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miércoles, 25 de octubre de 2023

Anudo el alma...


Anudo el alma a las sombras
camino.

El sol se detiene en el
duro corazón
de la simetría.

Puntos de luz.

Lo que acaricio
se derrite.


***

En el centro de la flor
en el centro
de la sombra de la mano
brilla exacta
la yema del tiempo.

de "La sombra de la mano"

(Voces entramadas-a:Capela ediciones
EPUB, Bibilioteca virtual, 2021)

Selva Dipasquale



Selva Dipasquale nació en Buenos Aires en 1968. Publicó Poética de los Oficios y Tallar te obliga a pensar en las cosas (2020) junto a Tamara Domenech; La sombra de la mano (2015); La disipación (2012); Ballyhoo (2012); Meditaciones en el Bosque (2007); Paraselene (2005); Camaleón (1998); Teoría de la Ubicación en el Espacio (1994). Coordina La Infancia del Procedimiento, El Infinito Viajar y la Biblioteca Virtual.


 

jueves, 15 de septiembre de 2022

AGUA TURQUESA

 


Para Selene

I. PARTITURAS


Gramilla

Olas vibrantes de piel
pegándose y despegándose
quieren volver
a su estado original.

Pecho abierto mariposa:

bolsillos en los que hay
marcas de agua
partituras.

Y el túnel de un instrumento de cuerdas
uniendo el pequeño jardín
con mi interior.



Cuando el corazón se desplaza en un instante infinito

¡Oh, qué placer se propaga! Como si la cápsula del cuerpo se abriera y sus fluidos se trasladaran sin rumbo. Libertad breve y absoluta. Agujeros negros como en las plantas de mi patio frente a las que escribo mientras entrelazan sus almas —tonos claros, oscuros— invitándome a puentes invisibles. La luz de la nube desciende, se expande única y rueda con absoluta libertad ¡Qué maravilla!



Lluvia de cenizas sobre el mundo

De manera invisible
el cuerpo de algunos seres
se constituye
en cientos, miles de pequeñas

placas
carbonizadas:

brillantes
frágiles
crujientes.

Como el de la paloma gigante
en medio del patio.

El corazón absorbe
las partículas negras.

Nada lo detiene.



Detrás del ventanal esmerilado

Puntitas triangulares hamacándose

un foco de pinos
fantasmal

¿se ve?
¿se piensa?
¿existe?

Agua turquesa
subiendo a borbotones
en amalgama
con la luz matinal.

Y si alguien cortara
este paisaje de puro papel

un corazón de pájaro raído

sangre y desazón.



Brillan los seres en la sequedad
adormilada del otoño

Los espíritus flexibles danzan
un volcán se ha activado en mi cerebro
veo mis pensamientos arrastrados
por un líquido negro.

Roja lava perpetua.



En la Casa de la Poesía

Cuando me tiro de cabeza
a la pileta
mis piernas se dan vuelta
y caen

lento

como ahora las agujas del reloj.

El agua y el aire
por un instante
tienen
la misma densidad.

Voy hasta el fondo
y regreso a la superficie
en una sola dirección,

a toda velocidad y con los ojos

bien abiertos.

El cielo está turbio
se apaga.

Respiro

las flores del aromo
flotan.



En una nube muy cerca de la tierra

Una muestra de palabras ya dichas
                  olvidadas
contemplo los bordes de las letras
sin poder acceder al significado.

Palabras-matriz.
Palabras-raíz.

Palabras sin corazón.


(Del Libro "Agua turquesa",
a: capela ediciones, 2022)


Selva Dipasquale



Selva Dipasquale nació en la Provincia de Buenos Aires en 1968. Vive y trabaja en la Ciudad de Buenos Aires. Es abogada (UBA), poeta y curiosa de diversas artes. Publicó La sombra de la mano (Zindo & Gafuri, 2015); La disipación (Recovecos, 2012); Ballyhoo (Melón, 2012); Meditaciones en el Bosque (Ediciones en Danza, 2007); Paraselene (Vox, 2005); Camaleón (Tsé-Tsé, 1998);Teoría de la Ubicación en el Espacio (Grupo Seis Sellos, 1994) y, junto a Tamara Domenech, Poética de los Oficios y Tallar te obliga a pensar en las cosas (A Capela 2020). Integra diversas antologías de poesía argentina. Coordina los sitios de divulgación 
La infancia del procedimientoo.blogspot.com/ y El infinito viajar, revista blog en la que lleva adelante la sección de poesía Paraselene. Traduce poesía italiana para el blog El arte de una posibilidad. Y desde abril de 2020 administra una Biblioteca virtual -Face.




lunes, 30 de abril de 2018

CASA DE LA POESÍA









































Cuando me tiro de cabeza 
a la pileta
mis piernas se dan vuelta
y caen

lento

como ahora las agujas del reloj. 

