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martes, 21 de marzo de 2023

ACTUALIDAD DE LA POESÍA CHINA -LA REVOLUCIÓN SUBTERRÁNEA

 


Por MIGUEL ANGEL PETRECCA
Fuente: Revista Ñ -2010

Aunque los chinos suelen repetir con orgullo que su cultura se remonta a alrededor de cinco mil años atrás, con una tradición literaria casi tan larga que tiene su punto culminante en la poesía de la época Tang, lo cierto es que la literatura china moderna tal como existe hoy no tiene más de cien años de historia. Su momento fundacional remite simbólicamente al Movimiento del 4 de mayo de 1919, y concretamente a la introducción en la literatura china del baihua (la lengua vernácula) por parte de Lu Xun y otros intelectuales ligados a aquel Movimiento e influidos por la cultura occidental. El baihua, la lengua realmente hablada, vino a sustituir al chino clásico y de esa manera a cortar con una tradición que se había mantenido casi inalterada desde la época de Confucio.

Al mismo tiempo que adoptaban la lengua vernácula, los poetas chinos modernos como Xu Zhimo y Li Jinfa, influidos por sus lecturas del romanticismo inglés y del simbolismo francés, dejaban atrás las formas y estilos de la poesía clásica china y experimentaban con el verso libre y el soneto. Así, la poesía china moderna nacía en medio de un abismo: separada de su propia tradición milenaria, se encontraba con un vacío que sólo parecía poder llenarse por medio de la tradición occidental.

Con la llegada del comunismo se produjeron grandes cambios en el campo literario y en el sistema editorial en general: el primero quedó subsumido bajo la órbita de la Unión de Escritores y el segundo fue centralizado y quedó en manos del Estado. La censura contra los que no seguían la línea del Partido se fue haciendo cada vez más fuerte, llegando a su pico durante la Revolución Cultural, cuando escritores e intelectuales en general fueron enviados al campo como parte de un programa de reeducación. Sin embargo, en medio de la Revolución Cultural se estaba gestando el nacimiento del segundo gran movimiento poético en la China del siglo XX.

Los poetas oscuros

Así, hacia finales de la década del 70, algunos jóvenes poetas que habían tomado parte de los Guardias Rojos pero que luego se habían sentido decepcionados por la política maoísta, se agruparon alrededor de la revista Jintian (Hoy) y formaron lo que después fue llamado, despectivamente, Menglong shiren, algo así como poetas oscuros, un nombre que hacía referencia al carácter hermético y alegórico de sus poemas. Jintian fue prohibida en 1980 y la mayoría de los poetas oscuros se exiliaron después de los suce sos de 1989 en Tiananmen. Sin embargo, la década del 80 fue una época de oro. Los recitales de los poetas oscuros convocaban salas llenas y ellos eran en cierto modo como estrellas de rock. Según se dice hoy en chiste: si en los ochen ta una persona en la calle gritaba "¡Eh, poeta!" había cien que se da ban vuelta. En esa época, también, surgieron una gran cantidad de revistas no oficiales que crearon redes de poetas a lo largo de todo el país, mantenidas a través de la correspondencia escrita.

La generación del noventa 

Durante esa década, surgieron voces de una generación más joven, a los que ya no les seducía la figura del escritor-héroe enfrentado al sistema, propia de los poetas os curos. Son poetas que hoy tienen entre cuarenta y cincuenta años y varios libros publicados. Algunos escriben una poesía más ligada a la vida cotidiana y al lenguaje co loquial, como Yu Jian, un poeta de la provincia de Yunnan, ubicada al sur de China, que durante la Revolución Cultural pasó cinco años en una cinta montaje, o Han Dong, un poeta de Nanjing, cuyos poemas hablan de situaciones co tidianas, como el entierro de un gato, en un lenguaje sencillo, des provisto de alegoría.
En los noventa, a medida que se expandía la sociedad de con sumo, la poesía se retrajo frente a una industria cultural y de en tretenimiento con la que no podía competir. La poesía había estado en el centro de la cultura china al menos desde la época Tang, pero ahora de golpe comenzaba a que dar cada vez más acorralada en los márgenes. Esto, por otro lado, no era necesariamente negativo pa ra los poetas, que con la pérdida de visibilidad ganaron al mismo tiempo mayor libertad.

