La popularidad de la mala escritura es análoga al disfrute de la comida chatarra.
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jueves, 8 de julio de 2021
domingo, 24 de diciembre de 2017
LA NATIVIDAD
Esta es tu patria, hijo mío,
un establo donde tu madre
ya duerme
de regreso a nuestra especie:
hasta ahora
ella era un animal mítico: el vientre
avanzado
y habitado
por Ti, entonces voraz nonato,
que le consumías hasta los huesos.
Soy un hombre añoso, he visto
todo. Sin embargo,
me sobrecoge mirarte, mi recién nacido:
a pesar de las madres
todo niño está abandonado
sobre la vastedad de una tierra callada.
Tu madre,
muchacha todavía sorprendida
por Ti, no cantó
una canción de cuna. Mirándote
sólo murmuró inacabablemente:
es espantoso esperar de Él
lo que esperan.
José Watanabe
José Watanabe Varas. Poeta peruano. Nacido en Laredo, un pequeño pueblo al este de Trujillo, el 17 de marzo de 1945. Su madre Paula Varas, peruana, de origen serrano y su padre Harumi Watanabe, japonés de quien cuenta aprendió el arte del haiku. Watanabe tuvo una infancia muy pobre, sus padres trabajaban como campesinos en una hacienda azucarera al norte del país hasta que el destino les jugó una buena pasada: ganaron la lotería de Lima y Callao y viajaron a Trujillo, la capital de la provincia. Luego José migró a Lima para seguir estudios superiores, aunque el recuerdo de Laredo quedaría siempre en su memoria, por lo cual muchos de sus poemas se ubican espacialmente ahí, un Laredo que hoy sólo existe, con sus cuatro calles, en el imaginario creado por el poeta. En Lima estudió los primeros años de la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional Federico Villarreal pero la abandonó después de casi dos años. Su formación fue esencialmente autodidacta y no sólo se desarrolló como poeta sino también como guionista de cine y documentales, estuvo muy involucrado en el medio televisivo e hizo una adaptación de Antígona de Sófocles para el grupo de teatro Yuyachkani. En 1970 compartió con Antonio Cillóniz el primer premio del concurso "Joven poeta del Perú", que organizara la revista Cuadernos trimestrales de poesía. Este galardón en su momento fue entregado a poetas como Javier Heraud y César Calvo. Empezaba así la construcción de su obra. Breve y esencial: Álbum de familia (1971), El huso de la palabra (1989), Historia natural (1994), Cosas del cuerpo (1999), La piedra alada (2005) y Banderas detrás de la niebla (2006). Murió en Lima, el 25 de abril de 2007 de un fulminante cáncer de pulmón.
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viernes, 30 de mayo de 2014
EL PAN
Perdonen que lo diga sin pudor,
pero mi madre y yo vivíamos en un pueblo
de hambrunas.
Las carencias
nos llevaban a todos a una especie de inocencia,
a un vivir
en el centro puro de nosotros mismos.
Así es cuando ya no queda nada, salvo
la postura orgullosa de mi madre
que dormía como saciada.
Cada cierto tiempo pasaban profetas
que repetían monsergas en nombre de un dios
prometedor, pero cruel.
Ninguno trajo lluvia sobre los campos yermos
ni hizo el milagro de una simple lechuga.
Una tarde se asomó a nuestra puerta
un extranjero de mirada llameante, otro agorero,
pero no supimos quién ardía en él, si su dios
o su demonio.
Dijo llamarse Elías y tenía gran hambre como nosotros.
Se quedó mirando a mi madre
que en la artesa mezclaba un puñado de harina Santa Rosa
con una cucharada de manteca sin nombre.
Estoy haciendo un pan para mi hijo y yo. Lo comeremos
y después, con la dignidad de los pobres satisfechos,
nos moriremos de hambre, dijo mi madre
Reyes 17:12.
José Watanabe (Perú, Laredo- 1945- Lima, 2007)
jueves, 29 de mayo de 2014
EL SALMÓN ROJO
Si sombras son ahora de esposa y esposo
¿cuál su cielo?
Un cielo desadornado, que así les agradó
tenerlo en la tierra.
Practicaban
la admirable belleza del amor huraño
donde el macho se queda rondando por ahí,
oliendo la tierra, las plantas, el lecho,
esperando otro llamado áspero.