El agua y el aire
por un instante
tienen
la misma densidad.

Voy hasta el fondo
y regreso a la superficie
en una sola dirección,

a toda velocidad y con los ojos

bien abiertos.

El cielo está turbio,
se apaga.

Respiro.

Las flores del aromo

flotan.


***


En los pétalos
de las alegrías
del hogar
drena
delicadamente
el sufrimiento
del mundo.

Se está formando
un río caudaloso
y en el fondo
escaleras
de pequeños
cristales.

A cada instante
el paisaje vibra
de un modo
diferente
casi imperceptible.

En los pétalos
de las alegrías
del hogar
drena
delicadamente
el sufrimiento
del mundo.




(Inéditos, tomados de su blog:
"El infinito viajar")


Selva Dipasquale






Selva Dipasquale nació en 1968 en provincia de Buenos Aires, Argentina. Publicó Teoría de la ubicación en el espacio (1994), Camaleón (1998), Paraselene (2005),  Meditaciones en el bosque (2007) y La disipación (Ed. Recovecos, 2012) y La sombra de la mano 2015), más na Plaqueta de poemas "Teoría de la Ubicación en el Espacio" con el Grupo Seis Sellos, en 1996. Incursionó en la danza, las artes visuales y practica desde hace 10 años el Método De Rose. Integra las Antologías de Poesía Joven Argentina: "En la fisura", Buenos Aires, Ediciones del Dock, 1995 (selección Daniel Freidemberg) y "Monstruos" publicada por el Centro Cultural de España (ICI) dependiente de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) y el Fondo de Cultura Económica (selección Arturo Carrera).  En el 2001 obtuvo 2 becas en otorgadas por la Fundación Antorchas de su país: Taller de Poesía y Residencia en el Banff Center for the Arts (Canadá).  Coordinó entre el 2006 y 2008 LA INFANCIA DEL PROCEDIMIENTO y desde fines del 2015 coordina EL INFINITO VIAJAR.





viernes, 4 de marzo de 2016

LA SOMBRA DE LA MANO





Lágrimas de ácido en el hueco de la memoria.

Raspar, raspar, raspar
pero nada, nada, nada.

Círculos de leche petrificados.



El corazón se escarpa y en las nubes se abren bocas para aullar.
Por más que se hunda la mano en la tierra
en el cielo
en la misma piel
la muerte queda

de relieve.



El amor continúa: algunos seres
urgen su paso, se entrechocan
en abrazos leves, patinan
en un mapa iluminado
se diluyen para no morir
por aplastamiento.



La felicidad de los patos no es nuestra felicidad.
Pero las cosas son iguales para nosotros y para ellos.
Hilos de agua en las patas palmípedas
estructura en la que se enganchan y crecen
sentimientos retráctiles

¡Tirá, tirá!

Una sonrisa nos alumbra.



Tiempo detenido 
en las ventanas
en los vidrios fijos
en la toalla.
Tiempo
en los muros simétricos
sombras de gusanos ondulantes
sombras
de manos transparentes.

Viento, mucho viento
y las emociones que
no se pueden
comprender.



Pequeños objetos en flotación:
¿vienen de la raíz del mundo?
vidrios, residuos, huesos
el crack de las cosas
pequeños mundos
delicados, humanos
 construidos 
con atención
buscando dónde anclar
su propia raíz.



Un ojo de agua y cenizas

las cosas se
van hundiendo.

Hacia ahí navegan los platos
de la última discusión.



La mano quiso pero no pudo
subir por la pierna de su padre
hasta la Clavícula Gigante.
La sombra profusa del bosque
la deprimió.



En el centro de la flor
en el centro
de la sombra de la mano
brilla exacta
la yema del tiempo.



Torsión y brillo:

colgajo animal que pende de la ferocidad de las nubes
se retuerce al son de las notas
más graves
del cielo.


(De: La sombra de la mano, 
Ed. Zindo & Gafuri, 2014)



Selva Dipasquale (Provincia de Buenos Aires, Argentina 1968)







IMAGEN: Fotografía del artista japonés Shomei Tomatsu : “Okinawa, Okinawa, Okinawa”. Este fotógrafo y sus fotos en blanco y negro,  fueron la fuente de inspiración de muchos de los poemas del libro LA SOMBRA DE LA MANO,  de Selva, que en la Introducción escribe: "No me propuse describir las fotos ni su tema sino tensar las imágenes dando a luz una nueva capa de sentido..." 






lunes, 20 de agosto de 2012

LA DISIPACIÓN





Cuando era joven
     Oropélida
no pensaba en nada.

