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viernes, 8 de mayo de 2026

CUADERNO DE CANCIONES

 


Una casa con porche
 
o algo así, garage
abierto al lado, fondo verde,
dos ventanas amplias
hacia el portón con rejas
que hacían un breve aunque               
cómodo pasillo que en el centro tenía
la entrada y un foco encendido
por la noche,
y el auto casi siempre estacionado
Baja, sólida, nunca nadie en la vereda
ni en el frente tras las rejas
Al otro día
pudorosamente
tapa ese no cuerpo una pared de chapa



Un tipo abre la puertita
al costado
Sale por esa esquina
del volumen goteado del ojo 


Lourdes
 
Las luces del tablero
no me dejan dormir,
me levanto para escuchar
algo que me despierte
y como a esa hora doblamos
en la esquina rosada,
siempre, y tomamos por la diagonal:
los faros la alumbran;
casas que llaman la atención
no sé por qué,
la brasa del cigarrillo,
la cabina, el perfil de todos
haciendo escalinatas
La estanciera que entra al garage,
cada cual prende luces, el pasillo,
la cocina, la perilla del televisor
Al llegar recordamos poco
 
+
  
La noche del globo aerostático
 
Somos lo mismo:
calacas, zorzales, cambistas, mukamas,
los que todavía no poseemos nombre,
sentados alrededor de un líquido sintético y negro,
libertos, en la fresca, salpicados
con porland, lianas de estragón y marcas
de rejas en los rostros;
un conejo en brazos, tuyo, creo verle la risa
girando dentro de una cacerola, detrás de sí
un chorro de témpera opaca;
revistas y tiempos que no irán a funcionar
Hablaban, caminábamos, subías:
la voz mala, nena tu panza contra el cielo vestido,
yuyos mojados haciendo nudos, la fragata,
el búho, la espiral
  
+
  
En sus canciones pensadas va cayendo una hoja
 
Una hoja del gran álamo un día se recostará
sobre su cara:
levanta la cabeza, de la letra que sombrea el dormitorio,
la ventana de calle, el pibe
que pasa por la vereda y se le parece como hormiga
 
—Recuerda —Su novia, el pelo rubio,
las pestañas que se oponen
al ventilador
—antes de que conociéramos a Botticelli
—Ensaya —El profe, con buzo de gimnasia
da pasos largos al acecho bajo las luces                                     
                    del escenario
—Se ve —En la terraza de un edificio
                    que todavía
no es, ya demolieron, o nunca será construido
 
En este momento solo el verano existe,
limbo, vaho, agujero de chapa,
le da las formas que necesita
  
+
  
Desde aquí
 
Carcasa de aire acondicionado
retorcida contra la pared
blanca ahora gris hueso
Encima de ella una manguera
y vueltas de cables
Esa pared separando a los vivos
La mujer que lo miraba como si la afectara
una nube de alcohol, el labio
que va tomando fiebre cuando lo toca
Asomados fondo y reflejo: geómetra,
tizne amarillo, bencina,
pequeña alma,
un cadáver que la sostiene

(Anticipo del libro homónimo,
que será publicado en la revista
electrónica Tōra, próximamente,
gentileza del autor)

José Villa 


José Villa (Martín Coronado, pcia de Bs. As,. 1966)
Escritor y crítico literario. Ha colaborado y organizado numerosos proyectos literarios, entre ellos los sitios digitales PoesíaArgentina (2013-2015) y Atmósfera (2006-2013), y la editorial independiente Ediciones del Diego (1998-2003). En los años noventa dirigió la revista 18 Whiskys. Actualmente es editor del sitio literario op.cit.
(www.opcitpoesia.com/). Se desempeña como corrector de estilo, editor y coordinador de talleres literarios. Entre otros libros, publicó El estilo verdadero (2022), Escombro (2015) y Camino de vacas (textos reunidos, 2007).


