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sábado, 18 de abril de 2026

UN CIERVO EN TU MEMORIA

 


Sabemos que los cortes
no cortan la historia, 
no separan la raíz 
de lo que se abre,
solo hacen tajos en la piel que resiste,
una hendidura que deje ver
cierta expresión intraducibie de dolor.
Pero abierto el recorrido,
¿qué queda para cada cuerpo? ¿Una corona 
de fósiles que se resecan? Quizá la marca 
de una rodilla después de la arena: 
el amor es la distancia hasta el infinito 
en el que una vez nos reconocimos, 
ese vuelo de polvo 
que no termina de caer.



Dicen que esta ciudad tiene un río
que aún toca sus orillas a pleno sol,
que hay quienes todavía buscan su oleaje
como si no fuera mentira pintada tras los ceibos,
o recuerdan travesías desde el otro lado del mundo para no volver.
Dicen que esta ciudad tiene un río,
que bañaba su tierra cuando no era promesa imposible
ni persecuciones ni centros de dolor,
que alguna vez los cuerpos disfrutaron sus aguas
y criaturas de las profundidades visitaban su costa
en un tiempo en que no temían volverse despojo.
Dicen que esta ciudad tiene un río, 
aunque no logre verlo más allá de mis sueños, 
como un manto lejano que persigue el horizonte 
en medio de una brisa que roza noviembre, 
un espejismo de este lado del desierto que alimenta 
un futuro de dientes de león.



Lo mejor de diciembre
en Buenos Aires son los tilos.
Sus pétalos no tiñen la ciudad como los de las tipas 
ni maravillan como los tonos de lapachos 
o jacarandás.
Simplemente están ahí, 
sin destacarse
entre los árboles del barrio.
Su flor elige nacer casi a escondidas, 
pero la presencia de su perfume cambia 
el aire y la densidad 
de nuestro ánimo.
Su secreto se hace esperar meses 
y de pronto, nos recuerdan 
que el año es ese manojo 
de florcitas olorosas e invisibles 
que lo inundan todo y a punto de caer.



Constatar que todo sigue,
aunque no nos demos cuenta
—como una muestrita de muerte en vida—,
y que está bien así,
si en el todo, la parte,
te toque o no,
deja su huella
llena de luz, sombra,
trompeteo, vuelo utópico,
leve caricia de mariposa yuyera
que en un segundo cruzó
y se fue.



Una vez escribí
‘una parte de este mundo protege su pausa”, 
y hoy, cuando casi todo está en pausa, 
ese mundo ya no existe,
o bien parece una postal desde una ventana a otros tiempos.
Ahora, detrás del vidrio,
solo veo el cuerpo del palo borracho florecido
contra el cielo gris que simula
una síntesis del momento, pero sé
que es otra distorsión de lo pequeño en lo pequeño.
A veces creo que perdí el hilo,
o tal vez la historia me abandonó hace rato
y ya casi no logro distinguir
qué dibujo en la pared encarna cada rajadura,
qué piedrita sostiene un universo.
Una porción del abismo se siente casa,
pero cómo imaginar
paredes en medio de este viento.

(Del libro homónimo,
Llantén Editorial,2025)

Valeria Cervero


Valeria Cervero nació en Buenos Aires en 1972. Trabaja como correctora y editora. Integró diferentes proyectos de difusión de poesía para todas las edades. Es parte del equipo de la revista digital Op. cit. y una de las organizadoras de Salvaje Fruta, recital de poesía y música en el tejido de lo vivo. Publicó los libros de poemas Cadencias (2011), Escondidas (libro-álbum junto a la ilustradora Vivi Chaves, 113), Equilibristas (2014), Sin órbitas (2016), Madrecitas (2017), Seres pequeños (2018), Sibilejo (2018), Ctalamochita (2020) y Agujeros en la superficie (2021).


