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lunes, 3 de julio de 2023

FALSA ESTEPA (II)


Que no todo sea una neblina

concentrar, escribir 
contar algunos episodios 
porque la vida de uno es única.
Mi infancia en el sur del país, por ejemplo, 
me distinguía de las personas de la ciudad usaba esa estrategia 
simple como carta de presentación.

Una vez escribí: la última vez que dejé el lugar 
las flores estaban congeladas, 
ni bien empieza la primavera el invierno se alarga 
como dos amantes encontrados una vez al año.
Y esta frase no quiere decir mucho más que 
algo pasa, algo pasó en el medio, 
y ahora no tengo paisaje, 
o voy a decir ¿no tengo lugar?
Mientras tanto, las estaciones siguen su curso 
y se entienden más que las personas.

Puede aparecer una neblina a la mañana, 
pero a la tarde que aparezca el sol por favor.




Los pájaros parecen separados unos de otros


pero los unen las estaciones y se cuidan entre ellos en el invierno 
diciéndose dónde hay comida, meten el pico en la nieve 
comen algo, se sacuden el polvo de las plumas 
la nieve de las patas y vuelven a volar.
Esto es exactamente lo que imaginé
lo que te dije hoy tirada en la cama
quiero empezar todo de cero
pero... ¿por qué hablo como si estuviera en Rusia
cuando vivo en una falsa estepa?
Tengo un bosque en la mente. Donde hay edificios veo arboles. 
En ciudades calurosas como ésta nieva cada cien años 
no se puede estar escribiendo de nieve, árboles, tierra.



Cristales de hielo estudiados por Wilson


Las estalactitas en el invierno cuelgan
cuando hace mucho frío no gotean
son transparentes de noche, de día brillan.

Vos estás invisible, informa el recuadro del chat 
volverse visible dice la otra opción.

A veces son tan largas que unen el 
suelo con los techos.

Una vez patinamos sobre el hielo 
de la Laguna Fantasma en el km 14, 
el hielo nos dejó el cuerpo firme, varios colores: 
la cara blanca, las manos rojas, los labios morados, 
como cuando me hundí en otra laguna, El Trébol 
y me sacaron de abajo.

En el centro de la ciudad había un cisne tallado en hielo 
no se derretía porque hacia frío
y los nenes jugaban a que fumaban tirando vapor por la boca.
Un día cayó hielo como piedras
era un día que hacía calor en la ciudad,
vos agarraste una piedra y la guardaste como un talismán.

(de "Falsa estepa";
Gog y Magog, 2011)

María Paz Levinson


María Paz Levinson nació en 1978 en San Carlos de Bariloche. Publicó Ojos o Luces (1999), Blume (2001) y una traducción de El Bailarín de Hilda Doolittle (2000) en Ediciones del Diego, Un catálogo de todo lo que hay (2006) en Gog y Magog, Cartas a Cactus, Ediciones Belleza y Felicidad (2008) y dos ediciones de autor: Estancia y El modo del sueño (ambos en el 2009). Actualmente reside en Capital Federal donde estudió Letras (U.B.A.) y trabaja como sommelier. Administró el blog www.inventariodeunavitrina.blogspot.com y actualmente
www.ocurrecadatanto. tumblr.com junto con la fotografa Ana Armendáriz.


PUEDEN leer más datos biográficos y poemas en entradas anteriores de la autora (N. del A.)

 


sábado, 1 de julio de 2023

FALSA ESTEPA (I)


MANUAL DE SERVICIO


PONGO UN DISCO DE VINILO Y ESCUCHO

Pongo un disco vinilo y escucho
Ia música regada por la lluvia de los años,
el disco cambio con el tiempo y eso es irreversible
lo lavo para sacarle el polvo
sigo con el trapo amarillo los surcos en redondo
va a salir música si sigo frotando.

Me pregunto si yo cambié tanto,
si todavía alguien al oírme puede reconocer mi voz
como reconozco la canción que sale del viejo parlante.