En un medio así cada vez más chico donde los lectores se evapo raban, los poetas, paradójicamen te, proliferaban cada vez más: poetas como Xi Chuan, del grupo de los "intelectuales" o como Xiao Kaiyu, de Sichuan, que introdujo en la poesía china un tono narra tivo, o como Yang Jian, un poeta budista de la ciudad de Maanshan cuyo proyecto, crítico del paisaje social y cultural generado por la modernidad y las políticas comu nistas, busca crear un puente con la tradición de la poesía clásica chi na. Muchos de estos poetas publi can en pequeñas revistas y libros que circulan fuera de las librerías, de mano en mano, de manera subterránea, o en innumerables sitios y revistas de Internet. En los márgenes tanto del circuito oficial como de las editoriales en busca de rédito comercial, está pasando lo mejor de la poesía (y de la literatura) china.


Poemas Inéditos

Xi Chuan (Xuzhou, 1963) Mi abuela 

Mi abuela tosió, y mil gallos se despertaron.
Mil gallos cacarearon, despertaron a diez mil personas.
Diez mil personas salieron del pueblo, y los gallos del pueblo aún cacareaban.
Tosiendo aún, mi abuela hablaba de su abuela, su voz cada vez más débil.
Parecía la voz de la abuela de mi abuela cada vez más débil.
Mi abuela habló y habló hasta que se detuvo, cerrando los ojos.
Pareció como si la abuela de mi abuela hubiera muerto recién entonces. 


Han Dong (Nanjing, 1961) Duelo por un gato 

Enterramos al gato. Enterramos
también a las hermanas del gato.
Sacudimos la bolsa de papel
para esparcir el polvo
Llevando una pala
caminamos hacia la montaña del otoño
movemos una piedra de lugar
y nos ponemos al sol.
Vamos de viaje
visitamos el mercado de HePing
y en un mostrador con conservas
vemos un gato muerto a la venta.
Te contamos por carta la noticia
magnificando la muerte, pero en el momento
en que alcanzamos tal grado de conciencia
ya estamos completamente recuperados.


Yang Jian (Maanshan, 1967) Templo Zhen Shan 

¡Qué distendido parece el banano!
Un perro ladra, mordiendo sus propias pulgas,
y cansado de ladrar más tarde se tira a dormir.
Una chica da vuelta las hojas de loto,
mientras su hermano va con un balde hacia la huerta;
todo alrededor, montañas, montañas,
como el hábito abierto de un monje.
Unos campesinos cavan en el campo de ajo,
y la luz penetra en la tierra:
así es cómo los muertos obtienen la felicidad.
El barro extraído del fondo del estanque
se apila junto al borde:
vivimos en una época llena de revelaciones.


La traducción de estos poemas es de Miguel Angel Petrecca(Buenos Aires,1979),poeta, traductor, editor en Gog y Magog y librero en París (Cien Fuegos) , quien tradujo la extraordinaria antología (bilingüe):"Un país mental: 100 poemas chinos contemporáneos (2017).




LA DELICADEZA DEL ENIGMA

por Darío Rojo

La conciencia de percibir una ínfima parte de lo que está ocurriendo entre los caracteres de un poema chino no impide a los humanos disfrutar de esa poesía. Ese mismo desconocimiento del idioma tampoco es un obstáculo para experimentar una escena clásica de amabilidad brindada por sus creadores. En las grandes ciudades todo es mejor y peor; en Beijing, donde la ultima moda son las parejas de idéntica vestimenta, sin visos de extravagancia, hay poetas que se reúnen en un pub para tomar una Guinness o un té, eso sí, ambos acompañados por una bandeja de frutas. Song Lin, gracias al castellano que aprendió durante los dos años que vivió en Buenos Aires, habla del deplorable estado de la crítica, atravesada por el tráfico de influencias. Xi Chuan, en un inglés fluido, comenta que está a punto de ser traducido al español. El resto sólo hablan chino. Son casi una docena y, según va traduciendo Petrecca, muchos conocen el Martín Fierro y a Borges. El hecho de que no se puedan leer los blog, a todos los tiene sin cuidado. Después de comentar el auge del neotaoísmo, un poeta con chupines rojos, parecido a Dady Brieva, es quien paga la cuenta.