IMAGEN: Valeria Cervero- Festival de poesía de Bogotá-2021

Pueden LEER más poemas en entradas anteriores. 



viernes, 10 de diciembre de 2021

AGUJEROS EN LA SUPERFICIE












Alguna vez acompañaste a morir a alguien.
Estuviste a su lado cuando se iba.
Pudiste ver sus ojos entreabiertos en la mañana,
por un instante, como si quisiera llevarse
una última claridad del mundo.
Percibiste el cambio de ritmo de su respiración,
que anunciaba que faltaba poco
para que su cuerpo, esa máquina única,
finalmente parara. Cada respiro,
más lento y más marcado.
El corazón, ahí, debajo,
prolongando por unos minutos la espera,
para asegurarse de que todo estaba bien.
El timbre del teléfono de la habitación
y la voz que contaba
que el bebé estaba por nacer,
casi al mismo tiempo que en esa cama
todo se calmaba,
y la despedías. 
 


Tal vez lo que quede simplemente sea el hueso,
el que hizo de sostén todo este tiempo,
antes y después de la caída,
de la aparición en medio de la tarde
–como una maravilla
de puro olor a jazmines–,
el hueso, en medio de un cielo
que no es cielo ni arte.
¿Porque cuántas vidas abarca una vida?
¿Cuánto amor puede guardar un cuerpo?
Pero el hueso sigue ahí,
en la espera, en la dicha,
en el borde de tanto,
como el ojo del tigre en la espesura
o un destello infinito
en el desierto.
 

(De: Agujeros en la superficie,
Kimtsugi ed.,2021)
 
Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972)
 
Pueden leer la biografía en entrada anterior de la autora (Nota del administrador)
 




domingo, 6 de agosto de 2017

Pisábamos la playa







































A José María Cervero

Pisábamos la playa
cuando apenas el sol amenazaba
la línea del comienzo.
El fresco resbalaba
en mi campera verde. El pelo
atado hacia atrás para que no volara
con la primera brisa y pudiera observar
toda la humedad de la arena en ayunas,
los olvidos del agua,
ese hueco sugestivo en el suelo,
su burbujeo.
En la bolsa guardábamos caracoles
y cada uno sumaba una historia al verano.
Papá cada vez compartía la búsqueda
previa al desayuno.
Antes que volviéramos a nadar.



(Del libro SIN ÓRBITAS,
del cual pueden encontrar
una amplia selección 
en esta Biblioteca)

Valeria Cervero




Valeria Cervero nació en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina,  en 1972. Cursó la licenciatura en Letras en la UBA.  Realiza tareas de corrección y edición para diversas ditoriales. Integró el grupo de poesía Abriendo la boca y el consejo directivo de la primera época de la revista Boca de sapo. Coordinó talleres de escritura para chicos en centros culturales de la ciudad de Buenos Aires. Es autora del libro de poemas "cadencias" (Ed. de autor, s.As., 2011), de la plaqueta "el agujero negro de lo dicho" (2013); del libro-álbum "escondidas", con la ilustradora Vivi Chaves (Del Eclipse , 2013);  de "equilibristas", (Colectivo Semillas, Bahía Blanca,2014); de "Sin órbitas" (el ojo de mármol, 2016) y de "Madrecitas" (Bernacle Ediciones, Bs.As., 2017).  Algunos de sus textos aparecieron en revistas, murales y publicaciones virtuales. Seleccionó los poemas de "Poeplas", una antología digital de poesía para chicos , en dos volúmenes (Poesía Argentina, 2013 y Op.Cit,  2017). Integró el proyecto poesia argentina.com y actualmente coordina la edición de la Revista-blog virtual que dirige el poeta José Villa,  Op. CitSu blog propio es mordiscoswww.vc-mordiscos.blogspot.com.  También ha realizado un aporte valioso a la difusión de la producción de poetas de toda la Argentina (esto es, no sólo de Capital Federal, sino de todo el territorio nacional), en dos blog: Uno que abarca una selección de los poemas publicados por poetas argentinos, desde 2011 a 2013; y otro, que va de 2013 a 2017, y que sigue en curso. El nombre del blog (el mismo para los dos) es suficientemente explícito respecto de sus intenciones: DE LO QUE NO APARECE EN LAS ENCUESTAS. 2 y De lo que no aparece (en ningún lado). Es colaboradora habitual de esta Biblioteca.





viernes, 4 de agosto de 2017

SERES PEQUEÑOS





De qué manera nombrar la fragilidad
de los estados, los cuerpos,
los roces.
Un simulacro de duración nos atrapa
como la cabina de un ascensor,
aunque nunca llega a volverse casa.
Las imágenes vienen a decir lo que nunca
e insisten
en que no hay ayer
que se deslice
tan fácilmente de nuestro sitio



Encontrar una marca
que permita decir la ausencia,
la voz, el cuerpo, el abrazo que ya
no son. Como si todo
un mundo no se cerrase
sin cada gesto.
Como si la muerte alguna vez nos cobijara.



