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jueves, 14 de julio de 2016

CASA DE CAMBIO



























EL ORIGEN DE LA POESÍA


El hombre enciende el fuego a la entrada de la caverna.
Por entre las nubes del oeste se despide el sol del anochecer,
se difunde el aroma de la carne asada.
Unas pocas gotas de lluvia atraviesan verticales
los rayos de luz rojiza que, horizontales, atraviesan el humo.
Los otros olores son de los cueros y de los cuerpos,
de tierra mojada y de madreselvas y de todo lo verde.
La hija de dos años atiza las brasas con un palito,
sacándoles chispas;
el hijo recién nacido toma la teta, adormilado.
La mujer dice
undr
que quiere decir maravilla.
Eso.



DE LO SUBLIME MATEMÁTICO

Pienso en esa escena del Viejo y el mar
En pleno mar el viejo ve hundirse su presa descomunal,
cientos de metros para abajo,
en cámara lenta,
hasta que la imagen del pez
se termina diluyendo en el azul
oscurísimo indefinible
de las profundidades

Pienso en tener doce años
y llegar caminando de Afganistán hasta Suecia
y que te manden de vuelta

Pienso en el arroyo Antequera,
cuando de pronto desemboca
en la inquietante indiferencia
del Paraná de las Palmas,

Pienso en la esquina de San Martín y Maipú.
Ambas adoquinadas aún.
A rayo de sol de mediodía de verano
los adoquines bruñidos encandilan

“Nunca cruces solo la avenida Maipú”
me decía mi mamá.
Pienso en los niños           que nacieron
del otro lado de Maipú
y que tampoco los dejan
                                         cruzar
                                            solos.



MONO NO AWARE

II
Pronto va a oscurecer,
me voy a sentar del lado de la playa,
por donde sé que vas a llegar.

Del lado de la playa,
colores que no existen:


            el blanquirrojo de una granada abierta
                   atravesada por la luz

la espuma de mar, encaje
              de nieve acariciado por el viento, nieve oxidada
el salmón cobre del anochecer ecuatorial
                                   reflejado en el mar
que por debajo sigue azul turquesa,
cota de malla de mercurio,
                                    espejo de qué
pink laterite
           sundown barely takes
                      two minutes –


y en ese preciso quiebre del tiempo y de la luz te veo llegar, desde 

el este
con el último sol en los ojos
                       mientras todo el zafiro del cielo te rodea



SYNCHRONICITIJD

sí, ta bien
todo encuentro casual es una cita

ahora,
¿encontrarnos como nosotros nos encontramos?

Hay gente que se pasa años
         Ensayando esas Casualidades, pero nunca



ESTE CORAZÓN ES MÍO

Los que se aman a veces
parecen mellizos siameses.

Para acá - hoy mando yo,
para allá - hoy  yo decido.

No querés lo que yo doy.
No me das lo que te pido.

Al dejar de amarse, al cercenarse

el problema es dirimir quién va a quedarse
con los órganos 
antes 
compartidos.



A LA MANERA DE UN SENRYU ANÓNIMO TRADICIONAL 

Adiós.

De nuestro amor secreto 
se enteró tanta gente

que ya no tiene gracia



LAS VUELTAS DE LA VIDA

Como es harto sabido 
el hombre tiene un lado femenino. 

No sabés qué macana 
mi parte femenina 
de verte tan divina 
se me ha vuelto locamente lesbiana.




ERÓTICA 

media
mañana de otoño
mañana fría.
paso al baño de un bar
para mear.

al rato voy por la calle

y siento en los dedos

el olor.

el olor de tu sexo
no del mío.  




O N R O P

una porno pasada al revés,
los guascazos vuelven a sus respectivas pijas
como succionados
los besos y las chupaciones
son prolijamente
desprendidos de bocas
pezones
clítoris
culos
el frenesí se disipa
las pijas se desparan
los gemidos y suspiros regresan a sus pulmones
las manos se retractan de sus caricias
reponen bragas y corpiños
las ropas vuelven de un saltito a rodear torsos y piernas
los dedos clausuran braguetas y camisas,
y los actores se van, cada cual por su lado,
en una severa celebración de la castidad:
en un alarde de puritanismo




CRIATURA DIVINA

Mientras jugaba a crear un universo,
lo llamaron a tomar la leche,  y desarmá
todo eso que tengo que pasar la aspiradora.