Con una lamparita
   la madre
   le iluminaba
  tanto el cerebro
      que le era
     imposible
         ver

sus propias ideas.

     El padre
   no le dirigía
    la palabra.




    Oropélida
sos una piedra
   que se aleja
   cuesta abajo
     negra.

Tus gestos se endurecen
   tu rostro se contrae
  tanto como una palta

y parece que vas 
 con cierta prisa
 hacia una dirección
 desconocida

flameando de tu cuello
      tules
en todas las gamas
    del verde.




Que nada nos mire.
Que nada nos vea.
Que nada nos toque.

Que nada nos mire.
Que nada nos vea.
Que nada nos toque.


Que nada nos mire.
Que nada nos vea.
Que nada nos toque.


Que las cabezas de los vecinos
             caigan.

Que los vecinos no tengan cabeza.
Que las cabezas de los vecinos se
          sienten a la mesa.

Que todas las cabezas se amen 
          y hablen de mí.

Que sólo coman dulce de naranjas
               amargo                            
               y un ají 
               picante.




Cada noche iluminada
    Lunar Azul cose
        su tela
    perfecta, blanca
       resaltan
       sus ocho

       patas

      tiemblan
   y se desprende
     una lágrima

     de la luna



La  luz horada un hoyo azul en el médano.
Pupé y yo estamos iluminados y flotamos.
Él me habla, hace círculos en la arena.
El mundo se da vueltas
y el cielo está

en la tierra.
      

   
Selva Dipasquale (Argentina, Buenos Aires, 1968)






jueves, 9 de febrero de 2012

LA ESPECIE NO SE DISTINGUE





En los días de aplastamiento me colecciono a mí misma. Hecha un nudo en esta silla poso en un insectario. Me ausculto. El cuerpo no se divisa bien pero las alas son soberbias, de un tornasolado divino. ¿Una mosca de oro? Estoy por aletear y me envanezco. Estoy sola en el silencio y tengo paciencia.


DE LA FAMILIA DE LAS OLEÁCEAS

Hay un hilo de agua
que se había ido
de mí
y ahora vuelve:
¿Lo ves?
El brazo
de un río
que retrocede.
Yo misma
estoy adentro
de un recipiente
con agua.
Agua apilada
que circula
en cuadrados
dispuestos
uno arriba de otro
de manera irregular.
Algunos cuadrados
son transparentes,
otros color naranja,
otros miel.
Examino
mi cuerpo
desde afuera,
sin ansiar
nada en particular,
incluso con una mano
sosteniendo el mentón.

Hasta tengo tiempo
de considerar que
debería reunir
todo lo anotado.

Es mi cuerpo
con las pulpas
ensanchadas.

El agua es silenciosa,
cortante.

Te puede parecer
que sangro
pero no,
sólo y por momentos,
me ahogo un poco.


¿QUIÉN VA A CREERME QUE NO SÉ SU ORIGEN?

Mi cuerpo se reclina como un árbol selvático de pensamientos triangulares, y henchido de frío.
Descanso las manos en la pileta bajo el agua caliente. Se reparan las hojas vencidas, las patas de pájaro agotado.
De mis manos sale fuego y traspaso la pileta. La incendio. Y así, de a poco, mi cuerpo se va esfumando. Las ramas y las plumas se hacen polvo.
Soy el brazo de un río que se va secando. Navego en mí. Y descubro que tengo recuerdos. Como el del sueño en el que dos piernas cortadas flotan en un arroyo y la corriente las arrastra hacia la casa de los guardianes. Irrumpen. El hilo de agua logra propulsarlas y se encaraman arriba de una tele, se resbalan por detrás, y se ocultan.
Despierto a los guardianes para advertirles que las piernas se encuentran ahí. Pero ¿quién va a creerme que no sé su origen?

(Inéditos del libro Antes y después del fresno)



Selva Dipasquale (Argentina, Buenos Aires, 1968)







domingo, 19 de abril de 2009

7 DIBUJOS



Hice

siete dibujos y recordé
a mi bisabuelo el escultor.

Duerme el bisabuelo
hecho un bollito
en el jardín.

Lo escucho decir:
-las violetas,
Antonia,
las violetas.

El viento
mece
los pastos
crecidos de su piel.

Ahora
se mueve un poco.

Lo veo
brillar.



