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martes, 27 de abril de 2021

RÍO RAÍZ









 parque Unzué

con solo mirar

el río ya tiene silencio

 

a flor de agua

las flores encendidas revelan

a raíz del río

el cielo.

la arboleda persigue la lluvia

el monte un animal

con sed de horizonte.

sobre el agua las flores

decantan

su jardín de luz

 

 

se sumerge el sol.

abre los ojos

de una primavera bajo agua

 

enciende flores

sobre el río. El cardumen

me come la cara

 

la luz de las orillas

ahora en las naranjas la luna. Gira

el espinillo en el monte

una constelacion lo tuerce

con su danza

 

te abarranca. El viento afila

memorias con fuerza

de crear o penetrar.

solo estar aqui

estando alla.

solo habitar la superficie

hundiéndose

 

cuando atraviesa el monte.

danza de luz

 

-por mas que la ciudad derrama

sus ruidos, el río tiene

un silencio inmarcesible, su secreto

transparente, su carne de ángel.

entonces si ella abraza

el árbol, el ave

se funde al paisaje

al espejo

a la música

 

sobre la puntuación

 ...sin mayúsculas al comienzo: el río desde siempre,

sin principio. Sin puntos de cierre: el río sin fin.

Sí las comas, el punto y seguido, signos interiores:

remansos, reflujos, pausas, remolinos...

 

 

(De Río raíz/Podría haber sido un haiku, epub,

 elandamio ediciones , San Juan,2020.

 

Martín Pucheta (Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina, 1981)

 


 
 

IMAGEN:  Parque Unzué- Gualeguaychú (foto de archivo)
Pueden LEER la biografía del autor, en entrada anterior (Nota del administrador).





lunes, 4 de diciembre de 2017

TOCAR DE OÍDO
















Que yo no necesite llegar hasta allí, 
pasar a otro paisaje por la herida.
Que me baste para ser el ver venir 
en diálogo de vientos. Ojo de alba.

Es verdad, los encuentros 
dan al alma sus patrones, 
alguna vez bailar y saludar entre las llamas.

¿Será tocar de oído el misterio poesía?
Vacío intenso en que el verbo reverbera 
como edénico destello de las cosas.

Tras ir, quedarse siempre y percibir 
un aire de familia en el silencio, 
armonía de adyacer en medio, siempre.

Que yo no necesite responder demasiado.
Elegir las preguntas que me ayudan, 
el anzuelo candente.

Que ser paciente sea ser sensible intensamente. 
Que ser paciente sea recibir intensamente.

Me agrada el pescador, su proporción, su aura. 
Mientras aguarda el pique telegráfico, 
contempla y oye las distancias y los mundos.

Que yo no necesite para serme más vital 
otra cosa que sentir el caracol de su tiempo.



VE VER

Tiene pocas cosas 
Diógenes el cínico.
Muy poco:
una bolsa, una manta, un bastón.

Y un cuenco 
tenía pero al ver 
beber a un niño 
agua con sus manos

lo arrojó.



JUNG

Llueve. El ruido suave de las chapas 
es un cielo para el canto de las aves. 
Tranquilo anoto el sueño 
que no vuelve: el cuerpo ajeno, 
la voluntad encarcelada en él.
La misma habitación, la misma cama. 
La angustia boca arriba, 
no saber 
si sueño aún.



RISOTTO

Cocinaba y me puse romántico. 
Como una rosa boba 
la cebolla deshojé.

No sé si por el aura 
fogosa que desprende 
(el aroma es la espina), 
pero lloré.

Y fue más bien risotada 
el desperdicio. Con la risa 
alcanzó la comisura
la lágrima lenta 
(toda tristeza es lenta) 
que bajaba 
y tragué.

Mi propio aperitivo, 
concentrado, 
gota fuerte 
como buen remedio.
Y compensé lo perdido 
para alimento.

No sé si de impresión 
o expresión, 
pero al fin lloré.

Y fue el corazón vacío.



Martín Pucheta



Martín Pucheta (Argentina, Entre Ríos, Gualeguaychú, 1981) publicó Superjardín (En danza, 2010), Superbóreos (Zorra/poesía, 2009), Matota (2009; La gota, 2010; Singular, 2012), Sonajero de misterio: los tomuer, (2009) -con Nicolás Cambon-, La Rusa -Matota II- (Singular,  2011), río raíz (Singular, 2012), y Podría haber sido un haiku (Singular, 2014). Integra las siguientes antologías de poetas: Última poesía argentina (En danza, 2008), Felicidades también (18 poetas) (2005), Poemas con famosos (Ananga ranga, 2010), Palimpsesto-parrincesto, antología enfermiza (Ananga ranga, 2011), Hijo e pluma (Ananga ranga, 2014), La Plata Spoon River (Libros de la talita dorada, 2014) y Tocar de oído (2015). Trabaja en escuelas secundarias como profesor de Lengua y literatura. Forma parte del colectivo cultural Casa Eppur si muove.



domingo, 3 de diciembre de 2017

SUPERJARDÍN


























QUE ME MUERDAN, TOTAL
ahora que me gusta una chica
no me duelen
las hormigas coloradas,

son como chichoncitos de risa 
para mi piel las ronchas, 
como airecitos de sol, 
pancita de empanada, 
como flores que se acurrucan, 
se apimpollan de frío, 
como tortugas 
debajo de la servilleta 
o escondidas en el trapo de piso.

