estacionamiento. unos filipinos c agarraron
a
las trompadas. volaron las chancletas, y tuvo
que
intervenir la yuta
entre
putas rusas y un gentío mirón,
nos
escabullimos: dimos a la fuga
ya nada nos importaba
habíamos
huido con nuestro motín:
la experiencia del
estreno
/éramos/jeques/felices
hará
cosa de diez años que el viejo
Al Nasar (templo de la felicidad)
se
prendió fuego
según Google Maps, un predio vacío
usurpa el sitio
(Del libro Incrustaciones dubaitíes, 2019)
Augusto Munaro
Augusto Munaro (Buenos
Aires, 1980). Narrador, poeta, traductor, editor, y periodista. Publicó los
libros Ensoñaciones: Compendio de Enrique
de Sousa (RyC editora, 2006), El
cráneo de Miss Siddal (Pánico el Pánico, 2011), Recuerdos del soñador evasivo (Alción editora,
2011), Cul-de-sac (Ediciones
La Carta de Oliver, 2012), Todo sea por
la excepción (Letra Viva, 2013), Gesta
Cornú (Editorial Lisboa, 2013), Breve
descripción de una |sepultura| (Tinta China, 2013), Noche soleada (Ediciones la yunta,
2014), Camino de las Damas (Expreso
Nova Ediciones, 2014), [Hna. Paula]
(Alto Pogo / Milena Caserola / El 8vo. loco ediciones, 2014), Vida de Santiago Dabove (Ivan Rosado,
2015), Islandia (Voria
Stefanovsky Editores, 2015), Agnès
& Adrien (Colisión Libros, 2016), A la hora de la siesta (Borde Perdido
Editora, 2016), Arletty (Julieta
Cartonera, Francia, 2016), El baile del
enlutado (Gigante, 2017), La
página infinita (Clara Beter ediciones, 2017), Celuloide (Minibus Ediciones,
2018), El busto de Chiara (Taller
Perronautas, 2018), Sacramento. Los días salvajes (Oficina
Perambulante / Bulk Editores, 2019), Las
cartas secretas de Georges de Broca (Huesos de Jibia, 2019), Los soñantes (Paradiso, 2019), Incrustaciones dubaitíes (Editorial
Lisboa, 2019), El rapto de Helmut Kelsen
(Borde Perdido Editora, 2020), Un
misterio luminoso (Editorial Lisboa, 2020), El sueño de un poema (Ediciones Arroyo, 2020), y Ficciones supremas (Griselda García,
2021).