Selva Dipasquale (Argentina, Buenos Aires, 1968)



Leer "El cloro turquesa nos ulcera los ojos" y más poemas, en su blog La infancia del procedimiento.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Tres MEDITACIONES EN EL BOSQUE





Para Cynthia Benzión


Desde esa hoja rojo profundo modernos abejorros
/ (acuosos y plateados)

Emergen dando vueltas
sobre sí.



(canadian flag)



Día despejado: un pino cruje.


...

Día nublado: el viento mece los pinos

Muestran el peso de sus lenguas animales.


...

Una ardilla suspende su respiración y come parada en dos
patitas una piña.

...

Estirada hacia atrás observo los pinos al revés y pienso
que cada uno es una capilla.
Voy a salir de mi casa para hablar con ellos.
Ahora mismo.
Ahí voy.




CAPILLA DE LAS ALMAS


Cuatro pinos en círculo. Voy al centro. Cuatro almas sobrevuelan la cúpula. Nubes. -No mires. Miro y me mareo. Un pino está seco. Parece una vena. Paso la mano por un tronco viejo. Intento de nuevo mirar para arriba. Las venas se entrecruzan. -Pensá en las nubes pero no mires. Hay pequeños brotes suspendidos como campanitas. Las ardillas chillan. Estos pinos son cuatro amigos que a la noche bailan y cambian de lugar. -Con una rama seca golpea otras ramas. —¿A quién llamamos? Hojas amarillas, corteza, ramitas, caen. Me voy. -No, quedate. Vuelvo. -Tocame. De lejos me mira un tronco dinosáurico. Nubes en la cúpula. Llueven bolitas azules. -Chau. Me quedaría para que me crezcan raíces. Vuela una ardilla. Grita y me voy.



Selva Dipasquale (Argentina, Buenos Aires, 1968)


IMAGEN: Los bosques de confíferas de Alberta, en Canadá.



sábado, 9 de agosto de 2008

EL PLACER VISCERAL




Siempre me gustaron las canas de los hombres. Sobre todo aquellas que recién comienzan a asomar. Y también las que ya se han extendido bastante sin llegar a conformar el Blanco Absoluto.
A tal punto me gustaron, que alguna vez pensé confesarlo. Pero la vida es un revés permanente —como ustedes bien saben. Hoy me encuentro aquí, en este restaurante y frente a mí, en la misma mesa —para ser más precisa— se encuentran sentados:
todos los hombres del Planeta Tierra
que tienen canas.

Como ustedes habrán advertido, lo que en otro momento hubiese sido un placer ahora es un verdadero tormento. Este es un Placer Visceral.
El Placer Visceral. Mi nariz —tal vez como justificada reacción— se reprodujo en cientos de miles de narices. Cientos de miles de narices mías están respirando.
Ansiedad.

La Profunda Ansiedad. La Ansiedad Acróbata, la que salta lagunas de millones de kilómetros. De una orilla hasta la otra, en instantes, con el riesgo de lo mortal. La que hace saltar al Agua como delfines hacia un Arriba que no se sabe bien de qué está conformado.
Lagunas de Lapsus Lingüae. Lapsus Lingüae de Agua. Me siento aturdida
atorada
atascada
¿Qué pretenden estos hombres?
Nunca tuve la intención de dar una conferencia para explicar por qué sus canas me apasionan. Ni tampoco obsequiarles La Metáfora para una Cana Reciente.
Sin embargo, estoy aquí y parece que fuera a darla. Que tuviera que darla. Se siente el peso de esa espera. Probablemente en instantes las agencias de noticias extranjeras van a cubrir este hecho insólito. Y no sé por qué, pero presiento que también van a llegar los bomberos. Estos hombres fuman. Pero el humo no está aquí. (No hay Humo ni Niebla.) No lo veo.
Temo que se encuentre en el exterior de este restaurante. ¿
Se estará incendiando el mundo? Hoy no compré el diario, no sé...

¡Qué bellas orejas tienen estos hombres! Aunque, sin embargo, sus ojos brillan demasiado.
No hablan. Sólo miran hacia un único lugar... realmente ya no quiero ni... La quietud de este silencio me hace sospechar que hay algo de venganza en todo esto.
Y pensar que alguna vez me sentí madura. Una mujer adulta. Capaz de asumir virtudes y defectos.
¿Qué hacer con todos estos hombres?
Tal vez, lo más conveniente sea invitarlos a comer.
Sí, sí, una buena cena los va a calmar.



-Mozo, La Vejez, por favor...


Selva Dipasquale (Argentina, Buenos Aires, 1968)



IMAGEN: Bond. James Bond. El actor Sean Connery.