Sin mayores excesos, situaciones como éstas se repitieron en Chendu, en el bar de la poeta Zhai Yongming, o en Nanjing, junto a Han Dong, quien actualmente se encuentra más interesado en la narrativa. Para él, la influencia de Taiwán, Corea y Japón es extraliteraria y tiene que ver más con los productos audiovisuales, pero la verdadera creatividad siempre sale de China. También explica que la narrativa occidental llegó de golpe a partir de los 80, y que por eso los contextos originales de esas obras están algo difuminados. Por su recomendación, nos trasladamos a ver al poeta budista Yang Jian. Maanshan es una ciudad pequeña cuya principal fuente de ingresos es la fabricación de equipos de aire acondicionado, que a pesar de contar con la tumba de Li Po no atrae al turismo. Ahí, en un tiempo muchísimo mayor al que teníamos asignado, en un brindis perpetuo, Yang Jian nos contó que se encontraba decepcionado por el crecimiento económico de su país, decía que hace 20 años eran más pobres y más felices, pero más le alarmaba la pérdida de las estaciones intermedias, que si sólo iba a haber invierno y verano, la poesía china iba a desaparecer. Como a muchos de sus contemporáneos, poco le importaba lo que pasaba fuera de la poesía china. También nos repitió, bajo la muda presencia de uno de sus amigos, un calígrafo que cual ninja cada 5 minutos nos arrojaba cigarrillos para que lo acompañáramos en el vicio nacional, algo en lo que todos los escritores coinciden y ninguno se digna a explicar: que en Hong Kong y en Taiwán es donde habita la verdadera cultura china. Así, en una impecable manifestación de generosidad y cortesía, los poetas de Maanshan nos mostraron el contrapeso perfecto de un país obsesionado por el dinero. Cortesía que además de ser un vehiculo de nobleza, es también el instrumento ideal para plastificar el desconocimiento del otro en una eterna realidad paralela: un decorado en el que, al igual que en una buena traducción, el lenguaje que construyó un mundo diferente llega a nosotros para contaminar nuestro conocimiento con la delicadeza del enigma.




lunes, 20 de enero de 2014

LA VOLUNTAD

























NOVELISTA

¿Será posible entonces que todo cobre sentido de repente,
como si agarraras diez años de tu vida y batiéndolos rápido
los volcaras en el formato preexistente de una novela?
No es tan fácil, parecen repetir, una y otra vez,
hombres que miran desde la ventana de un bar.
Ellos también se hicieron la misma pregunta antes,
mucho antes de que en vos naciera el germen
de esta fuerza que te obliga a caminar en redondo.
Algunos, tras responder negativamente,
dedicaron otra década a amaestrar un perro,
cultivar tomates en el jardín de su casa o convertirse
en coleccionistas de un objeto antiguo y anodino.
Cuando más tarde volvieron con ímpetu a la carga
buscaban mentalmente moldes donde verter su vida:
diez años acá, cinco allá, veinte en una frontera.
Sin embargo, el problema no era de forma sino de fondo.
No estaba, como el vino, añejándose en una bodega profunda
la experiencia, esperando el momento del descorche;
había escapado, quién sabe cuándo y por qué orificio,
dejando en su lugar como un inmenso depósito
donde flota, sin llegar a evocar nada, un perfume familiar.


GORCH

Nada te impide decir mientras andas lento,
escuchando el ruido de los insectos al despertarse:
me gustaría vivir en un pueblo como este
donde cada tarde parece la víspera de un feriado
y esperar en el andén el único tren del día,
sentado en un banco con un trago cerca,
para volver sin nada que hacer al único bar
a ver caer el sol a través de los ventanales.
Nada te impide pensar esto o algo así,
e imaginarte asistiendo sin falta los domingos
a las citas del Club de Observadores de las Nubes.
Sin quemar las naves de forma drástica,
manteniendo en teoría la puerta entreabierta,
podrías ya mismo dar los pasos necesarios
enviando sin explicaciones, en un par de líneas,
un parte de ausencia por tiempo indefinido.
Para la invisible contabilidad que lleva el balance
de cada movimiento tu llegada contribuiría
a anular la resta de algún viejo recién fallecido,
o el éxodo de un joven estudiante hacia la ciudad,
como una pieza de repuesto enviada desde lejos.
Tal vez no llegues nunca a encajar en este lugar,
pero tal vez tampoco encajabas allá del todo,
y cuando, al tiempo, dejes de mandar y recibir cartas,
o de esperar un llamado para tu cumpleaños,
parecerá como haber empezado de cero otra vez,
sin antecedentes molestos ni anécdotas vergonzosas,
ni muertos esperando en el cementerio su tributo.
El último pedazo de la tarde se engancha como un vagón
a la locomotora que lleva el día a la rastra,
cuando al girar en una esquina reconoces la imagen
de una casa vieja con el cartel de EN VENTA,
y te das cuenta que volviste al punto de partida.
Ya completaste un círculo, ya tenes en la cabeza
un croquis o algo así, y cuando estás de nuevo en camino,
o en casa, hay algo tuyo que sigue acá dando vueltas,
una parte de vos, que se para en una esquina cualquiera
y mira unas nubes, una pala contra una pared, una ventana,
y se pone de nuevo en marcha, sin comentarios.


