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sábado, 22 de mayo de 2010

BILLETE DE AMOR



















La otra vida, la que se narra con propiedad
que atisbas a través de vagones fugaces
está ahí, en la plataforma opuesta.
Una chica con una mochila al hombro, leyendo el periódico.
Cuadro a cuadro la ves,
no exactamente su cara o su ropa,
sino la manera en que está ensimismada, como si
nunca hubiera tenido otra opción,
poniendo, supones, el dedo del pie en el talón
y meciéndose, como si estuviera sola.
Callen, piensas, ante el bruto del altavoz,
el grupo escolar, los gringos afanosos.
Silencio, piensas, ante el reloj que baraja sus cartas
como un tahúr desempleado.
En ambos extremos las vías se pierden
por zanjas, ciudades, matorrales, pasando estanques quietos
y ladrilleras, bosques de abedules, anocheceres
cuando las caras de los extraños se miran a sí mismas,
hacia océanos, desiertos, casquetes glaciares,
toda esa vida que tú no reclamarías ahora,
pero que vives mientras ella está ahí,
en Doncaster y Newcastle y York,
y todas las románticas estaciones de paso,
allí, al lado del puente peatonal,
pelirroja, castaña o rubia ceniza,
en terciopelo, en chamarra de motociclista o en un overol de pintor,
despreocupada, nunca tarde, en todas las plataformas
por toda una vida, practicando su libertad
sin un nombre, una cara, un destino.

(de Ghost Trains)

Sean O' Brien

(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)
VALENTINE

The other life, the properly narrated one
You glimpse through flying carriages
Is there, on the opposite platform.
A girl with a shoulderbag, reading the paper.
Frame by frame you see her,
Not her face exactly or her clothes,
But how she's self-possessed, as though
She's never heard of the alternative,
Placing, you suppose, her toe against her heel
And balancing, as though alone.
Be silent, you think, to the oaf on the public address,
The school party, the earnest Americans.
Silence, you think, to the clock flipping over its cards
Like an unemployed gambler.
Either side the railway runs away
Through cuttings, other cities, bits of scrub, past standing pools
And brickworks, birchwoods, nightfall
When the strangers' faces watch themselves,
To oceans, deserts, icecaps,
All the life you will not stake a claim to now.
But while she's there it lives,
At Doncaster and Newcastle and York,
And all through-stations of romance,
There beside the footbridge,
Auburn, dark or sooty blonde,
In velvet, in a biker jacket or in decorator's overalls,
Unbothered, never late, on all the platforms
For a lifetime, practising her liberty
Without a name, a face, a destination.


Sean O' Brien. Poeta inglés. Nació en Londres, en 1952, y creció en Hull. Durante varios años trabajó como maestro de escuela. Ha realizado Estancias Creativas en diversas universidades del Reino Unido, así como en Dinamarca y Japón. Actualmente enseña creación literaria en la Sheffield Hallam University. Ha publicado cinco colecciones de poesía: The IndoorPark (1983), The Frighteners (1987), HMS Glasshouse (1991), Ghost Train (1995) y Penguin Modern Poets 5 (1995); Songsfrom the DrownedBook ( 2001). Es el editor fundador de la revista The Printer's Devil . Ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Gregory Award, el Somerset Maugham Award y el Forward Prize. Y en 2008 obtuvo el premio TS Eliot de poesía en Inglaterra por el poemario The Drowned Book. Sus trabajos anteriores incluyen Cousin Coat, una recopilación de poemas publicada en el 2002; una versión de Los Pájaros de Aristófanes del mismo año y una versión del Infierno de Dante, del 2006, muy aclamada por la crítica.



LA DESPEDIDA DE BRIGHTON



Este es el sitio en que imaginamos vivir,

donde la tierra se detiene lenta,
entre calles en que está implícito el mar
en los muros blancos y las atentas ventanas altas
abiertas por si hay señales de alta mar.
El aire brilla como el puerto a mediodía
bajo un calor que haría tahúres de los policías
y en donde fuimos nativos del verano,
como si hubiéramos sabido que llegaría.
Ahora todo el mundo parece estar partiendo:
la sala del bar se vaciará esta noche
y tendrá los candados puestos por la mañana,
cápsula de carteles y mesas pegajosas,
su música absorbida ya en el humo.
La chica que en la tienda compra fruta
tiene la mente puesta en un itinerario,
su piel morena valiosa por el viaje.
Los viejos se han preparado durante toda una vida,
y ahora, sentados en sus pórticos
y esperando que les digan o los recojan
gastan las horas leyendo panfletos
cuyos Gilbert and Sullivans y galgódromos
y ofertas de quince libras son indicios
de una cultura que nunca han tenido
tiempo ni ganas de aprender.
De pronto es tarde. El día bosteza
y continúa. Un cobertizo de sombra
en un hundido patio trasero es del color
de la tinta china en el momento
en que el transbordador
salta fuera de la bahía,
cuando el mar no necesita ser local
y te muestra el color que guarda para sí,
y que tú miras con terror y amor.



Sean O' Brien (Inglaterra, Londres, 1952)

(Traducción: Carlos López Beltrán
y Pedro Serrano)
THE BRIGHTON GOODBYE

This is the place we imagine we live,
Where the land slowly stops,
Among streets where the sea is implied
In white walls and expectant top windows
Left open for signals offshore.
The air is as bright as the harbour at noon
In the heat that can turn even cops into punters
And which we inhabit like natives of summer,
As if we had known it must come.
Now everyone seems to be leaving:
The bar-room will empty tonight
And be shuttered tomorrow,
A capsule of posters and still-sticky tables,
Its music absorbed into smoke.
The girl in the shop buying fruit
Has her mind on a schedule,
Her brown skin important with travel.
The old have prepared for a lifetime,
And now as they sit on their doorsteps
And wait to be told or collected
They cancel the hours with freesheets
Whose Gilbert and Sullivans, dogtracks
And fifteen quid bargains are clues
To a culture they've never known
Time or the passion to learn.
It is suddenly late. The afternoon yawns
And continues. Alean-to of shade
In a sunken backyard is the colour
Of Indian ink at the moment
The ferry swings out of the bay,
When the sea has no need to be local
And shows you the colour it keeps for itself,
Which you look at with terror and love.