Pueden LEER todas los poemas y  entradas del autor Aquí 




viernes, 9 de agosto de 2024

EL ESTILO VERDADERO

´

Solución


Me llama,
creo que lo hace mirando
su propio acontecimiento,
ropa blanca ropa negra
ropa blanca ropa negra
Se adormece, adelgaza, amarillea
oxidación, como si unos árboles
que me visitaran dijeran: no cabe duda,
sos el rodaje azul petróleo
donde se lían caballos
Rama arrancada, camión que pasó



Hora libre


Pareciera que me dice que siempre
está haciendo algo;
en eso, en un tiempo que fue similar
al movimiento estaciona con su piel
sobre las cosas,
las manda a hacerse un poco de cada estancia,
a ocultar su rostro de raíz dejando
afuera sus patas de conejo
El papel azul que se había amoldado
a la campana de la pera
rehace



Tema de Marcela

Miro hacia la calle, el aire se pone lento
Aparece una bolsa negra,
sonrío más con los ojos que con los labios,
sé que la bolsa
aterriza en el tiempo y pasa por una fila
de botellas y envoltorios de fideos
que segmentadamente
la van reflejando, casi
una pelusa construyéndose
antes de perderse
Aterriza y me agacho
un poco para verla como si fuera
otra mujer
que despeja maleza y escucha
los secretos de sus hijos una escena detrás,
me inclino entre tonos
sobre su movimiento y veo que se estira
como lo haría
una bailarina, enganchada al poste
del alumbrado, paraguas deshecho
o paloma que se asienta
con voluntad, qué más,
un manipuleo de herramienta resuena por ahí,
goznes, cosas aumentadas y vencidas



(del "Estilo  verdadero",2023,
Bahía Blanca, Proyecto Lux, 22
tomados del blog Op.Cit,
de José Villa)
José Villa (Martín Coronado, provincia de Buenos Aires, 1966)


Pueden LEER biografía y más poemas en entradas anteriores del autor.



 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

LA PELOTA






Llueve y lava la basura del año que comienza, 
por casualidad, justo ahí: una mancha despintada, 
con una fantasía 
del césped de auténtico verano
La basura. Fosforescente resaca,
se moja en una bandeja de madera junto a desechos
de plástico listos para ser un rato más 
a la derecha y más allá en el marco de lo inútil.

Pero más probable es que ella continúe media en el fleje
de la suprautilidad, juntando agua,
polvo y rodaje por rincones, cajones,
tachos, y que una mano buscando siempre otra cosa 
la ponga de nuevo en su lugar asestándola 
contra la pared y llevándola gratuita hacia una nueva
reservación de hechos de la naturaleza escrita 
y manufacturada.

Sobreviviente del prisma de cristal, del muñeco de pañolenci, 
de la jirafa de estopa y de cuanta cosa
que hoy descansa como jergón de hormiga
Rastro de tarde cálida y vacía, más que las actuales, 
más cálidas y cargadas de expiación por el bien
de la hermandad.

Un paletazo helado atravesando
balcones de silenciosos e insomnes; vino. 
Pibes en remera quemándose en la herida
Parla, rollo fotográfico, pensamiento,
una máquina de resonancia entre sombras, rejas,
arrugas, paredes altas y final de calle.

El rumor despierta entre árboles unos nombres: 
Ismael. 
¿Qué nos dicen ahora la caña que vuela o el hongo y el lobo
de las raíces volcadas sobre cruicas del piso?
Vena íntima, asalto, por un momento perfiles de trazo fijo
 recogidos por una capa de desencuentro. 
Rumor.

Clara de espinazo... se irá 
y no querrá volver. Habrá sido una equis descubierta, 
... En la papada risueña, tras cartón, la frente
engullida, canson negra, … y las piernas rellenas de moras, 
estropajo, y otra vez, eso que se llama
un ópalo de celestes rodeados de dinámicos entablillados blancos,
con muecas de yerba realizándose.

Hasta hoy el cuerpo no deja de ser aquella por donde pasás: 
lanudo perro que el sol es el único que no abandona
Hasta puede ser que no sea sola, sean dos los pedazos
de piques y golpes infligidos. Es probable 
que otra esté, que no aparezcan juntas en ninguna ocasión. 
Y cuando si así lo hacen, lo hagan 
de que siempre fue así y de qué más da, hasta que el rayo
se atasque en las tuberías y caigan en redondez 
de fruto póstumo.

Si ahora la buscás, nunca la encontrás.


(Inédito, 
envío de J.V.)