LA LECCIÓN

Porque escribo desde el locutorio de la vuelta,
un chino como los que allá hay en cualquier parte,
me siento más en casa que en la habitación 22
en cuyo techo la humedad dibuja sobre mi cabeza
la figura de un ratón de larga cola.
No es que me despierte pensando: dónde estoy.
Sé bien dónde me encuentro y adonde llegué
tras casi diez años de esfuerzos inútiles.
Cada uno inventa, como dijo alguien,
una manera de ser joven, pero yo cuando conocí la tuya
odié de repente la mía. ¿No es esa bisagra
la única que importa? Podría exagerar, ahora,
decir: nada de lo que dijiste desde entonces
se me ha olvidado. La verdad, sin embargo,
es que mi memoria falla, mi atención es despareja,
y tu charla dista de ser tan interesante
todo el tiempo. Pero recuerdo aun tu latigazo
la primera vez que leíste mis poemas:
"Son correctos". Esas dos palabras estuvieron
presentes a lo largo de todo este tiempo.
Incluso cuando en tus juicios posteriores
mostraras un entusiasmo mayor, habías dado ahí
en el blanco: eran correctos. El talento, a veces,
no lo es todo, pero el esfuerzo casi siempre no es nada.
Yo corregía, corregía, pero cada corrección
me parecía un paso que me alejaba
de lo que buscaba, y escribir era borrar
las huellas de la vergonzosa corrección.
Practicaba a la vez la escritura automática,
con la secreta esperanza de que saliera,
de un lugar donde había estado gestándose,
el poema entero de un tirón.
Qué extraña superstición parece por momentos
esta del verso: ninguna fe más ridícula que la del poeta
hachando y hachando en el bosque de su prosa
para tender después estos durmientes, sobre los que a veces
no pasa nunca el tren de de la poesía. Lo que me enseñaste
es más que lo que todos mis maestros juntos pudieron darme
y no soy en el fondo más que un alumno mediocre
que vuelve ahora a rever la primera lección.
Tendríamos, al llegar a esta edad, el oficio ganado,
sino la certeza, que buscábamos en cada poema,
de nuestro talento. No tenemos nada de eso.
Es como haber estado tomando carrera mucho tiempo
para un salto que no termina nunca de producirse.
Cuando me despierto en medio de la noche
la constelación del ratón sigue fija en el techo.



Miguel Ángel Petrecca




Miguel Angel Petrecca. (Buenos Aires, 1979), escribe, traduce, edita. Publicó los libros de poesía: El gran furcio (Gog y Magog, 2005) y El maldonado (Gog y Magog, 2007), más una plaqueta en la editorial Crudo en 2005. Codirige el sello editorial Gog y Maggog junto a Julia Sarachu, Vanina Colagiovanni y Laura Lobov. Obtuvo una beca que le permitió vivir un año en Beijing, donde afianzó sus conocimientos del idioma chino. Tanto como para hacer sus propias traducciones, directas del chino al castellano, que pueden leerse en la antología que publicó: Un país mental, 100 poemas chinos contemporáneos (Gog y Magog, 2011; Lom, 2013); como también en su blog: Como una mosca de largas zancas. Actualmente trabaja como periodista cultural y traductor.Los poemas que publicamos pertenecen a su libro "La voluntad", Bajo la luna, 2013.




martes, 16 de marzo de 2010

EL GRAN CAPITÁN




















(Fragmento)

