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domingo, 3 de septiembre de 2023

II. NILO ARRIBA


 Soñé con una joven que dormía 
suavemente a mi lado. Despertaba 
y me hablaba de incógnitos parajes 
donde la lluvia al paso del que espera 
forma un dosel ingrávido y palpita 
y donde el sol visita los geranios 
en balcones que dan siempre a la noche. 
Mientras hablaba, con un dedo errante 
me acariciaba apenas la mejilla 
y sus ojos a veces levantándose 
me miraban también. Sus pies ociosos 
iban a amanecer entre las sábanas.
Yo quedaba sin voz. Después pasaba 
junto a ella la Historia. Nilo arriba 
bogaba una barcaza: era la nuestra. 
Lejos, entre palmeras, las pirámides 
desafiaban al tiempo. Más adentro 
del Continente Negro se espesaban 
los territorios que Ana de la Jungla 
recorrió en mi niñez. Claras gacelas, 
enigmáticos fuegos y planetas, 
momias de faraones melancólicos 
que se dejan soñar. La joven pura 
me dejaba jugar con sus botones 
y de sus labios la canción fluía,
la ternura de un pétalo de rosa 
y una aventura fiel que no se acaba. 
Le pregunté su nombre y desperté.

(Del libro: Un oráculo de agua
Editorial Brujas-Colección fénix).
2023,
obsequio del autor)
Alejandro Bekes (Santa Fe, 1959)


(PUEDEN leer la biografía y más poemas en entradas anteriores del autor. N.del A.)


jueves, 13 de octubre de 2022

VIRGEN DE PROA



LA FUENTE

XXXI

Y si mi amor no es más que una figura, 
¿qué figura mi amor? ¿Antiguos días 
de claras, de infantiles alegrías?
¿Música libre de agua que perdura?

Ay, no lo sé: mi abrazo en su cintura 
y su boca en mi boca, lo sabrías, 
trágico corazón. Comprenderías 
sin palabras la tierra y su ventura.

Sólo soñar con ella es mi destino, 
y una Arcadia inventar donde me quiera 
mientras la vida ruge, arde y arrastra.

Ella en mi Arcadia y yo en este camino 
que me lastima, espanta y desespera 
y que sic itur —ironiza- ad astra.



LOS RÍOS IMPASIBLES

Huyó lo que era firme y solamente 
lo fugitivo permanece y dura.
Quevedo

Paz te dará lo que perpetuamente 
renuevan esta playa y este río: 
el negro muelle de los pescadores, 
el cabrillear del sol en el remanso, 
los árboles que se alzan retorcidos 
y la celeste garza blanca en vuelo.

Pasarán los temblores, los retoños 
del miedo que no duermen, y las aguas 
del tiempo lavarán aun esta culpa 
como roca que en limo se disuelve.

Pero el aire en los sauces inclinados, 
las nudosas raíces que se entierran 
rehuyendo el sol, las yemas que lo buscan 
y enfrente la otra costa verde y clara 
son eternas. Eterno es lo que fluye, 
y lo que anhela perpetuarse pasa.



SAN JOSÉ DEL RINCÓN

¿Qué olvidado camino se ha disuelto 
en las calles de arena, entre los sauces 
y casas viejas, junto al agua turbia?

Uno cree que vuelve a su pasado 
pero vuelve a reliquias sin memoria.

Hasta el río ha cambiado, paralelo 
su curso a los ceibales florecidos.
Otras caras ocultan las que fueron.

Desengaño del tiempo 
que no deshace su trabajo:
¿cómo volver adonde nadie espera?

Pero al soslayo, en el umbral, descalza, 
está la niña en su presente eterno, 
sigue allí, como estaba, entre sus primos 
sin saber que la he visto, sin mirarme 
y repartiendo la felicidad.

San José del Rincón,28 de diciembre de 2005


(Del libro "Virgen de proa",
Ed. Pre-textos, 2015,
Gentileza del autor)


Alejandro Bekes (Santa Fe, Argentina, 1959-Vive en Concordia  desde 1969-.


Pueden LEER la biografía en una entrada anterior del autor. (Nota del administrador).

