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lunes, 7 de julio de 2025

TRAGEDIA GRIEGA

 



A veces la confusión se produce
al elegir un rol equivocado.

Algunos sólo servimos
para estar en el Coro
diciendo parlamentos y canciones
que aclaren las pasiones de la Obra.

Cuando la vanidad
la euforia o simplemente
la grandeza del tema
nos convierte en actores
paralizados
olvidamos el texto
quedando en un ridículo silencio.

(Del libro "El hada que no
invitaron"Obra poética reunida
1985-2016, Bajo la luna, 2023)
Estela Figueroa (Santa Fe, Argentina, 1946-ibidem, 2022)

 

Pueden LEER biografía y más poemas en entradas anteriores.




lunes, 7 de octubre de 2024

DOS POEMAS SOBRE LA REALIDAD


Realidad I


Durante muchos años
viví preocupada por mis agujeros.

Y es que me exasperaban:
si estaban vacíos se irritaban 
se intentaba colmarlos 
se resistían.

Así
me era imposible pensar en todos.
Y hablaba de pequeños cuencos
de puertas que se abrían se cerraban 
de copitas de cristal rajado.

Ahora que me concibo a mí misma resbalando 
de oeste a este
por el agujero negro del espacio 
me he despreocupado.

A quién tiene por costumbre resbalar 
¿Le puede importar presentarse 
con algunos agujeros 
en casa de amigos?



realidad II


Puede ocurrir que la realidad 
se presente de improviso.
Por ejemplo mientras camino 
con mi hija menor de la mano 
por los alrededores del barrio. 
Puede ocurrir 
que empiece a resbalar.

Sospecho que los niños 
saben más de estos estados 
que sus padres.
Ya no la llevo yo.
Ella me lleva.
¡Su pequeña mano 
sostiene el mundo!
(Del libro "El hada que no
invitaron"
Obra poética reunida
1985-2016,
Bajo la luna, 2023)

Estela Figueroa (Santa Fe, 1946-ibidem, 2022



Estela Figueroa nació en Santa Fe en 1946. La lectura y la escritura, el cine y el teatro fueron pasiones que la acompañaron durante toda su vida. Ha sido una escritora comprometida y desde ese lugar coordinó talleres literarios en el Pabellón de menores de la cárcel de Las Flores, espacio para la creación colectiva donde como resultado se editó la revista Sin alas. En los últimos años su obra había logró tener una nueva y más amplia difusión y circulación con la publicación de El hada que no invitaron (Bajo la luna), su obra reunida, que incluye Máscaras sueltas (1985), A capella (1991) y La forastera (2007) junto al hasta entonces inédito Profesión: sus labores. A su vez, Figueroa escribió y editó El libro rojo de Tito (1988) a partir de entrevistas con Tito Mufarrege. 



 

domingo, 6 de octubre de 2024

INSTANTÁNEAS (III)

 


Sentimental

Mis sentimientos rodean 
la cintura del mundo 
como dos largas manos 
cuyos dedos se rozan.
O como un elástico 
demasiado tensado 
que de pronto se corta.



Suspiro

Suspiro dentro de un vaso 
que era para flores.
Un suspiro lo limpia.
Otro lo empaña.



Deseo

Déjame ser como el caracol 
que temiendo ser pisado 
de día se oculta bajo un techo de hojas 
y de noche deja una estela brillante 
en el patio liso de tus sueños.

(Del libro "El hada que no
invitaron"
Obra poética reunida
1985-2016,
Bajo la luna, 2023)
Estela Figueroa (Santa Fe, 1946-ibidem, 2022)


IMAGEN; Caracol en el jardín  Fotografía de Henrichc Volschenk.




sábado, 5 de octubre de 2024

LA EXPERIENCIA DE LA MUERTE (II)


Enferma


Si es que la dulce estrella de la noche
deja caer su luz
y no la vemos
¿quién no se siente crédulo
para creer en un destino cierto
al que indagar
también con labios muertos?


Muertos porque no hablan...


¿Quién no se vuelve pobre pobre 
de una pobreza inanimada 
y quiere que por esos labios muertos 
nos cuente el tiempo ido 
cómo es que se fue?
¿Quién no se vuelve rico
de una riqueza turbia y estancada?
Cuando la dulce estrella de la tarde
deja caer su luz y no la vemos
quien está solo en casa
enferma más cuando las puertas crujen
porque nadie va a entrar.
Sordo: al canto de los pájaros 
lo escucha y no lo entiende.
Mudo: su propio canto le es ajeno.


