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jueves, 27 de marzo de 2014

INVERNAL



El tiempo no te ha dado las respuestas,
sólo nuevas preguntas.
Declina con las horas
la luz, las calles se despueblan,
desde tu cuarto sólo ves
un futuro de ramas harapientas,
la noche agazapada en los tejados,
y crees sentir, incluso, esa quietud
que precede a la nieve
como un aliento contenido,
algo que espera a ser
y desespera.
El invierno
lo hace todo más simple,
con su buril de frío y de carencias.
Es una disciplina,
un acuerdo entre el mundo y su reverso,
el lado de penumbra en que se apoya.

El color de la tarde
se iguala al pensamiento.
Cae sobre la calle
una luz aclarada, casi exenta,
y todo se distancia y adormece
como en un objetivo,
como si el mundo fuera un diagrama del mundo,
un mapa desnutrido y efcaz
que ha dado con el hueso de las cosas.

La mente se complace en el invierno.
Le alivian sus aristas,
su quieta economía,
la forma en que se atiene a lo que tiene.
Todo lo simplifca,
también estas preguntas intranquilas
que cambian con el tiempo,
que no cambian.



Jordi Doce



Jordi Doce, poeta, crítico y traductor español (Gijón, 1967) ha sido lector de español en la Universidad de Oxford (1997-2000) y subdirector editorial de la edición española de la revista Letras Libres. Además de traducir la poesía de Paul Auster, William Blake, T.S.Eliot, Ted Hughes, Charles Simic, Peter Redgrove y Charles Tomlinson, es autor de los poemarios Lección de permanencia (Pre-Textos, 2000), Otras lunas (DVD, 2002) y Gran angular (DVD, 2005). En prosa ha publicado Hormigas blancas, Imán y desafío, Curvas de nivel y Perros en la playa (2011). Coordina el área de poesía de Hotel Kafka.Es doctor en letras por la Universidad inglesa de Sheffield.




viernes, 2 de enero de 2009

Oigo un ruido de pasos...




Oigo un ruido de pasos

en la gravilla helada,
un chasquido vital y meridiano
que acucia en mis omóplatos.
Miro atrás, miro en torno,
y nada,
sólo el ruido de nuevo,
y nada.
(Arriba pasa el viento).
..................................Sólo
son las hojas que caen,
este morir incandescente de las hojas.



Jordi Doce (España, Gijón, 1967)



El texto fue tomado de http://jordidoce.blogspot.com/.

El tibio sol de octubre...




El tibio sol de octubre alumbra los ramajes, las blancas telarañas que ondean en el aire más limpio de la tarde. Su fulgor no calienta, tan sólo me concede una tregua de luz, una rara pureza en la que fluyo dócil, desnudo de ansiedades y deseos. El tiempo no me ha dado una sangre serena, una casa de aliento, el refugio leal de una sabiduría capaz de concertar los días con las noches, la furia y la quietud; sólo estos paréntesis fugaces, esta ilusión sin cuerpo como el verde borroso de los sauces. ¿Existe ese saber, existió alguna vez, seré capaz de hallarlo o merecerlo bajo el signo variable de los cielos? La memoria nos lega sus cenizas, los rescoldos latentes donde un turbio sentido se agazapa; su temblor, más ligero que mi nombre, oculta sin embargo una celada, los ávidos grilletes de lo infinitamente perdurable. Miro el seto de boj, el laurel polvoriento en la última luz, cómo consienten ahora en apagarse bajo el áspero gris de algunas nubes. Carecen de pasado, de raíz en el tiempo. No hay temor en su ingreso reiterado en lo oscuro, en su diario replegarse sobre la tierra helada. ¿Guardan algún recuerdo de la tarde, de este aire pacífico que iguala con su lumbre las muescas de la escena, la sabia confusión de lo real? Impasibles, giran sobre sí mismos en el tiempo, sin advertir al hombre que vela, interrogante, y en el lienzo curtido de sus formas se descubre mortal, turbado por un miedo que no entiende, que no sabe esconder. El día fue un desierto que mis actos poblaron inútilmente, y esta breve quietud un espejismo a punto de anegarse en la penumbra. Siento frío en la sangre, algo como un temblor o una inminencia. He visto despoblarse los caminos del parque. La luz cae rasante sobre la arena sucia.




Jordi Doce
(España, Gijón, 1967)



 El poema fue tomado del Diario de Poesía N°72, Bs.As., 2006.