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martes, 16 de abril de 2024

BRILLA LO QUE NO EXISTE

 


Nos guían en la ruta como espejos, estrellas que han existido; pero apenas son reflejos, astillas, vidrios, trozos de metales, ventanas esparcidas que el ojo no divisa. Son estrellas, entonces, aún guardan el brillo de lo que han sido antes de la destrucción. Pedazos de chapa que fueron techo para cobijar a quienes han muerto o huido, hierro retorcido que era una torre para medir, aspas de molinos que se destruyeron antes de que el agua apareciera. Fragmentos de botellas, de las que bebían con avidez en el desierto, vehículos descalabrados sobre caminos que taparon los arbustos. Brillan a nuestro costado, al frente y atrás de nuestra ruta, como si en el reflejo de cada objeto ya desahuciado viviera el ánima que siempre ha de precedernos. El ánima de lo que existe o no, es lo mismo.

(Puerto Santa Cruz)

Cristian Aliaga (Tres Cuervos, Buenos Aires 1962-Id., 16.4.2024)



lunes, 23 de noviembre de 2015

LEJÍA







































¿De dónde viene la pretensión de amarte al estilo
de los que están perdidos, de quienes ponen la mano
en tu vientre para aislar la desesperación con la caída?

Podés saber el vértigo que me das,
parado al lado de acontecimientos de río muerto,
atando a la mano el sueño con cordones que se cortan,
turbado de sangre que cae sin levantarse.
Podés oír el ruido de la furia al caer, la carga
del tiempo olvidado, el golpear la puerta
con dedos de calor;
y podés oír que nadie abre.

¿Y podés oír que nadie abre
si estoy fuera tanto tiempo?



TERRAZAS

Querida mía
alguien ha tendido la ropa que a mí me sobra.
Hay una camisa, un sombrero
y el pánico es la cuerda.



LAS PROFECÍAS DE AIRE

Mañana -futuro- cantá nena,
cantá con el pavor propio de la edad,
de la obcecación y el misterio.
Pero retumbá cantando hasta el ardor,
y no me dejés leer jamás lo que escribas.
A contraluz, bajo tus piernas, escribí siempre, sobre todo
en silencio, con el mismo líquido tuyo.
Mañana. Mañana no sabrás más que ahora,
pero tu espejo habrá dado el mayor fruto
que se puede esperar,
y dejarás de mostrar lo que te he pedido
que no me muestres.



LABIOS PINTADOS CON LA MENTE

El cabaret lleno de angustia
y un novio impotente llamado al escenario.
Te morías, me llamabas, te morías. Los labios azules,
la desesperada erección ¿te acordás?
Claro que no estarás mañana. Subite el corpiño
que nunca usaste.
Te quiero mal nacida.
Oh serpiente cascabel, muerta de risa. El escenario,
cómico de mala muerte, seguridad en los pasillos.



ÓLEO 1793

Una mujer de grandes faldas
explora la abertura de sus piernas
con aire santo
en un óleo del siglo XVIII.

Ningún detalle del futuro
      (ni los gusanos que ahora suplantan
        la mano egoísta de la doncella)
ha de empañar el gusto
que le tomamos.

Ningún detalle del futuro
nos ocultará el goce inmoderado
de lo que mañana morirá.



COMPETIDORES DE PAVESE

Los papeles diferenciados, al nacer, al morir
con las manos en la guerra,
con el silencio primitivo de los injustos.
Ah, los competidores de Pavese,
o los que salen a comparar su sexo con nostalgias
de otro tiempo,
y sólo encuentran sillas para morir
y rendir exámenes ardientes.
Lloro la tarde en que perdías tu aire de hembra lúcida
para entregarte a los buitres.



LA RUINA

Jaque al viento. La reina es puta.
Canto de rey, canto de escándalo:
quién nos dará una imagen más parecida
a la ternura.
Enroque con el as de bastos. -Que venga,
que venga alguien-.
Y después irse, cantar, repetir
la versión de que hay piernas
alumbradas y más oscuras.
El viento parte las máscaras. Vieja Alicia.
Te quiero, te quería, matame con los ojos.
Y después, después, y después. Y algo.
La ruina. Vayamos a la ruina, al amor, a la destrucción.
La canción, y los muslos y la música suficiente
para despertar a un monstruo suave. Te quería te amo te quería
y a ver si la ternura fuera devuelta.
¿Habría países, habría una habitación de madera
donde desnudarse?



PREPARACIÓN PARA EL TANGO

No cantes, no dejes de cantar: pero lo real es olvidar,
olvidar hasta tanto algo pueda recordarse con rigor,
callando y callando hasta el próximo silencio.
Ese, yo, el otro que vive repitiendo las palabras,
y la tómbola sin premios
son la máxima aspiración poética.
Hay miedo encerrado, la clínica de todos, de todos.
Vuelvo a decir: olvida / canta.




