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miércoles, 23 de noviembre de 2016

EL CUCLILLO






Un cuclillo gorjeaba en el abedul cercano, hacia el lado Norte de la casa. Era tan sonoro que al principio creí que era un cantante de ópera que imitaba a un cuclillo. Yo miraba asombrado al pájaro. Las plumas de la cola se movían de arriba abajo a cada tono, como la palanca de una bomba. El pájara saltaba en sus dos patas, se movía y gorjeaba hacia todos los puntos cardinales. Luego se elevó y voló hacia el lejano Oeste, maldiciendo en voz baja sobre las casas...El verano envejece y todo se une en un solo susurro apasionado. Cuculus canorus vuelve a los trópicos. Su tiempo en Suecia ha llegado a su fin. ¡No fue mucho! En realidad, el cuclillo es ciudadano de  Zaira...Yo ya no estoy tan interesado en viajar. Pero el viaje mi visita a mí. Ahora que me incrusto más y más en un rincón, ahora que los anillos de los años crecen, ahora que necesito gafas para leer. ¡Lo que sucede es siempre más de lo que podemos llevar con nosotros! No hay de qué asombrarse. Estos pensamientos me transportan tan fielmente como Susi y Chumba cargan la momia de Livingtone a través de África.

(No bilingüe)


MÚSICA LENTA

El edificio está cerrado. El sol entra por las ventanas.
y calienta la parte superior de los escritorios
que son tan fuertes como para cargar el peso del destino del hombre.

Estamos afuera hoy, junto a la extensa y ancha ladera.
Muchos llevan ropas oscuras. Uno puede estar al sol y cerrar los ojos
y sentir cómo es soplado lentamente hacia adelante.

Rara vez vengo hasta el agua. Pero ahora estoy aquí,
entre grandes piedras con espaldas pacíficas.
Piedras que lentamente han caminado hacia atrás de las olas.




Tomas Tranströmer


(Traducción: Roberto Mascaró)


LåNGSAM MUSIK


Byggnaden är stängd. Solen tränger in genom fönsterrutorna
och värmer upp ovansidan på skrivborden
som är starka nog att bära människoödens tyngd.

Vi är ute i dag, på den långa vida sluttningen.
Många har mörka kläder. Man kan stå i solen och blunda
och känna hur man långsamt blåser framåt.

Jag kommer för sällan fram till vattnet. Men nu är jag här,
bland stora stenar med fridfulla ryggar.
Stenar som långsamt vandrat baklänges upp ur vågorna.





Tomas Tranströmer. Poeta, psicólogo y traductor sueco nacido en Estocolmo, en 1931 y murió en la misma ciudad, en marzo de 2015. Debutó a los 23 años de edad con el poemario 17 Poemas (1954). Durante la década de los 60, Tranströmer fue acusado por poetas más jóvenes de estar de espaldas a las cuestiones de su tiempo. Se lo consideró demasiado poético y poco político; se consideró que había en su poesía demasiada contemporaneidad con Horacio y demasiada poca con Marx. Otras obras importantes suyas son Mörkseende (1970) y Stigar (1973). En 1990 sufrió un derrame cerebral que afectó su capacidad de hablar, y al día de hoy ha perdido incluso su capacidad sintáctica. Un año antes había publicado su décimo poemario Para vivos y muertos (1991). Luego de unos años de silencio publicaría La góndola fúnebre (1996). Es autor también de un libro de memorias Minnena ser mig (1993). Hoy día puede leerse a Tranströmer en, al menos, 51 idiomas diferentes. Y junto a Swedenborg y Strindberg, es uno de los escritores suecos que más ha influido en la poesía universal. La experiencia personal y propia juega en la poética de Tranströmer un papel preponderante: en torno a una simple imagen se abren puertas hacia juegos psicológicos e interpretaciones metafísicas. Su literatura ha ido conformando un almacenamiento artístico y humano, una imaginación surrealista en la que una huella es vista como una alfombra mágica, y las sombras de los árboles son números negros. Una poética en la que aparecen las fuentes antiguas, especialmente biblicas, y donde tanto la mística cristiana como la poesía barroca han vivificado sus versos. Le fue otorgado en Premio Nobel de literatura , en el año 2011. © Mónica Saldias





sábado, 12 de septiembre de 2015

LA PLAZA SALVAJE



DE MARZO DEL 79

CANSADO de todos los que llegan con palabras, palabras,
pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve. 
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones! 
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve. 
Lenguaje, pero no palabras.



SOLSTICIO DE INVIERNO

Mi ropa irradia
un resplandor azul.
Solsticio de invierno.
Tintineantes panderetas de hielo.
Cierro los ojos.
Hay un mundo sordo,
hay una grieta
por la que los muertos
traspasan la frontera.