Fotografía del autor tomada de Eduner.




martes, 11 de octubre de 2022

SI HOY FUERA SIEMPRE(Antología 1978-2002)


 












PLAZA DE PUEBLO


Hierro de hamacas viejas
chirría como en otras siestas de julio,
como en otras fiestas
que tuvo mi vida -las campanas
y calesitas tristes y cadenas
que simplemente sostenían el vuelo.
Luz de rodillas lastimadas, 
¿qué pasa con nosotros? 
¿No puedo ser yo y subirme 
como me subía siempre 
a las hamacas de la siesta?
Algún ciprés insiste
en señalar el cielo azul del pueblo.
Las veredas, tan quietas.
Y lo perdido,
lo único verdadero, el tiempo nuestro, 
en la otra orilla de la paz, mirándonos.



NOCTURNO

El oro de la luna sobre el agua.
Imagino este verso y tal vez no sea cierto 
en este atardecer sobre el agua 
el oro de la luna.
La tarde muere entre los árboles
-los viejos eucaliptos cuya familia cubre
las orillas crespas del lago-
y el viento nos promete
lo que no nos hubiéramos atrevido a pedir.
Cómo se extiende el horizonte si nos sentarnos junto
                                       [al agua
y cómo se amoneda
visto de cerca el oro de la luna.
¿Por qué ha de ser más raro decir oro que decir luz o
                                       [esplendor?
Igualmente no hay modo de decirlo 
que pueda de verdad retener esta imagen.
Si nos sentamos junto al agua 
podrás verla. A lo lejos
-cada vez más lejos- los viejos bosques de eucaliptos 
se entenebrecen tocados por una mano inmóvil 
y la noche es azul
más allá de toda palabra. La noche es azul.
El oro de la luna en el agua.



ELLA SE DESNUDABA...

ELLA se desnudaba en su secreto 
anterior a la luz del nacimiento, 
ella se despeinaba en el vacío 
del mar feroz, febril como la luna 
cuando despunta informe y a lo lejos, 
ella se descalzaba en una arena 
fría de larga noche encanecida 
por espumas de amor, de amor y viento. 
Ella se desvelaba entre mis dedos 
como una cuerda tensa entre dos islas 
o como un horizonte silencioso, 
ella se descolgaba como un ancla 
echada hacia los astros desde el cielo. 
Ella tenía cómo perdonarme 
y doblando la voz como una página 
escalar las ventanas del deseo, 
¡Ella se desvivía para verse 
difundida en la luz como un velero! 
¡Rota, rota de música, 
aromada de fuego!
Y en el desastre de la madrugada 
ella se deshacía, como un débil 
amo sobre la tumba de su perro.
(Del libro "Si hoy fuera siempre",
Ed. Pre-textos, 2006,
Gentileza del autor)

Alejandro Bekes (Santa Fe, Argentina, 1959-Vive en Concordia  desde 1969-.
Pueden LEER la biografía en una entrada anterior del autor (Nota del administrador).





lunes, 18 de abril de 2022

VIRGEN DE PROA


 









ESCRITO A LA LUZ DE LA LUNA
Che fai tu, luna, in ciel? Dimmi, che fai, 
silenziosa luna?
Leopardi, “Canto notturno’’
 