Tomando con cuidado las palabras
como a manos pequeñas
arma, disuelve versos
armándose de miedo contra el miedo.
(Del libro "El hada que no
invitaron"
Obra poética reunida
1985-2016,
Bajo la luna, 2023)
Estela Figueroa (Santa Fe, 1946-ibidem, 2022)


 

viernes, 4 de octubre de 2024

TIEMPO PASADO (I)


NO ES PARA HABLAR DE MÍ QUE ESCRIBO
de la glicina: cayó
su lluvia ligera
azul-
violácea-
celeste.

No es para hablar de la glicina 
que la comparo con una lluvia 
y adjetivo esa lluvia.

Es para detener este momento nocturno: 
la casa en calma
y los pensamientos que ennoblecidos velan 
por un ordenamiento 
que lo abarque todo.



Detalles


Antes
cuando tu cara estaba cerca de la mía
mi mirada la recorría como se recorre un jardín
se detenía en cada detalle
-ampliándolo reteniéndolo-
una flor entreabierta
una cerrada
una hoja seca caída
una gota.
Era de esa manera como entrabas en mi vida: 
entraba tu ojo más próximo 
su color ágata
apenas bordeado por pestañas.
Entraba el perfil de tu nariz 
tu mejilla imberbe una 
cicatriz una oreja 
casi tapada por el pelo castaño 
el cuello claro.

De esos detalles estaba 
hecho mi amor.
Y mi amor me rodeaba
como un collar rodea una garganta.

Ahora
cuando al atardecer oyendo 
cantar a las chicharras toco
mi cuello ya no está el collar.
Recuerdo aquel jardín:
es un jardín que ya no tiene patria.



LA EXPERIENCIA DE LOS OTROS



Dos poemas sobre Emily Dickinson


SI TUVIERA PAPEL BLANCO
si tuviera la mano fina
si tuviera un lápiz en la mano
si fuera la dueña de un
pequeño escritorio junto a la ventana.
Si en los vidrios de la ventana 
reviviera el paisaje.
Si mi escritorio fuera de madera vieja y opaca.
Si sus cajoncitos tuvieran pequeñas llaves...

Un vestido antiguo -tan cómodo
pese a la complejidad del modelo-
y -como deslizándose- al borde del escote severo
antes del nacimiento de los senos
un camafeo sujeto por dos angostas
bandas de terciopelo...

Emily Dickinson 
mojigata
jugueteando con el camafeo: 
la dureza del material 
entre los dedos algo húmedos 
de sudor.
La mano fina
con dedos algo húmedos de sudor 
por el calor de la siesta 
abriría la ventana.
Y como el paisaje estaba ya en sus vidrios 
el cuerpo -inclinado sobre el pequeño escritorio-
se asomaría -por así decirlo-
un poco al vacío.

Veleidosa contemplación del convaleciente 
el hacia fuera 
y el adentro 
unidos.
La mano fina tomando el lápiz 
y sobre el papel blanco 
escribiendo.

(Del libro "El hada que no
invitaron"
Obra poética reunida
1985-2016,
Bajo la luna, 2023)
Estela Figueroa (Santa Fe, 1946-ibidem, 2022)


IMAGEN: La poeta Emily Dickinson.



 

domingo, 14 de agosto de 2011

La enamorada del muro


















I

La enamorada del muro

no sabe cómo es el muro.

Pero seguro siente su humedad

cuando ha llovido.

Su aridez

en tiempo seco.

La enamorada del muro

depende del muro.

A él se aferra.

Si el muro cae

ella se desparrama

como una cabellera sin cabeza.

A veces es tímida

y cubre sólo la base

como una mujer arrodillada

que abrazara las piernas de un hombre.

Y a veces —qué deseo

y qué orgullo caben en ella—

cubre no sólo el muro

sino toda la casa.

II

Todo amor nace

a partir de una pequeña confusión.

Nadie puede decir con certeza

si es el muro el que sostiene a su enamorada

o es la enamorada

la que sostiene al muro.

Y todo amor crece

a partir de pequeñas carencias:

la enamorada del muro no florece.

Tampoco el muro.

III

Visto desde afuera

la impresión general es de una gran belleza.

¿Pero quién puede alejarse para mirar

cuando está enamorado?

El muro no ve el hermoso conjunto.

Ve pequeños tentáculos

que se clavan en él.

La enamorada ve el muro descarnado.

“Él es el hueso que me da forma.

Yo soy la carne que le da vida”.

IV

Vampiro en el jardín

Ningún jardinero

la recomendaría.

La enamorada del muro

tan pródiga con el muro

tiene un rol muy cruel en el jardín.

Está en su naturaleza apropiarse

de toda la humedad del terreno.

De modo que mientras ella se expande

y se demora tiernamente en el abrazo

las otras plantas mueren.

¿Qué puede importarle?

Una mujer enamorada es capaz

de atravesar sin ver una ciudad bombardeada.

Los ojos fijos en los labios de su amor.

No hay culpa

en la pasión.

