miércoles, 18 de marzo de 2026
TULANG PINOY -Los días filipinos-
lunes, 16 de marzo de 2026
EN TIEMPOS DEL DRAGÓN DE MADERA
sábado, 14 de marzo de 2026
BLOQUE DE HUESO
Variaciones
Storni I
Casta al alba,
en la raíz roída con dientes mellados
Las manos, la corola,
viejos los huesos en tierra mojada
Si en pájaros rojos fueras tornado
Amarga la raíz, negros los engaños y alba la
envoltura
Las copas, las mieles, nublarían tus pámpanos
Cómo es que ¿me quieres? Negra en los
jardines
Lista en el banquete
¿de labios morados?
Vuelta de los bosques
Saciada en las rosas
Será pretendida
Mi encendida azucena
Negra, negra en la noche
Casta en el alba.
Rutila
Si te roza la gasa de mi celo
Si se te cuela en la mano el viento de mi
pollera,
Si en tu plato despunta mi arrebato
Y te dice de mi mueca un botón de tu camisa
Si el volumen está alto
y el rojo muy intenso
si te ensordece
o te encandila
si es abril
o lo parece
Desenrolla la alfombra
será
verde brotando
será agua.
Los niños de Oporto
Los niños de Oporto son azules o dorados
están dispuestos en enjambres en algunas
paredes
se reúnen los dorados en unas,
los azules en otras
Todos de frente
te miran
tienen los culitos redondos y las mejillas
rebosantes... l
os niños de Oporto en ocasiones salen a
correr por las calles
y cuando saltan
quedan levitando unos instantes
Es hermoso verlos flotar por las calles que
suben y bajan
En Oporto hicieron falta tantos niños
Yo, en cambio, soy de otro lugar y debo
evitar
pasar por debajo de las escaleras o
que pase un gato negro por delante de mí o
tengo que estar atenta a hacer los cuernos
hacia abajo en
/
precisas ocasiones. Tuve,
alguna vez, que
mojar el dedo en el vino derramado y
dibujarme símbolos en la frente. Tuve,
alguna vez, que
besar el pan
En Oporto hicieron falta tantos niños
Todos igualitos
de la misma especie
enjambrados en las paredes.
El almendro
El año en que estamos es la edad del almendro
EI jardín entero, su testimonio
No hay estrella fuera del destello
Fuera del rocío
No hay más que ayer en el charco
Las hojas se descomponen en el suelo
Sin remedio
En el tiempo acotado
En el país del jardín.
El devenir
Si caen
Si las estrellas caen
Si es el augurio
Si caen pero el augurio no aclara
—no aclara cuánto dura—
Si en el jardín las vimos
Si bajo el almendro fue sueño
Si la mano, en fin
Bajo las estrellas
que se nos antojó que caían
Si después no
Si muy después/
Después de Ellos
Si las estrellas cayeron
Si ahora están en el suelo
Están tiradas bajo el almendro
Instrucciones para comer una magdalena
No hay modo de recordar en el vacío
Haga la prueba
Verá
En el vacío todo cae, insensible, a igual
velocidad
Los recuerdos se desmoronan sin ton ni son
y hacen unas montañitas en el fondo
que parecen hormigueros
En el vacío no hay fricción
no hay resistencia ni aceleración:
no hay matices
Póngase el guardapolvo, agarre la lupa
vea el tubo vertical por donde se despeñan
(sin ton ni son)
los recuerdos blandos
lisos
que se igualan
que bajan como copos
¿Los ve?
¿Los ve amontonarse en el fondo así nomás?
Esos no son recuerdos tonales
No tienen espesor
No tienen masa
No tienen espinas
No pueden modelarse a su antojo (al suyo,
digo)
¿Quién querría, dígame, tener esos recuerdos
poligrillos?