Se apaga el día y ella me señala tu disco,
tu moneda labrada con una oscura efigie.
Desde edades ocultas a la vista
de azor de las palabras, ¿qué ves, callada luna?
¿Ves las tenues variantes de las nubes sobre los continentes
oscuros para ti, como los mares secos para nosotros,
o acaso, como un vago hilo que se advierte al soslayo,
la Gran Muralla que erigimos ayer, piedra tras piedra? 
¿Ve tu luz el despunte mareante de las rosas,
ves cómo se marchitan las dulces hijas de la tierra?
¿Ves al tiempo soñarnos, ves cómo barre el viento la ceniza?
Madre de la poesía
que todavía nos asedia desde tu luz, que nos inunda
cuando la noche llega apaciguada con sigilos y aromas
y el pavor de existir nos exalta y conmueve,
yo te miro brillar en mi pluma de plata
y alzarte sobre la ciudad repleta de basura y desdicha
y te pregunto por las cosas que no responde nadie
sino tu extático silencio. ¿Qué ves, luna, en los hombres?
¿No ves al más remoto enterrando a su padre
y echando flores vivas sobre ese cuerpo inerte
que ayer lo aconsejaba y auguraba el futuro?
¿No ves el mismo duelo desde que convergían los glaciares
y te alumbraba más brillante la Tierra Llena en tus sagradas
                           noches ?
¿No ves ahora como entonces la locura y el miedo
latiendo en un venablo, en una punta filosa, en un hechizo,
los convulsos rituales de unos seres vestidos
y el temblor de sus cuerpos desnudos que se rozan
cuando rojas se extinguen las hogueras
en el hondo refugio, mientras afuera aúllan
las ambulancias o los lobos bajo tu luz alucinante?
¿No ves al niño que te mira desde su cuna mínima
soñando con la teta blanca que saciaría su hambre pura,
no ves a la muchacha donde late ya el germen de otra vida
y al fracasado cazador de sienes entrecanas
que vuelve a contemplarte como a través de siglos,
acuclillado cerca de su gruta, pensando en lo que fue,
en su paso fugaz bajo tu rostro,
luna divina? Una mujer le ha dicho
que te mire, y allí ha quedado, solo,
absorto en tu hermosura inexplicable,
como si fuera tu perfecto disco la única faz capaz de consolarlo,
la única luz capaz de comprenderlo
suspendida también sobre el abismo,
como si fueras, luna variable y única, su única confidente
y compañera,
y sus ojos los únicos abiertos para verte.
  
(Del libro: Virgen de proa,
Editorial Pre-Textos, 2015,
Gentileza del autor)
 
 Alejandro Bekes
 


Alejandro Bekes nació en Santa Fe. Argen­tina. en 1959. Vive en Concordia, desde 1969.  Es autor de los cuadernos de poesía: Esperanzas y duelos, Camino de la noche, Premio Fray Mocho, 1989,  La Argentina y otros poe­mas, 1990  Abrigo contra el ser, 1993, País del aire, 1996, El hombre ausente, 2004, entre otros poemarios.  En 2006 publicó una antología de su itinerario poé­tico con el título Si hoy Fuera siempre (Valen­cia. Pre-Textos). Ha traducido una selección de la Poesía de Gérard  de Nerval (Córdoba. Colección Fénix. 2004), las Odas de Horacio (Lo­sada., 2005). Venus y Adonis de Shakespeare (Losada. 2007). Geórgicas de Virgilio (Losada. 2007)., Epodos de Horacio, entre muchas otras traducciones. Ha publi­cado los volúmenes de ensavos: Los caminos tor­tuosos (Logroño., AMg, 1998),  Lo intraducible. Ensayos sobre poesía y traducción (Premio Amado Alonso. Pretextos,  2010), más el dic­cionario de lingüística Breviario filológico (UNER, 2014), así como di­versos ensayos y artículos en revistas universi­tarias y volúmenes colectivos. Ha sido docente titular de la Universidad Nacional de Entre Rìos y de los Profesorados en Lengua y Literatura en Ciencias de la comunicación de la Escuela Normal de Concordia; entre otras altas casas de estudios. Co­labora con las revistas argentinas Fénix y Ha­blar de poesía; y Clarín de Oviedo (España).

 



lunes, 12 de enero de 2009

SI HOY FUERA SIEMPRE
















Rojo entre las perdidas arboledas

sufre el camino las dos ruedas duras
del carro, el golpe de las herraduras
y el látigo en el aire. Las dos ruedas

torpes sacuden algo como hueco
que va en el carro. El hombre del pescante
está de luto. El arrebol errante
pierde la canción fúnebre del eco.

El hombre oscuro en el camino rojo
tiene la voz sin vida y es mi padre
y los caballos trepan entre espinas.

Y el rocío embalsama ese despojo
que va detrás, la caja de su padre;
la trágica dulzura en las colinas.



