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sábado, 25 de mayo de 2024

BAJO CONTINUO


 












 Una mujercita hoy se abrazó a mí.
Una hija de vos, una que descendió de tu carne
hoy me abrazó; licor de dioses
la ola de su cabello se acostó
sobre el viejo acantilado de mi pecho.
Nada más el toque, adentro me estalló toda la fiesta.
Luces de antes volvieron a encenderse
y perfumes de novísimos jardines
desataron brisas de silenciosa felicidad.
Una mujercita hoy se abrazó a mí.
Una hija de vos, una que descendió de tu carne.
La más joya de tu alhajería
hoy me abrazó.
Tomo el encuentro, lo cargo,
me lo llevo para adentro, lo atesoro.
Venga este pan este fueguito venga
para mi más y más vivir.
de "Bajo continuo"
, Ediciones El mono armado
 
Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934-Id,2021)


Pueden LEER la biografía y más poemas en entradas anteriores.


sábado, 1 de agosto de 2015

HACER EL ODIO -con verso perverso- CANTATA CIANURA PARA CORO MURGUERO, RELATOR RUFIÁN Y MEZO BUSCONA SOLISTA.



















Hay sequía loco. Va para largo que no cae una gota de merca.
El Monje está guardado, y no alcanza el fervor maternal de la Rusa María,
la braguetera del callejón no alcanza.
Ni alcanza el fueguito que Juan Mechita sostiene con llama votiva.
Entonces, nos juntamos -vea- a gritar cantar entre todos.
Decimos: queremos hacer el odio no el amor y decimos
con los derechos de la misiadura y decimos
el que no canta grita que se borre y decimos
el que se borra es hijo de la yuta.


Hay sequía loco. Va para mucho que no cae una gota de merca.
Aunque el Nene Manguera anuncia: ahí vienen.
Viene el alemán barbudo, se llama Carlos y la tiene clara;
te la dice posta cómo te tragan los de arriba,
chamuya fino pero se entiende.
Y también viene Vladimiro, el bocha que no deja de chillar
"todo el poder a la doce". Y anuncia Manguera: algo traen, no sé;
son de peligro dice la taquería, deben traer de la buena.
Sería grande que no tardasen.
Aquí hay bronca y soledad y frío y oscuridad hay aquí.


Hay sequía loco. Va para demasiado que no cae una gota de merca.
Entonces nos juntamos -vea- para gritar cantar
"queremos hacer el odio no el amor" y decimos:
con los derechos de la misiadura y decimos:
así que vengan los pesados del verso
los grandotes de la palabra que vengan.
Que venga el portugués Fernando con sus múltiples sombras;
que venga el ciego mayor Señor de los Laberintos,
aquí lo espera el arca con las cenizas de Alejandría.
Que venga el cabrón Perse con sus poemas hechos de nada,
y el tano Salvatore que venga, el Quasimodo, porque
"anochece y estamos solos sobre el corazón de la tierra";
y que venga Federico, el espléndido marica,
en la calle ésta de los cuchillitos estaremos
a las cinco en punto de la tarde.
Que venga el capitán de Chile con sus mineros que venga
con sus versos más tristes y el azul de metileno.
Y el cholo César que venga, que se traiga su jueves,
el puto jueves, la puta muerte, el aguacero.


Hay sequía loco. Va para eternidad que no cae una gota de merca.
¿Qué pasa, se murieron los dilers, todos se murieron?
¿Qué dice la gilada?, ¿la Tele qué dice?
Dice de nosotros, ¿algo dice? ¿Por qué no vienen?
¡Arrugan eh..,! ¿Tienen miedo? ¿No quieren que mostremos la jeta?
Malos somos; ¿somos feos?
Monstruos, eso somos; forajidos, y oscuros
y perdedores y reos somos, eso.
¿Qué pasa hoy, no servimos, no vendemos?
No hicimos ningún barullo grande
no nos fumamos todo, ¿no tapamos el cielo?
¿No somos noticia hoy? ¿Ningún chico se regaló para fiambre?
Vengan turros y díganle a la guada que aquí es siempre noche,
sólo noche, y que te devora las tripas la víbora de fuego,
y que el silencio, esa rata de la oscuridad
se pone arriba del día, y digan que te pudre, que mata, revienta.
Vengan turros y vean la tiniebla que vive aquí,
que no se corre, que se queda.


