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sábado, 15 de agosto de 2015

ERDERA























DESTINO MANIFIESTO


Al enterrar a mi madre el otro día contemplé
un lugar en el espacio —prisma, tridimenso volumen—
donde verosímilmente me he de pudrir pronto.
Para entonces no me afectarán compañías,
dará lo mismo haber olvidado cómo se saca el discriminante.
Visto lo cual, declaro: aquel hueco
no me pareció mal, nada mal;
está en los montes que he preferido siempre;
allá muy abajo se alzan, ínfimas, múltiples instituciones
—o sea que a ese respecto, cuando menos, las cosas no cambiarán.



PRECEPTIVA

Por si el batel escora o peneja
se recomienda un carcaj químicamente lírico:
en viento tránsfuga de albas sólo presentidas
mientras entre tu cabello el deseo se aroma y acaracola
rumbo a la gruta de ópalos robados a diademas nocturnas
—así el lector, atado ahí gota con gota,
se reconoce. No derrapa como sobre esos nombres o regímenes
orientales e indecentes
que en cada libro figuran escritos distinto
—Algacel, Alghazal, Algazali—
para santa indignación del hombre de bien
(siamés por gerade inversión de culto de mal).
Pobre Diosa Blanca, cavilo a veces;
fenilpirúvica y todo, no merece tantos ridículos.
Le ofrezco un poco de requesón,
una taza de tila.
Lo agradece pero deja caer la cucharilla.
Malo, malo, ya la han oído. Ya vienen por ella.



MISMAMENTE

Martucha debió de preguntarse 
por qué, para como jugábamos, 
la desnudaba (tampoco siempre), 
una tarde con furor heroico, 
otras gradual o parcial, 
cintura arriba o bajo, 
en cualquier de la semana,
trayendo incluso aquel trapito infecto 
que llamaba caballo.
                                    Tendría cierta razón. 
Ignoraba las mareas, las ráfagas 
conque sus salvajinas me sitiaban, 
repelentes rna non troppo, 
cosa inexplicable en frío 
(aníceto siempre, por fortuna), 
me acosaban con propuestas alarmantes 
mientras, a base de trial and error, 
la sublime tajada de lengua infantil 
se afinaba, danzaba sin empacho 
(y al fin mí volvía en yo,
chupando el lóbulo de una oreja veinte minutos, 
cuanto tardaba en estar de regreso 
sin interrumpir la historia).
                                      Se la llevaron sin aviso 
entonces, al pueblo, supongo. 
Debió de levantar ámpula allá 
con instrucción aún trunca, a medias o cuartas, 
descalza sobre sus sandalias. Hinqué el diente 
a Volta y el desarrollo de la electricidad, 
si bien seguí siguiendo a Dante, oh Martucha. 
(Aunque, espera:
                              11 más 44) (qué horror. 
Voy a tomarme una botella con mi amigo Tétrico.)



CÍTRICA

Me exprimía, escolopendra, clavándome cien patas—
a toronja le olían boca, palpos, labro, forcípulos; el himen como
a limón; el foramen aún más cidro— 
al pellizcar sus pezones de mandarina rugosa chisporroteó una niebla
inflamable de esencia predominante en limoneno— 
calé gustoso la pulpa de diminutos oxiuros auranciáceos— 
me pedía consumo un litro de batido de lima sustancioso, noble,
y chilló desde ráfagas espumosas por verde ses— 
sobre Guenther y Simonsen, libros muy valiosos, escurríamos sudor
anaranjado, su vagina manaba aguas de azahar— 
en la cama, entre hojas fragantes, estallaban gajos al rodarles
o hincarse de rodillas encima; nos estrangulaban cintas largas
de cascaras, masticábamos semillas amargas a fuer de lactonas
con furilos—
hundíamos las faces en montones de albedo— 
al agotar mi reserva chupé el ano artesanal para recuperar la prístina
gota de neroli, devuelta tras oleadas que inundaron estas
fauces—

¡Volvamos a empezar, tendidos ahora en una ladera sembrada 
de pamplina y pipirigallo!