José Villa


José Villa.  Nació en Martín Coronado, Pcia. de Buenos Aires, Argentina, 1966. Fue director en los años noventa de la legendaria revista  18 Whiskys, y formó parte de la editorial Ediciones del Diego, a finales de esa misma década. Desde 2005 edita la revista digital    Atmósfera   (revista-atmosfera.com.ar). Entre 2012 y 2014 fue uno de los editores del sitio web Poesía Argentina, que incluía ebooks, secciones de crítica, ensayo, reseñas, poesía y una Enciclopedia de poetas argentinos, entre otras  cosas; revista que no existe más, pero que rediseñó en la página web Op.cit:  http://www.opcitpoesia.com/ , y dirige. Publicó, entre otros textos: Cornucopia (Trompo de Falopo, Buenos Aires, 1996), 8 poemas (Ediciones del Diego, Buenos Aires, 1998),  Wu (2000); Poemas largos (Ediciones 73, Bariloche, 2005) y Es un campo (Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2006). En el año 2007, Gog y Magog editó Camino de vacas, su poesía reunida. En 2015, publicó Escombro,  en Club Hem editores.  Villa es uno de los representantes más conspicuos de la "poesía de los 90'",  según la denominación de la crítica argentina.




viernes, 5 de febrero de 2016

ESCOMBRO -Primera parte-



El talismán

Después de la tormenta
te vi tomar una de
las piedras de hielo
y caminar rumbo al contorno
sombrío de la casa

Ponés la piedra
dentro del congelador
donde yo me asomo
a ver cada tanto aquel
resplandor crepuscular



Rastro de Grace

Después de años vuelvo a ver
algo que te pertenece:
el trazo de tu letra sobre
la madera de la mesa
que encierra dos nombres
dentro de un corazón tallado
como las líneas de la vida
en la mano



El nombre

Desde esta otra orilla
debe resultarle extraño
mi verdadero nombre

El sol del mediodía
le da en los ojos,
el estruendo del agua
la confunde

Un globo asciende
en el aire,
la mujer sonríe, con
alegría, con bondad



Lourdes

Las luces
del tablero
no me dejan dormir.
Me levanto,
tiro de la cadena del baño para
escuchar algo
que me despierte.
Pero doblamos
al llegar a la esquina
rosada siempre.
Y como a esta hora tomamos
una calle directa–
los faros la alumbran.
Casas
que llaman la atención
no sé por qué.
Conversación
en la oscuridad de la cabina.
Cigarrillo encendido.
Veo el perfil de todos.
La estanciera
–entrada al garage,
cada cual
prende luces,
el pasillo y la cocina
el patio, los dormitorios–
la perilla del televisor.
Al llegar
recordamos
poco.



Ensayo

Sentada frente a la ventana
a medida en que la noche se vuelca
dentro de la habitación
va quedándose cada vez más quieta

Los rasgos oscuros ganan lugar
y permanece allí mirándome:
soy su hoja húmeda que arrastro
mientras me voy, es su brillo



Abreviatura (I)

No es lo que todos creen,
en realidad no busco la belleza

Se ahoga y abre una ventana
Esta ventana (la toca)
Cansado busca un poco de aire
Imparte algunas órdenes en silencio

Se oía la hoja del afilador,
el rumor de la calle
Una nena que lloraba,
los insultos de la madre

Mediodía,
se va con un poco de sombra

Recuento de la luz sobre el piso de cemento:

“Vení a comer”

Comen en silencio
aunque plácidos –dos bifes–
Después vendrá
Sólo una llama

La soda que se mezcla
El efecto deseado sobre el blanco
Pan en el aceite, la escalera

de madera hacia el techo poco usada
Se prefiere subir por la reja de la ventana
Un pie a la cornisa Y sujetarse

de una de las vigas del tanque
Así Se llega más rápido



Abreviatura (III)

El cielo, un buen lugar por donde empezar

En la puerta
Ella desenreda las puntas
de su pelo marrón

Él tiene un paquete bajo el brazo

Una escalinata
con los pies pálidos de la mujer
El muchacho tiene un pulóver
grande
que se camufla
con el resto líquido

Ella respira
Se le nota en los hombros
E inclinándose un poco
suelta unas palabras

El hombre hace una señal
de comprensión
mientras empieza a girar despacio
para irse

Él tiene algo que hacer
Sin la obligación de regresar
O regresar dentro de un tiempo
–O de inmediato

Tiene un camino (mecanismo) en su mente
Ella también

Las paredes están llagadas
Los frentes parecen gárgolas
Biseles aceitosos en el cielo