Hay sequía loco. Va para olvido que no cae una gota de merca. 
No queda otra entonces que juntarnos a cantar gritar 
"queremos hacer el odio no el amor" 
y decimos; pesa el bajón, loco, pesa. 
Va para el reloj de todo el tiempo
y no da para más la sequía. No,
Así que vengan los pesados del verso,
los grandotes de la palabra que vengan,
que vengan a levantarla aquí,
aquí donde vamos a regarla
con alcoholes de zozobra y blancas de soledad;
con los gritos nuestros los cantos de nosotros.
Que vengan los pesados los grandotes que vengan
los papas de la espléndida palabra
que vengan hasta/para el corazón la cabeza
de nuestro fugitivo chiflado mísero día.
De cada día.
Aquí.



Marcos Silber


Marcos Silber. Poeta argentino nacido en Buenos Aires, en 1934. Entre sus publicaciones, podemos nombrar 15 libros de obra propia y en otras tantas antologías. Es autor de la versión argentina de “Raíces” (teatro) de A. Wesker, editado por Nueva Visión. Asistió invitado al Festival de poesía de Bogotá, de Medellín y de Cajamarca (Perú). Recibió numerosas distinciones, entre las que mencionamos: Faja de honor de SADE y Primer premio en Mérida (España). Finalista en Casa de las Américas con su libro “Thrillers”. Premio 1999 y 2000 Certamen prosa breve (contextos, Radio Cultura). Primer Premio Municipal 1999.Incursionó en el teatro como adaptador con la pieza "Raíces" de A. Wesker. Formó parte del grupo "Barrilete" y es miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos. Entre sus libros de poemas se citan: "Ella", "Dopoguerra", "Suma poética", "Las fronteras de la luz", "Cono de sombra y casa de pan", "Sumario del miedo".





miércoles, 25 de febrero de 2015

VISITA GUIADA





















CONOZCO A UNA MUJER

Yo conozco a una mujer, las manos de niña
un ballet los cisnes de sus dedos
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, las piernas celestiales
dos pilares de carne divina
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, los ojos vitreaux de templo
luces de incesante gala
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, los dos pechos buenos
manjares legados para todo el hambre toda la sed
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, el tono de voz
entre plañido y dulce queja de amor
que sueño tomar, apropiarme,
llevármelo a la boca.
Hoy descubrí en esta mujer que conozco
una épica hinchazón en sus heroicas piernas,
agua bendita olí en sus manos de santa fregona,
en sus ropas los óleos sagrados de su cocina,
y vi nubes de congoja
en su boca de recluta doméstica.
Esta mujer que conozco _
hoy profirió palabras de bella lucidez
y palabras de lúcida belleza;
y todo ello vuelve más querible
más inevitable y cierta y deseada
a esta mujer que conozco
y que sueño tomar, apropiármela,
llevármela a la boca.



MAQUINITA LA SINGER

Cedieron los hilos de la memoria
y puntada tras puntada se le desató la lengua.
(Sube y baja la pedalera
como que viene y va;
debajo, los pies suben y bajan
pasos que vienen y van).
Cuenta cielos, sutura tierras,
tules de nacer, gasas de novia;
curó guantes heridos, dejó afuera al invierno;
amigó partes rivales, paños de gala resucitó, harapos;
desposó géneros masculinos y femeninos;
fulgores le regresó a la anciana bata,
entusiasmos a la tullida mantelería.
Para siempre entregó
su melodía de animal laborioso.
(Sube y baja la pedalera
pasos que vienen y van)
Está sola.
Es vieja y habla sola.



