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lunes, 31 de agosto de 2009

Vamos muy apurados...

























Cada vez que los pararon en la calle y respondieron

vamos muy apurados, les dijeron: el que se apura ya está muerto.

Pero si se detenían, sabían que no sería posible
escapar al intercambio, que nunca tiene un precio estipulado.

En las calles de cemento gastado por las pisadas de las babuchas
y de los burros, y de las ruedas de los carros y las motocicletas,

es capaz de perderse en la contemplación. Y todas sus necesidades,
y la pérdida pasan a segundo plano.

Perderse entre las cosas que mira, aplicada al detalle más ínfimo,
a un fenómeno importante, por pura gratuidad. Todo lo que

es útil, sin embargo, para quien, sumergida en la tierra, al mismo tiempo,
se encandila por desconocimiento. Nunca podrá tocar realmente lo que mira.

¿Puede asumir un pequeño rencor hacia la gente y las instituciones
que no tienen en cuenta el humor de quienes desean perderse

en la historia y el pensamiento? Una tormenta, la lluvia subiendo
y bajando por Tala Kebira, la calle principal de la medina,

sería extraordinario. Ojalá tenga la oportunidad de mojarse.




(Fragmento de Terrazas -Inédito)
Roxana Páez



Roxana Páez. Poeta argentina, nació en La Plata, Argentina, en 1962. Vive desde el año 2001 en Francia, donde da clases en los departamentos de español de distintas universidades. En Grenoble, defendió su tesis Poéticas del espacio argentino. Tradujo, entre otros, textos de Pierre Klossowski, Rachid Boudjedra, Michel Serres, Cornelius Castoriadis, Henri Méchonnic, Marcel Duchamp, Georges Bataille, Mamhoud Darwich, Josée Lapeyrère y Geneviève Huttin. Recibió el Primer Premio Nacional de Poesía del Concurso Enrique Pezzoni, otorgado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (1993), el Segundo Premio del Concurso Nacional de Poesía "La piedra movediza" (1994) y su ensayo “Juan L. Ortiz: La medida de los grillos” fue distinguido junto con otros cinco para la publicación homenaje sobre ese autor, organizado por la Fundación Banco Mercantil Argentino. Obtuvo en Francia la Beca para Traductores Literarios (1998) y la Beca Saint-Exupéry (2000-2001). Publicó Gran distracción animada (Buenos Aires, Seis Sellos,1994), Las vegas del porvenir (Buenos Aires, La Marca, 1995), La indecisión (Buenos Aires, La Marca,1999), Fogata de ramitas y huesos (Córdoba, Alción, 2002), ahora reeditado, y Madre ciruelo (Alción, 2007). Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés y portugués y publicados en numerosas revistas y antologías, entre ellas: Monstruos. El sueño de la poesía. Antología de la nueva poesía argentina. (Edición y prefacio de Arturo Carrera), Buenos Aires, FCE y Agencia Española de Cooperación Internacional, ICI-Centro Cultural de España, 2001; Antología del subte,Buenos Aires, Ediciones de la flor, 1998; Poesía. 36 autores, La Plata, La Comuna Ediciones, 1999; Naranjos de fascinante música. Poesía contemporánea de La Plata, Libros de la talita dorada, 2003; Twenty Poets from Argentina - Poetry of the Nineties (edición de Daniel Samoilovich y traducción de Andrew Graham-Yooll, Redbeck Press, Bradford, 2004); Antologie des écrivains latino-américains en France, Paris, Indigo, 2007. A fines de julio, la editorial de Marsella, Fidel Anthelme X, publicó Lettera rarissima, antología bilingue de sus poemas. Ademas del libro sobre Manuel Puig, Del pop a la extrañeza (Buenos Aires, Almagesto,1995), varios de sus ensayos integran tomos colectivos o fueron publicados en revistas especializadas. Entre ellos: "Juan L.Ortiz: La medida de los grillos”; "Dactilogramas: la escritura íntima" (sobre los manuscritos de Manuel Puig); “Oliverio Girondo: En la nuca del sueño”; “Wilde, la nueva crítica”; "Criollismo de otra experimentación: Francisco Madariaga"; “Tango del viudo’: el deseo corteja al fantasma”.

RECOMIENDO la selección de poemas de Paez, realizada en la infancia del procedimiento (de donde se tomó su biografía).

EL SUEÑO















Caminé dos horas por una ladera del volcán

Popocatépetl*, muy silenciosa
hacia arriba.

Llevaba una piedra de cuarzo
en el puño y en la mochila
pan y queso y una bolsa de higos.

Los turistas son como poetas buscando
un éxtasis, pero yo no quería salir
tanto como nacer y esa pretensión fue mi virtud.

Igual que el miedo
ahora. Las rocas se descuelgan
con las manos agarradas a ellas,

y la cinta transportadora de piedras
entre los cordones, que se retuercen como culebras,
laxas después de un gran peñón que las aplasta.

Todos los días están abajo mío,
y en la cicatriz del pulgar
de cuando por primera vez pelé una papa.

Giran los ojos con escamas de arcilla
mientras resbalo en el aire sin oxígeno.
Ahí cuando la partera encandilada te toma con un fórceps de las sienes.

Y la rodada toma un zumbido metálico.
Llegan intermitentes a la sangre
infusiones de pinchazos vegetales.

El pelo arrastra guano de cóndor. De tan alto,
tan bajo, algo tengo.
Los días originales que se enganchan

a flecos espinosos como la jarilla
de mi propia montaña en otra vida breve.
Ahora las fibras del músculo no deben oponerse a las raíces y las rocas.

Ser agua, porque lo blando vence a lo duro.
Y apenas visible en el relieve
de unas ondas, de la corriente que brotó

repentina de un peñasco de nieve,
bajo hasta el pie de mi madre
que me fumiga con humo de tabaco para que despierte.

* “Cerro que humea”, volcán de México.


(De la Antología bilingüe
Lettera rarissima, 2007)
Roxana Páez (La Plata, Argentina, 1962)




LO ILUMINADO DÉBILMENTE


Mínimas partículas sólidas que se mezclan con gas y suben al cielo

de un objeto que llega a una temperatura muy alta o se quema
como el humo de una vela, de un volcán o de la chimenea de un barco: espeso, opaco, ligero, a veces azulado saliendo por un canal de ladrillos.
O las volutas del humo acre de un cuerpo humano como símbolo de una infinitud en humaredas estatales.
El smog en la historia de otra ecología.

Pero el hombre no es hijo de aquél vapor fúnebre que sale de un agujero.

Nubes que hacen toser, llorar y morir: más humo negro
que nube.
Como la mujer rodeada de un velo espeso, cuya alegría
es recibir bajo el rayo el humo de neutrinos.

Por una predilección evanescente.
el humo pasa
por el agua perfumada de un narguile
antes de llegar a la boca
como esta palabra.
Esta que voy
a escribir sobre la orilla de la intimidad
que sahúma
como una rosa
el papel blanco y la pantalla blanca.

Una fogata en la calle acompañó el ruido de los metales.

Una riqueza que aparece y se va
al cabo de la mañana
en el cielo de La Plata.


Ya estamos pisando la tierra perfumada.

La gente marcha por la calle 7 y su desesperanza puede
hacerla
avanzar en la forma indecisa de un incendio.


(De: Fogata de ramitas y huesos,
Alción 2002)
Roxana Páez (La Plata, Argentina, 1962)