Con la mirada helicoidal
del mismo centro
hacia direcciones opuestas





José Villa (Martín Coronado, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1966)




Los poemas que publicamos pertenecen a la primera parte de su libro "Escombro" publicado en 2015, por Club Hem editores, en la colección de poesía Ojo de tormenta.



miércoles, 6 de enero de 2016

ESCOMBRO -II Parte-





CURVA DEL MATE

Un pedazo de caja 
de pizza pegado al asfalto
con pelos de perro muerto
y manubrio;

una zapatilla colgada de un cable de
alta tensión:

esto que te llevás a la lengua 
te pone con el sol de frente
sobre la vía silenciosa
y el tiempo que termina:

luego entre el pedregullo, pasás 
la barrera a la casa de un amigo,
su figura se extiende sobre un brazo
de telgopor, hablás

de lo que no queda nada de nada



TRABAJO MISTERIOSO

No sabe lo lejos que está, toca timbre en una casa,
no sabe a quien debe mirar
Buscará creer, hará su vida

La veo que camina tomada de una apariencia, 
hace la suya 

La verdad es que durante tanto tiempo no la había mirado:
pensaba más bien en la mezcla, en la rueca
de fieles y de estambres, de trozos de mosaico y perros
enroscados, botellas y fragmentos,
que me callé

A tal punto, que estas vías conducen a una lápida
Y sí, no parecía que entre su triste retrato y su perdida
unión hubiera algo: 



EL AGUA

Como siempre cubría 
un breve celofán el verdín 
que sobrenadaba el cemento

Las paredes la absorbían
para incorporarla a la navegación de las cosas:
sillones
luz

Por la ventana se veía
el pensamiento del hombre
Canicas  Tranquilidad
Manos cruzadas




José Villa (Martín Coronado, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1966)



Los poemas que publicamos pertenecen a la segunda parte de su libro "Escombro" publicado en 2015, por Club Hem editores, en la colección de poesía Ojo de tormenta.




lunes, 14 de octubre de 2013

Naturaleza




NATURALEZA

La fruta aún desconoce
su nombre. Sabe entre otras cosas
que es media tarde. Que 
alguien la mira posada en la frutera
y que una gota que cae,
lenta la abre con luz por la mitad.




NOCHE EN EL PARAÍSO

Sentado sobre la cama
la espalda agachada
mirando sobre la silla
que en su respaldo tiene
ropa en desorden
frente al espejo en la oscuridad
con vahos amarillentos
y desde la ventana
el reflejo de la luna creciente.





José Villa (Argentina, Martín Coronado, Pcia. de Bs.As., 1966)






domingo, 26 de diciembre de 2010

TERRIBLE LEVEDAD




Dejemos el sitio en su lugar,
eso que está ahí es un duraznero,
después de esperar, tiempo y tiempo,
embarcados en una lanchita
frente al temporal, o parte de su toalla
y su cabeza rubia, después, cómo la lancha
trepaba el agua, adormecimiento
entre plomo y plomo y arena remojada

Las nubes y los árboles trepaban
hacia atrás y la lancha trepaba el agua.
Breve estadía en el bote de moebius.
Villa la ñata era el punto, canal no sé
cuanto donde íbamos
Relación entre desperdicios y cosas
Ya en la mañana anterior había visto
yo en la lancha colectiva cejas
rubias enmarañadas, había visto yo
dos calas de agua, cuchillo entrando en el
cuadrante fresco

Y en la levitación de la fiesta, casamiento,
el globo terráqueo, y en ningún punto,
en todos, se estaba

La ida, matorrales, obras en construcción,
canales, criaderos de chanchos, almacenes,
calles de tierra, y yuyales, montes, baldíos,
autos abandonados, topadoras, palas mecánicas,
hombres-sánguches bajo un toldo de naylon
entre árboles secos, una morocha
se baja en un criadero de pollos,
el resto sigue en el camino de hormiga
por donde va el colectivo, curvas, lejanía, cercanía,
del monte, costas de los canales, planchas de
cemento, tirantes de hierro, caños,
hombres, parsimonia de los hombres, enormidad
que los tiene dentro, andamiOs, montañas de tierra
arrancada, obras sin nadie,
-quién hizo todo esto y en cuánto tiempo,
cómo se puede abarcar la extensión, abrir paso
con maquinarias, haciendo desperdicios

