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domingo, 9 de septiembre de 2018

EL BAR DE LA AVENIDA 33







































LA DESPEDIDA DE LOS LEJANOS

Intenté abandonarte veinte veces al día,
observando tu amanecer en la resaca,
en los timbres desconocidos
y en la estupidez de los sillones
que esperan y revuelcan.

Me provoqué
recogiéndote
chocando los vidrios de mis venas,
aislándote de ti y de mí
en un parque de memoria.

Este año será rápido
como las sortijas de un matrimonio espeso
y la lluvia de un sol indeciso:
sin evidencias que me motiven

Me dueles en el fondo de la garganta
donde el ruido es un sarcasmo
y la vida una sombra que espera

Te lloro cuando me esperas en la oscuridad
y no puedo verte.

Me hiero soñando tus manos en los bares,
tu gabán negro
y cabello desordenado

Pesan los restos de mis cuencas
y soy incapaz de llamarte.

Ya nos yace la despedida,
mis pulmones se han abierto
en este frío que quiere volarse con ellos,
pareciera una propagación atrevida
donde retumban sus alas de óxido.



EL SECRETO DE LOS AMANTES

Te escondí en un cuartito del closet,
asomé mis manos en tu cuerpo
para sentirte gemir
y ahogarte en mi boca.
Tu respiración se fue mezclando
como una mecha a punto de disolverse.
Tu risa de cautiverio me inquietó;
el tiempo y mis dedos se apresuraron
en hundirse en esa carne de sudores y caos.

Te reviví en el piso frío y quise retener
ese espacio ardiente de la memoria
donde cubrí tus ojos exaltados.
Quise que no acabaran tus sombras
ni tus cautos pasos del espacio que te redujeron
en la medida que te succionabas indecible adentro.

Te di pocas pistas para que no te movieras en un espejo de infinitos.
A escondidas nos duchamos el uno del otro,
imaginé tu cuerpo y te imaginé observando el mío
reinventándote inevitable
Te escondí ese día que no soporté alejarte
Te escondí tanto que no pude reconocer los saltos
de esa distancia que palpitaba fúnebre.



LA MESITA DEL CENTRO DEL BAR DE LA AVENIDA 33

La mesita de centro espera a media luz,
erguida y elegante en ansias
como si estuviera en medio de un lago extenso de cruces,
Inmaculada.

Espectadora de recuerdos,
de discursos atrapados,
acompañante de aves perdidas y danzantes,
amante de resucitados con sus nostálgicos protocolos,
desmayados por tanta acrobacia

La mesita de centro del bar de la avenida 33
purga los insomnios sin ponzoña,
remueve los ojos deshabitados en el rito
y cuando aumenta la noche detiene las despedidas
en su íntima música de hirvientes desvelos



LA CÁRCEL DE LAS HORAS

Podrían los desconocidos
mejorar el apetito de tu boca
recorrerme en ti
como hotel viejo y deshabitado

Aparecerme en la madrugada
y después del festín añorar tu refugio
Todos los sonidos se acercan
(no los de adentro)
revisan los rincones
e insectos que se pegan a las almohadas

Me despierto gritando por los abusos del miedo.
Arrullo mis letras de olvido
y apareces en los enjambres de la noche.
Siento que se ahorcan tus delgadeces,
las heridas de tus palabras me retumban en el cuello
y nada me rodea.



BREBAJES VIII

La destreza que te renueva
solo abarca un círculo de ojos alucinados,
un espacio reducido sin ventanales
y juegos adolescentes

Era de esperarse


BREBAJES XIV

Quiero besar la luna de tus cenizas
para que me vuelva el cuerpo perdido en tus labios.
El pasado se enciende en la difuminación del recuerdo
pronunciado...
suavemente



BREBAJES XXII

Perdí todo como una apuesta de dados,
nunca fui buena para eso
Siempre lo que abunda en pocas partículas
hace del corazón una tonada de fuego




(Del libro Homónimo, 
gentileza de la autora)

