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lunes, 31 de agosto de 2015

ESTUDIOS DE LA LUZ
















LA CAFETERA ITALIANA

Mientras espero que suba el café
Pienso en la cafetera, ahí, sobre la hornalla:
Hace unos años se la dimos
De regalo a mis padres, y es posible
Que dentro de unos años los sobrevivirá.
Plateada y negra, hecha en Ferrara,
Todos los días sabe de sus manos
Y un día ha de pasar a otras manos
Como llegó a las nuestras
En una compraventa.
Aquí está, servicial, práctica, hermosa,
Ayudando a vivir cada jornada,
Un objeto, no mas,  entre los otros
Objetos de la casa. Sólo habla
Ahora cuando asciende el café a borbotones:
Apago el gas, en cada taza
Vierto el líquido oscuro,
Luego también apago la luz de la cocina,
Y allí queda, en su paz, la cafetera
Enfriándose de a poco en la penumbra,
Mientras en las ventanas continúan
La noche, el viento, las constelaciones...



LAS FLORES DEL BALDÍO
A Irene

Hoy la hija me trajo ese manojo 
De flores del baldío 
Que ahora, en una copa cristalina, 
Aroman en el centro de este cuarto 
Donde las horas pasan en silencio.

Hija mía, yo sé que ya conoces
Qué es el dolor, este dolor
Sin causa, sin sentido,
Sé que sufres también en tu silencio.

En esta noche, en que muy bien podría 
Sin pena por mí mismo desprenderme 
De mí, como se ahuyenta con la mano 
A una mosca que ronda por la frente,

La ternura irisada de tu ramo 
Me ha traído una gota de sosiego.

Acuérdate algún día de las llores 
Que a tu padre le dieron la alegría 
De saberse querido: sólo vale 
Haber dado a otro ser esa rara certeza.



EL VIAJE

Aquel fue el último viaje 
Feliz que hicimos los cinco.

Fue al norte de la provincia, 
Tierra seca, viento, frío 
Y hoteles desvencijados.

Veo las fotografías
Donde los niños sonríen
Y vos, tan bella, me abrazas.

Han pasado varios años 
Y vuelvo a ver los lugares 
-Tulumba, Ischilín, la casa 
De Fader, la de Lugones, 
Las cruces en la Barranca-,

Caras, ojos y sonrisas 
Como si fueran estelas 
Grabadas sobre una lastra.



RECOLECCIÓN NOCTURNA

El ruido de los frenos en la noche, 
Los gritos de los hombres, el crujido 
De vidrios que se rompen, algún coche 
Que toca la bocina, y el sonido 
De las botas que corren en la escarcha; 
La máquina que zumba y que rechina, 
La voz que dice "¡Vamos!", una marcha 
Y el camión ya se pierde por la esquina. 
Es la hora en que pasan por aquí 
A buscar la basura. Son las dos, 
Y ahora hay silencio y luna y soledad. 
Yo pienso en otra calle en la ciudad 
Donde aún no han llegado. Pienso en vos 
Y en la casa, la nuestra, en que viví.


Pablo Anadón




Pablo Anadón. Poeta argentino; nació en Villa Dolores (Córdoba), el 29 de junio de 1963. Ha publicado, en poesía: Poemas (Colmegna, Santa Fe,  1979); Estaciones del árbol / Stagioni dell’albero (Il Nuevo, Vecchio Stil, Córdoba, 1990, traducción al italiano de Oreste Macrì); Cuaderno florentino y otros poemas italianos (Università degli Studi della Calabria, Rende, Italia, 1994); Lo que trae y lleva el mar – Poesía 1978-2003 (Rubbettino, Soveria Mannelli, Italia, 1994); La mesa de café y otros poemas (AMG Editor, Logroño, España, 2004) y El trabajo de las horas – Poesía 1994-2004 (Ediciones del Copista, Col. “Fénix”, Córdoba, 2006) y Estudios de la luz (Editorial Pre-textos, 2010). Es autor de las antologías críticas Poetesse argentine (Plural Poesia, Acquaviva Picena, Italia, 1994), El astro disperso. Últimas transformaciones de la poesía en Italia. 1971-2001 (Ediciones del Copista, Col. “Fénix”, 2001 y Señales de la nueva poesía argentina (Llibros del Pexe, Oviedo, España, 2004). Ha publicado traducciones de Dante Alighieri, Giuseppe Ungaretti (El Dolor, Alción,1994, en colaboración con Esteban Nicotra), Vittorio Sereni, Alfonso Gatto, Mario Luzi, Giorgio Caproni, Wallace Stevens, W. S. Merwin, etc. Vivió entre 1987 y 1994 en Italia, donde fue becario en la Universidad de Florencia y docente en la Universidad de Cosenza. Doctor en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba, vive actualmente en Alta Gracia y trabaja como profesor de Literatura Argentina y de Literatura Hispanoamericana en la enseñanza universitaria. Ha fundado y dirige desde 1997 la revista de poesía y crítica Fénix y la colección de libros del mismo nombre.




domingo, 17 de agosto de 2008

FUEGO, TIERRA, CIELO, MAR

I. La llama


El fuego ensaya formas
en sueños, una danza
de lenguas ondulantes
abrasando la piedra aterida...

Lo sabe, sin embargo, tu piel:
la llama no tolera los dedos humanos.
Sólo podrás acariciar cenizas.




2. El fruto


Recuerda la blancura
carnal de la manzana:
el aire lentamente
la fue oscureciendo.

Muerde aún,
busca en su corazón
ese sabor que no se olvida.




3. Tu nombre


Lentamente, la tarde pronuncia
una palabra:
la luna.
Así me digo tu nombre en el silencio,
los labios tensos
igual a los del cielo cuando llega la noche.




4. Caracola

Solitaria en la arena
fabrica - retorcida
alrededor de su vacío,
libre al fin
del minúsculo ser
que en ella habita -
el inmenso rumor del océano.



Pablo Anadón  (Villa Dolores, Córdoba, 1963)




LECCIÓN A CIELO ABIERTO




Tembló la tierra como un par de manos

resecas y extendidas.
Han dejado las aulas, se han sentado
debajo de una encina
y han leído poemas tan antiguos
como esa sombra sobre el suelo.
Por el fondo erizado de la luz
pasaba un tren de carga, negro y lento,
y detrás el azul se adormecía con su mirada hueca.
Era todo un recuerdo
anticipado, un vuelo que se quiebra hacia lo alto...
Y también las palabras eran crías
asomadas al mundo, temerosas.
La poesía sólo sobrevive
como la lagartija, entre las grietas.




Pablo Anadón  (Villa Dolores, Córdoba, 1963)