Apunté el vértigo de una flota de vendedores
avanzando con heladeras y bolsos por el andén
y esqueletos de vagones y máquinas viejas
que aparecieron cada tanto a ambos lados;
más tarde también una tanda de camiones
con vacas despachadas en serie para el matadero
y la ráfaga de piedrazos que al bordear una villa
retumbó contra las persianas del vagón.
Canchas de polvo de ladrillo y pasto sintético,
canchas de cemento, pasto o tierra baldía,
piletas, reposeras y enanos desteñidos
en patios, terrazas o jardines a cielo abierto;
graffitis y señales sobre las paredes gastadas,
sobre las puertas adornos navideños prematuros,
y a la distancia subiendo desde una quema invisible,
en espiral, tiras de humo negro angosto:
en la atmósfera del vagón donde daban vueltas
las hélices del ventilador removiendo polvo,
quedaban desfilando todavía en la cabeza
un rato las cosas vistas desde el asiento,
barajadas todas en un mazo y repartidas,
repartidas, mezcladas y repartidas sin parar.
Tranquilos se quedaron todos en sus asientos
más tarde cuando el tren frenó de repente,
hasta que entendieron que la cosa iba para largo
y fueron bajando a estirar las piernas algunos;
otros sacaron viandas y armaron picnics
que se prolongaron al principio en sobremesas animadas,
poco más tarde en conversaciones desabridas,
bostezos, monosílabos, largos silencios;
y solamente cuando empezó a bajar el sol
y un viento se levantó desde el lado del río
volvieron la mayoría a bordo a buscar,
perseguidos por escuadras de mosquitos,
la siesta para pasar el tiempo muerto.
Los pobladores de unos ranchos de la zona
que en el accidente habían visto su oportunidad
para el comercio y en los pasajeros del tren
una clientela cautiva y ávida de provisiones
también se esfumaron y solamente quedó,
aparte de unos chicos pateando latas,
un núcleo de perros flacos, sucios, solos
merodeando en torno a los restos del festín.
Pequeñas columnas exploradoras
partieron hacia puntos dispares y regresaron,
como bumerangs lanzados uno tras otro,
en el mismo orden en que habían salido,
relatando el cruce con una víbora peligrosa,
una vaca mutilada, campos en barbecho,
o las huellas de una camioneta en el barro,
humo y otros indicios de asentamiento.
Palacios fastuosos erigidos hacia el este
en el cielo se derrumbaron sobre sí mismos,
desinflados; en el oeste gamas de colores
se combinaron hasta hacerse de noche.
Los pasajeros que no consiguieron dormirse
escuchan ahora los rumores que atraviesan
de punta a punta el tren con noticias falsas,
o van y vienen del baño al coche comedor,
del coche comedor a su asiento y viceversa.
Caras incipientemente barbudas y ojerosas
sorben con los codos sobre la mesa un café
o dejan que se escape, pensando en cualquier cosa,
el gas de sus bebidas, las frases de sus labios.
De un catre mal disimulado entre los yuyos
vuelve una pareja lenta hacia los vagones
con las luces rojas gemelas de sus cigarrillos,
y la idea que hasta hace unas pocas horas
se encontraba todavía en estado de embrión
termina de gestarse en la cabeza y se acuña
en una frase nítida y convincente. Cómo
se extrae la miel, qué precauciones deben tomarse
para que las colmenas alcancen un buen rendimiento
libres de toda plaga dañina;
hablaba sobre esto el hombre a mi izquierda
justo cuando me cerró los ojos la modorra,
y al abrirlos después de cuánto tiempo
ya del tópico de las abejas había saltado
al de una peste que dejó el año anterior
sobre sus campos de la noche a la mañana
un tendal de animales muertos.
Caballos purasangre inquietos en sus establos
pateaban las puertas y los gallos más temprano
de lo normal daban la alarma del nuevo día,
y aparecieron víboras en la cocina de una casa,
escorpiones en el agua de un tanque australiano,
y algunas vacas rechazaron a sus terneros recién paridos.
Se prende una linterna, alguien revuelve en un bolso,
después otra vez el vagón a oscuras y en silencio,
salvo por toses y el crujido de resortes
ahí donde alguno gira en su asiento.
Un grupo de pasajeros desvelados
que habían ensayado sin éxito para dormirse
en sus asientos todas las posturas conocidas
decidieron después de haber deambulado por el tren
y cansados de protestar sin éxito frente a los guardas,
caminar juntos unos metros por las vías.
Distraídos por la charla que repasaba
las cosas vistas por cada uno desde su asiento
caminaron y caminaron dejando el tren atrás,
de manera que en un momento dándose vuelta
pudieron ver apenas el faro de la locomotora
encendido y haciendo guiños extraños.
Entonces escucharon de golpe la bocina
y no hubo uno al que no se le erizara la piel
al imaginarse a sí mismo perdido en ese páramo,
abandonados por el tren y entregados a su propia suerte;
y a los pacíficos pobladores que unas horas antes
habían comerciado con ellos junto a las vías
convertidos en salvajes reducidores de cabeza,
Corrieron haciendo señas hasta que ya más cerca
se dieron cuenta de su error. De la carrera
al trote, del trote a la caminata y del susto a la decepción
pasaron, y de un vagón a otro entre pasajeros
dormidos, esquivando equipaje, hasta el comedor.
Ahí cuando por enésima vez fui a buscar
un vaso de agua me los encontré reunidos
en una mesa, compartiendo su aventura con el mozo,
preguntando ingenuamente si faltaba mucho.
Que vamos a estar acá toda la noche, en cambio,
es algo que dieron por sentado hace rato
esos que a unos metros rociaron con alcohol
una pirámide de ramitas para que en seguida
al soltarle un fósforo encima prenda una llama
tan alta casi como el más alto del grupo: se estira
a su máximo y después, después de esa explosión,
se encoge hasta la mitad y se mantiene ahí.
Guitarra, y coro de voces adolescentes:
por estar sentado cerca de este gran fuego
y formar parte de la ronda en que una botella
pasa de mano en mano, soy capaz de reprimir
cualquier comentado sobre el repertorio,
mientras miro hacia el cielo despejado
donde una estrella atraviesa el cinturón del guerrero.

