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miércoles, 7 de abril de 2010

Poema 51




















aquel me parece ser igual a un dios
aquel, si es lícito, supera a los dioses
el que sentado frente a ti
te mira y escucha constantemente

mientras ríes dulce, lo que a mí, mísero
me arrebata todos los sentidos, pues
al punto que te veo, Lesbia, nada de
voz queda sobre mi boca: la lengua se
me entorpece, una llama sutil corre por
debajo de mis miembros, los oídos me
palpitan con su propio sonido:
una doble noche cobre mis ojos:

el ocio, Catulo, te es molesto:
en el ocio te exaltas y deseas en exceso:
el ocio en otro tiempo condujo a la ruina
a reyes y ciudades felices.


Catulo

(Traducción de Ignacio Uranga)

Ille mi par esse deo videtur,
ille, si fas est, superare divos,
qui sedens adversus identidem te
spectat et audit

dulce ridentem, misero quod omnes
eripit sensus mihi: nam simul te,
Lesbia, aspexi, nihil est super mi

lingua sed torpet, tenuis sub artus
flamma demanat, sonitu suopte
tintinant aures geminae, teguntur
lumina nocte.

otium, Catulle, tibi molestum est:
otio exsultas nimiumque gestis:
otium et reges prius et beatas
perdidit urbes.



Catulo (Verona, 87 a.C., Roma, 54 a.C.). Poeta latino, de familia rica y políticamente influyente, Cayo Valerio Catulo estudió en Roma y finalmente se estableció en esa ciudad, donde cultivó las relaciones con la aristocracia y los intelectuales. Gran parte de su obra fue inspirada por el amor volcánico que tuvo por Clodia (a quien llamó Lesbia en sus poemas), esposa de Metelo, gobernador de la galia Cisalpina. Lo que se conserva de sus textos amorosos, políticos y satíricos, se agrupó bajo el título de Carmina (canciones) y suma 116 piezas.


domingo, 22 de febrero de 2009

Oda XXX



























He concluido una obra más durable que el bronce,
y más alta que el túmulo real de las pirámides;
no podrán derruirla la ávida tormenta
ni el Aquilón furioso, ni la incontable serie
de los años, el tiempo que se fuga, veloz.
No moriré del todo pues gran parte de mí
evitará la Muerte: mientras al Capitolio
el Pontífice suba con la Virgen callada,
renaceré en la estima de los tiempos futuros.
Habiendo ascendido desde lo más humilde,
desde donde el Áufido mete ruido, violento,
y Dauno, pobre en agua, sobre rústicos pueblos
reina, ha de decirse de mí que fui el primero
en traer el canto eolio a los ritmos itálicos.
Acepta, oh Melpómene, esta justa soberbia:
de buen grado coróname con el laurel de Delfos.



Horacio


(Versión de Daniel Samoilovich
y Antonio D. Tursi)



Exegi monumentum aere perennius
regalique situ pyramidum altius,
quod non imber edax, non Aquilo impotens
possit diruere aut innumerabilis
annorum series et fuga temporum.
Non omnis moriar multaque pars mei
vitabit Libitinam; usque ego posterea
crescam laude recens, dum Capitolium
scandet cum tacita virgine pontifex.
Dicar, qua violens obstrepit Aufidus
et qua pauper aquae Daunus agrestium
regnavit populorum ex humili potens,
princeps AEolium carmen ad Italos
deduxisse modos. Sume superbiam
quaesitam meritis et mihi Delphica
lauro cinge volens, Melpomene, comam.