SEMINARIO DE SUEÑOS


Cuatro mil millones de personas en la tierra.
Y todos duermen, todos sueñan.
En cada sueño se apiñan los rostros y los cuerpos
—las personas soñadas son más que nosotros.
Pero no ocupan lugar...
Sucede que te duermes en el teatro.
En medio de la pieza se hunde el instante.
Un breve segundo de doble exposición: el escenario,
allí al frente, es aventajado por un sueño.
Luego, ya no hay más escenario; eres tú.
¡Teatro en la sincera profundidad!
¡El misterio de un director teatral
agotado!
Continuo aprendizaje de memoria...
Un dormitorio. Es de noche.
El cielo oscuro se desliza dentro de la habitación.
El libro que alguien dejó al quedarse dormido
todavía está abierto
y permanece abatido al borde de la cama.
Los ojos del durmiente se mueven,
siguen el texto sin letras
en otro libro
—con iluminaciones, antiguo, rápido.
Una commedia vertiginosa que se impregna
dentro de los muros de convento del párpado.
Un solo ejemplar. ¡Existe en este instante!
Mañana, todo estará tachado
¡Misterio de este gran derroche!
Eliminación... Como cuando el turista es detenido
por sospechosos hombres de uniforme
—abren la cámara, desenrollan su película
y dejan que el sol mate las imágenes:
así son los sueños oscurecidos por la luz del día.
¿Eliminados o solo invisibles?
Hay un soñar-fuera-del-alcance
que siempre está pasando. Luz para otros ojos.
Una zona donde pensamientos que reptan aprenden a andar.
El rostro y las imágenes se reorganizan.
Nos movemos en una calle, entre gente,
en la canícula.
Pero tantos, o más,
que no vemos,
están dentro de los oscuros edificios
que se alzan a ambos lados.
A veces alguno de ellos se acerca a la ventana
y arroja una mirada sobre nosotros.





Tomas Tranströmer (Suecia, Estocolmo, 1931)


(Traducción: Roberto Mascaró;

edición no bilingüe)






lunes, 28 de septiembre de 2009

PAISAJE CON SOLES

















Se desliza el sol tras el sendero,
se coloca en medio de la calle
y echa sobre nosotros
su aliento rojo.
Innsbruck, tengo que dejarte.
Pero mañana
habrá un sol ardiente
en el moribundo bosque gris
en el que vamos a trabajar y vivir



Tomas Tranströmer (Suecia, Estocolmo, 1931)


(Traducción de Roberto Mascaró
el poeta y su trabajo/10
México, Invierno, 2002,
Ed.no bilingüe)



DE JULIO DEL 90



Fue en un funeral

y yo sentí que el muerto
leía mís pensamientos
mejor que yo mismo.

Calló el órgano, cantaron los pájaros.
Afuera, el hoyo al sol.
La voz de mi amigo se aferraba
al revés de los minutos.

Conduje hacia mi casa observado
por el brillo del día de verano,
por lluvia y por quietud;
observado por la luna



Tomas Tranströmer (Suecia, Estocolmo, 1931)


(Traducción de Roberto Mascaró
el poeta y su trabajo/10
México, Invierno, 2002,
Ed.no bilingüe)



viernes, 21 de noviembre de 2008

CARTA DEL TIEMPO



El mar de octubre brilla frío

con su aleta dorsal de espejismos.

Nada queda que recuerde
el vértigo blanco de las regatas.

Un brillo ambarino sobre el pueblo.
Y todos los sonidos huyendo, lentos.

El jeroglífico del ladrido de un perro
pintado en el aire sobre el jardín

donde la fruta amarilla engaña
al árbol y se deja caer.




Tomas Tranströmer (Suecia, Estocolmo, 1931)



(Versión de Roberto Mascaró)
Para vivos y muertos, Hiperión,
1992, Edición no bilingüe)



EL CLARO


































HAY en medio del bosque un claro inesperado que sólo puede ser encontrado por el que se ha perdido.
El claro está rodeado por un bosque que se ahoga a sí mismo. Troncos negros con las barbas del color ceniciento de los liqúenes. Los árboles incrustados apretadamente están muertos hasta las mismas copas, donde unas pocas ramas verdes tocan la luz. Allí abajo: sombra que medita sobre sombra, el pantano que crece.
Pero en el lugar abierto la hierba es extremadamente verde y viviente. Aquí yacen grandes piedras, como si estuviesen ordenadas. Son aparentemente los cimientos de una casa; quizá me equivoque. ¿Quiénes vivieron aquí? Nadie puede dar información sobre eso. Los nombres están en algún lugar de un archivo que nadie abre (tan sólo los archivos se mantienen jóvenes). La tradición oral está muerta y con ella las memorias. La tribu gitana recuerda, pero los que saben escribir olvidan. Anota y olvida.
La casa de campo bulle de voces, es el centro del mundo. Pero los habitantes mueren o cambian de vivienda, la crónica se suspende. Está desierta por muchos años. Y la casa se vuelve una esfinge. Al final todo ha desaparecido menos los cimientos.
De alguna manera yo he estado aquí antes, pero ahora debo irme. Me sumerjo en la maleza. Sólo se puede penetrar dando un paso adelante y dos de lado, como un caballo de ajedrez. Pronto, la maleza escasea y hay más luz. Los pasos se hacen más largos. Un sendero aparece sigilosamente ante mí. Estoy de vuelta en la red de la comunicación.
En el canturreante poste de electricidad hay un escarabajo al sol. Bajo los brillantes escudos están las alas plegadas tan ingeniosamente como un paracaídas empaquetado por un experto.



Tomas Tranströmer (Suecia, Estocolmo, 1931)


(Versión de Roberto Mascaró)
Para vivos y muertos, Hiperión,
1992, Edición no bilingüe)





LLANURA ESTIVAL













Uno ha visto tanto.

La realidad lo ha consumido tanto a uno:
pero al fin, está aquí el verano:

un gran aeropuerto -el controlador baja
carga tras carga de gente
congelada del espacio.

La hierba y las flores: aquí aterrizamos.
La hierba tiene un jefe verde.
Yo me pongo a sus órdenes





Tomas Tranströmer (Suecia, Estocolmo, 1931)

(Versión de Roberto Mascaró)
Para vivos y muertos, Hiperión,
1992, Edición no bilingüe)