LLUVIA DE MARZO

Mordemos fuerte la piel rugosa
y jugamos a ver quien escupe más violeta
la piel de la uva es muy amarga
ya de chiquita nace aburrida
si la guían logra ser una planta equilibrada
igual que el adolescente que busca un maestro
si la dejan crecer sin parar, se trepa donde sea
hay que poner sólo unos alambres, no muchos
pero tener algo de donde agarrarse
la planta joven da muchos racimos
la planta vieja da menos pero mejores
las bayas cuelgan como monedas azulinas
hinchadas de expectativas, de azúcar
todos las probamos y explotan adentro
la uva tiene un pincel de donde se sostiene
chupa el nutriente para la pulpa, la carne transparente
cada vez mas dulce, madura lento
también nos contaron lo que hacen cuando hay heladas
prenden tachos con restos de plantas secas
sarmientos buenos para el fuego
el humo imita la niebla, cálida con olor
los hombres llenan los tachos oxidados
muy temprano después de prender su estufa
en el invierno la planta parece muerta
todas las hojas se caen, sólo son troncos retorcidos y pelados
nosotros también nos quedamos en casa
la noche del sábado o cualquiera no hay ganas de salir
pero cuando está por llegar la primavera,
nos manda señales. Por los troncos empieza a circular
otra vez la sangre, es el momento de hablar, juntarse, hacer,
unas gotas de salvia salen de la piel, las plantas se despiertan
vamos a salir de casa, tomar cerveza en la vereda,
brota, (la flor tiene los dos sexos) se fecunda
con el viento pueden perderse muchas flores, dinero.
Adentro de la casa de la uva blanca, el perfume marea 
tenemos un techo de uvas blancas y gordas 
si todas se pinchan cae una lluvia dulce
en el alambrado los zarcillos se enroscan
los brazos sostienen toda la vid, como un pájaro anclado
los padres andan por el campo tocando las hojas
entendiendo los signos de vigor o decadencia,
de las plantas a la tarde en el campo
bayas, uvas, granos, tres palabras para decir lo mismo
las plantas estresadas necesitan agua
las mujeres tristes necesitan tiempo
las piedras retienen calor y reflejan la luz
los pastos chupan y sacan el agua
el suelo más pobre es el más rico
van a cortar las frutas, se va a generar mucho dinero
todo tiene que estar bajo control
las lluvias limpian el campo
las lluvias limpian el campo de ambición.

de "Falsa estepa";
Gog y Magog, 2011


María Paz Levinson (Bariloche, Argentina, 1978)



 

lunes, 27 de marzo de 2017

DURAZNOS
























De repente te detuviste y

compraste tres duraznos

en una verdulería de un barrio cualquiera

tocaste las frutas, el color era hermoso

tenía zonas amarillas y el degradé llegaba al rojo oscuro

muy suaves en su punto

cuando las probaste se te transformó la cara

y disfrutaste de esa carne fresca

los vendedores eran dos

una mujer y un hombre

estaban inclinados sobre un recipiente

pelaban zanahorias y se miraban con deseo

interrumpiste la escena para comprar los frutos

y ellos lentamente reaccionaron

cuando les pediste que los laven

no podías esperar a llegar a casa

te gustó pensar que todas las frutas de esa verdulería

eran así de dulces y sabrosas

porque estaban contagiadas de la piel suave,

de la carne que no quiere descansar.



Olvidaste un durazno en mi casa

por alguna razón éramos dos

pero vos compraste tres.