Horacio (Quintus Horatius Flaccus; Venusia, actual Italia, 65 a.C.-Roma, 8 a.C.) Poeta latino. Hijo de un esclavo liberto, tuvo la oportunidad de seguir estudios en Roma, y posteriormente en Atenas, adonde se trasladó para estudiar filosofía. Una vez allí, fue acogido por Bruto, el asesino de César, y nombrado tribuno militar de su ejército. Sin embargo, en la batalla de Filipos (42 a.C.) se evidenció su falta de aptitud para el arte militar y decidió regresar a Roma. Empezó a trabajar como escribano de la cuestura, cargo que le dejaba tiempo libre para dedicarse a escribir versos. Por entonces conoció a Virgilio, quien lo introdujo en el círculo de Mecenas, donde paulatinamente ganó relevancia y afianzó la amistad con éste, quien lo presentó a Augusto. Consiguió también la protección del emperador, que incluso le ofreció el cargo de secretario personal suyo, puesto que rechazó por no adecuarse a los principios de su moral epicúrea. Personaje muy respetado en los altos círculos romanos, tanto literarios como políticos, se mantuvo siempre bajo el amparo de Mecenas, junto con quien está enterrado. Su poesía se divide en cuatro géneros que dan nombre a sus obras: Sátiras, invectivas personales y retratos irónicos de su tiempo divididos en dos libros y escritos en hexámetros; Épodos, diecisiete poemas yámbicos de temática variada e influencia helenística, en especial de Arquíloco; Odas (Carmina), también en hexámetros; y las Epístolas, su última obra, en la que, coincidiendo con una actitud vital y literaria más calma y más propicia a la reflexión moral que a la invectiva y la sátira mordaz que caracterizaron sus obras primeras, optó por la ficción epistolar sin abandonar la escritura en hexámetros. Entre las Epístolas se encuentra la célebre Arte poética, que marcó las pautas de la estética literaria latina. La poesía horaciana, con su variedad de temas nacionales y, sobre todo, su perfección formal, signo de equilibrio y serenidad, fue identificada en el Renacimiento como la máxima y más excelsa expresión literaria de las virtudes clásicas, y su influencia se ha mantenido hasta hoy.




Oda XXVIII

(Libro Tercero)

Qué es lo mejor que puedo hacer
en estas Neptunalias? Lidia, busca ya, pronto,
ese vino de Cécubo escondido
y arremete contra la prudencia amurallada.

Ves declinar la tarde y sin embargo
como si el día alado se hubiera detenido,
dudas en traer un ánfora que duerme
en la bodega desde que Bíbulo era cónsul.

Yo cantaré a Neptuno y las Nereidas
de verde cabellera; tú, con la curva lira
replicarás cantando en honor
a Latona y los dardos de Cynthia, la veloz.

La que posee Cnido y las brillantes
Cícladas, y visita Pafos conduciendo sus cisnes,
en un canto final será honrada;
también la Noche un treno habrá de merecer.



Horacio


(Versión de Daniel Samoilovich
y Antonio D. Tursi)


Festo quid potius die
Neptuni faciam? Prome reconditum,
Lyde, strenua Caecubum
munitaeque adhibe vim sapientiae.

Inclinare meridiem
sentis ac, veluti stet volucris dies,
parcis deripere horreo
cessantem Bibuli consulis amphoram.

Nos cantabimus invicem
Neptunum et virides Nereidum comas,
tu curva recines lyra
Lalonam et celeris spicula Cynthiae;

summo carmine, quae Cnidon
fulgentesque tenet Cycladas et Paphum
iunctis visit oloribus
dicetur; merita Nox quoque nenia.




Horacio (Quintus Horatius Flaccus; Venusia, actual Italia, 65 a.C.-Roma, 8 a.C.) Poeta latino. Hijo de un esclavo liberto, tuvo la oportunidad de seguir estudios en Roma, y posteriormente en Atenas, adonde se trasladó para estudiar filosofía. Una vez allí, fue acogido por Bruto, el asesino de César, y nombrado tribuno militar de su ejército. Sin embargo, en la batalla de Filipos (42 a.C.) se evidenció su falta de aptitud para el arte militar y decidió regresar a Roma. Empezó a trabajar como escribano de la cuestura, cargo que le dejaba tiempo libre para dedicarse a escribir versos. Por entonces conoció a Virgilio, quien lo introdujo en el círculo de Mecenas, donde paulatinamente ganó relevancia y afianzó la amistad con éste, quien lo presentó a Augusto. Consiguió también la protección del emperador, que incluso le ofreció el cargo de secretario personal suyo, puesto que rechazó por no adecuarse a los principios de su moral epicúrea. Personaje muy respetado en los altos círculos romanos, tanto literarios como políticos, se mantuvo siempre bajo el amparo de Mecenas, junto con quien está enterrado. Su poesía se divide en cuatro géneros que dan nombre a sus obras: Sátiras, invectivas personales y retratos irónicos de su tiempo divididos en dos libros y escritos en hexámetros; Épodos, diecisiete poemas yámbicos de temática variada e influencia helenística, en especial de Arquíloco; Odas (Carmina), también en hexámetros; y las Epístolas, su última obra, en la que, coincidiendo con una actitud vital y literaria más calma y más propicia a la reflexión moral que a la invectiva y la sátira mordaz que caracterizaron sus obras primeras, optó por la ficción epistolar sin abandonar la escritura en hexámetros. Entre las Epístolas se encuentra la célebre Arte poética, que marcó las pautas de la estética literaria latina. La poesía horaciana, con su variedad de temas nacionales y, sobre todo, su perfección formal, signo de equilibrio y serenidad, fue identificada en el Renacimiento como la máxima y más excelsa expresión literaria de las virtudes clásicas, y su influencia se ha mantenido hasta hoy.