De pronto, en ese ardor seco, una gentileza:
el esposo le obsequió a la esposa
una bala con un salmón rojo en la espalda.
La esposa, turbada por la inusual gracia,
vistió la prenda de seda
y el cielo estoico se rasgó por primera vez:
un rayo de luz iluminó al salmón
que parecía subir a gusto por la cascada
de los hermosísimos cabellos azulados de la esposa:
una bella imagen que ella, tan conmovida, no podía ver.
Dígasela usted, padre, para que deje de llorar.
José Watanabe (Perú, Laredo- 1945- Lima, 2007)
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miércoles, 28 de mayo de 2014
LOS AMANTES

Abundantes ropas envuelven a los amantes,
sólo un hombro o un muslo están desnudos como pulpas
de luz
y los sexos en su quieta fiereza.
Si el acoplamiento es inmóvil, las sedas de las ropas
no dejan de ondular. Las telas,
delicadamente estampadas
con menudas flores de una primavera geométrica,
se deslizan por toda la esterilla, avanzando
y acumulándose en pliegues breves y rápidos.
Si la luz de la carne es blanca,
las sedas fluyen como un río de varia coloración, un río
que se desprende del cuerpo de los amantes
que, cerrados al mundo, ignoran
cómo se agitan esas pequeñas flores rojas.
José Watanabe (Perú, Laredo- 1945- Lima, 2007)
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martes, 27 de mayo de 2014
LA QUIETUD
Estoy frente a ella como ante una orilla
o un lugar límite donde uno se sienta a pensar.
Sobre la tortuga,
la inacabable e inútil agilidad de los monos
que derrochan sus cuerpos
entre las ramas de un árbol, como ellos, enjaulado.
Las tortugas viven impasibles
y aparentemente
sin soñar vuelos ni arranques elásticos
del cuerpo
o del espíritu.
Y entonces prejuiciamos
que a las pobres no les está permitida la pasión
y sus euforias.
Sin embargo, llegado su tiempo de celo,
que no tiene cantos ni danzas,
las siete carnes míticas que guarda su caparazón
se encienden en silencio.
Y cuando macho y hembra
se encuentran, uno ya precipitado en el otro,
un ansia extrema
los inmoviliza,
y gozan sin meneo.
Teníamos igual fijeza, amor mío,
en el momento de nuestra pasión más alta:
el pez dorado
en el río inmóvil, la quietud
que avanza, el estado de gracia
en la caída del suicida, cállate
porque no había palabras.
José Watanabe (Perú, Laredo, 1945- Lima, 2007)
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lunes, 26 de mayo de 2014
EL PUENTE
Las columnas herrumbradas por el aire delgado
de la altura
suben desde las pendientes de la quebrada y sostienen con
gruesos remaches
los travesaños de hierro.
Hay miles de remaches en la estructura del puente
pero en el centro hay uno solo fijando el encuentro
de todas las fuerzas, uno solo, insospechado y firme,
evitando que el mundo se venga abajo.
Aquí alguna vez un hombre se sentó a horcajadas, hercúleo,
sobre el abismo
y selló el remache decisivo, acero al rojo y con esquirlas.
Imagina la acción tensa y peligrosa de su brazo
golpeando acompasado
como si nos transmitiera serenamente un mensaje:
nadie asegura el mundo en su contra.
El remache
permite el paso del tren de los metales y del tren de los migrantes.
y el paso contrario de los que vamos a mirar sus paisajes y
cortamontes.
Y mientras cruzas el puente y miras aterrado el vacío del
desfiladero
siente el interminable poder de ese hombre,
pero imagínalo después caminando como cualquiera,
sin alardes,
hacia los viejos campamentos desmontados
donde durmió sobre un pellejo su sincero cansancio.
José Watanabe (Perú, Laredo, 1945- Lima, 2007)
domingo, 25 de mayo de 2014
LAS MANOS
Mi padre vino desde tan lejos
cruzó los mares,
caminó
y se inventó caminos,
hasta terminar dejándome sólo estas manos
y enterrando las suyas
como dos tiernísimas frutas ya apagadas.
Digo que bien pueden ser éstas sus manos
encendidas también con la estampa de Utamaro
del hombre tenue bajo la lluvia.
Sin embargo, la gente repite que son mías
aunque mi padre
multiplicó sus manos
sólo por dos o tres circunstancias de la vida
o porque no quiso que otras manos
pesasen sobre su pecho silenciado.