Gerardo Deniz




Gerardo Deniz. Poeta mexicano, su nombre verdadero es Juan Almela Castell, a quien a veces dedica poemas. Nacido en Madrid, en 1944 emigró al Puerto de Veracuz, México, a bordo del barco lisbonense Nyassa a la edad de ocho años, como resultado de la Guerra Civil española;  y murió en la misma ciudad, en 2014. Estudió Química y tradujo del sánscrito y del ruso, entre otras lenguas. La erudición es parte fundamental de sus poemas, construcciones ásperas, irónicas y corrosivamente originales en las que hace uso de los más diversos conocimientos para describir situaciones cotidianas de una forma a primera vista desconcertante. De esa manera logra recuperar, en novedad paradójica y con aparente aridez poética, emociones simples, como la ternura o el rencor. Coincide con Gabriel Zaid y Eduardo Lizalde en haber introducido en la poesía mexicana un tono antisolemne.Su gran afición es la música. Publicó su primer libro, Adrede, en 1970 y Gatuperio, en 1978. En 1986 apareció Enroque y desde entonces el ritmo de su producción se ha vuelto más constante. Destacan sus obras: Picos pardos (1987), Mansalva (1987), Grosso modo (1988), Mundos nuevos (1991), Amor y oxidante (1991), Alebrijes (1992) y una antología que se publicó en 2012: "Mansalva", en Editorial Mansalva. En el año 2008, recibió el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.  ERDERA reúne su poesía completa (FCE, 2005)





jueves, 13 de agosto de 2015

LETRITUS



TRUCO

Para que estos pasatiempos 
se volviesen profundos 
bastaría imprimirlos 
a uno por página.



CAPILARIDAD

Cuando la gota 
derrama el vaso 
no derrama gotas 
sino el vaso entero.



CUANTÍA

¿Por cuántos segundos 
después del estornudo 
será eficaz decir "salud"?



A REMOJAR

Vaya lata con los aforismos
al pasar del cuarto o quinto.
El siguiente ya es un lío fabricado,
intelectual, premeditadamente sabio.



DESCONCIERTO

Del salón en el ángulo oscuro 
un fantasma hacía pipí.



HOMENAJE AL INGENIO HISPANO

Soy sencillo y sincero
como teléfono acabado en cero cero
y lo que más me duele
es poner o queriendo poner ele.



PARADOJALMENTE

Convaleciendo, 
cada instante se está 
más cerca de la muerte.



DESIDERATO

Cómo estar tranquilo 
sin llevar estándolo 
la vida entera.



AL AXIÓLOGO

¿Qué criterios aplicaba Leibniz
para escoger su peluca?



AUTOSUFICIENCIA

Al sofista Hipias
le daba un gusto grandísimo
hacérselo todo él;
su anillo, sus pantuflas;
su cinturón —precioso—,
su chaquetita.



LÉXICO

Esos pobres cultos
convencidos de que "fonema"
es un modo perspicuo de decir "sonido'
si no es que "letra".


SUBSUPRA

Ridículo espantoso haría yo
si se enterara Koshka
de que cuando salgo al mundo
debo estrechar manos de según quienes
"el gato es útil porque caza ratones".




LÉXICO

Esos pobres cultos
convencidos de que "fonema"
es un modo perspicuo  de decir "sonido"
si no es que "letra".



PACIENTE

¡Ach, come sa di sale
que una culta dama te explique
(desdeñando tu ademán)
cómo el ozono es oxígeno
a tres por barba!



EJEMPLO

Compasión es querer
a una persona
como sólo se debiera a un animal.



ESTO Sí EN PÁGINA APARTE

No hay compasión cabal
sin sonrisa
ni ironía entera
sin compasión.



FATALISMO

Ven sida tan escondido 
que no te sienta al venir 
me / nos: pues nadie va a ir 
a reprochárselo a ella.



PARONOMASIA

¿Siguen sacando 
los cosacos del Don 
los condones del saco?



ALBAN VIENES

Esculcando a la mucama 
halló otra vía. 
La practicó y
oh sorpresa
la mucama parió.



VEJEZ

Encomendar al tendón
lo que antes hacía el músculo.



DEFINICIÓN

Mujer:
aperitivo de sí misma.



VESTIMENTARIA,4

Hay un cruzado nexo estructural 
entre monje y desmonjada: 
llevar hábito a él no lo hace; 
a ella quitárselo sí.