Tantas imágenes para decir que no estás
por mañanas o tardes; como si pudiera
poner distancia en la distancia,
ocultar el relumbre
fuera de toda razón, aceptar
lo imposible en lo posible,
la palabra en el plano que ya no sé.



Una casa no siempre es una casa;
puede ser la excusa para una renuncia.
Tal vez así fue para vos, mamá.
Un ejercicio solitario en medio de la espesura.



Me pregunto si sos
una suma de recuerdos,
de pasado sobre pasado de manera continua
hasta llegar al presente
como punta del iceberg de todo lo vivido
o si más bien sos 
la irrupción en mi memoria
de ciertos momentos puntuales
que surgen sin avisar
pero que están escondidos siempre,
como pequeñas piedritas
que sostienen todo un mundo.



Amamos porque somos pequeños
y buscamos la razón
que nos libere
de tanta mansedumbre



Pudimos hablar de miles de cosas hoy.
La nueva serie o el último libro,
la poca temperatura del mate, la hilera
de hojas sobre la mesa. 
Pero preferí mirarte
como quien sabe esperar lo que guarda el silencio.



Tantas cosas que se escapan de mi atención.
Las marcas de los autos. 
Las ofertas del súper. 
La última conversación en el trabajo.
Historias de famosos. 
El nuevo celular. 
Encuestas sobre libros. 
El arroz que dejé en el fuego. 
El color de ropa de mi jefa. 
Los nombres de canciones.
Los vecinos de la esquina.
La muerte de mi madre, a veces.



Desde el colectivo leo el cartel
que promete soluciones para la vida y me pregunto
si la felicidad es algo que se aprende como
se aprende a quitar las manchas de la ropa o
a condimentar empanadas, si puede enseñarse
como algunos lo hacen con los pliegues del origami
–el trazado exacto y firme para que la hoja de papel 
florezca en otras formas–, si es posible explicarla
como se dan las proporciones exactas de una torta.
La respuesta parece obvia, pero aun así 
habría que pensar que no siempre prevemos 
que lo que se nos desliza de múltiples maneras también
se nos brinda tanto como sus tontos simulacros.





Valeria Cervero (Buenos Aires, Argentina, 1972)



IMAGEN: Cartel emplazado al costado de una ruta chilena.


miércoles, 2 de agosto de 2017

MADRECITAS


























madresimos

           casi
           sin

           más memoria


    v e n s e r


  la
  mirada


  siempre enFuturo


también es
               omos su historia




              des
          cubierto

            cuenta mé
            del tiempo
            qué
            sestienden  


l     e     n     g     u     a     s       


            de
      muervivos
                   igno
                        raD
                           OS




               y la voz
                        no sólo:
                  la car
                       neahí

              la de todos
                       doloresellos
       en mitocuerpo

         e              VA

sin el miedo
de      ser
           nosOtros
ni de cargar el nombre de los muertos


E               sa

               la aparecida
               por los cuatro vientos
     entierra


VITA


    la gran diosa
   pequeñaidea del
     paratodos


dondeleestribo                 de
la
                     historia
         un cuer
                                 po


siguelt i e m


de mor                          der
            
              abismos

                 :

                  si cada cual

                     a tiende
                     su ju ego
                 





                 
Valeria Cervero (Buenos Aires, Argentina, 1972)