El colectivo termina en un zanjón
Lanchas con sus dueños zarpando,
amarrándolas, alrededor, el agua
verdinosa, atravesamos un puente arqueado
y caminamos del otro lado del canal,
entre el asfalto de la calle y la barranca
y los muelles: tom soier, la tana, nahuel,
su novia, pidiéndonos fuego, y hablando
de la casualidad, todo lo obvio, cosas
que ahora el aire nos debe

Casualidad al subir al tren
en barrancas de belgrano
De todo lo obvio, el ruidito
de las piedritas bajo los zapatos

Doblamos y vamos por calle
de tierra hacia el otro canal
Casas, piletas, perros, autos
estacionados, almacén, allí preguntamos
para llegar al embarcadero,
nos responden que los que van
al casamiento siguen derecho,
vamos derecho, llegamos
Una lancha colectiva especial para nosotros,
último viaje, pasan lista, bianchi, bianchi
no viene, desiderio, desiderio abandonó,
respondo

Veo gente desconocida y lindas chicas,
novios, maridos por doquier,
niños, chupetes, muchachos
de pantalones pinzados o jeans
con camisas rayadas,
parados, mirando el continuo splash del agua
Oblicua a mí, parece compenetrada en una
conversación dentro del murmullo
y el ronquido de la lancha,
pero sigue así todo el viaje,
y sigo así en un largo de fotos
Lleva puesto un vestido, no recuerdo
ahora si era claro, tiene color en la piel

La lancha va despacio, veo la isla,
toda esa gente de pie, sentada,
la música, algunos bailando, copas en la mano,
entre los árboles (para nadie comento que
parece una propaganda de gancia),
el esquema de la casa, veo a durán en el muelle,
flaco, y como mirando en general

La pequeña de fulvio me contó
decimonoveno al bajar de la lancha
Nos encontramos, es un mediodía
cerca de una ciudad, sin desayuno,
con un poco de vino frío en la sangre

Nublada
luz entre los árboles y calor soplando
con el torrente del río... manuel, fulvio,
su niña y alguien más reman en canoa
desde la otra costa trayendo una carga de libros
de la casa abandonada del ruso anarquista
... ...,
Ahí vienen, se aproximan, no dicen nada,
se aproximan, y cuando me doy vuelta
están volviendo, la luz en caras que
no dicen nada, suspendidos como en acero

Me gustaría comentarle a bianchi
que el arquitecto del universo mandó
entre las nubes un telegrama cuando la novia
salió a la galería (casa chorizo sobre pilotes,
las crecidas del río...)
Se lo comento a ezequiel,
ezequiel me pregunta si estoy convencido

Del costumbrismo

Es el baile ya en plena noche después
del segundo asado, del asado nocturno,
la miro verla bailar, la miro, vuelvo a mirarla
verla bailar, insisto, la misma cabellera rubia,
mismas cejas, tal vez el mismo vestido
del inicio en la lancha, pero ahora tiene
otros zapatos, me parece...
bajo la sombra negra de los árboles,
la galería de la casa, baila la novia con ella,
y otros bailan, uno de pelo largo
con ella, baíla sola un rato

(quieto y como remando yo
por un resplandor lunar)

Dejar de mirarla no puedo
como sí no lo estuviera haciendo,
y como que la mirada y ella
son el mismo asunto, me la
tendrás que devolver en esto que ahora
digo aunque sea

Los acontecimientos son la gente
Rilke vio a la mariposa salir
del mismo lugar que la rosa
algo confundida,
enlazada en los mismos pensamientos
El árbol que decía algo infinitamente,
o lo estuviera por decir... luces
prendidas en el parque
y carcajadas que chocan,
repelente off en la piel de las mujeres,
hamacas, el brillo
del río, y el río paralelo

En la mesa nocturna la copa de champán
y todos medio alterados
por efecto de la luz recién prendida
en el parque, brochazos
Invitados, por ahí, adentrándose
en la nueva causa de la noche

Ganas de ver brasas
De beber mientras uno las mira
y oye voces discordantes.
Debo ir, no debo girar
la cabeza hacia atrás, me sigue

Trasnoche en la isla,
cuando termina la danza
los muchachos a la orilla,
el resto a dormir como
puede en piezas y galpones,
madera y piso de cocina,
y parte del tiempo