VALETUDINARIA

Leonor Estense circunfleja en su lecho 
se dedaleaba oyendo 
a Tasso encaramado en un árbol 
gritar: —-Voglio una donna!



FISIOCRACIA

Imposible no ceder
a un flexible laissez-faire.



MODOS

Cuando musitan que así no, 
deduzco que antes, 
cuando menos cierta vez, 
dijeron sí
      —y a mí no fue.



CÁLIDA

Qué sino esperma cariñosa 
en hervor casi gris 
merecen esas platas machacadas 
que incrustan a las adolescentes 
para les corregir la dentadura.




NENE

No soy -qué horror-
perverso polimorfo,
pero como oligomorfo
no lo hago tan mal.




CRATILO

Pues es claro que vergüenza
se deriva de verga.



SENSUALÍSIMO

Ese auténtico erotómano (sí, ése) 
sólo eyacula bien cuando encula 
a una parturienta dando a luz gemelos.



EARMARK

—¿Acaso aquel instante 
no valió por una eternidad? 
—Por supuesto que no.



RABADILLA

Observen con cuánta modestia
sucede al sacro
—el profano, por supuesto.



SIGMUND

Como es una ladilla
se cree autoridad
en todo triángulo.



CLASES

La famosa putilla
del rubor helado
forma parte del lumpen-
proletariado.



UNIVERSIDAD

Vieja gorda, burócrata y pedorra,
ni en cuarenta años cambias, ya lo veo.



VENTAJA

Ante la célebre hoja en blanco
-pista de sandez y cursilería-,
las poetisas pueden, cuando menos, 
plegarla
y ensayarla como kótex.



RÉGIMEN

El poeta chupa los cartílagos
que escupió esta vida (discretamente) al plato,
espolvoreados a menudo con ceniza
del cigarro de sobremesa.



CARTERA

El poeta telúrico
porta la terribilitá
entre otras tarjetas de crédito.



PEDESTRE

El misterio es fruto de la imaginación,
no receta para la falta de imaginación.



LITERAL

Cuando el Poeta les diga
que está hecho pedazos,
olfateen
y comprenderán.



POSPOÉTICA

Con los zapatos anegados en pus gris
que fue poesía hace 40, 50 años,
salir dando un portazo y en el foso
que circunda las torres de plástico,
tronar largamente
¡mirando al sol!



RECELO

Me vuelvo tedioso,
¿Estaré alcanzando la poesía?





Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)








lunes, 18 de febrero de 2013

NORTE
















Ésta era tu casa,
en donde nunca entré,
que nunca vi de día
cuando hace siglos te acompañaba, tarde,
esperaba que entrases por la puerta donde me he detenido
y volvía, húmedo de ti aún a través de la noche blanda, segura,
porque la certidumbre de tu vida y de tu carne
era un arroyo de leche prodigiosa y confiada.

Ahora es mediodía, azul y nubes;
me da vértigo entender de pronto
que esta calle que hasta hoy no conocí a la luz
fue tuya antes de hallarnos;
luego llegué y dudabas, recorriste esta acera
semanas, pensando a qué extraña nueva prueba someterme;
quizá mirabas aquel balcón de esquina al decidirte
y la siguiente noche que nos trajo aquí juntos
nos había encontrado mezclándonos lejos.

Dormiste aquí adentro entonces como en toda otra fecha:
¿qué repasabas al unir los párpados?
¿qué al despertar en un domingo igual a éste?
Saliste, y quien pasara te siguió con la vista deseándote.
Por donde ahora me alejo me llevaste en los ojos, los oídos,
      en la piel, en las vísceras.
Algo de mi sustancia se hacía matiz tuyo
en el albor de nuestro primer año.




Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)



IMAGEN: La modelo boliviana Stephanie Herela




viernes, 4 de diciembre de 2009

MUTACIÓN




Este aguacero a las dos de la mañana
me hubiese, de joven, arrobado al oírlo.
Hoy mediosonrío al recordar
las veces que por entonces me refugié en zaguanes
sin traer ni para tomar un taxi
(hoy menos, aunque si no circulo tampoco es por eso).
Oigo a alguien, empapado que repta
y pienso indiferente qué historia habrá tramado
para contarla en casa
y aun así, desayunar, cejijunto.



