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jueves, 3 de junio de 2010

LIBRO DE LOS MATRIMONIOS





















Fragmento del "Libro de Las Hechiceras" (1964)

Las hechiceras hablan de ese Libro, como de algo signado por
sus encantamientos.
El que leyó sus fórmulas desciende hacia el abismo de los mares
y trae redes de celestes perlas.
Puede volar en el viento sin ser visto, como el doliente músico
que ha nacido del alba con su rosa.
Amigo mío, amigo mío.
Tú me preguntarás dónde encontrarlo, en cuál región del mundo
o de la niebla.

El corazón que tengo no es de azufre azotado por rayos.
La memoria que me habla ya no tiene el ardiente entendimiento.

Vi como escribían el Libro misterioso, en un país indescifrable,
con tintas del azufre y palabras oscuras de mi raza.

Vi llegar a los sabios y alquimistas, a los padres astrónomos y
a las parteras madres, las altas hechiceras, los médicos de
tribus, las danzantes.
Vi también los ocultos hechiceros que se cubren
con cueros de las cabras y los relatadores navegantes; de las
montañas mías descendieron antiguas tejedoras, hiladoras y madres
oficiantes:
algunas con sus niños, en los carros de bodas y de otoños, entre
palmas y ruidos de animales, mujeres comedoras de langostas, de
urracas, de víboras del agua y de lagartos; mujeres con olores a
magnolias,
a sales de las piedras, a hierbas de los ríos;
los vi llegar hacia los cementerios de las encenizadas arenas del
ocaso,
dejar allí tributos de los muertos,
danzar sobre las tumbas de los niños con lámparas y tules
misteriosos,
y alejarse después bajo los astros.

Muchos de ellos vinieron a decirme quien escribió este Libro.
Pero yo no entendía su lenguaje.
Mi aldea entre montañas es demasiado pobre de perfumes. Soporta en
su quietud los nublados de agosto, mientras en los
veranos se suceden las muertes con balanzas de flores
y ciencias del amor.



Romilio Ribero

(Selección: María Teresa Andruetto)


Romilio Ribero. Pintor y poeta argentino. Protegido de Manucho Mujica Láinez, Romilio Ribero nació en Capilla del Monte, Córdoba, en 1933. Vivió pobremente de sus dibujos y murió, marcado por el exceso, después de tomar y fumar cuanto pudo, a los 43 años, en la ciudad de Córdoba (1974). En vida, publicó sólo dos libros, "Tema del Deslindado" y "Libro de bodas, plantas y muletos", y dejó inéditos otros dieciocho: coordenadas de una escritura surcada por visiones, videncias y búsquedas metafísicas. Su poesía “historias-sueños-poemas” de verso largo, gran plasticidad e imaginería esotérica, comenzó a rescatarse en los años 90, gracias al tesón de su compañera Susana Sumer y a la apuesta editorial de Alción. Las mujeres, las magias (1997), Libro de viaje de los varones prudentes (1997), Imago Mundi (1999), Familiares y Sortilegios (2000), Libro de oscuras dinastías (2000), Libro del lejanísimo día (2001) Libro de las hechiceras y los matrimonios (2003), El mágico señor de lo oscuro (2004), Libro de las estirpes (2004) y Libro de los desamparados (2004), son algunos de los títulos editados por Alción, después de su muerte.



Los amuletos























Este es un lugar, donde nosotras las antiguas mujeres
del viento
guardábamos las piedras coralinas, lavadas con las plantas
del desastre.

Oh, cuando el mar traía riñones de unicornios
con el solo conjuro de la sal
y el aceite de iguana y el pan de los leprosos
eran los comestibles de nuestras grandes barcas, cuando
íbamos cantando, como ardientes tormentas de flores
al crepúsculo,
viendo llegar la noche por las playas ansiosas con negros
remadores.