Oda I

(Libro Tercero)



Odio al vulgo profano y lo rechazo.
Guarden silencio: canciones nunca oídas,
yo, sacerdote de las Musas,
a vírgenes y muchachos canto.

Hay reyes temidos por su propia grey;
sobre esos mismos reyes, el rey es Júpiter,
el vencedor de los Gigantes,
el que mueve el mundo con el ceño.

Sucede que un hombre ordena mejor
que otros la viña, que alguno desciende
al Campo con más noble sangre,
y otro de más fama y más virtud

lo enfrenta, y a otro lo sigue una turba
mayor. La Necesidad con ley pareja
sortea a pobres y ricos:
una gran urna mezcla todos los nombres.

Aquel sobre cuya impía cabeza
pende una espada, no siente la dulzura
de los banquetes sicilianos
y ni cítaras ni canto de aves

le devuelven el sueño, el suave sueño
que no desprecia la casa campesina,
pobre, ni la ribera umbría,
ni el valle animado por los céfiros.

Al que no quiere más que lo necesario
no lo inquieta el tumultuoso océano
ni el fiero Arturo que se pone
ni las Cabrillas que se levantan

ni la viña castigada por granizo
ni la tierra engañosa en que los árboles
se quejan del agua, de estrellas
que abrasan los campos, del invierno cruel.

Los peces sienten que las aguas se encogen
cuando el amo insatisfecho con su tierra
y el constructor y los esclavos
arrojan sillares mar adentro.

Pero el Temor y las Asechanzas suben
donde sube el señor, y la negra Angustia
se sienta detrás del jinete,
no cede su sitio en el trirreme

de bronce. Entonces, si ni el mármol frigio
ni la púrpura, más clara que los astros,
ni la vid falerna ni el nardo
de Persia alivian al doliente,

¿por qué haría yo una casa en lo alto,
al nuevo estilo, con puertas envidiables?
¿Por qué cambiaría mi valle
sabino por bienes más pesados?





Horacio


(Versión de Daniel Samoilovich
y Antonio D. Tursi)

Odi profanum vulgus et arceo.
Favete linguis: carmina non prius
audita Musarum sacerdos
virginibus puerisque canto.

Regum timendorum in proprios greges,
reges in ipsos imperium est lovis,
clari Giganteo triumpho,
cunta supercilio moventis.

Est ut viro vir latius ordinet
arbasta sulci, hic generosior
descendat in campum petitor,
moribus hic meliorque fama

contendat, illi turba clientium
sit maior; aequa lege Necessitas
sortitur insignes et imos;
omne capax movet urna nomen.

Destrictus ensis cui super impia
cervice pendet, non Siculae dapes
dulcem elaborabunt saporem,
non avium citharaeque cantus

somnum reducent. Somnus agrestium
lenis virorum non humiles domos
fastidit umbrosamque ripam,
non Zephyris aguata Tempe.

Desiderantem quod satis est neque
tumultuosum sollicitat mare,
nec seevus Arcturi cadentis
impetus aut orientis Haedi,

non verberatae grandine vinae
fundusque mendax, arbore nunc aquas
culpante, nunc torrentia agros
sidera, nunc hiemes iniquas.