(De: Erdera, F.C.E.,
México, 2005)


Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)




DANZÓN

















A Jorge Jiménez

Al son de un saber infinito

de la orquestación más afinada que se ha oído
oscilo hipnótico lo mismo que un gato a punto de saltar el mueble
aunque al fin desiste.
Un danzón me recibió en el D.F.
Todavía se toca, sin que haya querido yo saber cómo se llama.
Pero el mejor, y no sólo por definición,
estuvo sin encarnar, en el mundo de las ideas puras,
hasta muy pocos años atrás.

El local se va llenando de una nostalgia horrenda,
de un anhídrido carbónico inhalado cien veces por hora.
Las matronas, embutidas en vestidos discretos y sensuales
por encima de las décadas,
mueven candenciosas caderas,
eternamente respetables pese a su deformidad.
Las conducen
ancianos caballeros cobrizados, perennes y graves,
con inmaculados trajes y sombreros blancos,
bailando intachables y ceremoniosos,
recordando el ritmo de los claves una lejana juventud,
más o menos repugnante.

Sobre la alta cama con barrotes de latón
finge dormir una regordeta, desnuda y de perfil,
con la pierna de arriba en ángulo sapiente,
entreabriendo vías de observación y experimentación posibles
-como la ciencia,
incluida la lingüística comparada.



(De: Ahora o nunca, Poesía
reunida, Ed. Argonauta, 2009)


Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)






CRIMEN



Pasaron horas de un paso a otro.

Horas de una tos a otra.
La silla seguía entretanto probándose la ropa
y la escalera se escapaba
cuando los saludos se pudrían.
Mujer, no te despiertes nunca.
De qué valen las manos escapadas por el aire
cuando las voces se apagan más pronto que el fuego.
Cuando escaparse es lo mismo
que mirar a lo lejos
la sombra que siempre te espera
para seguirte sin tregua
para los cuándos, dónde y por qué sin los qué.

La sombra, rota al fin, como el pan.
Las miradas sueltas que se entrechocan
furiosas.
¿Hay acaso ropas como trampas,
sombras remendadas
para amar un cuerpo?
El espacio podrá esperar
y guardar gotas de silencio.
Nadie será alguien, porque hay tiempo
sin arriba
sin abajo,
ni delante ni detrás.



Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)


(De: Ahora o nunca, Poesía
reunida, Ed. Argonauta, 2009)


lunes, 29 de diciembre de 2008

CUORE



Solo en la casa, gracias a oportuno mirácolo,

Enrico penetra con trac en el despacho del babbo.
Desde aquí emite pastorales, breves y fulminaciones.
Apoyado en un rincón dormita el bastón de su viejo maestro.
¡Cuánto jode con el maldito bastón del viejo maestro!
Sirve como analogía, parangón, símil de todo.
Sobre el escritorio ese volumen que relee por las noches;
lo entrecierra si se le aproximan. Es criminología
del anélido de moda. Los imprescindibles retratos.
Ladro milanese, condannato 13 volte.
Romagnolo trococefalo stupratore -se parece al director de nuestra escuela.
Más hojas. G. Sana di Galluccio, brigante-
En la tarde piamontesa, acechando rumores, ecos del portal, corrientes de aire,
tocarse, soñador, deplorando que excogiten un enlace
entre este célere sombrear (a disfumino retroalimentado
por el recuerdo de la maestrina che ha due belle pozzette nelle guance)
y ese absurdo marinaio, truffatore ed omicida per vendetta, del ladrillo lombroso.
¿Cuál enlace? Me ne frego! Papá sabrá. Sabe todo.
El bastón del maestro serviría sin lugar a duda de puente
a dos asnos esqueléticos, a cuestas triángulos pitagóricos de un lecho
inutilizado diagonalmente: demostración irrefutable.
Pues entre Gog y Pedagog navega la flotilla en silencio.




Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)





domingo, 3 de agosto de 2008

PICOS PARDOS
































[7. Las concupiscencias escolares rumiadas a solas empujan a buscar alivio en la fraternidad.]

La aritmética —hembra al fin, trasero de ábaco
y su vaivén de ópalos por alambres— presume ante la clase
hostil.
Sienten ganas de colgarla de los pies (mas ¿quién podría
con ella?)
y sacudirla cabizbaja hasta que acaben de salírsele de las
costuras tantas monedas de luz malhabida
para que jueguen monos pueriles que semejan vejetes.
Llega, cuando menos, la hora del recreo.