Sofía Rodríguez García






Sofía Rodríguez García, Bucaramanga (Colombia). Escritora, artista y editora. Ha sido coordinadora de espacios organizativos y de estudios políticos. Defensora de Derechos Humanos y de género; educadora popular; tallerista de literatura desde hace 22 años. Ex Detenida política. Su obra ha sido publicada en antologías, periódicos y revistas  de Rumania, Colombia, España, Argentina, México, Portugal, El Salvador, Chile e Italia. Autora del libro “Cada vez que cobija el fuego ”,  “El bar de la avenida 33”, “No permaneceré más de 40 horas contigo”Obra visual ,  edita actualmente un libro de cuentos ficción.   Realiza producciones de Poesía sin texto, “un licor del meu”: Ha participado en varios festivales en Argentina y en Colombia. Parte de su obra ha sido traducida en rumano, italiano, catalán y portugués.




miércoles, 14 de octubre de 2015

CADA VEZ QUE COBIJA EL FUEGO





MADAME SOFÍA

Señorona que cabalga los encuentros
con el fuego que revelan las manos
y las múltiples partidas de los nudos
Son suyos los laberintos
los colores que se ofrecen y los besos
Atravesados la esperan cansados
en los desnudos huérfanos
 en los insultos
 que perpetúan los renombres
los demonios de una copa de vino
y el desamparo de la piel rasgada
Se divierte nuestra Madame Sofía
con las danzas de oídos apresurados:
la vida es un hilo de muros
donde todos se aferran o se lamentan
el alma yace en el hígado
donde los buenos comensales
arañan los espejismos del horno.



ABRAZO

Ellos se abrazan en un surco de líneas entrecruzadas,
con su mochila de perdigones acarician el pecho de heridas.
Se lapidan, lamen y desvanecen como si la noche sanara
la ceniza que habita en el desdoblamiento de las rosas.

A la vuelta se les ocurre mutar en un desencuentro,
vacilantes observan los edificios que trituran sus cabezas,
huelen el cuello de olores de sábanas, el espejo y la raja,
se escuchan atropellados lejanos con síntomas en los dedos.

Nuevamente las espigas del aliento existen bajo ellos,
la lluvia de los ojos -intrusa de las mejillas- es piel de calle.
Se laceran los forros, acarician de sí la vida del recuerdo,
los sueños ya no los visten, orugas del alba,
las desapariciones de llagas parten en las venas.



POEMA BREVE I

Los delirios en las grutas son martirios de los poetas:
Amantes de los besos de enjambre
y música que corre en los pasillos de los brazos



TRANSEÚNTES ELECTOS

Amanecen extraños
como si su piel
fuera una cortina de barcos

De noche todo se exhibe
en un santiamén de oráculos
por una corrida de caminantes exóticos

Reinician redundancias
en insulsos correos
y un asco premonitorio

Concupiscencia en texto
que oprime pechos
y espaldas magulladas

Se amanece con un grabado,
un rostro perfecto de luces
sonrisas, sudor,
noticias fascistas,
rabia de un país incierto

El cansancio que escarban
permanece inmóvil
en una lamentación de huesos,
hospitales de inyecciones
contundentes y abrazados

Se les amerita
como siempre y sin disculpa
abono,
tierra,
cal de huesos

Se duchan
con cuchilla de estiércol
y una pomada para los callos



ESTREMECIDO

El planisferio del cuerpo reposa en el cuello,
aves se comen las líneas psicodélicas.
Pálidos a buena hora,
índices impregnados
por el sur de pinzas en las uñas.

Se estanca la noche de cortinas y sombras,
se desatiende la piel que espera exhausta
se aproxima el golpe con su sol de látigos:
Las Delicias del amanecer prófugo y oblicuo.



LETAL

Descárgame de risas absurdas
dulces besos y textos mordaces.
Ven y hurta
las mordeduras del aliento
Cuando puedas grítame los demonios
que con afanes abrazamos.