Pero es bien sencillo comprender
que con estas manos
también enterrarán un poco a mi padre,
a su venida desde tan lejos,
a su ternura que supo modelar sobre mis cabellos
cuando él tenía sus manos para coger cualquier viento.
de cualquier tierra.
José Watanabe (Perú, Laredo, 1945- Lima, 2007)
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sábado, 24 de mayo de 2014
Chagall
SI me atrevo y abro la ventana
puede suceder:
el cielo gris con su golondrina completamente natural
o dos amantes sobre el mismo cielo anunciando el verano.
Soy un hombre cauto,
estoy acostumbrado a los días
y temo los milagros no previstos en el programa.
Chagall ha detenido su largo vuelo sobre mis libros,
viene de sobrevolar los campos y las aldeas,
ha estremecido
los árboles,
ha derribado
los frutos
la manzana
que descalabró los ojos miopes de Sír Isaac Newton.
Le digo que no crea
que yo también entreveo la posibilidad de volar,
de caminar por el cielorraso
de invitar a las muchachas
a mirar la ciudad desde arriba.
Chagall sonríe y sabe
que un hombre cauto
no puede huir de la cordura.
Si me atrevo y abro la ventana sé lo que puede suceder:
un hombre que se va sobre el aire
inventando
con un violín rojo
una serenata.
José Watanabe (Perú, Laredo, 1945- Lima, 2007)
IMAGEN: Marc Chagall - Le violiniste - 1926-27.
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viernes, 3 de julio de 2009
RECITAL
http://www.youtube.com/watch?v=WrZPcEm9RAs
José Watanabe ( Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
José Watanabe ( Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
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Poesía peruana
EL FÓSIL
La vida en ti fue un pez de 20 centímetros.
Tu remoto latido, hoy petrificado,
vive ahora en mi cuerpo
tan inverosímil como el tuyo.
Tú ya no puedes mirarte ni mirarme, no sabes
lo extraño que es ser pez u hombre.
Somos, te digo, inverosímiles, caprichos
de una madre delirante
que cuaja infinitas e insensatas formas en el mar
y la tierra.
El ruido alegre de los niños en el museo
que se empinan a mirar otros fósiles
interrumpe mi habitual pesimismo,
y me enternece:
después de todo, pescadito,
tal vez alguna razón existe.
(De La Piedra alada, 2005)
José Watanabe (Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
RECOMIENDO leer la selección realizada por Neorrabioso.
(De allí fueron tomados varios de los poemas de este autor)
M.L.
(De allí fueron tomados varios de los poemas de este autor)
M.L.
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Poesía peruana
LA JARRA
La jarra
permaneció un instante
en silencio
inclinada
como una mujer pensativa.
Luego prosiguió hasta quebrarse
en el piso
como una mujer pensativa.
José Watanabe (Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
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RESTAURANTE VEGETARIANO
A los vegetales se entra
con hambre de animal longevo y apacible, y lentamente
se acaba
la lechuga.
A la carne se va distinto, se ingresa a ella
con ansia orgánica, casi disputándola
como si fuera carne
del día de la resurrección, y se acaba
el bife.
Recuerdas:
para que tú vivieras
tu familia depredaba la tierra para ti,
pollos patos reses cuyes cabritos carne
para convalecer y durar.
El alimento en la boca te relaciona
con el mundo. Hay días de felino
y días de paquidermo. Hoy sean bienvenidas
las benéficas ensaladas, la suave soya y las frutas
aunque tarde:
ya cincuenta años que comes carne
y estás eructando miedo.
Pero hay días que no tienes carnes ni vegetales
sino arena en la lengua. Te explicas: tal vez has comido
una sequedad inicial, insidiosa, de pecho, y nunca
se acaba, el desierto
nunca se acaba.
(De: Cosas del cuerpo, 1999)
José Watanabe (Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
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EL ÁRBOL
En el bosque que bordea la carretera
un árbol ha desenterrado una de sus poderosas raíces
para abrazar una peña blanca.
La tierra no le fue suficiente:
la raíz es una extremidad
donde el árbol se apoya para subir aún más alto.
No conozco el nombre del árbol
pero sus largas ramas caen lacias y rápidas
como una cascada
sobre la peña.
El árbol sube y cae al mismo tiempo,
pero para nuestros ojos
este doble movimiento es uno solo.
