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lunes, 25 de octubre de 2021

DECIMOCUARTA POESÍA VERTICAL (1994)


 










6

Tal vez la vida sea una copia
de un proceso que se cumple en otra parte.
 
Tal vez vivamos solo en un espejo
o en la tibia granulación de una pantalla.
 
Tal vez haya otras copias.
 
Tal vez la vida sea tan sólo
la copia de una copia.


 
20
 
Un poema perdió la imagen que lo hizo nacer.
La pequeña iluminación que venía con la imagen
y que quizá la había creado,
quedó allí desguarnecida como un vuelo sin pájaro.
 
La pequeña iluminación
olvidó entonces al poema
y penetró en los ojos del poeta,
para dejar que vieran por lo menos
el poema no escrito.
 
Y además para aguardar en ellos
y sumarse a cualquier poema futuro.
 

 
49

A partir de cierto punto,
no interesa recoger más detalles.
Ya toda información abruma o confunde.
El destino de todo signo es invalidarse
en el encuentro inevitable
con el signo contrario.
 
A partir de cierto punto,
sólo importa la transposición de realidad
que deshace los signos,
rompe los sellos prepotentes
y abre las compuertas
de los caudales oscuramente imbricados.
 
Entonces todo dato nuevo
traba la realidad,
divide la energía del fondo,
debilita el pensamiento.
 
Una flor no se actualiza.
Nadie ha descripto una rosa.
Una flor es el peso de su visión.
 
El ser es siempre
lo opuesto a sus datos.
0 la conflagración que los destruye.
  
(de: “Poesía vertical-Tomo II”,
Emecé, 2005)
Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, Provincia de Bs.As., 1925; Id., Temperley, 1995)
 
 
Pueden leer la biografía en entrada anterior del autor (Nota del administrador)



martes, 1 de noviembre de 2016

POESÍA Y REALIDAD





UN ESPACIO

Un espacio
no puede borrar a otro,
pero puede arrinconarlo.
También los espacios ocupan un lugar,
en otra dimensión que es más que espacio.

Hay espacios con una sola voz,
espacios con muchas voces
y hasta espacios sin ninguna,
pero todo espacio está solo,
más solo que aquello que contiene.

Aunque todo espacio
se confunda al fin con todo espacio.
aunque todo espacio
sea un juego imposible,
porque nada cabe en nada.


*****

TENGO UN PÁJARO NEGRO
para que vuele de noche.
Y para que vuele de día
tengo un pájaro vacío.

Pero he descubierto
que ambos se han puesto de acuerdo
para ocupar el mismo nido,
la misma soledad.

Por eso, a veces,
suelo quitarles ese nido,
para ver qué hacen
cuando les falta el retorno.

Y así he aprendido
un increíble dibujo:
el vuelo sin condiciones
en lo absolutamente abierto


*****

PIENSO QUE EN ESTE MOMENTO

tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.

Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.

Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.


*****

NO TENEMOS UN LENGUAJE PARA LOS FINALES

No tenemos un lenguaje para los finales, 
para la caída del amor, 
para los concentrados laberintos de la agonía, 
para el amordazado escándalo 
de los hundimientos irrevocables.

¿Cómo decirle a quien nos abandona 
o a quien abandonamos 
que agregar otra ausencia a la ausencia 
es ahogar todos los nombres 
y levantar un muro 
alrededor de cada imagen. 

¿Cómo hacer señas a quien muere, 
cuando todos los gestos se han secado, 
las distancias se confunden en un caos imprevisto, 
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos 
y el tallo del dolor 
se quiebra como lanzadera 
de un telar descompuesto. 

¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo 
cuando nada, cuando nadie ya habla, 
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras 
de un mundo que ha perdido 
su memoria de ser un mundo?

Quizá un lenguaje para los finales 
exija la total abolición de los otros lenguajes, 
la imperturbable síntesis 
de las tierras arrasadas. 

O tal vez crear un habla de intersticios, 
que reúna los mínimos espacios 
entreverados entre el silencio y la palabra 
y las ignotas partículas sin codicia
que sólo allí promulgan
la equivalencia última
del abandono y el encuentro.


(para Jean Paul Neveu)






Roberto Juarroz



Roberto Juarroz, (Dorrego, 1925-Buenos Aires, 1995) Poeta argentino. Sus poemas, de carácter metafísico, están reunidos en volúmenes que presentan el mismo título, desde Poesía vertical (1958) hasta Sexta poesía vertical (1975). Sus composiciones han sido reunidas en Nueva poesía vertical (1977) y otras antologías posteriores. Los presentes poemas fueron incluidos por el autor en su libro de ensayos: "Poesía y realidad" (Pre-Textos, 1992). Fue Miembro de la Academia Argentina de Letras y bibliotecario, crítico y ensayista.





viernes, 19 de febrero de 2010

Versión simple del mundo...

(Decimocuarta poesía vertical, 1994)


96

Versión simple del mundo:
el lugar que encontramos.

Versión más ajustada:
el lugar que dejamos.

Versión perfeccionada:
el lugar para buscar otro mundo.

Versión casi definitiva:
el lugar de una ausencia.

Y otra más todavía:
el lugar que nos prueba
que ser no es un lugar.

Y la última versión:
el mundo es el lugar para aprender
que ser no necesita lugar.