Que la veo danzar
Después la veo cansada de danzar
sentada en la otra punta
de la mesa, hablando con gente,
tomando sevenap

La mañana después de dormir
en una de las piezas de la casa chorizo,
ya es cualquier cosa en el muelle,
invitados que durmieron en las hamacas de la orilla
deambulan, toman mate, hace horas
frente a una difusión entre nubes
plomo y el río color picadillo, horas en el muelle haciendo,
viendo lanchas, ninguna es la que me saca
de aquí, la llovizna que empieza,
empapa, decido partir como sea
Y se cuentan las mismas cosas todo el tiempo,
recordando episodios de la noche,
qué pasó anoche? El asado?

Comentarios sobre la parrilla
y críticas al asador de un charlatán
que picaba como un mosquito
al gigantesco asador, coro
de bromas incoherentes para el mosquito,
todos locos entonando cánticos como
pretendientes

Bruma y llovizna en la mañana
Hacia la ciudad en la noche había
un resplandor
Hacia el paraná el paladar
donde iban lanchas rojas
Diálogo con la luna en mi hamaca
de espectador

No sé cómo fue pero su rostro se levantó
de entre las mantas
y la oscuridad cuando yo pasaba
de una a otra habitación buscando
a los dueños de casa para decirles que no había
"lancha-río-picado, frente-de-tormenta"
Y horas esperando en el muelle:
vagabundeo por el interior, sol lechoso
y almas por la zona abandonada,
modo de salir hacia la costa y de allí
a la ciudad, entonces
la antigua danza me obsequió a manera
de mate la alta flor de la noche
despertando sin causa
humedecida y desde un rincón habiéndome,
el mismo rincón donde las mujeres
suelen hablar al buen Kafka

Cuesta creer... rasgueo de los días...
buscaron sus vetas hasta fijarse
en ésta, su adormilada dicción

Su voz que pregunta: no sabes a qué hora
pasa la lancha... porque tengo que ir a trabajar
Tal cual, yo también trazaba mi
objetivo y disponía el regreso... si
la intemperie tiene un nombre
tiene el nombre de lo que decidas,
el valor de tu peso como la gota de un nivel

Cerca de las doce del mediodía,
no hay lancha, me dice neo (recién casado)
después de llamar a la estación,
de lancha hasta las tres de la tarde no hablar,
demasiado tarde para el retorno de ella,
y ni hablar del mío al trabajo
Neo pasea por la galería averiguando
por celular horarios y combinaciones
imposibles para salir de allí, las luces
se desenfocan hasta dejar brillosa una noche

Entonces subimos con la tormenta
ya sobre nosotros a la lanchita de
mangone (recién casada)
que la conducirá hacia la otra costa

No puedo olvidar aún el merodeo
de los cuerpos en el parque reparando
inquietud y olvido, veo sus reflejos
rubios, vestida de jean, ahora, olvidada
ya de la fiesta, esperando un retorno
al papelito arrugado y azul para envolverse
Me he vuelto cínico
en la espera, me interesan sus cejas opulentas
y su bella figurita desde la casa conversando
con una amiga al borde del muelle,
con una bolsa calvin klein en la mano donde
lleva su vestido y sus zapatos de fiesta,
mientras el agua pasa y los matorrales de
enfrente asoman ojos púrpuras en ésta,
una velada oscuridad

Mangone maneja con pericia,
el volante en su mano es una tuerca que conduce
el eje de un hueco mecánico encrespándose
por el medio del canal entre compases
confluyentes
Es cierto que este pequeño volante
puede obedecer su decisión
subiendo la cortina de agua que cede,
el pequeño volante volanteándose en la lluvia,
hago contrapeso
yendo adelante y ella me hace contrapeso
apoyada en mi espalda y tapándose con una
toallina blanca y verde; me convida
la mitad de su toalla, su mojado cabello
rubio y mis crenchas negras vueltas lacias
con el paso de la velocidad más el torrente
Dínamo en un lugar despierto sondea su espalda
y los frutos de su ser amurallados

Vida en recia tormenta, pero leve
Reímos con neo. Ya la toallina se vuelve
una orquídea sobre la que echamos un terrón
de arcilla. Los latidos de la vida deben ser
como una bolsa llena de esféricas apelaciones

El viento se traga mi garganta
en el olor acuático y la cara helada
vuelta un vidrio, eh, me gustaría fumar
ahora con la cara descubierta hacia el oleaje
Un pendiente, mi ínfima conciencia,
relato de los golpes de la chapa
en el agua en agonía diseccionada
La suerte nos reclama, acollarados,
dos caballos asomando sus crines
en un pastizal

¿Algo más elemental que la lluvia
contra estas casas con sus estilos
para desagotar la inundación?