“No permitiré que nada

ni nadie

te haga daño

amor mío”.

En sí misma

Sólo una loca pudo

enamorarse de un muro.

Un muro no habla.

No escribe cartas.

No florece.

Cubierto totalmente por las hojas

deja de ser visible.

Hasta se puede dudar de su existencia.

“No es eso

hija

lo que te enamora.

No es el muro.

Es tu esplendor”.



Estela Figueroa




Estela Figueroa. Poeta argentina, nacida en 1946 en Santa Fe, ciudad donde reside. Ha publicado los libros de poemas “Máscaras sueltas” (1986, traducido al italiano). “La forastera” (2007) fue editado en la ciudad de Córdoba, con el sello de Ediciones Recovecos y el apoyo de la Secretaría de Cultura de la provincia de Santa Fe. Figueroa trabajó en talleres literarios con menores alojados en la cárcel de Las Flores —experiencia que volcó en la revista “Sin alas”— y publicó también “El libro rojo de Tito”, sobre un personaje popular de Santa Fe, y “Un libro sobre Bioy Casares”, donde compiló una serie de estudios. Actualmente dirige la revista La Ventana, que publica la Dirección de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral.





martes, 10 de marzo de 2009

PRINCIPIOS DE FEBRERO

















No.

El hermoso verano
no ha terminado aún.
Nos queda un mes para estarse en los patios
y descalzarnos
mientras charlamos
de esto y aquello
sin ton ni son,
Todavía habrá hombres de brazos tostados
en las calles
de la ciudad envuelta por la noche
brotada toda
como un lazo de amor.

No.
No me sostengas que no voy a caerme.
Sólo se caen las estrellas fugaces
y yo -te dije-
quiero permanecer.

Un hombre es bueno para una noche.
Cuando amanece es un reflejo dorado
sobre la cama donde se toma café.
Y es agradable el olor que deja.
Dura todo un día.
Pero no toda la vida.

Luego hay que descansar.
El libro de Kavafis y el de Pavese
sobre la mesa de luz.
Hay que aminorar la marcha.
Sentarse un rato a solas
en el sillón del patio.
Mujeres: tendríamos
que aprender de los gatos.
Cómo agradecen el tazón
que rebosa de leche!

Falta para el otoño.
Que nos encuentre intactas.
Sin habernos negado
a estas pasiones
que cada tanto
asaltan.



Estela Figueroa (Argentina, Santa Fe, 1946)




IMAGEN: Bodyscapes -Fotografía de Carl Warner




viernes, 27 de febrero de 2009

LA CINTA


















I

Ahora lo sé.
Lo que nos ataba
era una cinta de seda.

Quién escribe
en una cinta
una historia amorosa?
Ahora es como el rosario
que cae al suelo con estrueno
desde las manos del muerto.


Ahora lo veo.
Esa frágil cinta
era nuestro orden.
Pero cuando la rompiste fue
como haber estado sujetos con cadenas.
Cuántas marcas
en mis manos
que hasta hace un año
tejían alegremente!


II

Es octubre.
Tus pasos
ya no resuenan en el patio
donde -¿no es extraño?-
las plantas que hace un año
plantamos juntos
florecen.

Es octubre
y en la modesta
escenografía de mi casa
los roles que me diste
se mezclaron:
He aqui que Yocasta
teje apacible
-la cabeza gacha -
y la pobre Penélope
-borracha-
trata -iracunda-
de seducir a sus hijos.

(del libro "A capella" 


(Ediciones delanada, 1991)

Estela Figueroa (Argentina, Santa Fe, 1946)




IMAGEN: Fotografía de William Eggleston



lunes, 18 de agosto de 2008

EL POEMA MALO



Amortajado por una red de palabras
tachaduras y manchas
conservo del poema malo
su esqueleto precario.

Digo que la idea no era mala
asi como puedo decir de otra mujer
-No es fea.
Pero si una buena idea
no es perfectamente desarrollada...
Pero si una mujer hermosa
no lleva un hermoso vestido...

En el cajón de la mesa lo escondí
junto con remedios, resultados de análisis y facturas.
Y pensar que lo escribí creyendo
que lo llevaría sobre la frente
incrustado como una perla
o un pequeño ojo perfecto
que reflejaría el mundo!




Estela Figueroa (Argentina, Santa Fe, 1946)




A MANUEL INCHAUSPE, EN EL HOSPICIO



Las nuestras, mi amigo,

son obras pequeñas.
Escritas en la intimidad
y como con vergüenza.
Nada de tonos altos.
Nos parecemos a la ciudad
donde vivimos.
Perdiste tus últimos poemas
y yo casi no escribo.
De allí
esos largos silencios
en nuestras conversaciones.





Estela Figueroa (Argentina, Santa Fe, 1946)