Obediente, la Joven Divinidad se disponía
a desmantelarlo todo
pero se dijo
“No tengo ganas,
eso que lo haga otro”
Y optó entonces por
crear


al ser humano.




Jan de Jager





Jan de Jager nació en Buenos Aires, Argentina, en 1959. Vivió y estudió en la Argentina, en los Países Bajos y en España. Es licenciado en letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y ha realizado estudios de análisis del discurso y literatura neerlandesa en la Universidad de Amsterdam (UvA). Tiene también el título de Bachelor en traducción de la Escuela Superior de traductores de La Haya. Se ha desempeñado como docente de idiomas, traductor independiente, y profesor del traductorado de la Universidad de Buenos Aires.  En la actualidad reside en Bruselas.  Su obra literaria abarca los géneros de novela, cuento corto, poesía y teatro. Agunas de sus publicaciones son: Trío, Buenos Aires, 1997, Juego de Copias, Buenos Aires, 2002 y Casa de cambio vols. I, II y III, 2004-2007, Grupo Editor Latinoamericano. Algunos de sus trabajos y traducciones se pueden encontrar en las revistas virtuales www.lacasaazulada.com , www.amsterdamsur.nl  y en www.periódicodepoesia.unam.mx . De su proyecto más reciente, Relámpagos, (textos breves e hiperbreves, 5 vol) el volumen 1 apareció por Viajera editorial de Buenos Aires, en agosto de 2014. En julio de 2016 aparece el vol. 2.







martes, 12 de julio de 2016

HACKER KOANS

























En los años ochenta éramos varios los amigos que leíamos y compartíamos y comentábamos el vasto repertorio de anécdotas, semblanzas hagiográficas, vidas de patriarcas del budismo zen. En cierto momento se nos transformó en una especie de chiste parroquial la frase de cierre de muchos de los textos zen: “Y entonces, de pronto, experimentó satori. Nos divertíamos barato. 



El que sabe, sabe

Un novicio estaba intentando hacer funcionar una máquina Lisp encendiéndola y apagándola muchas veces.
Tom Knight, al ver lo que estaba haciendo el estudiante, lo increpó con severidad:: 
“Si no tienes idea de cuál es el desperfecto, si no sabes lo que está pasando ahí adentro, no puedes arreglar una máquina simplemente prendiéndola y apagándola.”
A continuación Knight se acercó a la máquina, la encendió y la apagó un par de veces, y la máquina empezó a funcionar.



Un mundo sin prejuicios

Cuentan que en cierta ocasión, cuando Sussman era un novicio, se le acercó Marvin Minsky y le preguntó qué estaba haciendo. 
Sussman: Estoy tratando de enseñarle a jugar al ta-te-ti a una red neuronal con cableado random. 
Minsky: ¿Y por qué la red está cableada random?
Sussman: Es que no quiero que tenga preconceptos sobre la manera de jugar.
Minsky cerró los ojos y se quedó un rato así.
Sussman: ¿Por qué cierras los ojos?
Minsky: Porque quiero que la habitación esté vacía. 
Sussman: ?
Minsky: La red tiene preconceptos, solamente que no sabes cuáles son. 
Y fue entonces que Sussman experimentó satori.



Koan moderno

“Se acercó el discípulo al maestro Watanabe quejándose de que por más que lo intentaba, no era capaz de entender el significado del koan que el maestro le había propuesto. ¿Tiene alguna explicación?
Watanabe le respondió:
– ¿Conoces el juego Second Life?
– Sí.
– En Second Life las personas viven una segunda vida dentro del juego: hacen compras, adquieren una nueva personalidad, un nuevo aspecto exterior, se enamoran, fundan familias, van al teatro, compran acciones, etc. ¿verdad?
– Sí…
– Y hay gente que tanto se fanatiza, que prácticamente vive su vida dentro de la segunda vida, ¿no es cierto? Ahora bien: conozco el caso de unas personas que se 
fanatizaron tanto, tanto, que aun encontrándose en el Second Life, se dedicaban a jugar a otro Second Life que funcionaba dentro del anterior.
Y al oir estas palabras, el discípulo experimentó satori…”




Satori

Se te cae una bocha de helado de chocolate en la camisa nueva, manchándola toda. “Y entonces, experimentó satori.”

