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viernes, 30 de octubre de 2020

QUE FLUYA SI NO REPTA

 









No alcanza con una manzana
 
Camino mientras pienso que, si hubiera sido Eva, hubiera sacudido el árbol
de manzanas para que todos comiesen (guazunchos, picaflores y carpinchos),
y  entonces Dios nos hubiera visto sabios y conversando
y sin saber a quién expulsar nos hubiera conservado en amor
sin fluir hacia  sudor y dolor, inmortales y felices
con serpientes lindísimas enroscadas al cuello.
Ahora veo mientras  repto por la calle
que  los ángeles a los lados de las ventanitas sacuden las espadas
y continúan expulsándome porque como manzanas y te beso
con los ojos abiertos.
 
 


Lavar, secar y guardar
 
Mientras separo los blancos, negros y grises para lavar
de lo que puede haber quedado como resto de
café en el aire, el pocillo, el plato,
eso que se pega del afuera y que va también cambiando en
el adentro en relación fluida y de limpio y sólido deviene
al estado de pastoso y deslizado y por lo tanto no hay otra
que encargarse no de devolverlo al estado inicial sino de corresponderlo
una y otra vez con la lujuria vacua del olor a limpio,
deshojo las florcitas coloradas de wasap,
un ramo de rosas que se suspende y late entre contactos nuevos y existentes,
cómo no conmoverse con esos brotes verdes de wasap, el fuego blanco
debajo de las letras, la preparación de lo reptil en el fluido
de las instantáneas que además
se guardan en la eternidad cambiante de la nube.
 
 
 
 
Yarará
 
No sé qué esperan las plantas carnívoras
y las lenguas que ven en las tinieblas
o los venenos que atraviesan las paredes.
Por las dudas no fluyo sino que liquido
y desangro mi hexagrama hacia otro día
cuando se abre nuevamente una hendija apenas
y repto yarará en las calles con el veneno
del deseo.
Alimaña que sale del asfalto sin señal y sin mapa
con otro alfabeto letra por letra
en una lengua secreta con ojos como estrellas.
 
 
  

Graciela Gianetti

 
 

Graciela Gianetti. Poeta argentina, nacida en Paraná, Entre Ríos, Argentina. Egresó del Instituto de Enseñanza Superior como Profesora de Castellano y Literatura. Se graduó después en la Universidad Católica de Santa Fe de donde egresó como Licenciada en Letras (1977). Se dedicó a la docencia en el nivel medio y superior y en concurso abierto obtuvo en 1992 la cátedra de Literatura Argentina donde se desempeñó hasta 2007 (UADER). En la Universidad Nacional de Entre Ríos obtuvo la segunda licenciatura en Lenguas Modernas y Literatura (2003) con una tesis sobre 'Abisinia Exibar' de Néstor Perlongher con recomendación para su publicación. Desde 1981 coordina el Taller Itinerante de Letras "Paraná", espacio reconocido cultural y socialmente a nivel provincial. Vinculadas con esa actividad, coordinó páginas literarias como El caracú al espiedo, con creaciones literarias y plásticas de artistas entrerrianos. Además se dedica al asesoramiento de escritores noveles.La obra publicada hasta hoy consiste en "Un otro invisible" (poemas,1981) con ilustraciones de Gerardo Zapata, "Los dioses menores" (poemas, 1983), con el que obtuvo el Premio Internacional de Poesía de Baja California, México, "Poemas eróticos y dos más" (poemas, 1987) y "Bailarines en el mercado" (poemas,2003).   Obtuvo el Segundo Premio en el Salón del Poema Ilustrado de la Municipalidad de Paraná en 2010 con ¿Borde rítmico?, obra conjunta con el artista plástico Miguel Ángel Vesco. Luego publicó :  Ella en la  red (2015).- En 2018 la Biblioteca Provincial de Paraná le realizó un homenaje que contó con la presencia de Selva Almada. Su última publicación es el fanzine : Que no fluya si no repta (2019).



jueves, 29 de octubre de 2020

BAILARINES EN EL MERCADO


 






Eclipse de la semilla

Las manzanas decoran
las tartas con almíbar.
Guardan una semilla
que late todavía.
Cabalgan huevos de oro
mientras gimen
los polluelos
y se hincha la flor de las harinas.
Barcas de amapolas se despiden
bailando y encendidas con una tea vikinga
al sur a toda vela.
Budines de naranja. Medialunas
y peras confitadas.
Pasteles de crema de vainilla
A la guerra.
 
 
Desfile sobre la muralla
 
Llegan desde el sur y desde
el norte
y atraviesan paredones y después.
Bailan con ojos de asfalto y herrumbre
y huellas de cemento
y arrugas y dobleces en la planta de los
pies y en el
borde de las manos.
Airosas llagas abanican los vestidos
y el color como lujo sobre cuerpos
con redondez
venida de quién sabe qué espontáneo
basurero.
Y
piden al pasar un fruto que arde.
 