El auto de neo está en el embarcadero
La bolsa de ella colgada de su antebrazo
haciendo equilibrio habiendo bajado todos,
en el núcleo de la lancha sumando sus cosas,
contándolas, y con agilidad, un paso de sandalia
de taco bajo al borde de la lancha
que se inclina en el colchón del agua
respondiéndole, un paso al frente
por sobre el vidrio y depués en la tierra despareja,
cambiando palabras comunes con mangone
que la mira hacer,
Y un momento todos miramos
cómo hace una cosa, un paso, la bolsa, el
equilibrio con los brazos, hacer y deshacer otra,
salir del agua, quitando sobrecarga
de rojo en un papel

Ya en el auto, cerradas las puertas, el alivio
de escapar a la fría lluvia, ganas de hablar aunque
con la vista fija, quiero decir algo sobre la obra
de la suerte, quiero hablar de la suerte, la mejor,
flor de cardo, y digo que esperé el tren el día
anterior en barrancas de belgrano, sin saber
dónde ir una vez que el tren me dejara en tigre
Allí esperé el tren donde recordé a laura
con la remera de beivis and badhed,
a laura una mañana parecida (sí que es fina fina
le dije tocando la tela), medio nublada y fresca,
esperando el tren un día de cumpleaños mío
que íbamos a festejar a casa de laura crespi
en san isidro, y estaba otra vez allí con una mochila,
cuando se abren las puertas del tren,
y no sé si puede haber mejor color
que rubia hebra

Rubia hebra de mujer alcanzándote un mate
en el momento, él cumpliendo su ronda,
reposición del ser, la tana, esposa de tom soier,
sin escándalo, desde uno de los asientos
me mira alcanzándome
Y así fue que llegué, comenté, por casualidad,
porque tom y la tana me llevaron a la fiesta,
comenté, reclinado contra las nubes
al frente y el ruido parejo del motor del auto
cruzando baches y lomas pavimentadas

Hasta el cruce de panamericana en auto, saliendo
de yuyos y casas: la masa de lluvia fina rodea
al 60, apresurados bajamos del auto y cruzamos
en diagonal despidiéndonos sin besos
Ella y yo rumbo a capital bajo lluvia ladeada
Ruedas sobre el pavimento
Edificios, fábricas, tramos de cielo cerrado

(La luna empieza a decrecer)

Se reclina ella con su rostro cubierto en parte
por la prolija mata de pelo, las cejas alineadas
cumpliendo la abundancia,
la armonía se quema accidental. Hablamos,
desconocemos, nos apropiamos de lo no trabajado,
dispuestos

Buscaría ensoñadora mi hombro pero no lo sabe
La lógica me ofrece a mí en una cuchara,
la suerte simplifica despejando la maleza,
hace su cuenco e inflama pasión ingrata
(Detenido el sueño nadador ¿qué hace?
Tantea principios)


En la isla quedamos pilar, novia de durán, y yo,
que no se puede mover a causa del tinto,
fulvio y ezequiel en una mesa central,
cruzándonos botellas y bocados, durán y tom
arrojándose un disco de plástico traído a la velada
por tom, el disco juega con nosotros
hasta que el baile se desata y vamos precipitados
hacia ese fuego, gordos con el vino en la cabeza,
mujeres bailando con la novia, el paso desmecanizado,
comedia, del novio Quedamos: vino y cuero

"Entre un vaso de agua y un vaso de vino existe
la misma relación que entre un delantal de tela
y uno de cuero. -Pero entre ellos existen parecidos
de otra clase, igual de profundos: la cuadra
y la curtiduría no distan mucho de la bodega.-
Sin duda se debe al tanino que el vino y el cuero
estén así de unidos"