María Paz Levinson 




María Paz Levinson. Poeta argentina. Nació en 1978 en San Carlos de Bariloche.  Publicó Ojos o Luces (1999), Blume (2001) y una traducción de El Bailarín de Hilda Doolittle (2000) en  Ediciones Deldiego, Un catálogo de todo lo que hay (2006)  en Gog y Magog y Cartas a Cactus, Ediciones Belleza y Felicidad (2008). Gracias a una beca, realizó el taller de poesía a cargo de Arturo Carrera, Teresa Arijón y Diana Bellessi y la beca de clínica de obra a cargo de Javier Adúriz en el Centro Cultural Ricardo Rojas, 2003. Desde entonces se dedica a su oficio principal: Es la mejor sommelier argentina, y una de las mejores del mundo. Así que brindemos, por ella,  y por la poesía que nos queda.




sábado, 25 de marzo de 2017

EL MAR ENFRENTE


























EL MAR ESTÁ enfrente
no podías dormir sabiendo que estaba tan cerca
del balcón sentías el viento salado y la playa sola
querías ver brumas algas Todo, la mañana la tarde la noche
en una foto, que se pueda captar en una sola toma.
El niño gritó y sabías que no íbamos a salir a comer.
Siempre las invitaciones como proyectos de película ambiciosa.


***


TE DABA PÁNICO no sentir el suelo
las olas que con su regreso te mareaban
soñaste que era el mar argentino. Sí era,
pero en tus sueños los barcos estaban 
demsiado cerca, los pescadores a la noche
a la noche en el mar flotando
se ven las estrellas acá y estas luces
la última vez que viste el mar fue más al sur
ahora el mar te dejó en la playa y el agua
pasó, sin reparos, por encima.



María Paz Levinson (Bariloche, Argentina, 1978)



IMAGEN: Mar intervenido, art photography de Marco Antonio.





martes, 1 de septiembre de 2009

EL INTERIOR


Voy en colectivo por

esta ciudad enorme
a la noche las
estrellas y
el viento no
frío
sobre la cara
la ventanilla
bien
abierta
veo a eso de las nueve de la noche
las casas y los departamentos
su interior
la decoración de cada uno
los veladores
los sillones
los espacios cerrados
como refugios
la gente reunida alrededor de
una mesa
comiendo
o
mirando tv
o
haciendo ambas cosas al mismo tiempo
atravieso todas las
escenas al
pasar
con la velocidad que el chofer prefiere para
un domingo.
Mi mamá
solía llevarnos al colegio
cuando hacía mucho frío
en auto
era
tan temprano que
estaba todo oscuro
ella
elegía del
barrio
las calles más angostas de
tierra
nos mostraba al pasar
sus descubrimientos: diferentes
ventanas iluminadas donde
se veía a gente
desayunando
en silencio.
Cuando había una casa que le gustaba mucho
iba más despacio
admirando esa
geografía la
reunión temprana de
una familia, que
con el paso de los minutos
se iba a desintegrar
unos al colegio
otros al trabajo.
Nosotros no acostumbrábamos
a desayunar así
(todos sentados a las siete de la mañana)
no
mi mamá nos daba un mate
una tostada
parados en la cocina
o sentados en la mesita medios dormidos
uno primero
otro después
por turno
esperando
la salida para
despertarnos en
un instante
por el impacto
del frío
nieve viento o lluvia
nos llevaba
en el renault cuatro
rojo
todo congelado
las ramas del pino
que lo cubrían un poco de la helada
era nuestro garage
mi mamá
con las botas
el sombrero su
camisón y un
tapado largo
salía a llevamos
siempre temiendo que le pase algo con el auto
y que se tenga que bajar a pedir ayuda con esa ropa
pero lo seguía haciendo

un día
me contó que
le pasó algo
y que tuvo que bajarse
con el camisón y el tapado
y que se bajó de un auto
un hombre a ayudarla
que tenía una campera
unas botas
y pantalón de pijama.

Veo ahora el interior de una casa donde
alguien sirve té y hay muchas personas alrededor de
una mesa ovalada de madera oscura
se los ve conversando y riendo
hay padres con sus hijos
y adolescentes hablando en voz baja.
En el centro de la mesa una
torta de chocolate sin tocar, una
tarta de frambuesa y
otra de duraznos que está
a punto de ser
cortada.


(De: blume, Ediciones Deldiego,
2001)


María Paz Levinson  (Bariloche, Argentina, 1978)