(de El gran capitán,
Inédito)

Miguel Angel Petrecca (Argentina, Buenos Aires, 1979)



IMAGEN: "El Gran Capitán", el tren  argentino, que yace abandonado.


miércoles, 25 de marzo de 2009

GENERACIONES



En un momento determinado pensamos

que habíamos puesto ya toda la carne al asador:
las pruebas posteriores, sin embargo,
fueron aun mas difíciles, y nuestra preparación nada más
la que derivaba de haber escuchado atentamente,
pero sin entenderlas del todo, las palabras
de alguien mayor que nosotros.




Miguel Angel Petrecca (Argentina, Buenos Aires, 1979)

viernes, 12 de septiembre de 2008

EL FIN DEL MUNDO


El más viejo del mundo será probablemente

también el último oficio en desaparecer: escritores,
pintores, etc, habrán desaparecido hace rato
para ese momento: nuevos oficios habrán surgido
en el medio para desaparecer ellos también,
sin chance, tarde o temprano, y algunos antiguos
tendrán de yapa antes de extinguirse tal vez
un ultimo auge; carpinteros y albañiles,
plomeros, electricistas y otras yerbas de la construcción
durarán mucho más que la mayoría sin duda,
para apuntalar las viejas ciudades en decadencia
o para fundar nuevas lejos del cambalache;
pero a la larga se habrán vuelto obsoletos
también ellos: la construcción: obsoleta,
los porteros obviamente obsoletos
arrastrados en esa misma vorágine
y junto con ellos los soderos y jardineros,
los ascensoristas y empleadas domésticas,
al igual que biólogos y botánicos empeñados
en bautizar y catalogar las nuevas especies;
sobre el yuyo que en seguida reemplaza
el asfalto o crece en los escombros las putas
seguirán hasta el final ejerciendo el suyo,
y se me cuentan con los dedos de la mano
los otros oficios que todavía valdrán algo:
cada día desaparecerá uno distinto
como en una rápida cuenta regresiva;
puesto que el futuro viaja desde el centro hacia afuera
todavía seguirán pululando un tiempo en los suburbios,
sin descendencia, sus últimos representantes,
igual que la luz de las estrellas muertas hace rato,
convencido cada uno de ellos, sin embargo,
que los herederos de sus herederos han de estar
junto a las cucarachas, el último día
repitiendo de memoria el decálogo del oficio.



Miguel Angel Petrecca (Argentina, Buenos Aires, 1979)