(Del libro homónimo, Ediciones del Dock, 2025)
Virginia Caramés
Virginia
Caramés, nació en La Plata, vive en Buenos Aires. Publicó: Las cuerdas de
Jacobo (novela, 2021) en Griselda García
Editora, y Aves, moscas y otras máquinas (poesía, 2023) y Las
cuerdas de Jacobo (2024) en Barnacle. Forma parte de la Antología cubana
de diez poetas argentinos El Silencio Organizado (SurEditores -La
Habana-) 2024. Se desempeña también en artes visuales. Fue jurado en concursos
de narrativa y poesía. Coordina el ciclo de entrevistas y lectura de poesía El
Aparejo, que se desarrolla en La Casa de la Poesía / Biblioteca Evaristo
Carriego, dependiente de Red de Bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires.
jueves, 12 de marzo de 2026
ARROZ
martes, 10 de marzo de 2026
POEMAS DE AMOR (Carol Ann Duffy)
A MILLAS DE DISTANCIA
Te deseo y no estás. Me encuentro
en este jardín respirando el color que tienen
las ideas
antes de convertirse en palabras quietas en
el aire. Tu nombre
es un espíritu pálido que repito respirando
una y otra vez, pero no estás conmigo. Esta
noche
te pienso, te imagino, recuerdo tus
movimientos mejor
que las palabras que ahora te hago repetir.
Dondequiera que estés, en mi mente me atas
con la mirada; aquí, conmigo, mientras la luz fría de la larde
se diluye en la tierra. No tengo muy clara la
imagen de tu boca,
pero aún sonríe. Te aprieto más fuerte, a
kilómetros de distancia,
inventándome el amor hasta que el canto de las
aves nocturnas
me interrumpe y convierte en recuerdos lo que
iba
a ocurrir. Las estrellas nos filman, pero no
nos vemos.
DALILA
Enséñame a cuidarte,
me dijo mientras
estábamos en la cama.
Le di mordisquitos en la oreja.
¿Qué quieres decir? Dime.
Se incorporó y cogió su cerveza.
Puedo acallar el rugido
de la garganta de un tigre,
o hacer gárgaras con fuego,
o dormir una noche entera
en la guarida del Minotauro,
o arrancarle la piel
a un oso atronador,
tan solo por un reto.
No hay nada que me asuste.
Ponme la mano aquí
—guió mis dedos hasta la cicatriz
de su corazón condecorado
con cuatro medallas al mérito guerrero-
no sé mostrarme amable, ni cariñoso, ni
tierno.
He de ser fuerte.
¿Cómo curarme?
Me folló una vez más,
hasta quedar exhausto,
y luego nos dimos un baño.
Entonces posó su cabeza en mi falda
mientras oscurecía;
su voz, ahora en cambio, era un suave susurro
apenas perceptible.
Y sí, yo estaba convencida
de que mi guerrero
deseaba cambiar.
Para eso estaba yo.
Así que cuando lo intuí calmo y dormido,
cuando empezó, como de costumbre, a roncar
hice que se deslizara, cayese y se tendiera,
bello e inmenso,
a lo largo del suelo.
Y antes de coger y afilar mis tijeras
—probándolas primero en el aire bíblico y
oscuro-
eché la cadena de la puerta.
Este es el cómo, el cuándo y el dónde.
Entonces, con manos apasionadas y cautelosas,
corté los rizos de sus cabellos.
ANNE HATHAWAY
La cama en la que hacíamos el amor era un
vertiginoso mundo
de bosques, castillos, antorchas,
precipicios, mares
donde él se sumergía buscando perlas. Las
palabras de mi amado
eran estrellas fugaces que caían a la tierra
como besos
sobre estos labios; mi cuerpo era el más
tierno poema
para su cuerpo, un eco, una asonancia; su
roce,
un verbo danzando en el núcleo de un
sustantivo.
Algunas noches soñaba que me había escrito,
que la cama era
una página para la mano con que escribía. Un
idilio de amor,
una obra de teatro interpretada por las
caricias, el olor,
y
la lengua.
En la otra cama, la mejor, dormitaban
nuestros invitados,
babeaban sus prosas. Mi amado, vivo y alegre,
yace en el féretro de mi cabeza de viuda
como yacía conmigo en aquella segunda mejor
cama.