Entre las flautas dulces del estilo corren niñas en menores
o mínimos
paños, trapos al sol, y no está decidido (internacionalmente,
quiero decir) qué irá a ser de ellas,
pues constituyen una especie aparte
como las aceitunas, las cuales desde hace mucho son cosa
averiguada
(se las estruja o muerde y siempre se tiene presente el
hueso, como en el dátil,
nada más que las niñas propenden al llanto y dicho
programa se va al demonio).
Quede esta estrofa crítica como una embarcación capturada
a pleno sol
por los corsarios turcos. Se alza la brisa y sobre el ayuno
del parque
—trampolines, columpios; trapecios, trapezoides— gimen
ramas cual si estuviesen cargadas de ahorcados
prematuros;
su triste crujir a romántica distancia
se entreteje con la algarabía escolar manando del foso
como el vapor acre y rico y púrpura
que sube de niñas y generaciones incorregibles.

Atención, hermanos: no troquemos nuestro plasma por
ninguna de las hebras rubias noche a noche
carbonizadas en luz incandescente, ni esta brisa que mete
el hombro sin invitación la tengamos por amiga
generosa.
Llega el instante en que cualquier objeto está más lejos
que cualquier otro. Expansión del universo lo llaman
hoy en día.
Relámpago siguen llamando, en cambio, a lo raudo.
Exageraciones ambas. Algo de sangre fría basta para
cerciorarse
de que hay cada vez menos antesalas entre estos versículos
y el olor de la entrepierna de ellas.
(Aterrizarán nombres de pila conforme se vayan
requiriendo, cómo no.)



Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)




ANTISTROFA






























Para César Rodríguez Chicharro,
veintiséis años después
COMO un vino feroz entre las cosas o un gran deseo de hembra,
como la luna sobre las islas que piensa el bonzo errante,
por la tarde que guarda en ánforas selladas el poema,
la niebla al acecho entre los pinos,
qué inminencia del canto palpando su flagrante desnudez:
cosas con lumbre, cosas con tetas, cosas cubiertas de liquen;
reconocer el relincho del caballo de Godiva, así el amante saliva de la
amante
-
así también los charcos erizados por la lluvia en la ciudad obtusa,
animal doméstico y blando en el atrio del monte,
lago de yesca y alcoholes, pobre mar sin Magallanes,
momento de aves planas las veletas: ni lección rota en espuma,
ni insectos con tabacos fugitivos —aquí y ahora,
en cualquier nimbo gris es la estación sin duda menos vasta que un

designio de dioses
—no importa que el oficiar sea poco ortodoxo—,
pero al oírla llegar se avivan colmenas de votos y preces:
que siga siendo la muchacha flaca y puta, llegue y regale
—en la cama, en la alfombra, bajo el pavorreal al bañarse—
escorzos para mejor saber el clima que aumenta hasta los dientes,
sésamo que entreabre lacas rojas de caracol salado
a la noche total de nectarios y espádices,
la noche toda agosto —allí la riña tumultuaria
de tantas potestades sin sentido: Cazador, Cinosura,
imagen, paloma de huesos huecos que sostiene el azar
sobre el largo desdén con que el río se entrega hasta la encordadura
de la cascada entera. —Poesía la llamarán, oh indecisa
mordiéndose los labios cada pocas palabras. Y será si perdura
—dilatados alcances de mañana—
nervio y olfato como la tarde tras la lluvia
o cuando es ley el viaje pero dudoso el rastro —acaso el suroeste

una vez más, o algunas, moviendo su tibieza bajo el agua que surcan
coros punitivos,
y las tripulaciones la cubrirán de brea, y el mar mismo ha de anegar

sus sílabas escasas
en un pecho viscoso. Rumbo será, no más, y tal vez
para nadie. Vuelve a casa, donde la fiesta humea,
a tus prestigios de victoria áptera, espasmo de unos cuantos. Duda

siempre:
hay que pesar tus faltas, adolescente torpe; difícil archipiélago
de estigmas estivales, fruta verde que derribó el granizo sobre la

hierba nueva;
credo en tu axila, piñón en tu sexo,
largas manos para cubrirte el vientre mientras en tu piel duran los

caminos rojizos de ir vestida;
y tu menstruo es modesto. Cuando el viento cede
y la ciudad como un tifus muy logrado establece en todas sus buenas

obras
ese halo urinario del cemento reciente;
cuando retorna como un cometa puntual la confianza de aún no

haber dicho nada,
el mundo —al menos éste— se vuelve una tela de juicio, y el Ser
la hipóstasis de un verbo auxiliar, la Historia
tan discutible como el penúltimo empalado sobre el Bosforo, y la

