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jueves, 16 de julio de 2009

CONTRA EL RELOJ






















Los relojes se paran a la una o a las doce,

tienden sus alas de metal
y caen como alcatraces,
y el hombre no sabe qué hora es la suya,
cuál es el plazo de su palpitación y su amor.
Cuántos relojes he visto, cuántas veces
he ido de prisa a encontrarme con un vacío,
aunque eso no me inquieta mucho
puesto que cualquier tiempo pasado fue peor.
Los relojes suelen tener corazón, pelos y otras cualidades,
suelen también despertarnos de noche y decirnos
que hay un verso impronunciado en la oscuridad.
Asimismo, los relojes de las torres de provincia
entre la niebla parecen un trozo de luna,
y los relojes de bolsillo siempre son reliquias familiares,
y los de pulsera son suizos, extraplanos y muy caros,
pero todos se paran un día a la doce o a la una,
y ya no son nada.
Láminas de los relojes de Nuremberg, relojes de cucú,
relojes de arena con su rutina artesanal,
relojes de búho que mueven los ojos a izquierda y derecha,
relojes de anillo, de guardapelo, de alcancía, de automóvil,
relojes de sol, intihuatanas de piedra, big-ben de intriga policial,
todos ellos son ciegos y crueles,
uno pierde el tren lo mismo,
uno envejece igual,
y caen los alcatraces, la vida, los años gota a gota.



Sebastián Salazar Bondy


Sebastián Salazar Bondy. Escritor peruano (Lima, 1924- id., 1965). Dramaturgo, ensayista, poeta, periodista. Fue uno de los intelectuales más trascendentes en la vida cultural del Perú: promotor de jóvenes valores literarios entre estos Vargas Llosa; mostró igual inquietud para el teatro escribiéndolo o promoviéndolo en columnas periodísticas de la capital; igual empeño puso por la pintura llegando a dirigir el instituto de Arte Contemporáneo de Lima e incentivando la creación de los jóvenes valores plásticos del país. Recibió el Premio Internacional de Poesía “León de Greiff” (Venezuela) en 1960. Cultivó la poesía (Cuaderno de la persona oscura, 1946; Máscara del que duerme, 1951; El tacto de la araña y Sombras como cosas sólidas, 1960-5); narrativa (Náufragos y sobrevivientes, 1954; Pobre gente de París, 1958; Dios en el cafetín, 1963) y el ensayo (Lima la horrible, 1963). Fue, asimismo, un dramaturgo exitoso (Rodil, 1951; No hay isla feliz, 1954; Flora Tristán, 1956; Como vienen, se van, 1959; El fabricante de deudas, 1962).

PEREGRINACIONES DE LAS HORAS

IV

A ella no le digo que la bota del día molesta
por su orín de luz y su suela de aceite
cuando anda en los algodones temblorosos del habla
y en las vigas que trizan las ropas del invierno.

No le digo siquiera la tez del tamarindo
fresca como la tarde cristalina en la mesa
cuando bebemos por la memoria de un cadáver
sentido adentro, en la onda gris del tiempo
que surca la palma de anciano del arcángel
que cuida del higo y de la guinda.

No sabe que nadie habita el aire en mi deseo,
que nadie ha tocado el polvo en el hueco de mis ojos,
que nadie verá el gusano que busca la sal de la bilis.

Para ella, mientras ignora el cauce de la dicha,
sólo soy una puerta de sangre derramada.



Sebastián Salazar Bondy (Perú -Lima, 1924-id.,1965)

lunes, 8 de diciembre de 2008

EL POETA CONOCE LA POESÍA


Permítanme decir que la poesía

es una habitación a oscuras, y permítanme también
que confiese que dentro de ella nos sentimos muy solos,
nos palpamos el cuerpo y lo herimos,
nos quitamos el sombrero y somos estatuas,
nos arrojamos contra las paredes y no las hallamos,
pisamos en agua infinita y aspiramos el olor de la sangre
como si la flor de la vida exhalara en esa soledad
toda su plenitud sin fracasos.

Permítanme, al mismo tiempo, que pregunte
si un peruano, si un fugitivo de la memoria del hombre,
puede sentarse allí como un señor en su jardín,
tomar el té y dar los buenos días a la alegría.
Qué equivocados estamos, entonces, qué pálida
es la idea que tenemos de algo tan ardiente y doloroso.
Porque, para ser justos, es necesario que envolvamos nuestra ropa,
demos fuego a nuestras bibliotecas,
arrojemos al mar las máquinas felices que resuenan todo el día,
y vayamos al corazón de esa tumba
para sacar de ahí un polvo de siglos que está olvidado todavía.

No sé si esto será bueno, pero permítanme que diga
que de otro modo la poesía está resultando un poco tonta.



Sebastián Salazar Bondy (Perú -Lima, 1924-id.,1965)