Contracta pisces aequora sentiunt
iactis in altum molibus. Huc frequens
caementa demittit redemptor
cum famulis dominusque terrae

fastidiosus. Sed Timor et Minae
scandunt eodem, quo dominus, neque
decedit aerata triremi et
post equitem sedet atra Cura.

Quod si dolentem nec Phrygius lapis
nec purpurarum sidere clarior
delenit usus nec Falerna
vitis Achaemeniumque costum,

cur invidendis postibus et novo
sublime ritu moliar atrium?
Cur valle permutem Sabina
divitias operosiores?






Horacio (Quintus Horatius Flaccus; Venusia, actual Italia, 65 a.C.-Roma, 8 a.C.) Poeta latino. Hijo de un esclavo liberto, tuvo la oportunidad de seguir estudios en Roma, y posteriormente en Atenas, adonde se trasladó para estudiar filosofía. Una vez allí, fue acogido por Bruto, el asesino de César, y nombrado tribuno militar de su ejército. Sin embargo, en la batalla de Filipos (42 a.C.) se evidenció su falta de aptitud para el arte militar y decidió regresar a Roma. Empezó a trabajar como escribano de la cuestura, cargo que le dejaba tiempo libre para dedicarse a escribir versos. Por entonces conoció a Virgilio, quien lo introdujo en el círculo de Mecenas, donde paulatinamente ganó relevancia y afianzó la amistad con éste, quien lo presentó a Augusto. Consiguió también la protección del emperador, que incluso le ofreció el cargo de secretario personal suyo, puesto que rechazó por no adecuarse a los principios de su moral epicúrea. Personaje muy respetado en los altos círculos romanos, tanto literarios como políticos, se mantuvo siempre bajo el amparo de Mecenas, junto con quien está enterrado. Su poesía se divide en cuatro géneros que dan nombre a sus obras: Sátiras, invectivas personales y retratos irónicos de su tiempo divididos en dos libros y escritos en hexámetros; Épodos, diecisiete poemas yámbicos de temática variada e influencia helenística, en especial de Arquíloco; Odas (Carmina), también en hexámetros; y las Epístolas, su última obra, en la que, coincidiendo con una actitud vital y literaria más calma y más propicia a la reflexión moral que a la invectiva y la sátira mordaz que caracterizaron sus obras primeras, optó por la ficción epistolar sin abandonar la escritura en hexámetros. Entre las Epístolas se encuentra la célebre Arte poética, que marcó las pautas de la estética literaria latina. La poesía horaciana, con su variedad de temas nacionales y, sobre todo, su perfección formal, signo de equilibrio y serenidad, fue identificada en el Renacimiento como la máxima y más excelsa expresión literaria de las virtudes clásicas, y su influencia se ha mantenido hasta hoy.

sábado, 21 de febrero de 2009

Verás los objetos mismos...



























«¿Por qué ¡oh mortal! te desesperas tanto?
Por qué te das a llanto desmedido?
¿Por qué gimes y lloras tú la muerte?
Si la pasada vida te fue grata,
Si como en vaso agujereado y roto
No fueron derramados tus placeres,
E ingrata pereció tu dicha entera,
¿Por qué no te retiras de la vida
Cual de la mesa el convidado ahíto,
¡Oh necio! y tomas el seguro puerto
Con ánimo tranquilo? Si, al contrario,
Has dejado escapar todos los bienes
Que se te han ofrecido, y si la vida
Te sirve de disgusto, ¿por qué anhelas
Multiplicar los infelices días
Que en igual desplacer serán pasados?
¿Por qué no pones término a tus penas,
y a tu vida más bien? Pues yo no puedo
Inventar nuevos modos de deleite
Por más esfuerzos que haga; siempre ofrezco
Unos mismos placeres: si tu cuerpo
No se halla aún marchito con los años,
Ni tus ajados miembros se consumen,
Verás, no obstante, los objetos mismos,
Aun cuando en tu vivir salgas triunfante
De los futuros siglos, y aunque nunca
A tu vida la muerte sujetare».