POESÍA VERTICAL (1958)

15

El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.
El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.
El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.
Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.


SEXTA POESÍA VERTICAL (1975)

27

El silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que envuelve una cabeza
[cuando cae.
ni tampoco el que estampa la presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del viento.
Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
cada silencio tiene un registro y una profundidad.
El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro
y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.
Existe un alfabeto del silencio,
pero no nos han enseñado a deletrearlo.
Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,
tal vez más que el lector.


12

Cuando se apaga la última lámpara
no sólo se apaga algo mayor que la luz:
también se enciende la sombra.
Debería haber sin embargo lámparas
que sirvieran exclusivamente
para encender la sombra.
¿No hay acaso miradas para no ver,
vidas nada más que para morir
y amores sólo para el olvido?
Hay por lo menos ciertas tinieblas predilectas
que merecen su propia lámpara de oscuridad




Roberto Juarroz (Argentina, Dorrego, 1925- Buenos Aires, 1995)








Hay un día


Hay un día escondido en el futuro.

Se va acercando furtivamente
como un animal que se arrastra.
Pareciera un día sin fecha,
pero en algún calendario
debe estar fuertemente marcado.

Y aunque la triste homogeneidad del tiempo
hace que ningún día tenga nombre,
este día guarda en alguna de sus horas
nuestro nombre acorralado.

Ignoramos si es mejor esperarlo
u olvidar que se acerca.
No sabemos si pensar que es un día
o quizá un antidía
donde la luz se arremolina en sombra.

Tal vez lo mejor sería imaginarlo
como un día escondido en el pasado.



Roberto Juarroz (Argentina, Dorrego, 1925- Buenos Aires, 1995)

jueves, 25 de junio de 2009

Llega un día


Llega un día

en que la mano percibe los límites de la página
y siente que las sombras de las letras que escribe
saltan del papel.

Detrás de esas sombras,
pasa entonces a escribir en los cuerpos repartidos por el mundo,
en un brazo extendido,
en una copa vacía,
en los restos de algo.

Pero llega otro día
en que la mano siente que todo cuerpo devora
furtiva y precozmente
el oscuro alimento de los signos.

Ha llegado para ella el momento
de escribir en el aire,
de conformarse casi con su gesto.
Pero el aire también es insaciable
y sus límites son oblicuamente estrechos.

La mano emprende entonces su último cambio:
pasa humildemente
a escribir sobre ella misma.


(de Quinta poesía vertical, 2, 1974)

Roberto Juarroz (Argentina, Dorrego, 1925- Buenos Aires, 1995)





sábado, 20 de diciembre de 2008

¿Cómo amar...



¿Cómo amar lo imperfecto,

si escuchamos a través de las cosas
cómo nos llama lo perfecto?

¿Cómo alcanzar a seguir
en la caída o el fracaso de las cosas
la huella de lo que no cae ni fracasa?

Quizá debamos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada.



                                                                                                                                  (Sexta poesía vertical, 1975)

Roberto Juarroz (Argentina, Dorrego, 1925- Buenos Aires, 1995)










domingo, 30 de noviembre de 2008

El día en que sin saberlo



El día en que sin saberlo

hacemos por última vez una cosa
mirar una estrella,
atravesar una puerta,
amar a alguien,
escuchar cierta voz
si algo nos advirtiera
que nunca volveremos a hacer eso,
probablemente la vida se detendría
como un muñeco sin niño ni resorte.

Sin embargo, cada día
hacemos algo por última vez
mirar un rostro,
llamarse con su propio nombre,
terminar de gastar un zapato,
probar un temblor
como si la primera vez o la milésima
pudiera preservarnos de la última.

Nos haría falta un tablero
con todas las entradas y salidas marcadas,
donde se anuncie claramente, día por día,
con tiza de colores y con vocales
qué le toca terminar a cada uno,
hasta cuándo se hace cada cosa,
hasta cuándo se vive
hasta cuándo se muere.



Roberto Juarroz (Argentina, Dorrego, 1925- Buenos Aires, 1995)





lunes, 14 de julio de 2008

Si conociéramos el punto



24

Si conociéramos el punto
donde va a romperse algo,
donde se cortará el hilo de los besos,
donde una mirada dejará de encontrarse con otra mirada,
donde el corazón saltará hacia otro sitio,
podríamos poner otro punto sobre ese punto
o por lo menos acompañarlo al romperse.
Si conociéramos el punto
donde algo va a fundirse con algo,
donde el desierto se encontrará con la lluvia,
donde el abrazo se tocará con la vida,
donde mi muerte se aproximará a la tuya,
podríamos desenvolver ese punto como una serpentina
o por lo menos cantarlo hasta morirnos.
Si conociéramos el punto
donde algo será siempre ese algo,
donde el hueso no olvidará a la carne,
donde la fuente es madre de otra fuente,
donde el pasado nunca será pasado,
podríamos dejar sólo ese punto y borrar todos los otros
o guardarlo por lo menos en un lugar más seguro.
(a Laura)

(de Cuarta poesía vertical, 1969)

Roberto Juarroz
(Argentina, Dorrego, 1925- Buenos Aires, 1995)




IMAGEN: Fotograma de  "Zarabanda", film de Ingmar Bergman.