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martes, 17 de noviembre de 2009

Quizás me esté yendo de todo...




I

Quizás me esté yendo de todo,
quiero los vientos
que se deshojan en marzo
y vuelan al atardecer.
Atadas nieblas
que aún no han callado
su inutilidad solitaria
cubren mis ojos.
Y estoy soñando en el vacío
la velada sombra
de la vida,
igual a una paloma.


II

Quisiera ver mis días antiguos

tal a un instante desaparecido de la muerte,
y si llevo la memoria perdida
quizás no signifique nada para nadie.
Ya estoy fuera de la tierra,
pero aún, todavía, están tan vivos
los árboles que vi.
¿Quién sabrá de ti, sueño mío?


III

Triste, lejana y transparente

ansía huir de mi
la propia sombra.
Nada ha cambiado,
la luz seca de la memoria
me sostiene
en este tiempo que llaman verano.
Tal vez, todo sea eso:
partir de la vida
despegado
y distinto.
Solo canta el aire, levanta y sube,
¡Oh Dios mió!


De: El viento de la luna)
Ricardo Molinari


Ricardo Molinari. Poeta argentino (Buenos Aires 1898-1996). Admirado por sus pares pero casi desconocido para el gran público, formó parte de la generación martinfierrísta. No obstante, Molinari exploró y cultivó todas las formas métricas de la poesía en lengua española, incluyendo la lírica arábigo-andaluza, y las diversas modalidades del cancionero popular español y argentino. La preocupación por la historia y el paisaje argentinos, el amor y una angustia existencial cargada de religiosidad son las grandes constantes de su obra, que incluye, entre otros, los siguientes títulos: El imaginero (1927), El pez y la manzana (1929), Hostería de la rosa y el clavel (1933, Premio Municipal), El huésped y la melancolía (1946), Días donde la tarde es un pájaro (1954) Unida noche (1957, Premio Nacional), La escudilla (1973), La comisa (1977), El desierto viento delante (1982) y El viento de la luna (1991). En 1975, publicó el volumen Las sombras del pajaro tostado, donde reunió lo mejor de su obra poética hasta esa fecha, pero el libro fue destruido por la última dictadura militar.



lunes, 15 de septiembre de 2008

[NO SÉ SI CANTANDO...]



No sé si cantando se seca el viento
o la voz pierde su humedad. Cuando pienses
que nadie entiende nada, y por qué vuelvo al Sur;
y que hay personas que miran la poesía
como un tiempo perdido, igual que una barba griega.
(Si ellos vieran la sombra debajo de un farol, mutilándose
como una ballesta, y a cada uno de nosotros
en su lucha
por salvarse del odio.)
Mañana cuando vuelva el aire
a cernirse sobre las flores, sobre las altas paredes
que custodian el mundo,
y los ángeles regresen cansados a sus árboles
después de querer ordenarnos sin pan;
cuando el horizonte cante debajo del cielo
y haya hombres que bailen alegres, juntando los brazos vertiginosos,
y las aves del mar se quejen y vuelen alrededor de los mástiles,
yo pensaré: oh, mi hogar del Sur, al Oeste de un río,
y gozaré memorias agradables. — Alguna vez,
el olvido también correrá sobre el mar,
y mi tierra irá callada hacia la otra tierra sin esperanza,
y yo no sé si seré feliz.
Quien no haya oído nunca lamentarse
el viento
en el hielo,
no sabe lo que es el recuerdo. Yo tengo los labios
húmedos de mirar por una ventana.
El olvido debe ser igual que la pampa,
así como un paseo concluido o una cabellera
que ha quedado reposando entre el polvo.
Una rama de naranjas tiene el día
para el que pierde el aliento:
¡quién me pintará a mí una rosa en la oscuridad!
Espada o fresnos, montes de acero, mi soledad es tan parecida al frío,
que ya no tengo sed. (Mañana podría cambiar todo: la gimnasia. Vivir.
Si uno pudiera vivir de nuevo el día
pleno, sin hierros!)
Yo tengo un gran deseo en la garganta
—nostalgia o viento—
clamor que se endurece: ser otra persona,
playa que no quiere ser escuchada.
Víspera sin memoria,
luna sin agua.


Ricardo Molinari (Argentina, Buenos Aires, 1898-1996)