Fragmento del Libro III (versos 1270 a 1296)


Lucrecio

(Traducción D.José Marchena)


Tito Lucrecio Caro (Roma?, h. 94 a.C.-?, 53 a.C.). Poeta latino. Aunque se tienen pocos datos de su vida, se sabe que pertenecía a una familia aristocrática y que murió en torno a los cuarenta años, al parecer por un suicidio. Fue autor de uno de los poemas didácticos más valorados de la tradición latina, titulado Sobre la naturaleza de las cosas. La obra recoge y vulgariza en gran medida la doctrina materialista de Epicuro, según la cual el mundo está constituido por átomos, elementos indivisibles que, por ser extremadamente tenues, escapan a nuestros sentidos y cuyo número es infinito. El hombre es mortal, y su felicidad depende de aceptar este hecho y perder el miedo a los dioses. Aunque el estoicismo tuvo mayor repercusión en Roma que el epicureísmo, sus contemporáneos conocían bien su obra, que fue rescatada durante el Renacimiento.

El poema publicado integra "De rerum natura", traducido
en su totalidad en la Biblioteca Cervantes.

Átomos infinitos de mil modos...



















No reposan jamás en el vacío

Los principios: por su naturaleza
En movimiento siempre variado
Unos a gran distancia son lanzados,
Otros se apartan menos, y se enlazan
En el choque. Si es breve su distancia,
Y se repelen poco, y su tejido
Se liga íntimamente, constituyen
Las rocas solidísimas, y el hierro,
Y una corta porción de otras substancias
De esta naturaleza: si, al contrario,
El choque los rechaza y los dispersa,
Y los hace vagar por el espacio,
En largos intervalos, nos ofrecen
Del Sol la luz brillante y aire raso.
Y vagan además por el vacío
Muchos que están privados de juntarse,
O que jamás pudieron agregados
Entrar en el concorde movimiento;
De lo cual una imagen y figura
Continuamente hiere nuestros ojos,
Cuando del Sol los rayos se insinúan
De través por las piezas tenebrosas.
Si reparas, veras cómo se agitan
Átomos infinitos de mil modos
Por el vacío en el luciente rayo:
Y en escuadrones, en combate eterno
Se dan crudas batallas y peleas,
Y no paran jamás: ya se dividen,
Y ya continuamente se repliegan.


Fragmento del Libro II (Versos 123 a 152)


Lucrecio (Roma?, h. 94 a.C.-?, 53 a.C.)

(Traducción D.José Marchena)


El poema publicado integra "De rerum natura", traducido
en su totalidad en la Biblioteca Cervantes.


Deja esos temas a los poetas pesados...






















"Cinco libros son bastante, y seis o siete
demasiado ¿no te parece, mi musita loca?
Más fama de la que tengo ya no puedo tener.
Mis gastadas ediciones están en todas partes.
Y cuando yo no exista el mausoleo de Messala,
y los mármoles de Licinio sean polvo,
labios me leerán, y extranjeros que no conozco
traducirán estos versos en su patria".
Dije, y la novena hermanita de las musas,
Talla, la musa del epigrama, me contestó:
"¿Quieres renunciar, tonto, a la frivolidad?
¿En qué otra cosa mejor ocuparás tu ocio?
¿Deseas cambiar por coturnos tus zapatos,
o cantar a la Guerra en sonoros hexámetros
para que te dicte en clase un profesor pedante
y aburras a la adolescente alta y al muchacho?
Deja esos temas a los poetas pesados y clásicos
encorvados hasta medianoche bajo su lámpara.
Pero tú escribe con humor tu poesía romana,
y que la Vida se encuentre retratada en ella.
Porque no importa cantar con una débil flauta
si esa flauta se impone a las trompetas de muchos".



Marcial


(Versión de Ernesto Cardenal)



Marco Valerio Marcial (Bílbilis, hoy Calatayud, actual España, h. 40-id., h. 104). Escritor latino. Hacia el año 64 se trasladó a Roma, donde residiría buena parte de su vida. Tras varios años de penurias económicas, logró la protección de algunos personajes nobles y el favor del emperador Tito y, después, el de Domiciano. Su obra está formada por quince libros agrupados bajo el título genérico de Epigramas, aunque los libros I (Liber spectaculorum), XIII (Xenia) y XIV (Apophoreta) no se ajustan a esta forma y son de carácter conmemorativo. En los doce restantes fijó la forma definitiva del epigrama, breve poema satírico y mordaz que muestra su aguijón en un final imprevisto. Sin constituir una verdadera crítica social, estos poemas, de expresión natural y sobria, reflejan con ironía y realismo las costumbres y las debilidades de la sociedad romana de su tiempo.