                                           

lunes, 31 de julio de 2017

EL AGUJERO NEGRO DE LO DICHO





















sobre qué suelo qué río 
qué marca
encontrar la calma

el agujero negro de 
lo dicho



una puerta puede ser 
la vía hacia la luz 
al torbellino a la espesura 
una sola
sacudida sin oleaje 
la pérdida del mundo 
una condena
la única 
respuesta a esa plegaria



esfuerzo por reducir el ruido
rastro de materia muda
torrente
en su viaje coral hacia silencio



cómo decir
el árbol        el cielo
azul     amarillo
     adentro
a la velocidad de una mirada

la temperatura que supera
lo que piel
agradece

el viento que araña
              alivia
devuelve un
equilibrio



si pudiera
atravesar por fin esa distancia
y no ser más afuera
o más bien
borrarme 
para todas
esas otras cabezas que me piensan
deshacer la costumbre de palabras
todas
cada
palabra sin duda
y no decir
ya no decir sin el silencio



Valeria Cervero (Buenos Aires, Argentina, 1972)





IMAGEN: Pintura de Juan Doffo, de la serie "De cuando Tarkovski plantó un árbol en mi casa".





domingo, 23 de agosto de 2015

SIN ÓRBITAS



una, dos gotas no alcanzan
para conocer la lluvia

la humedad puede mover su rumbo
hacia lo que dejamos fuera
o pasar límites y juicios
sin que nada se oponga a su trazo

no hay madera podrida que resista
ni forma de ser línea 
de sanar su rama

tras el vidrio infinito
ya seco 
algo suena otra vez
           y estoy dicha



cuando el día casi se acomoda
el calor hace estallar 
aves y niños como 
si no existieran paredes

todavía despierto en los márgenes
y recuerdo la esfera a la que no pertenezco

puro  esfuerzo en mitad de la mañana
—con las horas llego a saber
la felicidad de la piedra al sol—



¿dónde queda la intensidad 
del color que reinventa el ojo 
cuando la escasa luz o la distancia no dejan 
imagen o trama de lo que era claro?

¿qué define la insistencia de esa voz, 
su reparo, su rabia de días opacos? 

¿cuál es la luz entre nosotros, ahora,
cuando tantas luces revelan el mundo?



Hoy no es posible escribir
un poema sobre el amor, su sentido,
su duda, su causa. Sabemos que
no son benditas las palabras que dicen
sobre lo íntimo, o más bien lo ajeno
a cualquier excusa que las vuelva legibles.
Como si el estar aún
en la línea del rayo fuera razón
para dejar de callar contra el muro,
compartir las vibraciones que nos seducen 
o contar cada recuerdo que todavía inventamos.
Toda la risa del mundo podría venir
a resonar esta noche, pero sabemos
que su sonido tampoco suele dejarnos
una promesa, una cura, 
el estallido.




A Tani, a Macky

Podría ser la última tarde aquí
o tal vez el tiempo se detenga sin pedir permiso.
El cielo es allá afuera, casi árido,
y esta casa se esfuerza en su tarea de abrigar,
de sostener lo suyo.
Las risas de los hijos quiebran 
el volumen que permite entender las voces;
la mirada llega sola a cada personaje 
y la historia es la misma y otra a la vez.
In the mood for love *: insiste
la palabra a través de la muerte.
La música multiplica el instante 
y casi invita a olvidar cada tono. 
Pero el secreto es un hoyo 
pequeño en un muro que brota.


* Título en inglés de la película hongkonesa Fa yeung nin wa (2000), escrita y dirigida por Wong Kar-wai y conocida en español como Deseando amar o Con ánimo de amar.



A veces creo que sólo sos una excusa para escribir
la punta de una cadena inexplicable 
pero que puede captarse a través de un verso, una melodía; 
la imagen de un conjunto que no logra 
permanecer nunca en su mismo lugar,
si ni siquiera hay lugar que sea el mismo 
o que llegue a ser visto en el plano exacto en el que acontece. 
Y es que todo lo que vemos es pasado, 
siempre a esa distancia que no mediremos.
¿Cómo podría llegar a la imagen, ahora,
del otro real que sos y ya no miro?