Este era el lugar para los amuletos.
Lejos de los tumultos, de los hombres que ignoran su
antípoda celeste,
de ciudades pobladas de banderas, letrinas, narradores,
con los ciegos orfebres de la magia,
los buscadores de árboles de niebla y de piedras alquímicas,
con niños que nacieron de las perlas
en ostrales de náufragos antiguos, acostumbrados a los
sortilegios.

¿Acaso tú no guardas, junto a tu corazón, bajo calientes
ropas sudadas por los siglos,
esa piedra jerárquica que mudará tu sombra en ardiente perfume ?

¿No llevas por ventura un anillo de hierbas
que te sofocará con su lujuria y gozarás la muerte?

¿No conoces acaso este lugar que cambia de mirada en
un mar tembloroso
donde está el ascendiente del origen con lenguaje de
cielos?
¡Tuya es la eternidad en un ramo de flores del azufre
que comerás cantando!

Así dice el cronista del mar con amuletos, a la raza
reciente que ignora sus augurios.


Romilio Ribero (Argentina, Capilla del Monte, Córdoba, 1933; Id., 1974)

(Selección: María Teresa Andruetto)


IMAGEN: Seis cartas del tarot


Retrato de un pájaro




Quédese usted quieto señor pájaro que no tengo tiempo para fotografiarlo.
Quédese Ud. como Dios manda y los buenos modales.
El pico en alto, ese instrumento de la maravilla, del pillaje y de la calumnia.
No debería Ud. señor Pájaro ser tan chismoso.
Bien sabe que todo el vecindario lo considera como un monarca de las tinieblas
y por eso me cuelgan de las ventanas ramos de hierbas olorosas
y dibujan sobre mi puerta con sangre y sal leyendas intraducibles.
Lo he comprado a Ud. señor Pájaro en el mercado de los otros pájaros.
Pero Ud. no es como los otros. Ud. anuncia la tormenta y la nieve
y sus mayores fueron los augures de las enfermedades del lejano vivir.
Es incomprensible cómo, pero cómo Ud. una criatura tan solemne y misteriosa
haya podido caer en la jaula que le tendieron los chiquilines en la montaña,
cómo lo engañaron con un mísero puñado de alpiste y unos trocitos de carne
disuelta en agua,
cómo se dejó cortar esas alas negras y vendar esos ojos de ópalo que se
asemejan a los países de la nostalgia.
Yo no entiendo cómo Ud., un pájaro tan sobrenatural,
tan espectral, tan lleno de ferocidad y de amor
pudo llegar a esto, un presidiario que se vende, que ha perdido el oro
de sus patas y de su pico,
que sus plumas son fulgurantes piedras capaces de atravesar el conjuro del sol,
que todo lo que le venía por estirpes y dinastías, lo ha perdido
como se pierden los difuntos en los países del agua y del viento.
A veces, cuando lo veo en su jaula, debatiéndose en vano,
quisiera escarbar con una aguja sus sesos,
ver qué ha sucedido adentro de Ud. para ese cambio tan misterioso,
en dónde ha quedado su poderío desconocido, su lujuria para amar,
sus corrupciones entre los otros pájaros, el escándalo que despertaban sus silbidos
en la corte del Rey de las Barajas.
Y lo veo así, castrado, ruinoso, melancólico, dándose contra los hierros,
mirando cómo suceden los días y el porvenir se le presenta con olor a gato,
con los pobres comestibles del mendigo en su jaula, con piojos y flautas metálicas
que quieren enseñarle nuevamente a cantar,
con sus ojos fatigados como las lámparas del festín de Baltasar,
esperando el crimen que habrá de salvarlo definitivamente.
Esa puerta que no da a ningún país de maravillas.
Esa puerta que se abre hacia el hechizo de la sangre.



(de: Propiedades de la magia, 1999)


Romilio Ribero (Argentina, Capilla del Monte, Córdoba, 1933; Id., 1974)

(Gentileza de Elena Annibali)