Ven y tira las ropas de segunda mano,
agóbiame para verte
ayúdame como enferma terminal
a este buen morir que quiere contar tu piel.

Haz del mundo
el resto del vacío
el poro de brasas
el desperdicio que nos cubre
todo eso a lo que recurrentemente llegamos.



RELOJ

Esta noche es parca tu mirada
máscaras de sangre difuminan tu rostro
las rayas de carbón aumentan la polvareda
(de los anhelos ruidosos que sobrecargan las plumas).

El tiempo alarma de los besos
no disfraza amantes
no cuenta murciélagos
ni limpia la piel de sus monstruos

Interpreto lo que piensan:
En el abismo de la vida
los gritos de la muerte
son rojas pirámides y me observan,
cada paso es su veneno en mis poros
decide hacerme ofrendas
me presenta amigos
y a la hora del machetazo
sonríe nuevamente
a la procesión que cubre.



SIMA

Como una botella apretándose el cuello
cierro los ojos en culpas y confesiones

Cabeza que llora y grita entre dormida
renegando tormentas
Se ha hecho amante de mis pensamientos
deletreando como mansa roca

Censura los gritos
 adivina los malandrines
 agarra la maleta llevada del mar,
mar que todo lo revuelca…

¿Cómo puede encapricharse en la garganta de los peces?
¿Cómo puede violar de ella su color en un aliento?
Te veo salida de las aguas
fresca
sin mayores contratiempos que los cangrejos de la palabra. 





Sofía Rodríguez García (Bucaramanga, Colombia, 1976)









viernes, 28 de noviembre de 2014

LOCA



Me han llamado loca
la loca de la luciérnaga en la lengua

Me tiran lluvia en tejados transparentes
piedras de  pintados  suplicios 

Lavan mi rostro con sables
me arrojan los trapos, la mierda 
mis piernas se recogen
las  voces  ahogan mis pulmones

La loca de la luciérnaga en la lengua
tiene algo que contarles:
Se han pronunciado los remiendos de los callos
parapetos de las uñas cortadas por la mitad

Los Puños en las tráqueas
son los amantes de mi morfina
pero ni los codos del  odio
vacilan en mi garganta
lejanos están ellos
con sus decanas máscaras
que se oxidan en los venenos del día



FURIA DE POETAS

El poeta añora lejos
la distancia ahogada.
No la quiere en sus orillas,
bufón de sus zapatos
destino con aromas de sal.
En su hoguera
echa patas de cangrejo con su nombre
y repite dulcemente:
chupasangre,
insidiosa mujer que pintas en tu vocablo
el balcón de los pesares
sirenuda, ojalá un aromascuezo
te aromatice con girasoles
te lleve lejos,
goce maldito de los ojos

Con una lágrima de venas
su furia poética entrega
abraza sus fluidos caídos
con guantes empuñados
El poeta le escribe ensoñado
embriagado en su gritos,
en una hiena de ríos en su garganta,
con su sombrilla de tristes aguijones
sentado en su silla cubierta de ojos
Ella no estará para sus hombros
su sangre seducida
suicida



AYER 

Recordé
que hasta una cerveza partida
me estruja con ojos asombrados
la frente

El brandy remueve mis pies
como saliva dolida de este vino
baldosa tan blanca
llena de sangre helada
que como piel usas

Juega tus lágrimas rojas
en mi camisa pegadita,
mi pantalón brillante
y en mi pañoleta de dije

Vino...
has hecho una papa con mis dientes,
un vinilo espeso en las paredes
asustados en papelitos

sangrante....
me rascan los zancudos por predicción

Recordé que esperaba
cada cual,
mentiras en el camino,
recordé que no debía mencionar mis desdenes

Recordé al final
en una cachetada que despierta
que no era su estela la mayor penumbra
ni su sacrificio

Recordé en mariachis escondidos
todo aquello que pisé tantas veces

(Del libro: "Un licor del meu",
en proceso de escritura)


Sofía Rodríguez García (Bucaramanga, Colombia, 1976)