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jueves, 10 de mayo de 2018

O soy yo...





















está el que sube
y está quien baja
y se turnan
y es la idiotez más grande jamás igualada
porque no se ve nada desde ese arriba que no es
sino la cara idiota del que mira desde abajo y espera
y desde abajo, la cara idiota del idiota que no sabe
que no hay nada en ese arriba que no es… 

o soy yo...

que no sé desprenderme del suelo
ni dudar


***


Una mariposa no se detiene a pensar
en el grave error
de detenerse
a pensar.
Hagamos lo que vinimos a hacer:
el tiempo de la mariposa se desintegra en el aire.


***

también busco la rama en la copa que me asile
hasta que sople una brisa
y marque el rumbo.
no existe más certeza que la efímera quietud del aire




Iris Alejandra Giménez






Iris Alejandra Giménez. Poeta argentina. Nació en mayo de 1969. Reside en la ciudad de Viedma, provincia de Río Negro. Publicó el libro Lugar necesario, Colección Biblioteca Patagonia, Ediciones El Camarote-2006. Forma parte de la antología “Leer la Argentina”, literatura para adolescentes, Fundación Mempo Giardinelli, con el cuento “La especialidad de la casa”. Ha publicado en antologías, revistas literarias y sitios Web. Tiene inéditos el poemario Luz primera, del cual surgió la propuesta poético teatral “Alguna de mí” (año 2000). Otros libros de poemas como El umbral que me atraviesa –mención en el concurso XXIII del Encuentro de Escritores Patagónicos de la ciudad de Puerto Madryn, año 2003 y Musa Desnuda, 2004; Intangible y Sueños de avenidas anchas. También Caracoles y piedritas, cuentos breves y relatos. Estos poemas fueron tomados de su blog: Lugar necesario, clic aquí.






viernes, 7 de mayo de 2010

LA DUEÑA DE LOS SAPOS

















Cuando Adrián enfermó me vinieron a la memoria algunos recuerdos nítidos: juntándonos las manos a través de túneles perfectos en montañas de arena; su dedo índice flaquito de tanto chuparlo; los ojitos risueños perdidos en el fondo de su cara buscándome.
Después de la lluvia, a Adrián y a mí nos gustaba salir a juntar sapitos en una palangana. Él era más chico pero tenía buenos reflejos y era seguro con las manos, atributos indispensables para atrapar con éxito a esos escurridizos anfibios. Yo era quien los descubría más rápido, la de las ideas, la mayor y, en definitiva, la dueña de los sapos.
Al cabo de nadar por horas en esa indeseable agua limpia, los pobres animalitos mudos perecían sin encontrar orilla en la que reposar. Yo no me cansaba de mirarlos y no pensaba en nada.
Una vez, mientras llevaba la palangana a nuestra ciénaga secreta para tirar los sapitos muertos, Adrián se detuvo entre los árboles. Me pareció que juntaba bichos o algo del suelo, pero en realidad contaba las hojas que caían de un árbol al que sacudía con toda su fuerza. Decía que todas las hojas que cayeran serían los años que iba a vivir. Había tantas que no me quedé a ver, seguro nunca acabaría de contarlas. En cambio me entretuve observando esos cuerpos que caían como piedritas y quedaban apenas cubiertos por un agua verde y mohosa. Por unos instantes quise creer que los sapitos muertos iban a despertar porque aquél lugar debía ser más poderoso que cualquier estúpido juego. Debo haber jurado mil veces no volver a hacerlo nunca más.
Adrián no se quedaba hasta el final, después de atrapar a los sapitos se iba y yo hacía el resto. No le gustaban las cosas tristes. A él le gustaba quedarse entre los árboles contando los años que viviría, mientras una brisa suave le volaba las hojas.



P/ Adrián N.
en su memoria


Iris Alejandra Giménez (Argentina, Río Negro, Viedma, 1969)



Más poemas suyos pueden leerse en UNA DE POETAS.




CARTA ASTRAL















sucede

que de pronto los astros se marean se distraen
y los hombres quedamos a la deriva sin sentido sin razón
y si antes alcanzaba una mirada a los ojos, ahora
desprovistos de guía nos miramos
y no vemos, nos escuchamos
y no decimos nada, nos buscamos
y empezamos a perdernos.
sucede
que los astros tienen esa costumbre de quedarse dormidos al volante
y volver en sí
cuando ya no hay nada que hacer
y lo que tiene que suceder
sucede




Iris Alejandra Giménez (Argentina, Río Negro, Viedma, 1969)