...el amor que no atormenta...



¿Por qué me envías, Pola, estas rosas intactas?

Las hubiera preferido deshojadas por ti.

¿Por qué no te envío, Pontiliano, mis libros?
Para que no me envíes, Pontiliano, los tuyos.

Dices que eres bella, Bassa, y que eres joven.
Las dos cosas dicen, Bassa, las que no lo son.

Recházame, Gala: el amor que no atormenta
aburre: pero, Gala, no me rechaces demasiado.




Marcial (Bílbilis, hoy Calatayud, actual España, h. 40-id., h. 104)


(Versión de Ernesto Cardenal)



Gocemos, Lesbia...
























LXXXVII / LXXV


Ninguna mujer puede decir que fue amada
como yo a ti, Lesbia, te amé.
Ningún pacto de amor fue mantenido
con la fidelidad con que mantuve el mío.
Tanto, Lesbia, mi alma has reducido
que no podría quererte aunque fueras buena,
ni dejar de desearte por más que te opusieras.


V

Gocemos, Lesbia, y amemos.
Los soles se extinguen y se encienden,
pero cuando nuestra luz efímera se apague
la noche será para siempre
y eterno el sueño.


LI

Parece un dios; si es imaginable,
más que un dios, aquel que,
sentado frente a ti, te observa
y te oye

reír dulcemente. Miserable hombre soy:
esto que veo destruye mis sentidos.
Si estás frente a mí, Lesbia,
estoy perdido,

se vuelve torpe la lengua; un filamento
de fuego recorre los miembros; en los oídos
tintinean sonidos gemelos; la noche
cubre la luz.

El ocio, Catulo, te fastidia.
El ocio exalta demasiado.
El ocio perdió en otros tiempos
a reyes y estados.



(Versiones de Jorge Aulicino)


107

Si alguien obtiene una vez lo que está deseando y no espera
esto le da al corazón una alegría especial.
Siento por ello alegría, y aún más querida que el oro,
viéndote, Lesbia, volver tan deseada hacia mí.
Sola y querida regresas ahora que no te esperaba:
¡rojo este día será entre los días del mes!
¿Quién más dichoso que yo? ¿Quién podría decir que
en el mundo
algo se puede querer más que mi vida de hoy?


(Versión de Juan Manuel
Rodriguez Tobal)



Catulo (Verona, 87 a.C., Roma, 54 a.C.)



LXXXVII
Nulla potest mulier tantum se dicere amatam
vere, quantum a me Lesbia amata mea est.
Nulla fides ullo fuit umquam foedere tanta,
quanta in amore tuo ex parte reperta mea est.
LXXV
Huc est mens deducta tua mea, Lesbia, culpa
atque ita se officio perdidit ipsa suo,
ut iam nec bene velle queat tibi, si optima fias,
nec desistere amare, omnia si facias.

V

Vivamus mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum severiorum
omnes unius aestimemus assis!
soles occidere et redire possunt:
nobis cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda...

LI

Ille mi par esse deo videtur,
ille, si fas est, superare divos,
qui sedens adversus identidem te
spectat et audit

dulce ridentem, misero quod omnes
eripit sensus mihi: nam simul te,
Lesbia, aspexi, nihil est super mi
vocis in ore,

lingua sed torpet, tenuis sub artus
flamma demanat, sonitu suopte
tintinant aures, gemina teguntur
lumina nocte.

Otium, Catulle, tibi molestum est:
otio exsultas nimiumque gestis.
Otium et reges prius et beatas
perdidit urbes.


CVII

Si quicquam cupido optantique optigit umquam
insperanti, hoc est gratum animo proprie.
quare hoc est gratum nobis quoque carius auro
quod te restituis, Lesbia, mi cupido.
restituis cupido atque insperanti, ipsa refers te
nobis. o lucem candidiore nota!
quis me uno uiuit felicior, aut magis hac res
optandas uita dicere quis poterit?




 IMAGEN: Lesbia o Clodia, pintura de John Reinhard Weguelin.