Cómo saber si me sostiene o si sólo
lo creo, por conveniencia o error,
por evitar la duda. Todos los tamaños
de una pregunta terminan
por coincidir en el tono que más tememos.
La distancia talla el espacio
hacia cada lado de lo que fuimos y aún
puedo ver un cuerpo de claridad.
Como el sonido del tren a dieciséis pisos de altura
en la madrugada. Cuando casi dormimos
y confirmamos el amor en su raíz de fe.







Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972)






viernes, 27 de junio de 2014

Una calle se atreve al cielo nocturno...




I

Una calle se atreve al cielo nocturno
a pocas cuadras del centro.
Caminamos y saltan constelaciones
sobre nuestros desprevenidos
cuellos en tensión.
Los ruidos del pueblo desdeñan
la levedad de la jornada.
Verano y cuenta el sudor en las espaldas.
Sabemos
que buscar algo de fresco es
renunciar a la última
noche estrellada antes del regreso.
Más avanzamos y más se ofrece
la variedad de la Vía Láctea,
como si no guardara secretos
ante ojos terrestres que componen
historias de luces y distancias.
El cinturón de Orión ordena
lo que promete escapar.
La oscuridad nos abraza cercana
y hasta parece guiar nuestros pies,
mientras pequeños destellos juegan
a confundirnos el espacio 
en que avanzamos seguros 
sólo porque el ritmo nos apura a seguir. 
O tal vez la oscuridad no es tal, 
o la luz hace su camino de saltos 
también en esta tierra.


II

Remota ante los ojos aunque
los recuerdos hablen de su cercanía.
Un halo sobre el azul visto
a miles de kilómetros en el oscuro.
El inicio de un viaje hacia el espacio
exterior y la cordura
o su falta. Un acto de devoción
fuera de órbita
sin testigos ni causas que no sean
la más profunda curiosidad por ver
qué hay más allá del que creíamos
límite de lo conocido.
Preguntas tras preguntas que se pierden
en una cadena que sólo
promete la cuenta infinita de lo perseguido
en cada día que podemos narrar
o dejar que se desarrolle en un punto
imperfecto. Una vida diseccionada
por el tajo único de esa visión.
La Tierra escapándose de cualquier tiempo.
La imagen, en el origen de la luz,
del hogar al que no volveremos.


(del libro inédito: SIN ÓRBITAS)

Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972)






lunes, 23 de diciembre de 2013

CADENCIAS



a veces uno no sabe lo que es
como si el apuro de los pájaros hubiera carcomido ese
                                            [punto 
íntimo
en que cada día nos vestimos de azul y sabemos 
no llorar
no pedir más pan 
que el que comimos
sólo dejar que los huesos se acomoden bajo el propio
                                             [peso

y la mudez recuperada para siempre
se despoja de razones y roces
para demandar lo suyo
para saber que el fuego deja únicamente su tilde
ante los desprevenidos

acaso cuando lleguen tus ojos a saberlo 
quieran volver sobre la podredumbre 
adecirtunacirniento




combatir el miedo desde el miedo
y dejar que seas
: tierna bella dura plena

acaso lo soñado ya no viva 
pero vos sos

más allá de mis fragilidades y las tuyas
más allá de los acosos y des-seres
estás acá
para recordarme
lo que alguna vez supe




y tal vez la travesía vuelva a decir
y a pesar de todo
demuestre
que puedo esperar
(aun otra
la mirada en el mundo) 
casa en una casa 
luz en la luz

la dicha de 
habitar la poesía



Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972)




viernes, 1 de junio de 2012

LA PALABRA RESISTE

I



3

nada puede na
                   ser
dentre las ruinas

o tal vez todo
si las ruinas que fui-mos
aún cavan
la vida
deste lado


 13

la tierra ahí
ahí el veneno
de la que creíamos
m a d r e

diatrasdía
la ignorancia
de lo que ataca
el aire el agua la semilla 

las razones se filtran
en lo que respiramos
           y el ardor acá
derribando futuros

nuestro cuerpo presiente
lo que nos mata



II




3

no hay mapa que seguir

un relevo de cartas
de recorrido incierto
como la dicha



5

la palabra
    r e s i s t e
y rueda en verdad
que morimos
por ella




11

una voz que desconozco
trae
la nota que no es


                                         (De: "equilibristas")




Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972)