Empujando un auto para que arranque, alguien se patina y se cae de jeta en el barro. “Y entonces experimentó satori.”

A alguien se le revienta el preservativo en pleno orgasmo. “Entonces, experimentó satori.”

Te llevan en cana por tenencia de drogas. En la comisaría te cagan a patadas. “Y entonces, de pronto, experimentó satori.”

Abrís el sobre del laboratorio de análisis. Te dio positivo. “Y entonces, de pronto, experimentó satori.” 






Jan de Jager (Buenos Aires, Argentina, 1959)







domingo, 10 de julio de 2016

MADEMOISELLE YVONNE
























Esta (*) es una historia de cuando mi abuelo era pibe. Entiendo que por respeto a la memoria de mi abuela, él la contaba como si el protagonista fuese otro, pero estoy casi seguro de que el cadete de la anécdota fue él mismo. 

Mademoiselle Yvonne era la actriz y cortesana más famosa de aquellos tiempos. Vendía, y muy caros, sus favores. Era hermosa, rubia de raíces no del todo negras, pasablemente francesa; y sabía hacer al hombre sentirse hombre, y le hacía suponer vanidoso que todo lo que ocurría en la cama era mérito de él. Casi todos los muchachos porteños soñaban con estrecharla en sus brazos, y unas cuantas cosas más. Soñábamos. En cambio, teníamos que conformarnos con sostener en la mano izquierda alguna foto de ella de las que salían en Caras y caretas.

A los cadetes del Colegio Militar se nos ocurrió una excelente idea.  Hicimos una vaquita para juntar los 400 pesos moneda nacional que cobraba la diva, y decidimos por sorteo quién sería el afortunado. Participamos más de cien cadetes, a cuatro pesos cada uno. Ganó Gálvez, un morocho salteño. A él le tocó la suerte de mantener en alto el Honor de la Institución…

Recién bañadito, afeitado y perfumado, vistiendo el uniforme de parada (claro), y aferrado a un ramo de rosas, Gálvez toca timbre en el piso de la actriz. Ella lo hace pasar, y está genuinamente encantada de recibir a un cliente que no tiene setenta años ni pesa cien kilos. Casi nunca le toca en suerte hacer sus favores a un jovencito. Una de las desventajas de ser una puta cara.

Pasan un rato memorable con derecho a bis más memorable todavía. Y mientras fuman el ineludible cigarrillo, curiosa, Yvonne se decide a preguntar – dice: no te quiero ofender, no, pero ¿cómo hizo un chico como vos, digo, un estudiante, para juntar tanta plata? ¿Sos de familia rica?  Gálvez duda, pero al final le explica, un poco avergonzado, lo del sorteo – así que pusimos cuatro pesos cada uno y bueno, el ganador fui yo. Gálvez se ruboriza. Piensa que quizás de algún modo, habérsela ganado en una rifa, rebaja y ofende a la famosísima actriz.

Al contrario, emocionada, Yvonne abre el cajoncito de la mesa de luz donde había guardado los 400 pesos. “Me siento muy honrada de que el Colegio Militar de la Nación, que los cadetes del Colegio hayan sentido que…  Son unos dulces. Es más, en reconocimiento a este honor que ustedes me hacen, vas a poder contarles a todos, que ser recibido en los brazos y en el lecho de Mademoiselle Yvonne no te ha costado ni un centavo…” 

Le pasa, rapidita y maternal, la mano por el pelo, le besa la punta de la nariz, y le devuelve sus cuatro pesos.



