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martes, 26 de mayo de 2015

LOS ANILLOS DE SATURNO

























            Para Cristóbal y Josefa

¿Qué es eso de llorar al ver los anillos de Saturno
tan perpetuamente perfectos que uno podría bailar,
    deslizándose por sus pistas de diverso color 
    hasta dar una vuelta mil años después?

Este es un punto en que toda fascinación fracasa.

Mis hijos –pequeños y míos entonces– estaban intrigados 
de mirar el espacio y me creían. 
    
         No existía Platón
  expulsando a los poetas de su república.
No existía Karl Popper con sus terrores totalitarios.
Solo yo y mis hijos. Y un astrónomo colocándonos
a las 5 de la mañana un telescopio para celebrar 
    el solsticio de invierno.
  
     Se supone que uno es feliz cuando puede escribir
un poema sobre la Flor de Escarcha. 
    Es un viejo sueño para retar las capacidades 
de los viejos maestros de la revelación.

  Se supone que el poema ya está escrito 
cuando tus chicos pegan el ojo contra un tubo tan largo
y los ooohs que resuenan en todo el valle
              ya han insinuado
la amplitud de lo azul que estás persiguiendo. 

Y nadie debería morir si escribe ese poema esperado, 
esto lo estaba pensando mientras me complacía
    la admiración de mis hijos. 

¿Pero no es injusto trasladar tus pasiones a quienes sueñan
    y lloran mirando la prisión de tantas circunferencias 
como si fuera el descubrimiento de un misterio
    que aún no hubieran querido reconocer? 
    
         Y Platón expulsándome de su reino
         donde empezaba a hacer infelices a mis chicos. 
    
         Era una culpa de locos.

A ver si avanzas 312 kms 
    explicándoles a dos pequeños
  que la satisfacción tiene el nombre 
de una conspiración astral. 

A ver si te aplauden cuando como John Travolta
    bailas en un skate bajo todos los colores de la lluvia.

A ver si Platón se ahorca
  amablemente en cada uno de los asombrosos aretes. 

Porque el amor ya no es igual después de mirar lo infinito.


Tulio Mora




Tulio Mora (Huancayo, Perú,  1948). Escritor  y  comunicador  social. Es uno de los poetas peruanos  más representativos de la denominada generación del 70 y miembro del movimiento Hora Zero. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y se dedicó tempranamente al periodismo. Su primer libro de poesía fue Mitología (1978). Poco después de la publicación de Mitología, Tulio Mora viajó a Argentina y luego a México donde obtuvo una beca de poesía del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En este país viviría cinco años trabajando en una editorial de libros de arte y compartiendo con sus gemelos del movimiento Infrarrealista -Mario Santiago, Pedro Damián, Mara Larrosa y los hermanos Méndez- un destino de intransigencia literaria. Mora regresaría al Perú en 1983 cuando la guerra interna empezaba a mostrar toda su crueldad y como resultado de esa confrontación social el poeta escribiría Oración frente a un plato de col y otros poemas (1985). En 1987 publicó Zoología prestada y en 1989 Cementerio general, obra que obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía concedido por el Consejo de Integración Cultural Latinoamericana (CICLA) teniendo como jurado a los importantes poetas Enrique Lihn, Carlos Germán  Belli y al destacado crítico Alberto Escobar. Su sexto libro, Simulación de la máscara, fue publicado el 2006 recreando el sentido jubiloso que tienen las fiestas populares, sugiriéndonos que solo cuando los seres humanos se reencarnan en el otro (detrás de la máscara), cuando simulan que no son, vuelven a ser para renovarse y tolerar la opacidad y miseria de la vida.Después publicó País  interior  (Premio Copé,  2009)  y Ángeles detrás de  la  lluvia (2009). Asimismo, es autor de dos antologías del Movimiento Hora Zero-Infrarrealista: Hora Zero,  la  última vanguardia latinoamericana de poesía (2000) y Hora Zero: los broches mayores del sonido (2009). 



domingo, 24 de mayo de 2015

INTRODUCCIÓN AL FUEGO




Es una muchacha de solo 
    17 años con una minifalda 
amarilla de pintura galáctica 
    presumiendo 
endiablados brochazos en tantísima piel 
potra al galope con su trapo de fuego y sus 
    bellísimas piernas 
    y mientras ella avanza como encendedor
del aire hacia el jardín con un pino 
    del que cuelgan bolas de navidad 
    en un mes de julio
nuestro kamikaze la verdad ya no tan chico más bien 
casi su padre la imagina remolino en mar reinventado
    reventado de crisantemos 
y ella avanza ni muy envuelta con su traje chillón 
    de gorriones ni desenvuelta
    y sus bellísimas piernas
alta que se le pierde la sombra tan alta en ese desierto
  jardín donde la luna 
botarate derrama su don del estiramiento 
    y nuestro poeta pirata peleador callejero
    aturdido por sus solo 
    17 años
sus cabellos amedusados sus pechos exhalaciones
    de nube en tiento de breve edad
    más sus 
    caderas de yegua reciente
en ese instante descubre 
    que no hay historia del mundo 
    sin la osadía de magos labios y vagas 
    lenguas 
construyendo un épico beso 
    secretario 
    general de un sindicato de bonzos
así es cómo se entra 
a la pradera de las cenizas.



Tulio Mora (Huancayo, Perú,  1948)






lunes, 8 de diciembre de 2008

IMITACIÓN DE ROBERT FROST



Ves encima del agua

que los peces se detienen
evitando que ninguna corriente se los lleve
río arriba —simpatizantes como son
de las caídas libres.
Pero si supones que lo que los fuerza
a detenerse es un querer mirar el cielo
para informarse acerca del tiempo
estás equivocado. Ocurre que más bien
desean coincidir puntos de vista
mirando la orilla, las cañas que crecen
como velas encima de una torta,
una que otra meseta verde de billar,
Luego saltan en picada y se meten a su mundo
también poco perfecto, pero en todo caso, el de ellos
sonriendo como si recordaran algún chiste familiar.





Tulio Mora  (Huancayo, Perú, 1948)