Alejandro Bekes



Alejandro Bekes. Poeta y traductor argentino. Nació en Santa Fe en 1959; desde 1969 reside en Concordia. Es docente de la Universidad de Entre Ríos y del Profesorado de Lengua de la Escuela Normal de Concordia; fue docente y rector interino de la Escuela “Jorge Luis Borges”. Ha publicado, en poesía, Esperanzas y duelos (Concordia, 1981), Camino de la Noche (Paraná, 1989), La Argentina y otros poemas (Buenos Aires, 1990), Abrigo contra el ser (Concordia, 1993), País del aire (Concepción del Uruguay, 1996), El hombre ausente (Córdoba, 2004) y Si hoy fuera siempre (Valencia, 2006). Es autor asimismo del volumen de ensayos Los caminos tortuosos (Logroño, 1998) y del manual Breviario filológico (Concepción del Uruguay, 2005). Como traductor ha publicado versiones de Shakespeare, Auden, Mallarmé y Baudelaire, una selección de la Poesía de Gérard de Nerval (El copista, 2005) y las Odas de Horacio (Losada, 2005), y últimamente Geórgicas de Virgilio y Venus y Adonis y poemas diversos de Shakespeare (en prensa). Es colaborador de las revistas Fénix, de Córdoba (Argentina) y Clarín, de Oviedo (España).


Más poemas, aquí.


domingo, 17 de agosto de 2008

EL RUISEÑOR DEL ESCORIAL

A Lucrecia

Libre sonido y vida fugitiva
alienta el ruiseñor entre los pinos
de la tarde. Voy solo, caminando
sendero arriba por una ladera
casi arcádica. Abajo, atardecido,
el Escorial eleva sus alados
torreones de pizarra.

Cernuda lo llamaba el ruiseñor
sobre la piedra. Sé por qué. Su firme
arquitectura es aire. Se dibuja
con pureza, se curva suavemente
como el verso final de una plegaria
o la música limpia de este pájaro
(tan literario y sin embargo un pájaro)
que ahora trina en la tarde. Te decía
que voy subiendo por esta ladera,
solo; empinada, serios caserones
o tranquilas casitas la ocuparon
y ya es un pueblo. Subo, fatigado,
la colina, buscándole la cumbre.

No se la encuentro. Es tarde. Todavía
creo escuchar la música del ave
del ensueño, ¡es tan alta! Y todo esto:
el ruiseñor, la senda entre pinares,
el hondo monasterio del Rey pálido
y mi cansado corazón, no tienen
música propia. Se la da tu nombre.
Este mundo es tu espejo. Yo te veo
ausente, yo te sigo
por la pendiente solitaria. Escucho
en el trino fugaz otro sonido
aun más dulce: tu paso que regresa,
tu amor que vuelve a casa...



El Escorial, 8 de marzo de 1997



Alejandro Bekes


Alejandro Bekes. Poeta y traductor argentino. Nació en Santa Fe en 1959; desde 1969 reside en Concordia. Es docente de la Universidad de Entre Ríos y del Profesorado de Lengua de la Escuela Normal de Concordia; fue docente y rector interino de la Escuela “Jorge Luis Borges”. Ha publicado, en poesía, Esperanzas y duelos (Concordia, 1981), Camino de la Noche (Paraná, 1989), La Argentina y otros poemas (Buenos Aires, 1990), Abrigo contra el ser (Concordia, 1993), País del aire (Concepción del Uruguay, 1996), El hombre ausente (Córdoba, 2004) y Si hoy fuera siempre (Valencia, 2006). Es autor asimismo del volumen de ensayos Los caminos tortuosos (Logroño, 1998) y del manual Breviario filológico (Concepción del Uruguay, 2005). Como traductor ha publicado versiones de Shakespeare, Auden, Mallarmé y Baudelaire, una selección de la Poesía de Gérard de Nerval (El copista, 2005) y las Odas de Horacio (Losada, 2005), y últimamente Geórgicas de Virgilio y Venus y Adonis y poemas diversos de Shakespeare (en prensa). Es colaborador de las revistas Fénix, de Córdoba (Argentina) y Clarín, de Oviedo (España).