Jan de Jager (Buenos Aires, Argentina, 1959)



(*) Uno de los cuentos de Maupassant que más me gusta. Estoy convencido de que tuvo su origen en una anécdota relatada en alguna sobremesa de distendida charla y dilatados licores. Procuro refundir el cuento en un formato similar al del que creo fue su punto de partida. Además, me tomo la libertad de localizar la acción en Buenos Aires, en los años treinta.



IMAGEN: La modelo y actriz francesa Laetitia Casta.




viernes, 8 de julio de 2016

EL TEDIO

























Del otro gran aventurero de la antigüedad y de la literatura, Odiseo, sabemos por buenas fuentes que se zambulló de lleno en la rutina cotidiana.

Después de vivir todas las aventuras que relata Homero (partir a regañadientes de Ítaca hacia Troya, guerrear durante nueve años, lograr finalmente con la argucia del caballo lo que no había logrado la valentía de Aquiles ni la fuerza de Ayax – emprender luego el retorno a Ítaca pero esta vez para demorarse otros nueve años por el camino con Sirenas, Cíclopes, comedores de loto, Escila, Caribdis, el reino de los muertos, la ninfa Calipso, etc.), regresa y con la ayuda de su hijo y unos pocos más, masacra a los pretendientes que pretendían usurpar su trono y el uso de su esposa, tras lo cual aparentemente vivieron felices y envejecieron en Ítaca.

Sin embargo, nos lo volvemos a encontrar veinte siglos después, en el octavo círculo del infierno, en el canto XXVI de la Divina Comedia. Según el testimonio del Dante, el eterno aventurero no puede ser atraído o retenido por el amor de su familia, y sigue navegando los mares.

Nè dolcezza di figlio, nè la pièta
                        Del veccio padre, nè´l debito amore
                        Lo qual dovea Penelopè far lieta,

            Vincer poter dentro da me l´ardore
                        Ch´i´ebbi a divenir del mondo esperto,
                        E delli vizi umani e del valore

(Inf. XXVI 94-98)                

Cruza el estrecho, según cierta tradición funda Lisboa, luego navega casi cinco meses por el Atlántico, hasta llegar a avistar otro continente (que según Dante es la montaña del Purgatorio), pero antes de llegar a tocar tierra, su nave es engullida por las aguas.


Pero si ahora retrocedemos, esta vez unos 16 siglos, nos encontramos en el libro diez de la República de Platón con el relato de Er, un señor que, como el Dante, dicen que visitó el más allá y vivió para contarla. En ese más allá que describe Er, no hay una eternidad de Infierno, o Purgatorio y Paraíso, sino castigos y premios pero luego reencarnación. Las almas esperan en burocráticas filas a que les sea adjudicado un turno para elegir destino en su siguiente vida. 

Una feliz coincidencia entre ambos viajeros a ultratumba, es que Er también se encuentra con Odiseo. Pero la gran diferencia es que el Odiseo que Er conoce, manifiesta que, después de su agitada vida de héroe homérico, no hay nada que desearía más que la tranquila y anónima vida del más nondescript de los mortales.

Y resultó que el alma de Odiseo recibió el último turno de todos y se adelantó a elegir su destino. Recordando los trabajos pasados en su vida anterior, rechazó toda ambición y estuvo largo rato buscando una vida de ciudadano común, uno que se ocupase meramente de sus propios asuntos. Con dificultad, logró encontrar esa vida, que se hallaba tirada en un rincón, descartada por todos, y al verla dijo que aun si le hubiese tocado el primer turno, hubiese realizado la misma elección.
 (República, X, 620 c,d)


Esperemos ahora veinticinco siglos, y nos encontraremos, según Joyce, con Odiseo cumpliendo ese destino que Er o Platón le adjudican, y viviendo la vida de un tal Leopold Bloom, judío irlandés, humilde vendedor de espacios publicitarios para un periódico de Dublin, cuya rutinaria vida es degustada y espulgada a razón de más de 700 páginas / 24 horas.  




 Jan de Jager (Buenos Aires, Argentina, 1959)





IMAGEN:  Gerald Davis Gerald Davis como Leopold Bloom, del Ulysses de James Joyce; fotografía de Amelia Stein.