TRES

La pelirroja se para en medio de la pista
como en el trono del centro del mundo.
Los hombres susurran y ella lo sabe
por eso avanza las tetas,
el mascarón de su proa.
La rubia de pelito corto sonríe,
los hombres susurran y ella lo sabe,
por eso todo el tiempo sonríe
con dibujo de tonta felicidad.
La morena planta en la escena
su cabeza de mar nocturno que perturba,
y ella lo sabe.
Los hombres apuntan
al camino de seda negra de su pelo
después que pone el cielo en el grito
"el que no se desnuda bajo la lluvia
no juega;
el que no trepa hasta la cocina de la pasión
no juega.
Vamos muchachos, vamos,
hasta la victoria siempre".



ESCENA

Adentro de la habitación de una casa
de adentro del mundo
un hombre se clava se congela
en una prisión sin tiempo,
hechizado por la imagen   postal   cuadro
de su amada, desnuda, que duerme.
Afuera nada sucederá digno de ser contado,
y el sueño, los trabajos, la pasión
harán lo suyo y nadie lo recordará.
El hombre mira.
Ella no sabe que se deja mirar.
Los ojos de todo, del agua, del fuego,
del aquí y del allá
se citan en el hombre que mira
y siente que allí
es el centro de la casa el centro del mundo;
y que entre ese instante y el que sigue
son el dar y el tomar invencibles
de una cinta sin fin.
(Todo llamado de afuera resultará vano)
Reposada la escena.
Gloriosos se los ve. Colosales.
Con uno que mira
y otro que se deja mirar.



CONVERSEN MÁS CERCA

Si no se miran la luna abdicará;
si no se dicen el aire se pondrá a ladrar;
si despegan los cuerpos el agua volcará su mar;
si alejan las manos el tiempo se bajará de las horas,
el descalabro visitará cada casa
y con lo puesto la confusión andará por ahí.
Si uno y otro los dos dejan de amarse
no querrán llegar los no nacidos todavía.
Si uno y otro los dos se dejan de amar
la salud se apagará para todo
y tocará a rendición la alegría.
Se derramará la leche de la tierra
y los cuatro elementos cuatro
se detendrán en plena calle.



ARDORES

A ver, a ver quién rabia más 
Quién se lanza más afiebrado, 
quién muerde con más ceguera. 
A ver, a ver quién busca más voraz 
quién llega más bestial  
quién embiste y derriba
y toma y desarma más veloz; 
quién con más furor come y bebe 
y traga y saborea al otro 
y respira más vendaval 
en este día radiante 
que manda amar o morir.


Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)



martes, 9 de julio de 2013

Chejoviana



Es el jardín de los cerezos adentro del otoño; 
ocre se ven los gastados oros de las hojas 
y blancas las vaporosas mujeres de gasa. 
No alcanzan a oírse las voces, 
pero se muestran los cuerpos y sus sombras; 
la mantelería acostada debajo de una vajilla
que aguarda esperanzada; y la boquilla de Trigonin
que entra al espacio como pez de aire.
Del samovar escapan silbidos de nostalgia,
aires de tiernos recuerdos, trenes de dulces memorias.
Se hinchan como velas los pechos de las tres hermanas
con ráfagas azules de pasión.
No alcanzan a oírse las voces;
Masha pregunta o parece que pregunta:
"la gaviota que llega anuncia felicidad?"
Y antes que regrese el silencio
Tío Vania dice, o parece que dice:
"llegarán los visitantes de la ciudad,
entonces ya no estaremos tan solos
y todo florecerá..."
Es el otoño adentro del jardín de los cerezos.



Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)







lunes, 28 de enero de 2013

Cabeza, tronco y extremidades





Usted recordará a la mujer de la sombrilla rosa
que vivía en mi poema de entonces;
única, espléndida, se paseaba por las callecitas del texto.
Claro, el tiempo pasa, la vida.
Ahora se sale la mujer de la sombrilla rosa
en busca de la casa final.
Y llama que llama a la puerta la desvelada.
Y el guardia que no, lo siento.
Y que por favor, vengo de tan lejos.
No insista, no es posible.
Y le ruego, sea comprensivo.
Y que no, usted está viva,
debe cumplir con el requisito de morir.
Y ella que nada, por piedad, debo entrar,
traigo una gigante fatiga y debo conocer
el sitio donde me tumbaré para siempre.
Cede al fin el duro de la historia.
Agradece la mujer.
"Y la sombrilla ¿dónde debo dejarla?"





CRANEANA
(Visita guiada)

Día propicio, despejado. 
Desde el mirador abarcamos 
casi todo el territorio encefálico. 
Gris la sustancia del predio dominante, 
el resto, blanca.
Las calles - sinuosas- se dejan transitar 
sin mayor dificultad. 
Sobre la ladera oeste, 
casitas con luz de tiempo completo, 
y a oscuras otras de cuentos de terror. 
El panorama, reposado; 
salvo en las comisuras, con esos fosos 
protectores de centros palaciegos. 
Aquello, sobre la colina 
es la casa de Broca, donde se cocinan 
la primera y la última palabra. 
Día propicio éste, despejado. 
Fogoneros de incesante marcha 
en la pendiente temporal 
y lavanderas que vuelven 
-como siempre- cantando. 
A la izquierda, saltando la soga, 
las chiquitas
que se verán ancianas cuando anochezca. 
Ese otro, el muro occipital 
donde Goya alineó a los fusilados; 
y sobre el montículo del hipocampo,
junto al braserito,
el que calienta las manos
para apuntar letras de fuego.
Día propicio éste,
a cada lado del paisaje
-herrero pasional-
el Ludwig Van descarga martillos de furia
sobre el yunque negro del destino.
Y por allá, cerca de la grieta mayor
trepan la cuesta del regreso
gloriosos hermanos arrancados de los días.
Debe también saberse
que dentro de todo lo visto
arden ferroviarios compases.
En fin, hasta aquí el paseo;
ahora vamos a retirarnos,
oscurece
y todo lo nombrado debe descansar


(De "Cabeza, tronco y extremidades";
Ed. El mono armado, 2012)

Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)




jueves, 19 de noviembre de 2009

Desde que esa melodía...



Desde que esa melodía -esa extraña melodía-
irrumpió en el aire, las cosas se ahuyentan
se asustan y agazapan. Y resulta más que penoso, acercarse
a cada una -de las cosas- y tratar de disuadirlas,
ganarles el corazón para que cedan y se vuelvan a poner.
No es posible continuar así, entre fantasmas,
de extravío y desorden.
Debe existir algún modo
de alejar la melodía
de manera que las cosas
cada cosa, regrese a la memoria de su lugar.




Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)


El Misterio del Cuarto Amarillo

(El miedo grande de los chicos)

El más muerto de los muertos sentenció:
“esa puerta no se abre”.
Y no se abrió. De todos modos
del otro lado se dejan oír
trajines, fatigas de otra vida.
Nebuloso el murmullo, velado el eco.
El redoblado taconeo se deja oír
de las hermanitas jugando a las señoras.
La tersa perfumería del caballito de madera
y la navegación de la plancha de Julia
sobre las olas del guardapolvo.
Se deja oír el calor de la santa sopa,
el secreto comadreo de las vecinas
y las quejas de la polca en el violín de José.
La brisa entre los palotes del primer cuaderno
se deja oír, la tos cada vez más lejana de papá
y como en puntas de píe, cada vez más cercana
la voz de mamá que vuelve a preguntar:
“hijo sos feliz”?


Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)