Larvas, pulgas, perros, barro, huella, parrilla, vulvas
en bikini, vacías botellas, hielo en el tambor,
manuel atragantado, reclinada en el asiento del colectivo
cree prestar atención, palabras en el acto de despegar
mi nombre y mi ser del sentido figurado que se ve
en !a ruta, vuelto mi rostro hacia su cabeza
reclinada en el fondo, tratando de repetir mi voz
el bizantino vidrio sobre los colores divergentes de la fiesta,
por la noche en' el muelle reclinado sobre el ala de una carpa negra,
viscosa, la marea de moho se junta y adhiere,
recuerdo los ojos colorados de tom al salir del agua

Camino de vacas, pienso
Acostado en uno de los banquichuelos del muelle,
durán y pilar en la escalera hacia la luz
que aparecerá de la lancha desde la ciudad
(el lado del canal donde se ve aureolado)
trayendo la carne para el asado nocturno
Los ojos se agrandan en algo merodeador,
tal cual la naturaleza con sus lanchas
entradas en el proceso sin sol

El cambio está y el valor de la noche se desprende:
una morocha toma hebras de tabaco y riega
con sus dedos el papel y después de sellarlo
con su lengua te ofrece el cigarro
Desde la lancha que vuelve con el asado,
desde la ciudad se ven señales de linterna
El colectivo corta la lluvia por panamericana
Ella dice que va a dormir un poco
(Yo voy a pensar)
en el escuro lenguaje de las sensaciones
Los pasajeros duermen reclinados
o piensan
en el oscuro lenguaje de las sensaciones

Veo las cosas pasar hacia atrás
Hablamos de Oé, tamisaki, ishiguro,
del trabajo, suyo, su común indagar,
el trabajo de darse a conocer
tildado en la butaca, descendiendo al movimiento
Hablamos sin esperar Lo esperamos
Todavía molidos por la corrosión de la luz,
que lo que tenga que brillar brille más

Sosiego que el alcohol nos da,
corte de árboles nocturnos, rayas
de agua orientando el movimiento,
neblina alrededor de la isla

Sucesos orilleros, por neo:
"Grandes y rígidas las hojas de las magnolias gotean
el rocío y remojan la arcilla" "El agua espera para
luego percudirse y arremolinarse entre
las hélices de los motores" "Nada brilla en el río
salvo la punta del cigarro de Nicollno,
la niebla tapa estrellas y agua (...) un muelle
que tiene un techito a dos aguas y del techito pende
un farol, parece un escritorio con una lámpara
en cuarto oscuro" "¡Ah! cómo se ponía el finado
Evaristo cuando le escondían la armónica.
Un día los amenazó con una cuchilla"

Uno de los puentes que cruzarnos es puente saavedra,
el cielo de garganta abierta
Bajamos y corremos Su cabello amarillo un poco
quema Gotas aisladas en e! trayecto que corremos
haciendo trasbordo en otro colectivo, el 68
El olvido golpea y entra a una casa con fogón
donde miramos imprimiendo una llama incolora

Hacemos correr el tiempo de la ventanilla
Debo ir: cabildo-santa fe-la rioja-santa fe,
digo eso, me alimento de ese revuelto en una ciudad
Antes de bajar, te cambias otra vez?
Qué? -Ah, los zapatos, casi la 1.30
sobre pueyrredón Shopping palermo (o el trabajo)
y sumarme a un banquito en la enfermedad
de la espera
El banquito de mi casa también, la enfermedad

El cielo sobre el agua del tigre medio
marrón y verde Copas, árboles que entornaban
la puerta cargándose de aire
Y dentro de la oscuridad, lo ridículo de la luz,
aglomerado ante semejante espectáculo,
los hombres cumplen con sus sueños, es así
Los relieves morosos, árboles, muelles, astilleros
y gente en el río derivando, y chimeneas
que fueron anaranjadas
como puestas en la quebrada línea

Lluvia Sobre techo de cinc, de tronco ubicuo
parece un río de verdad La cruz, las gotas rápidas y delgadas
en infusión, deteriorado ardiente: chatarrita, abrojo
Vamos que hay mucho viento
y la caída de un proyectil, vamos,
vámonos vámonos

Esperar como si no fuera suficiente,
crimen o verdad en silencio, rotura
de la piel, frente a las hojas apagadas
que el duraznero tiende, disparón
en la cabeza despierta, con iluminaciones
innecesarias, ya


José Villa (Argentina, Martín Coronado, Pcia. de Bs.As., 1966)