(Del libro “Poemas de amor”,Valparaíso Edic., 2018)
Carol Ann Duffy
(Traducción de Juan José Vélez Otero)-Edición no Bilingüe-
Carol Ann Duffy. Poeta
británica. Nació en Glasgow, en 1955. Graduada en Filosofía, ha sido escritora
independiente y publicado varias colecciones de poesía: Standing Female Nude
(1985), Selling Manhattan (1987), The Other Country (1990), Mean Time (1993),
Selected Poems (1994) y The World's Wife (1999), entre otras. Su trabajo ha
recibido numerosos reconocimientos, incluyendo T,S, Eliot Prize, el National
Poetry Competition, el Forward Prize, el Whitbread Award, un Lannan Award y el
E.M. Foster Award. Carol tiene una hija y ya en 1999 escribió su primer libro
para niños: Meeting Midnight Ha editado varias antologías, entre las que
destaca una con selecciones para adolescentes: I Would't Thank You for a
Valentine. Carol
Ann Duffy fue la primera escritora en ser nombrada Poet Laureate del Reino
Unido, galardón que actualmente sigue ostentando, desde 2009, a pesar de las
oposiciones con las que contó por su condición de lesbiana. Actualmente enseña
Poesía en la Manchester Metropolitan University, además de mantener un abierto
compromiso como activista en movimientos contra la guerra y en apoyo de los
derechos humanos y de los colectivos LGTB.
Pueden LEER más poemas de la autora en entradas anteriores.
domingo, 8 de marzo de 2026
EL ALBOROTO DE LOS PÁJAROS (2)
VILES PARTÍCULAS
A veces algo como un segundo
baña la base de esta calle.
El padre y sus dos ayudantes
obtienen permiso para irse.
Uno de ellos, una mujer, pregunta: «¿Por qué
vinimos ya para empezar,
a este reducto de humedad?».
Unos días son peores que otros,
aunque no podamos creer en ellos.
Pero eso nunca me preocupó,
razonaba el paciente.
Canta, desplaza, o nunca permitas que te
malogremos
en marmóreo sentido, o el puño que lo
representa.
Loado sea el príncipe que hasta aquí viajó
para negociar nuestra liberación, aunque
parezca increíble.
Tienes razón. Las baladas se retiran
de regreso hacia la atmósfera.
No volverán a venir por aquí.
Reconcíliate.
CRIBBAGE, 1954, UTICA
No fue su cuerpo de azúcar moreno
(liviano, firmemente repleto) lo que nos dio
el soplo
de la correcta duración. Eso quedó fijado
en otro siglo, o como
con las bandejas de hielo que gotean entre
manos hinchadas, igual que nosotros,
solo para pedir el perdón de un
perímetro, en el paraíso de los sacos de
arena.
Más adelante se vio
que faltaba Spot, aunque los cielos del pozo
estaban sospechosamente tranquilos.
¡Canastos!
Ay... Es la última vez que me
mandan a por Juicy Fruit o
Black Jack. ¡Con uno de los dos basta,
y todos los antepasados
que se lanzaron en tobogán detrás de nosotros
tenían algo en mente para ti! Date prisa
o quédate al margen con uno o
dos vigilantes de pabellón. Y corta
sus propios postes, los minutos
transcurriendo alegremente.
Mi cámara de oscuridad asombrosamente
aplica cupones de energía
hasta en Arizona.
PERO EN SERIO
No añadas ira a la distancia
que se tarda en llegar de aquí a la colina
del centro
donde se alza la torre de zafiro.
Otros aparte de ti han hecho el trayecto, y
hallado
poco de lo que maravillarse una vez concluida
la llegada.
Tus palabras tienen demasiado significado una
vez
se emiten. Guarda un epigrama
para la campana. Una vez decline
lo lucirás como una aprobación,
joya que no va a ninguna parte.
Por todo el arroyo donde una vez estuvimos
se absorben y desclasifican
nuevos juegos de pelota. ¿Acaso nos importa?
¿O ya es hora de volver a entrar?
La ley del silencio era una buena película.
¿Podemos dejarlo así?
John Ashbery
(Traducción de Eduardo Iriarte)