Poesía
un mercado de sustancias pegajosas. Y así son, en efecto. Lo demás:

buenaventura, cópula,
razonable placer al vislumbrar una estrella entre el follaje
—incluso al recordarla— y la costumbre grecolatina de mentir. A

veces la fractura es conminuta
o la urgencia del chancro entrega alas y caduceo al que pensaba hacer

otra cosa. Pero ésas son
incidencias, aunque a menudo costosas; también cuesta el lenguaje,
que no es, con todo, sino lo mismo pero mal puesto,
efusión gratuita que escala de cuando en cuando cierto rigor aparente
por que lo llamen sereno o algo peor —pues ahí está,
entre otras, la Fe. Las montañas diversas y siempre suburbanas,
dentadas por árboles lejos —allá el día reclina la sien

al conseguir repetirse sin nombrarse—, son estables como la injusticia
y a su diestra permanecen. Ningún mártir podrá
lo que un siglo en la brisa o un periplo de hormigas llevándose los
granos uno a uno. Pero eso es la paciencia
—y más, la certidumbre edificando a solas castillos improbables y

desiertos, armerías de aire
donde afila sus lanzas el alba deshabitada, casi idéntica; luego,
en la terraza abierta, ante el trono de un emperador que no ha de

llegar nunca,
el grillo cante y por la pauta complicada de los fosos corra
el azogue sin fin del no saber. Entre una grima de vajilla rota,
la Doctrina inútil con sus mirras, inútil con sus profetas, inútil con

sus almuédanos,
inútil como acercar la mano hasta una luz muy fuerte
y verla traslúcida y roja y atroz. Sosiego
por los senderos curvos de la elipsis,

línea de piedras blancas sobre el trébol —oh falso meridiano
encaminado al neuma de las proas en el atardecer,
juglar o Jerjes con vestiduras de color dudoso
—vaya por los muelles poblados de plática,
hacia visitaciones de aminas brutales repasando el salterio de las olas;

vuelva por los cauces
del ocaso que huele a pólvora, a la orilla caída entre las sábanas:
y soportar la estolidez del Pueblo cargado de sabiduría subliminal,

replegándose
hasta el umbral frecuente, la escalera, el santo y seña; los amores
con su grotesca lógica gris de límite impreciso como cualquier viejo

reino oriental,
como la del Espíritu cretino escandalizado en el piso de arriba:
cuántas faldas en los tendederos de la Historia mientras ardían las

hojas muertas,
cuánto Ser secándose sobre las azoteas altas. Ultima voluntad:
una procesión de archimandritas a galeras. Se iba del puerto el otoño
por balcones mohosos de parteras y sastres. Gusto a canela
y esa forma femenina como un mapa de América del Sur en plena calle
a la hora del mucho calor, cuando el ámbar se ablanda y los diez mil
honorables insectos concursan otra vez

en los solfeos del recato, en los libelos de la noche; dones nupciales,
mancha de aceite que crece despacio por el papel.
Este brusco olor a cuadra en medio del silencio húmedo



Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)





IGNORANCIA



Cuando se quita del labio usted el epíteto escupiéndolo
:::::::::::al rostro de la amada,
siente usted que ha cumplido, hasta que le sale otro,
:::::::::::v. gr. de tabaco,
y el proceso se repite ad nauseam.
Lo malo es esa manigua poblada de grillos y leopones,
:::::::::::esa insuflación de burbujas en el tuétano
—en una palabra, todo lo que hormiguea, desazona
:::::::::::un rato y hace amanecer los lunes
pensando
cómo será que a mis tíos y tías los poetas
les escurre lo que relatan
y viven para contarlo.



Gerardo Deniz (España, Madrid, 1934- Ciudad de México, 2014)