Cristian Aliaga




Cristian Aliaga. Poeta argentino. Nació en Tres Cuervos, provincia de Buenos Aires, en 1962 y reside en la Patagonia. Publicó Lejía (Último Reino, 1988;  No es el aura de Kant (Último Reino, 1992); El pasto azul (Último Reino, 1996); Estancia la adivinación (Último Reino, 1998); Música desconocida para viajes (Deldragón, 2002), la antología Estrellas en en el vidrio (Selección de Jorge Boccanera, Colihue, 2003) y La sombra de todo (Bajo la luna, 2007). Editó la obra de Juan Carlos Bustriazo Ortiz: Herejía bermeja (En Danza, 2008). Una selección de su obra, traducida por Ben Bollig, ha sido publicada en Gran Bretaña y Estados Unidos. Como compilador, publicó Sur del mundo (Narradores de la Patagonia, 1992) y Comodoro Rivadavia 1900-1940, años de imagen (1994). Publicó "Viaje interior por los márgenes de la Patagonia Austral" en el libro Patagonia: terrain vague de l'utopie (Aütrement Editions, Francia, 1996). Fundó la Editorial Universitaria de la Patagonia, la que dirigió entre 1993 y 1995. Integró el consejo de redacción de la revista Último Reino.





sábado, 21 de noviembre de 2015

NO ES EL AURA DE KANT





El resultado es el silencio.
Ocultos en los ranchos,
emparejados con la hacienda,
los peones carcomen la filosofía.
No es el aura de Kant
ni el primer motor de Tomás de Aquino:
es una bola de lento fuego
que se revuelca en el alma.
El sueño es un cuchillo en el vientre
de los blancos dioses
y un incendio de alpataco
que todo lo destruye.

La luna amontonada en los galpones
y el regreso de un interminable viaje
a caballo por las estrellas.

Los perros huelen el alma de los peones
y encuentran seres desconocidos.



MARCO DE ESMALTES

Contá tu historia, chica muda,solitario
árbol de los pechos
          Vocabulario reducido a amagues, Aratud
           puesto en un marco de esmaltes,
           adónde vamos a parar-.
La mordedura fantasma de tu estilo,
hembra Irlanda, hecha de sobriedad
y escándalo.

No amés a nadie
que te quiera tanto,
las pruebas siguen partiéndose
como espejos.



LIJA DE TINTA

Antes que nada, es preciso tener una vida
para hablar.
Es paciente, lija de tinta, pasión
del tiempo.
Es preferible, tal vez,
que pocos entiendan el discurso
de un hastiado. La comprensión excesiva
conduce al vómito.
Que nadie entienda tu memoria.
Tus gustos son muestras del estilo,
cortes de estilete
sobre un cuello finamente pálido.




Cristian Aliaga (Tres Cuervos, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1962) -Reside en la Patagonia.









viernes, 24 de abril de 2009

LOS DESEOS IRREPRIMIBLES





















Cuando la mano ya inició

el movimiento
uno tiene la conciencia fugaz
del mal que está por cometer.
La ropa caerá,
el vino será derramado,
el corazón sangrará para siempre.

Pero uno no puede detener el movimiento.




Cristian Aliaga (Tres Cuervos, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1962) -Reside en Comodoro Rivadavia, Chubut.





lunes, 29 de septiembre de 2008

ARTE POÉTICA




Un poeta -un lobo sin cartel-

no muestra sus cartas, no baraja
de nuevo, no escancia vinos
que no es capaz de beber.
Es un animal procaz
que no se ve detrás de las ventanas
sino más allá de las rejas,
un espectro sordo
que no domina su carga de ilusión
y se entrega a ella hasta ser destruido.
Un poeta -un punto azul sobre la mesa-
no mira para ver
sino para abrir los ojos.





Cristian Aliaga (Tres Cuervos, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1962) -Reside en Comodoro Rivadavia, Chubut.





viernes, 19 de septiembre de 2008

GUERREROS EN LOS POSTIGOS








Haría falta una ventana,

una gran ventana.
Por ella podrían verse
las lluvias equinocciales, los simunes
de treinta días,
los desfiles guerreros que han perdido
su guerra.
Tras esos vidrios deberían estar
los viajes imaginarios de diez generaciones
por aire, mar y tierra.
¿Existe esa ventana opaca
frente a un sillón de mimbre
con el reflejo de mi cara
en la noche?
Como una procesión, soldados irreconocibles
se esconden tras los postigos
por miedo a una guerra que aún no comenzó.





Cristian Aliaga (Tres Cuervos, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1962) -Reside en Comodoro Rivadavia, Chubut.