Cómo te lo digo: para el lenguaje
subir y bajar son dos conceptos enfrentados
y nunca se funden.
Mejor ven a la carretera,
la mismidad del doble movimiento del árbol
sólo se resolverá limpiamente en nuestros ojos.
(De La Piedra alada, 2005)
José Watanabe (Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
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IMITACIÓN DE MATSUO BASHO
Fuimos rebeldes y audaces. Yo la convencí de la nueva moral que ni aun yo tenía, y huimos sin ceremonia ni consentimiento. Ella trepó ágilmente a la grupa de mi caballo y así cabalgamos hasta las primeras estribaciones de la sierra. Bordeábamos los poblados y con ramas desgajadas íbamos cubriendo nuestras huellas. Nos detuvimos en una aldea cuyo nombre alude a la contemplada limpidez del río que la atraviesa.
Había clara luz de tarde cuando el posadero nos abrió la pesada puerta de palo. A pesar de reconocer en él a un hombre sin suspicacias, le mentimos nuestros nombres. Le encargué una buena habitación para nosotros y cuidados para nuestro caballo. Ella, azorada y hambrienta, mordía a mi lado una manzana.
El cuarto era blanco y olía a resinas de eucalipto. Aunque ofrecido con excesiva modestia por el posadero, allí hallamos seguridad. Desde el pie de nuestra ventana los trigales ascendían hasta las faldas riscosas donde pastaban los animales del monte. Las cabras se perseguían con alegre lascivia y se emparejaban equilibrando peligrosamente sobre las aguas rocosas. Ella cerró la ventana y yo empecé por desatar su largo cabello.
Fuimos rebeldes y audaces. Sin embargo, ahora nos perdonan nuestras familias y nos perdonamos nosotros mismos. Nuestro hogar ha sido tardíamente consagrado. Eso es todo. Nunca traicioné otras grandes verdades porque quizá no las tuve, excepto el amor que me hizo edificar una casa, excepto el amor que nunca debió edificar una casa.
A veces pienso cabalgar nuevamente hasta esa posada para colgar en su puerta estos versos:
En la cima del risco
retozan el cabrío y su cabra.
Abajo, el abismo.
(De: El Huso de la palabra, 1989)
José Watanabe (Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
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jueves, 14 de agosto de 2008
FLORES
La madreselva se cerró al amanecer
y yo, sin su perfume, seguí creyendo en la poesía.
Es difícil persistir en la poesía, más aún
cuando ella misma nos desorienta:
en la desesperación
yo escribí los poemas más sosegados.
¡Casi enloquezco pidiendo calma!
Ahora, después de la noche en blanco
y ningún verso, estoy en paz.
La madreselva, ya lo dije, se cerró al amanecer.
Otras flores habrá a lo largo del día.
Los lirios que pone mi mujer en la sala,
las rosas que dejan caer los cortejos fúnebres,
las flores carnívoras que se cierran tan violentamente
que apenas dejan ver a la abeja que matan.
De estas flores aprenderé, una vez más,
que la poesía que tanto amo sólo puede ser
una fugaz y delicada acción del ojo.
José Watanabe (Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
El poema publicado fue extraído de la Revista "El poeta y su trabajo", Nº25, Primavera 2007, dirigida por el poeta Hugo Gola.
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VIEJA CON PERRA
Una vieja flaca y traposa
como un arbusto seco en este aire polvoriento
espera que su perra de tetas flaccidas
beba el agua turbia de la acequia de los maizales.
Mientras espera, embozada en su manta,
nos observa largamente: pasajeros aburridos
de un ómnibus cuyo desmañado conductor
mea como un caballo detrás de una tapia.
La perra ahita se le va
pero regresará pronto con más perritos.
En este caserío tan pequeño
nadie se aleja nunca.
El ómnibus reanuda su marcha
y los pies de la vieja ahora parecen penetrar
el subsuelo. Como la Baucis del mito,
enraizada, ya no dará un paso más, y el sol
que se enciende de súbito
la convierte a lo lejos en una fogata oscura.
José Watanabe (Perú, Trujillo, 1945 - Lima, 2007)
El poema publicado fue extraído de la Revista "El poeta y su trabajo", Nº25, Primavera 2007, dirigida por el poeta Hugo Gola.
IMAGEN: Arthur Rackham's illustration for Ovid's tale 'Baucis and Philemon'.
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