 
Fatiga de las góndolas
 
(Manzanas demoradas, naranjas en carroza,
granadas yacentes que alientan el aliento,
poma de oro:
tomate del paraíso
para empinar las ollas en el humo,
para mojar el plato
vagabundeando entre cenizas.)
Vean cuánto vale esta frutilla
lejana de las tierras espumosas
herida de rábanos famélicos.
Reflexivos melones planetarios
nadan en el cielo artificial,
redonda creación entre los verdes del pepino
y el violado del ciruelo.
 
 
la vereda cuando una morena
y una rubia triste corno una moraleja
en francés,
con algunos pecados todavía
sin marrar en temporada,
se ofrecen con calma de peregrinas
a una mano blanca y a una mano negra
a una boca rabiosa y a una boca nueva).
El cuarzo rosa, en la cabecera.
Pim-poyo y Plm-poya: de a dos y de a tres.
 
 
Silencio
por tanta fructosa
que pule la calle
que lleva la risa, la lengua con húmeda
polución de savia silvestre, salvaje.
Sandia con vientre de dioses fundidos,
de veta hendida en la rueca de las aporías
(volcán de una boca de tormenta mítica, dragón
de llanura
nítida y simiesca
donde los neptunos nadan en el zumo
del océano lánguido, del fácil tridente que muerde los
dientes
y la orilla tránsfuga frente a las demoras).
Semilla y ceniza.
 
 
Clímax para los corderos
 
Trasegaron los campos
por lanas a los cuerpos,
la blancura de azúcar,
la mirada cortada
entre azul de frontera y amarillo delirio.
Fueron la hoguera blanca que sepulta la sombra.
En los ojos la tierra
ardió con la ignorancia de una niña vendida.
Es el modo animal de este suelo.
Aquí, morder el pasto. Allá, sorber rocío.
Encrespar el alambre y recorrer el cerco.
Después, acariciar
con sangre los cuchillos.
 

                                                                                                                    (De: Bailarines en el mercado,2003)

  
Graciela Gianetti  (Paraná, Entre Ríos, Argentina)

IMAGEN: Mercado de Córdoba, Argentina.


martes, 30 de junio de 2015

ELLA EN LA RED








































No sé cómo pude pensar
que un punto metonímico
me libraría de lo real...



Sube la lluvia el silabeo
del agua
y en el río instantáneo
punza el tatuaje del silencio.



¿Esa voz que me llama como un río que no desemboca?
¿Ese desemboque de la voz que llama al río? ¿Ese río de voz
que llama a la desembocadura? En una de esas bocas solo
un río, sólo un río...



En ese sol donde el verde levanta el cristal con que se mira.
En esa mira donde el cristal levanta soles verdes.
En ese verde donde levanta con el cristal un sol que mira.
En ese levante donde un sol mira verde tras el cristal. jajajaja.


Y sube la orilla del cascote
y baja la cresta de piedra.
Y sube la llama del borde
y baja la nieve que tiembla.
Aaaaah.



El volcán del segundo
esa rosa con cabellera que sopla en el viento
se hunde en la vacilación.


Adoro a quienes se quitan la ropa
en especial con este calor.
Y sueño con un gran corazón,
pampán pampán
de glíter sobre el bodipéin.



Todos amamos a Mónica Lewinsky.



¿Quién rompe los redondos huevos de la tarde
y los vierte sobre mi cabeza
truncos
sin germinar tordos y zorzales?
¿Es que no tienen infierno
los dedos largos de los predadores?



Voy a hundirme en una botella de malbec
como Empédocles en el volcán,
para desaparecer al modo divino.



¿No puedo entonces ir por el borde sino por la orilla?
¿Qué será de la silueta que desborda por no bordear?
¿Qué será de la orilla carcomida por no cortar?
Qué será de la mirada que se esquiva por no desear.
Borderiza para franquear la línea,
límite geopolítico de la anatomía
del estándar.



Un reloj que se sienta entre almohadones a desplumar
el frío ¿eso es surrealismo?
No creo, eso es normal.
Los pollos vienen desplumados.
Ay.



La fiesta de la diosa sembró savia en los bosques. Ella,
la oculta.



Si una mujer se refleja entera  sobre un espejo,
en la noche del veinticuatro de junio,
verá en las sombras
la imagen del enamorado.
El espejo no alcanza
para reflejar en las sombras las imágenes de un hombre.



Nací en este cuerpo de tierra demorada.



La vida exacerba el impulso de reventarla,
globo de agua en el carnaval del tiempo.



Graciela Gianetti




Graciela Gianetti. Nació en Paraná y egresó del Instituto de Enseñanza Superior como Profesora de Castellano y Literatura. Se graduó después en la Universidad Católica de Santa Fe de donde egresó como Licenciada en Letras (1977). Se dedicó a la docencia en el nivel medio y superior y en concurso abierto obtuvo en 1992 la cátedra de Literatura Argentina donde se desempeñó hasta 2007 (UADER). En la Universidad Nacional de Entre Ríos obtuvo la segunda licenciatura en Lenguas Modernas y Literatura (2003) con una tesis sobre 'Abisinia Exibar' de Néstor Perlongher con recomendación para su publicación. Desde 1981 coordina el Taller Itinerante de Letras "Paraná", espacio reconocido cultural y socialmente a nivel provincial. La obra publicada hasta hoy consiste en "Un otro invisible" (poemas,1981) con ilustraciones de Gerardo Zapata, "Los dioses menores" (poemas, 1983), "Poemas eróticos y dos más" (poemas, 1987) y "Bailarines en el mercado" (poemas,2003).