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sábado, 13 de diciembre de 2025

EL DIOS DE LOS VACÍOS

 


1

La difícil extracción del sentido es simple, dice el poeta.

El sonido de las alas de la bolsa negra
que espera llenarse de basura en el patio
es dulce como la marea.

He hecho lo que he podido. 
Como en los poemas. 

Lo acopiado es sucio, trabajoso. 
Conformado por elementos simples.

Lo que me ocupa ahora es este patio. Tierra
acaso no muy mala ni muy buena, la que se saca 
para encontrar arena. 

Estaba buscando algún sentido y la
necesidad puso en mis manos
tierra que otros desechan.

Como en los poemas.
La arena querida es imposible. 
Debo querer esta tierra modesta.

Y conseguir un basurero.
Poder cerrar las alas de la bolsa negra.
Perder el ruido de la marea, dulce.

*


Biseles de la rueda de los cielos
que no entran aún en el otoño:

faltaría que esto
se me encastre en el cuerpo.

Ver la hermosa
consciencia completándose,
la serpiente mordiéndose la cola.

Faltaría encontrar la mariposa 
clavada en el espejo.

*

Quisiera tener un perro para elegir un nombre
una última palabra
último símbolo

y después solamente acariciarlo
salir a caminar con él
y no tener que usar su nombre nunca.

*

Que me arastre

-la hoja como al viento
el pez como a la corriente
la estrella como al cosmos-

un mundo mudo.


(Del libro homónimo,
Alción ed., 2024)
Carina Sedevich 




Carina Sedevich nació en Santa Fe de la Vera Cruz,  en 1972 y vive desde su infancia en Villa María, Córdoba, Argentina. Es autora de los libros La violencia de los nombres (1998), Nosotros No (2000), Cosas dentro de otra cosa (2000), Como segando un cariño oscuro (Argentina|España, 2012), Incombustible (Argentina|España, 2013), Escribió Dickinson (2014), Klimt (España|Argentina, 2015), Gibraltar (2015), Un cardo ruso (Argentina, 2016|Brasil, 2019), Cuadernos de Lolog (2017), Lavar a la madre (2017), Los budas y otros poemas (2017), Lejanas bengalas estallan (2018), Flor cineraria (2019), Grandes metales oscilantes crujen (2019)y Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder (2020), entre otros. Desde 2003 es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Villa María. Es especialista en Semiótica, maestra en Ceremonial por el Centro de Altos Estudios en Ceremonial y profesora de Yoga Integral por la Alianza Cordobesa de Yoga. Parte de su obra ha sido editada en antologías y publicaciones literarias de diversos países de Europa y Latinoamérica y traducida al italiano, al portugués y al mallorquín.

Pueden LEER más poemas en entradas anteriores.


viernes, 22 de enero de 2016

KLIMT


























EL ÁRBOL DE MANZANAS

Quisiera ver los árboles de Klimt.

Quisiera oírlos,
incluso,
hoja por hoja.

Son muchas hojas.

Tal vez más
que los días iguales de una vida.



MI VECINA HA LAVADO ropa oscura
y la ha extendido en una cuerda al sol.

Admiro la coherencia del conjunto.

Me regocija
la pulcritud de mi vecina:
la economía con que ordenó el tendido
y dispuso los broches de madera
sin encimar las prendas
ni estirarlas.

Solía tender cuando tenía un patio,
un hijo pequeño, un compañero.

Fui dulce y cuidadosa con sus ropas.



LA RAMA DE UNA HIGUERA

Es invierno todavía.
El ruido de la estufa 
funcionando
es el amor.
El ruido del agua
que se templa
es el amor.
El ruido del agua
sacudiendo 
la ropa que se lava
es el amor.
Nos desvelamos
para escucharlo todo
la gata y yo.



Carina Sedevich 






Carina Sedevich nació en 1972 en la ciudad Santa Fe y reside en Villa María, Córdoba. Ha publicado en 1998 la plaqueta “Una nube decapitada y grave” (Plaquetas Del Herrero, Editorial Radamanto, Villa María) y el libro “La violencia de los nombres” (Ediciones Fe de Ratas, Santa Fe). En 2000 publicó los libros “Nosotros No” y “Cosas dentro de otra cosa” (Ediciones Lítote, Santa Fe) y en 2012 el libro "Como segando un cariño oscuro" (Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba), también editado en España y en Chile; “Incombustible” (Alción Editora, 2013 Córdoba);  "Escribió Dickinson" (Alción, 2014) Y "Klimt", Ed. Club Hem, 2015. Parte de su obra ha sido incluida en diversas antologías del país y del exterior y traducida al portugués y al mallorquín. Es Licenciada en comunicación y especialista en semiótica.  



IMAGEN: Manzano, pintura de Gustav Klimt.




martes, 15 de julio de 2014

ESCRIBIÓ DICKINSON






































Los días se acortan y vuelven a alargarse

del invierno al verano.
Pero no la vida. 



Enciendo la lámpara de sal de la montaña

junto a mi cama.
Me suelto el pelo
recordando las canas invisibles.
Me acuesto entre las sábanas de hilo
con la bata dorada de la China.
Debajo mi piel blanca no desea
ni en sus botones rosados 
ni en sus lunares pálidos.
Sobre la almohada se escuchan mis anillos
porque está fresco, quizás, 
y se afinaron mis dedos.
El oro, la plata, la amatista.
Afuera la noche se ha espesado
porque terminó la luna llena.
Empieza el mes que precede al invierno.

Qué ligera que soy sin tus deseos.

Qué dulce corre el alma 
en mi esqueleto.
Qué cierta es esta cara y estos flancos
qué ciertos que son,
qué delicados.
Me admira mi gata, blanca y parda,
y yo la admiro a ella en su silencio.
Hasta el perfume rojo de las flores
tengo.

Qué ligera que soy sin mis deseos. 



Ayer compré un cuarto de sandía.

Desparejo, pálido, pastoso.

A veces
las cosas que uno tiene al alcance de la mano
y corta a la mañana sobre un plato

no parecen venidas de la tierra.

Las semillas resbalan y crepitan 
en el fondo acerado de la fuente.

Miro la roja tajada 
desbastada. 

Pienso en limpiar el balcón abandonado.  



Quería escribir sobre las aceitunas.

Tal vez
sobre aquellas que son pasas.

Tal vez sobre aquellas
que son negras.

Amo las cosas negras que se comen.
Amo las cosas saladas
que se tocan.

Amo las cosas duras por adentro,
las cosas densas y pringosas
por afuera.

Me hacen justicia.
Me parecen ciertas.



Hoy disolví un amor.

Algunos signos se vieron desplazados.

Algunos otros
quedaron en el aire.

Podría pensarse que es un día distinto.

Lo único cierto es que empezó el invierno. 



A veces es triste lo que hago con mis manos.

Hoy remendé el camisón de seda
que me trajiste de la China.

Lo uso solamente para mí:

se va gastando
y no habrá más camisones de la China.

Sólo éste.

Lo voy a usar como solía usar tu amor:
todos los días.

Que dure lo que dure
y que conserve las huellas

de mi cuerpo, 
que sigue estando vivo,

y de todas
las cosas aledañas.


Paso la vida sentada ante la mesa

leyendo 
y escribiendo

y bebo 

y celebro a los poetas chinos
que le cantan al vino,
a la contemplación.

Pero si veo a mi hijo borracho
me preocupo

y si lo veo ocioso
me entristezco.



No quiero cargar con otra cosa

que la fina lámina del cielo
que mis ojos pueden alcanzar. 





Carina Sedevich (Santa Fe, 1972- Reside en Villa María, Córdoba, Argentina)