Que me ataquen 
todos los mosquitos, 
que me muerda un perro 
y una víbora a la vez.
Ahora que me gusta una 
si me llego a morir 
ni cuenta me voy a dar.



SILENCIO FRUTAL

Todo beso bien puesto aturde 
a las jirafas del edén, 
un cachete bien acariciado 
asusta a las estrellas, 
mosquitos que submarinizan.

La caricia regiamente acariciada, 
ni viscosa, ni suelta, 
ni mamenga, ni en puntitas de pie, 
acariciada con talento azul 
y con ángel pocolento, provoca 
si no una maraña celestial 
a rastrón de la vida, 
un silencio frutal impresionante, 
un vacío mujeriego 
tal que sube
a la lluvia por las piernas 
y, pobre, desbarranca en horizonte 
la medusa del aire.

En fin, si quiero 
redondear este cariño, 
todo toqueteo de jardín, 
todo mimo fantástico y sensual 
en tiempo y forma,
con justa proporción de raíz y de vuelo, 
con babosa lentitud de caracol calcomanía
y aérea y lírica y tibia
velocidad de nube florada,
no tiene perdón de Dios,
por eso hay que hacerlo.



EL INSUFRIBLE

Cruza un caballo a lo loco.
Salpica las pupilas.
Acelera el viento de las hojas.
Se arquea, da coces y relincha. 
Quiere desprenderse de la rémora, 
arrancarse al jinete maldito.
Se afirma la estrella en la sangre, 
el brillo de la espuela.
Quiere su cara contra el lodo, 
quiere que burbujeen 
como sapos los pulmones, 
que aletee y desespere 
en sus párpados la luz.
Es como si echara raíces 
en su carne, el insufrible.
Le baja un relámpago la guasca.
Se ablanda el cuero. Se arde.
El ritmo del poema es un caballo 
que prueba la destreza de la imagen. 
Salpica el viento.
Se clava en la sangre.



Martín Pucheta (Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina, 1981)






jueves, 4 de diciembre de 2014

PODRÍA HABER SIDO UN HAIKU




LAS PALABRAS Y LAS MOSCAS

Mientras leo una antología de la dinastía T'ang
va y viene una mosca alborotada,
alcanzo el repasador desde la silla 
y lo dejo a mi alcance, 
releo un poema de Meng Hao-Jan, esta vez
moviendo apenas mis labios, además de zumbar
la mosca golpetea contra la mesa, da luego en la pared
pasando a la desesperación, me paro
para correr la cortina de la ventana.
“La primavera no solo trae flores”,
me digo. Ya con los dedos en la tela 
decido volver a mi lugar y anotar en un papel
la anécdota sin cambiar nada. 
Cuando quiero acordar
la mosca ya no se oye, y empiezo
el poema de la página siguiente.
Sé que más tarde volveré
a revisar estas palabras.



GRAVEDAD

No sé si por hablar de Galileo buscó la hondonada
mi termo en la mesa, el desliz para inclinarse,
o si la torre de Pizza en mimosa
parodia a escala
se cebó con ese ejemplo
de cortesía. Entre lo distante, entre
lo grande y lo pequeño
es mayor la gravedad
de las palabras.



ALUMNOS CON BIGOTE

Seguramente algo absurdo anoté porque al girar
mis alumnos lucían bigote. 
También a las mujeres floreció mostacho.
Me hice el inocente como pude. La verdad,
traje a colación aquel decreto de Pascual
en 1836: obligó al bigote a todos
sus soldados, como cuenta Schvartzman,*
-con fuente a la vista-, desde el jefe
hasta el último orejón.

Pensaba (es un decir) si soy a veces
el Pascual de mis alumnos al pedir
sea subrayada cierta línea en el rostro del poema
que a ellos no les queda, realmente, en la carilla.

Sea tal vez el ridículo una ayuda
memoria de lo bello, como lo es el horror.
Una forma de centrar la atención 
desde la sombra.



VERANO

La noche se reescribe en el jardín.
A través de las luciérnagas 
el palimpsesto de estrellas.



CARNICERÍA

Imaginate les decía el Checo, yo justo entré,
para nosotros se muere una persona
pero a él se le muere una parte,
mientras pasaba por la sierra un costillar,
Imaginate -o vos calculá, pudo decir-
el amor es una hipoteca.

Yo, calladito.
Ni “mu” del andrógino.
Ni “mu” de Filemón y Baucis,
rumiando a la vez precios y palabras.

- ¿Vacío o costilla, socio?
- Costilla.

Pagué y me fui
con mi parte a casa.




Martín Pucheta (Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina, 1981)