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lunes, 20 de julio de 2009

AMA EL CISNE SALVAJE








































“Odio mis versos, cada línea, cada palabra.
Oh pálidos y quebradizos lápices que alguna vez
intentan la curvatura de una brizna de pasto, o el cuello de un pájaro
que cuelga de una rama, agitado contra el cielo blanco
Oh espejos agrietados y crepusculares que atrapan alguna vez
un color, una mezcla
destellante, de la magnificencia de las cosas.
Desafortunado cazador, oh balas de cera,
la belleza del león, las alas del cisne salvaje, la tormenta de las alas”.
—Este mundo, un cisne salvaje, no es presa de ningún cazador.
Mejores balas que las tuyas errarían el pecho blanco
mejores espejos que los tuyos se quebrarían en la llama.
¿Acaso importa si te odias a tí mismo?
Al menos ama a tus ojos porque pueden ver, a tu mente que
oye la música, el tronar de las alas. Ama al salvaje cisne.



Robinson Jeffers
Versión © Silvia Camerotto


Love The Wild Swan

"I hate my verses, every line, every word.
Oh pale and brittle pencils ever to try
One grass-blade's curve, or the throat of one bird
That clings to twig, ruffled against white sky.
Oh cracked and twilight mirrors ever to catch
One color, one glinting
Hash, of the splendor of things.
Unlucky hunter, Oh bullets of wax,
The lion beauty, the wild-swan wings, the storm of the wings."
—This wild swan of a world is no hunter's game.
Better bullets than yours would miss the white breast
Better mirrors than yours would crack in the flame.
Does it matter whether you hate your . . . self?
At least Love your eyes that can see, your mind that can
Hear the music, the thunder of the wings. Love the wild swan.



John Robinson Jeffers. Poeta y dramaturgo norteamericano (California, 1887 – 1962). Su poesía, elocuente y enérgica, expresa su desdén por la sociedad humana, a la que consideraba condenada por su violencia y depravación. Nacido el 10 de enero de 1887 en Pittsburgh, Pennsylvania, Jeffers estudió los clásicos por su cuenta. Se graduó en el Occidental College y después estudió medicina e ingeniería forestal. Desde 1914, Jeffers y su familia vivieron aislados en la costa montañosa de Monterey, California, hasta su muerte el 20 de enero de 1962 en Carmel. Jeffers trasladó al ambiente californiano relatos bíblicos y clásicos. Su poema 'La torre de más allá de la tragedia' (basado en dos obras de teatro de Esquilo), del libro Tamar y otros poemas (1924), está considerado como su mejor obra. Otros libros posteriores son El semental (1925), La mujer de Punta Sur (1927), Cawdor (1928), Querido Judas (1929) y El aterrizaje de Thurso (1932). En Daré tu corazón a los halcones (1933) expresa su creencia en que, para sobrevivir, las personas deben transcender su humanidad adoptando la estolidez de las piedras o la soledad de los halcones. A causa de su incondicional veneración por los valores no humanos y su aislamiento de la II Guerra Mundial, Jeffers cayó en desgracia. Sin embargo, su Medea (1946) resultó ser un gran éxito. Sus últimos libros fueron El hacha de doble filo y otros poemas (1948) y Hungerfield y otros poemas (1954).
Biografía tomada de el poder de la palabra.
RECOMIENDO LEER otros poemas del autor en el blog de Gustavo Adolfo Chaves.

A UN JOVEN ARTISTA



Es bueno para la fortaleza no ser misericordioso

con su propia debilidad, es bueno para el hondo jarrón rebalsarse,
bueno explorar las alturas
y las profundidades, para quien pueda soportarlo.
Es bueno que sea herido, aquel que después podrá sanar: pero
tú que tienes hambre de conocimiento
un costado tan amargo, tan intensamente audaz,
que el color de una hoja puede hacerte temblar
y todos tus pensamientos como aguiluchos
desgarran la mente viva: ¿Eran tus huesos montañas,
tu sangre ríos para sostenerla? Y todo ese trabajo de disciplina
trabaja hacia la muerte.
El deleite es exquisito, el dolor es más real.
Has vendido la armadura, has comprado el brillo
consumiéndote, uno debería ser más fuerte que
la fortaleza
para pelear con bereserkers bajo la ira de las estrellas
en el campo feroz: te digo que la inconciencia
es el tesoro, la torre, el bastión;
remitiéndose a eso, uno puede vivir cualquier cosa;
El templo y la torre: el pobre bailarín en las piedras
y los fragmentos en los pórticos del templo, regresan a casa.


Robinson Jeffers (California, 1887 – 1962)
Versión © Silvia Camerotto

To A Young Artist

It is good for strength not to be merciful
To its own weakness, good for the deep urn to run
over, good to explore
The peaks and the deeps, who can endure it,
Good to be hurt, who can be healed afterward: but
you that have whetted consciousness
Too bitter an edge, too keenly daring,
So that the color of a leaf can make you tremble
and your own thoughts like harriers
Tear the live mind: were your bones mountains,
Your blood rivers to endure it? and all that labor
of discipline labors to death.
Delight is exquisite, pain is more present;
You have sold the armor, you have bought shining
with burning, one should be stronger than
strength
To fight baresark in the stabbing field
In the rage of the stars: I tell you unconsciousness
is the treasure, the tower, the fortress;
Referred to that one may live anything;
The temple and the tower: poor dancer on the flints
and shards in the temple porches, turn home.